Suficiencia.

Borrachos-Vincent Van Gogh

Nunca he bebido lo suficiente
Pero sí sé que lo he hecho
Con suficiencia.

Las palabras brotan al compás del anís
Del whiskey, del baccardí
De lo que haya en el instante
Sea ginebra o Jaggermëister
La sonrisa siempre
Está allí.

Nunca he bebido lo suficiente
No pretendo hacerlo
Beber es vivir,
Rehusarse a morir
Beber es luchar contra todo aquello
Que quiere martillar
Las ilusiones, los pesares
Eso que lo hace a uno
Seguir.

Beber es pelear
Pelear consigo mismo
Hasta que los sueños se hacen realidades
En la crueldad del instante
En que la inconsciencia es la otra puerta
Hacia la consciencia.

Beber, beber
Beberé hasta que el hígado se muera
Hasta que las vísceras estallen
Hasta que los niños sean hombres
Y los hombres sean niños
Beberé hasta que el vómito sea mi aullido
El aullido contra el silencio
Y los cuervos se desparramen sobre mí
Y no vean más que un cuerpo
Luchando
Jugando
Siguiendo
El trayecto
Existiendo.

Beberé
Beberé hasta que nadie más esté allí
Hasta que los muertos me sirvan las copas
Y los vivos no compren Jack Daniel’s
Beberé al ritmo de Pantera,
De Black Sabbath
De Def Leppard
Beberé con la misma mueca

El fastidio no se irá.

Beber es resistir
Es no resignarse a seguir,
Como todos
Como esos que creen que están bien
Que se resignan a tener un carro
Y cumplir los horarios del trabajo.

Beber es conocer el lado oscuro
Ese que sale en los mejores momentos
En los momentos más obtusos
Ese que en las sonrisas
Siempre tiene tiempo
Para recordar las desdichas.

La bebida es guía
La guía hacia sí mismo
Ese que se esconde
Tras los modales
Y los laberintos
De la consciencia;
Beber es de valientes
Tan de valientes que hay que andar con miedo
Los borrachos no tenemos tiempo
Para los pendejos
Que se toman dos copas y ya están viendo
El reloj,
Buscando un taxi
Sintiendo las sábanas
Oliendo el rocío
Sin pensar en mañana.

Beberé
Beberé hasta que los oídos me sangren
Y la música sea el aullido
Y mis gritos convulsivos
Estallen más allá del inodoro.

Beberé mientras sigo vivo
Beberé más allá que los míos
Me aguanten en el camino,
Beberé para estar solo
Para retorcerme en este cuarto
Para poder pensar en todo
Para reunirme con mi yo más lascivo
Para sentir que por un momento
Estuve vivo.

Beberé hasta que las palabras estallen
Y ustedes, los que no lo hacen
Tengan miedo.

Iré por ustedes, hijos de puta
Iré por ustedes
Y les diré todo eso que piensan
Eso que piensan mientras callan
Y cagan en sus baños.

Iré por ustedes mientras todos los abrazan
Les recordaré qué son
Qué desecho son
Les recordaré que yo,
El beodo
Sigo allí.

En este cuarto sin luces
Con la resaca que estalla
Y no importa,
Si mañana no respiro
Si mañana estoy ahorcado
Sometido al etanol
Sumergido en el licor.

No importa
Mientras este grito
Brote de algún sitio
Mientras sepa que aún
No estoy perdido.

Mientras sepa que aunque muerto
Borracho estuve
Siempre vivo,
Y nunca rehusé
Ni una puta copa
De vino.

Lo real fue recuerdo. Otra botella de Jack.

– ¿Para qué mierda viniste si no haremos nada?- le pregunté mientras se acomodaba el brassier y las bragas.- Sabes que me emputa quedar iniciado…-.

– ¡Ah, fue tu culpa!, medio te toco y ya estás desabotonándote el jean… es como cuestión de calmarse- contestó aquella de ojos claros y piel nívea. Sus ojos se turnaban entre el azul y el verde con cada cambio de ánimo intempestivo que surgía del momento.

– ¡JUEPUTA, SI LO TOCAS ASÍ SEA MÁNDATELO A LA BOCA!- Gritó un imbécil que intentaba controlar una erección entre su furia.

– Ya…está bien. Siempre es lo mismo, sólo quieres sexo y ya- Decía tras dar varias caladas al cigarrillo. La habitación se hacía más pequeña tras el humo que parecía consumirlo todo. Sus ojos estaban extraviados, ausentes, lejanos.

Todo se había ido a la mierda, y el lo sabía.

Desde hacía varios días que nadie entendía muy bien lo que ocurría. La relación se suscribía a la costumbre y no parecía que ninguno de los dos estuviese inconforme con ello. De hecho, hasta hace unas dos semanas ambos parecían estar bastante contentos, tanto que sus cuerpos destilaban sexo y faltaba el tiempo para suplir los momentos. Ni Luisa ni Javier lo entendían muy bien. Pero era lo que había.

Aquel día habían decidido pasar una tarde juntos y conversar algunas cuestiones que parecían estar jodiendo la relación. Monotonía, distancia, lazos estropeados por el devenir del tiempo, etc. Tan sólo se habían dicho excusas estúpidas que ninguno iba a aceptar por su misma falta de coherencia. No era esa mierda y ambos lo sabían.

– Amor… ¿tú sabes que te amo, no?- preguntó Luisa.

– A veces pareciera que no- Contestó Javier mientras se abotonaba la bragueta.

– Es que no entiendes… todo estaba muy bien, pero de un momento a otro ya no me siento yo misma, pareciera que Luisa Correa se hubiese ido muy lejos y que ahora sólo quedase una extraña- Dijo tras un sorbo a la cerveza. Sus manos temblaban un poco, algo inquietas.

Paj/Shhh/El sonido de las latas al caer. 

– ¡MIERDA, LA CERVEZA!-.

– Disculpa… no ando pendiente. ¿Si ves?, es lo que te decía-.

– ¿Ahh?-.

– ¡POR ESO TE DIGO, NECESITO UN HOMBRE QUE ME ESCUCHE, QUE ME ENTIENDA Y ME VALORE!- Exclamó tras unos ojos verdes que poco a poco se llenaban de un tinte rojizo.

– Jajajajaja, ¡la mierda de siempre!. Tu no necesitas ni mierda, ¡ni siquiera hablas, carajo!. Supuestamente tenías algo que decirme, pero ni eso… al llegar me cogiste como si nada hubiera ocurrido y luego me frenaste cuando te bajé la mano a las bragas. ¡NO ENTIENDO UNA MIERDA!- Gritó mientras tiraba un vaso contra el suelo.

– ¡Si ves! ¡Ya estás gritando otra vez!- Dijo Luisa mientras una lágrima se dibujaba en su rostro.

Javier lo sabía. Todo era mierda/farsa/estupidez/hipocresía. Todo era tan sólo un show que la muy puta había previsto en el camino a su casa. Se notaba, ni siquiera le había tomado mucho tiempo. Todo era forzado, previsible. Bastante empalagoso.

Y entonces decidió perderse un instante en sus pensamientos. La cerveza bajaba espesa por su garganta mientras los recuerdos se dibujaban nuevamente en su memoria, como si fuese una realidad que aún hoy se seguía viviendo.

Diciembre 22 del 2007.

La bella y la bestia se sujetan de la mano mientras caminan por una pista de baile en la que ya no queda nadie. Al parecer todos se habían ido. El imbécil tomaba una botella de vino mientras la puta le recordaba que su traje era blanco y que cualquier mancha sobre el sería fatal. No importaba, eso era tan sólo un anexo de un gran instante. Lo importante era estar allí, sujetar su mano, verla a los ojos y disfrutar de la compañía mientras el licor hacía su efecto.

– ¿Me quieres?…-

-¿Ah? ¿Ah?-.

Septiembre 18 del 2012.

– Ya no me quieres, ¿no?- Preguntó Luisa mientras se acomodaba los pantalones. Estaba de pie y la historia ya necesitaba su desenlace.

– ¿No quieres bailar?- Indagó Javier tras un largo trago de cerveza. De la comisura de sus labios se escapaba una pequeña baba que ya empezaba a coger espesura.

– Ya estás borracho otra vez…-

1, 2, 3 pasos. 3 campanas. 2 Instantes.

– Adios, Javier…Espero seas feliz-.

– ¡Pero si aún nos queda el amanecer! ¡Mierda!…-.

La puerta se cerró. Nuevamente estaba allí, solo, perdido entre los recuerdos. Ya no había con quien bailar. Tomó otro sorbo de cerveza y decidió esperar.

“Tal vez en algún momento nos volvamos a encontrar” pensó mientras se servía un trago de whiskey. Lo odiaba, pero no le quedaba nada más. La odiaba, pero la necesitaba para continuar. Al final sólo tenía aquella botella de Jack.