Underground Boys.

UNDER

Estar en el Underground, más que el desconocimiento o el fondo del retrete, es el hecho de situarse por debajo: de ver lo de arriba, detallarlo, y luego, sentir el asco. Estar en el Underground (digo yo, que tampoco soy experto) es respirar la putrefacción de arriba para silenciarla bajo el peso de las letras. El Underground es, al menos para mi, el escape a cuanto imbécil se cruza con un libro de superación personal bajo el brazo. Dirá Carlos Salcedo, al respecto de la materia, que “cuando una persona decide emprender la agotadora carrera de expresarse por medio de alguna disciplina artística ante él se abren dos senderos, sobre sus hombros se materializan dos personajes que le susurran al oído. Uno de ellos le dice que se fije en lo que está pegando en ese determinado momento, que se fije en lo que está en lo más alto de las listas de éxitos, en lo que da dinero, y le aconseja que produzca una imitación de ello para alcanzar la gloria lo más pronto posible. El otro le aconseja que solo escuche a su interior, que dé forma a toda esa rabia y frustración, a esa angustia y dolor, y la exprese de la forma que considere más sincera, sin importar que resulte incomprensible o ridícula para los lumbreras que se apresuren a juzgarla, le aconseja que no flaquee ante la incomprensión, el silencio o los dedos acusadores. Por supuesto ninguno de los dos senderos garantiza el éxito, eso depende del destino, que sin duda es un cabrón cruel que se divierte con las cabriolas más inesperadas, pero, aún asumiendo el más que seguro fracaso, aquellos que son sinceros con sus convicciones al menos pueden morir enarbolando un satisfactorio corte de mangas eterno, y descansar en paz, en el infierno”. Y es que el infierno es tan sólo la respuesta a la sinceridad más encabronada, añadiría yo.

Aquello es tan sólo un fragmento del manifiesto Under, de las letras que muchas veces se pierden bajo el vómito o los meados tras la resaca, de aquellas palabras que se juntan estrechas, amargas, y que piden a gritos un lugar dentro de los grandes párrafos. Las vidas, casi siempre extraviadas, se confunden en medio de la ira y la desolación. El mundo, mis amigos, brinda pocas alternativas para el desquite. El mundo es todo aquello que en algún momento nos enseñaron a amar para luego quitárnoslo a zarpazos. El mundo es la mierda que nos comemos a diario; y que de alguna u otra forma, toca excretar. Underground Boys, en gran medida, responde a ello. Lo hecho por José Manuel Vara y Carlos Salcedo es el aullido de los perdidos. La venganza de los malditos. El vómito en una esquina de la carretera. Este es, mis amigos, la juerga  del nuevo siglo. Poesía, prosa, ira, risa, desolación. Y al final del túnel, esperanza. Aquella esperanza que muchos quisieran haber arrebatado, pero que aún en las letras de los caídos (más no muertos) sigue en pie.

Sin más, les dejo el enlace de la antología. Eso sí, no sin antes agradecer a Vara y Carlos por su empeño en llevarla a cabo. Pueden encontrarme por mi nombre (Andrés Mauricio Cabrera), desde la página 315 o 316. Para que no se asusten, ni les duela el bolsillo, esta es totalmente GRATUITA, así que no hay pretexto para no tenerla.

http://issuu.com/varaneurotika/docs/underground_boys_2013

Gracias por su lectura,

Andrés Mauricio C.
Navigatorghost.

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