La luz roja

bosque-pinos-klimt

Arrastro los pies sobre piedra
Y piedra,
Aguardando que la tierra
Sepa recibirme.

De vez en cuando la grama
Amortigua cada paso,
Y mis ojos,
transeúntes de otras calles,
Retornan al espejo de siempre,
A la vitrina de la calle octava…
Y suben y bajan y el niño que ahí
Estaba,
Va dando paso a otro,
Que no se reconoce.

Su mirada ya está
En otra parte.

Sea en el campo, o en el afán de las esquinas
De las calles frías en las que me tuvo Bogotá,
Aguardo la luz del semáforo.

La vida parece teñirse de rojo,
Y el suelo pareciera
No querer recibirme
En el siguiente recuadro.