La sonrisa en la ventana

 

El frío de la tarde
Se ha volcado en el
Negro de la noche.

No queda nadie fuera.
Y las luces blancas
Lucen desnudas,
En una noche sin
Estrellas.

Cierro los ojos e
Indago en mi reflejo:
Me imagino en la ventana
Y siento la oscuridad de mis
Ojos bailar,
Como mariposas en la noche.

Dibujo mi sonrisa contra
Mis párpados,
Y no encuentro un lienzo
Que capte mis movimientos.

Estoy atrapado entre el
Azul de algún vestido,
Que habita en mis
Recuerdos,
Y el rojo de la tierra
En algún lugar desértico.

Lo rememoro todo,
Demasiado claro,
Y sé que, muy pronto,
Lo olvidaré.

Abro los ojos…
Y sé que ya todo
Se ha ido.
Que no encontraré
El negro y el cobre,
Ni el violeta de
Mis pasos.

El recuerdo me ha perseguido
Para morir esta noche:
Sonríe en una esquina y
Se desparrama como las esquirlas
Del carbón abrasado.

Aferrado al rugir de un
Pájaro negro y violeta,
La noche se pierde…
Y yo con ella.

Y nunca termina de ser
Una vieja imagen:
La vida de una risa
Tallada en la ventana.

 

 

De vuelta a vivir

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La vida empezó como un camino en una sola dirección
Me lancé de lleno, creí confrontarlo,
Quise despacio y amé demasiado rápido,
Me entretuve en los escaparates
Cruce las calles sin pensar demasiado.

Hasta cierto punto
Todo se fue dando.

Con el tiempo
La vida se fue bifurcando
Habían calles y calles.

Calles demasiado iluminadas
Algunas otras solas
Había demasiado qué ver,
Había demasiado para llorar.

Intenté no afanarme demasiado
Quería todo despacio
Deseaba no tener que lamentarme
Quería transitar bajo la luna
Y que palabras llena de vida
Golpearan la carne.

En algún punto
La vida se volvió una calle sin retorno,
Sin salida,
Y me entretuve con las luces que roseaban de lleno
La pared,
Me entretuve con los ladridos de los perros
La magullada cercanía de la desidia de los postes
Las largas paredes infestadas de marcas de gente.

Me entretuve con un mundo que no entendía
Que no entenderé.

Me entretuve demasiado
Y en algún punto
Perdí la capacidad para reconocer los caminos,
Me vi sumergido en eso
No podía volver.

Con todo
A veces vislumbro estrellas
Que golpean de lleno contra las ventanas
Y la gente parece querer,
Siquiera,
Estar bien.

De vez en cuando transito con la cabeza agachada
Y me pesan los días
Los pasos surtidos
Los milímetros de dicha
Que escurren de la piel.

Con todo
Ya perdí el rumbo
Y, en la noche,
Procuro no detenerme demasiado.
Camino despacio,
Pero sin quedar estático.

Quiero tenerlo todo
Abrazarme a la vida y a la muerte
Besar de lleno el engaño
Dejarme arrastrar.

A veces
La felicidad se siente
En cada palabra.
Y no me queda otra cosa más
Que huir.

Aprendí a no querer demasiado
A preocuparme por los pasos,
A no desear los caminos recomendados,
Quise forjar el sendero
Y terminé queriendo retroceder.

Para nunca más volver.
Para tener que comenzar,
Para volver a vivir.

Encontré las palabras en los días perdidos
Las sonrisas gimiendo debajo de la ventana.
Y sólo tuve excusas
Para estar de vuelta,
Para que los miedos se hiciesen verdades,
Y sólo quedara,
Tener que vivir.

El llamado de la selva

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Hay veces que hace tanto frío
Que el televisor te habla directo al oído
Y te susurra que te quedes;
Y la pantalla titila sin nada más que gente
Gente matándose
Gente amándose
Gente haciendo de todo
Todo lo que no hago
Todo lo que no he sido
Y empiezo a disfrutarlo.

Hay veces que hace tanto frío
Que el teléfono tiembla sin ruido
Y siento la cercanía de la llamada
Miro hacia todos lados
Como si fuese la selva,
Y no hay nada,
No hay sitio, 
Ni rugido
Ni aullido
Que me salve
Que me saque de aquí.

Solo
Estoy solo.

Y hay veces que hace tanto frío
Que abrazo a las paredes
Para sentir el calor.

Habré tenido toda una vida
Bajo el calor de los días.
“¿Dónde se ha ido?”
Pregunto,
“¿Qué queda?”
Repito,
Para sentir el ardor en los huesos
Y matar lo que tengo.

Hay veces que hace tanto frío
Que ya no recuerdo qué es lo que
Ha sido,
Y en el televisor veo mi reflejo
Tras las caras de la gente,
Y al salir del cuarto,
Corro de vuelta,
Hacia la ventana,
Me quedo viendo
Hacia donde corren los niños
Y se escucha el aullido
“Aún queda selva”,
Y los huesos se quiebran
Y la vida
Se siente en la cara.
Los quejidos
Arrullan al silencio
Y en la boca 
Se quiebran las palabras.

Lágrimas en el cielo

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Las gotas que se estrellan contra la ventana
Deseando entrar, abrir una puerta,
La puerta que no conozco,
Pero que sé que existe.

Las gotas estallan, no sólo contra el cristal,
También contra la cabeza
Y devuelven la certeza
De que nada va a cambiar
Que si todo sigue igual,
Algo debe estar por morir
Y ya no se podrá seguir
Aquí.

Se escurren contra la ventana
Suplicantes, deseando escurrirse por las vísceras
Yo sólo miro
El cristal.

Me entretengo con su muerte,
Con el hecho de que, tal vez,
Así se escurre la carne
Contra la tierra
En suspirantes latidos agonizantes
Contra el cristal de la memoria.

Y la gente llora
Como no se ríe
Cuando el cielo se lamenta.

Miro las gotas
A falta de sangre.
A falta de memoria
A falta de alguien más
A quién mirar.

A falta de un consuelo
A falta de una sonrisa que se esgrima
De cara al sol.

Miro las gotas
A falta de ser.

El cielo que gime
Y yo que me quedo
Viendo la ventana.
Susurrándole a la vida
Que se acuerde…
De mí.

Mientras escribo pretextos
Para seguir así.

Animal: Cuerpos que se agitan.

Cobra

Crucificados
Se agitan dos cuerpos
En la santidad del momento
Las bocas se retuercen
Y las vísceras se estremecen
Un hombre renace
Tras los pensamientos diluidos
Una mujer gime
Y no hay lío
No hay camino
A más etérea
Ebullición.

Rápido
Lento
El agite
Del momento
Dos bocas
Se rozan
Cabezas
Que se chocan
Y los cíclopes
Que hablan
¿Qué se dicen?
No hay palabras
Sólo el instante
En que los párpados
Se abren
Y las pupilas
Se chocan
Y la imagen
Yace borrosa
Y nos movemos
La cavilación
El infierno
Es el momento
Y aprietas el labio
Te desangras
Dientes afilados
Y la mano
Es el bastón
Del invidente
Que toca
Que quiere
Que descubre
El animal
Que se pierde
En su vientre.

Las bocas chocan
Las lenguas
Son dos palabras
Que brotan
De la seguridad
Que brinda el presente
La dicha
De que no habrá
Ni hay
Mañana
Nada vale
Son dos cuerpos
La música que brota
En la habitación
Una cama rota
Y ni Pantera
Ni Phil
Nos recuerdan
Y James
Se masturba
En un cuadro
Junto a Kirk.

Eddie nos mira
Laberinto
Desidia
“No importa”
Te digo
“Nada importa”
Te repito
Y tú
Siempre tú
Sólo gimes
¿Encantada?
¿Una farsa?
Pero ahí estamos
Perdidos
Viendo los cuadros
En el cuarto
Perderse
Pensamientos
Inertes
Y todo lo que no se tiene
Parece mentir

No hay más
Que dos cuerpos
Que se agitan.

Plaj/¡Ah!/¡Uf!/
Cinestesia
El sonido se revierte
Las ondas golpean
La brisa que sabe
Amarga
Como la lengua
Perdida
En la aridez
De tu espalda.

Me miras
Sé que lo haces
No me pidas
Que te diga
Pero sé que lo haces
Y yo
Perdido
Diluido
Enfrascado
Veo el negro
La vida
Que se pasa
Viejas
Amistades
Mujeres
Que yacen
Y se pierden
Igual
Pero diferente
Que tú
Que estás
Conmigo.

Y tengo los 30 segundos
El momento de claridad
La vida que se viene
Es transparente
Y todo
Es fácil
Hasta que
Prendes
La luz
Y la ráfaga
Me golpea
Y el semen
Se calienta
En una mancha
Roja
Sobre la camisa
De juventud.

“Me tengo que ir”
“Está bien”
Contesto
Y te veo
Vestida
Protegida
Y yo siempre
Indefenso
Con el falo
Pequeño
Un niño
Que salta
Y busca a su madre
En el supermercado
Y la esperma
No dice nada
No somos nada
Pero estás
Protegida
Y yo siempre
Perdido.

“Está bien”
Repito
Y me visto
Pero algo
Me dices
Que no
Comprendo
Y te miro
Y piensas
Otras cosas
Y ya
No estás
Conmigo.

¿Estoy,
De verdad,
Perdido?

Y no hay
Desierto
Con agua
Ni brisa
Que estalle
La ventana.

Es la vida
Te meneas
Te agitas
Te retuerces
Compartes
Tu saliva
Líquido
Insanidad
Intempestiva
Y me miras
Como si nada
Y no hay día
Que me digas

“Te amo”
Sin que yo piense
Que soy sólo
Otro ente
Inerte
Incapaz
De quererse
Y verte

Siempre
Sonriente.

Rutina.

Me paro de la cama, abro la ventana
En la calle ya no hay nada
Los pájaros se murieron, y sus cadáveres son el abono del cemento
Que lo traga todo.

Voy por un café, que está caliente y no baja
Que quema, que sacude las entrañas
Y en la nevera no hay nada más que un recuerdo
Que se ha colado, y allí duerme en el frío, inmenso.

Inmenso, demasiado cargado
Espeso, de esas mierdas que aún con el tiempo no comprendo
“¿Cuándo me fui? ¿ Por qué permití que todo terminará así?”
Me pregunto mientras salgo, cierro la puerta, machaco la llave contra el candado
Que aquí todos roban, así marchen con los ojos cerrados
Y en la calle no queda mucho, todos están muertos
Caminando bajo el amargo sol que ya no alumbra, que se dedica a incinerar
A sembrar con trajes y corbatas las vidas que ya los sueños dejaron atrás
A llenar de risas imbéciles los rostros de esos cuerpos que aún no conciben su descomposición,

Otros hijos de perra que ya no sienten el dolor.

Y yo, ¿Qué hago?
Nada, tan sólo quejarme
Escribir versos que poco valen
Escupir para adentro
Lamerme las heridas cual perro sin mordida.

Y ya es de noche, y voy llegando
En los buses la gente se está matando
Todos quieren llegar, no importa aguantar un minuto más
Los golpes, el sudor que se cuece rancio tras las ropas
Alientos descompuestos tras pastillas de mentol
¡Puta vida, no hay nada en el congelador!
Y aquí estoy muriendo,
A pesar de mentir, de ver las noticias
De verme enterrado
En cementerios que yacen en el cielo
En los edificios que echan raíces en el infierno

De esta calle de seres descompuestos
Cierro los ojos, mañana estaré un poco más muerto,

¿Qué estaba pensando?
¡A la mierda! ¡Ese no es mi trabajo!

Pensamientos de otro loco en el infierno de neón
Meditación barata en un manicomio sin alcohol.