Un amigo

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Solía venir por las tardes a hablarme,
Era un tipo de esos que
No esperan mucho,
Que se han conformado
Con lo que les toca.

Venía por las tardes y hablábamos,
No recuerdo cuándo ni dónde
Nos conocimos.
Pero empezamos a hablar,
A contarnos nuestras vidas,
A jugar.

En esa época jugábamos,
Eludíamos el presente
Y las pocas responsabilidades.
Creíamos que podríamos
Con todo,
Que no había nada
Difícil o imposible.

No buscábamos vernos,
Pero lo hacíamos de vez
En cuando.
Normalmente, el venía
A mi casa,
Me contaba sus problemas.

Solía inventar mucho.
En su vida,
No había nada difícil
Ni imposible,
Todo le era dado.
Yo hacía que le creía
Y le contestaba sonriente.

Solía hablarme de sus
proezas femeninas,
De sus primeros pasos
En las eternas jornadas
Del cortejo.
Me contaba de sus
Primeros tragos,
De todo lo que bebía
Y follaba,
Lo hacía con gracia.
Yo sonreía y
A veces asentía.

Sabía que me mentía
Pero no solíamos
Hablar de eso.
Todas esas historias
Eran tan sólo un escape:
Una elusión al presente,
Un paraíso al que no
Teníamos entrada,
Pero que podíamos imaginar.

Con el tiempo,
Mi amigo dejó de ir a mi casa.
Ya no reíamos juntos,
No nos decíamos nada.
A veces,
Solíamos vernos y
Recordar el pasado:
Nos reíamos de las verdades
Hechas mentiras,
Y de las mentiras que,
Por conveniencia,
Convertimos en verdades.

Sé que aún podríamos hablar
De lo mismo,
De lo que querríamos
Y de lo que conseguiríamos.
Aún aspiraríamos a los
Regojos que otros han logrado.

Hace tiempo que no sé de él,
Y espero siempre
Recordar su nombre.
Reírme de sus mentiras
Para no recordar las mías,
Y que todo le salga bien.

Para que nunca más
Desee hablar conmigo,
Y yo no tenga que imaginar
Nada aparte de lo
Que ya tengo.

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De vuelta a vivir

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La vida empezó como un camino en una sola dirección
Me lancé de lleno, creí confrontarlo,
Quise despacio y amé demasiado rápido,
Me entretuve en los escaparates
Cruce las calles sin pensar demasiado.

Hasta cierto punto
Todo se fue dando.

Con el tiempo
La vida se fue bifurcando
Habían calles y calles.

Calles demasiado iluminadas
Algunas otras solas
Había demasiado qué ver,
Había demasiado para llorar.

Intenté no afanarme demasiado
Quería todo despacio
Deseaba no tener que lamentarme
Quería transitar bajo la luna
Y que palabras llena de vida
Golpearan la carne.

En algún punto
La vida se volvió una calle sin retorno,
Sin salida,
Y me entretuve con las luces que roseaban de lleno
La pared,
Me entretuve con los ladridos de los perros
La magullada cercanía de la desidia de los postes
Las largas paredes infestadas de marcas de gente.

Me entretuve con un mundo que no entendía
Que no entenderé.

Me entretuve demasiado
Y en algún punto
Perdí la capacidad para reconocer los caminos,
Me vi sumergido en eso
No podía volver.

Con todo
A veces vislumbro estrellas
Que golpean de lleno contra las ventanas
Y la gente parece querer,
Siquiera,
Estar bien.

De vez en cuando transito con la cabeza agachada
Y me pesan los días
Los pasos surtidos
Los milímetros de dicha
Que escurren de la piel.

Con todo
Ya perdí el rumbo
Y, en la noche,
Procuro no detenerme demasiado.
Camino despacio,
Pero sin quedar estático.

Quiero tenerlo todo
Abrazarme a la vida y a la muerte
Besar de lleno el engaño
Dejarme arrastrar.

A veces
La felicidad se siente
En cada palabra.
Y no me queda otra cosa más
Que huir.

Aprendí a no querer demasiado
A preocuparme por los pasos,
A no desear los caminos recomendados,
Quise forjar el sendero
Y terminé queriendo retroceder.

Para nunca más volver.
Para tener que comenzar,
Para volver a vivir.

Encontré las palabras en los días perdidos
Las sonrisas gimiendo debajo de la ventana.
Y sólo tuve excusas
Para estar de vuelta,
Para que los miedos se hiciesen verdades,
Y sólo quedara,
Tener que vivir.

Tarde en la noche

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Es tarde en la noche
Y el frío empieza a entrar
Por la ventana.

Lo siento recorrer toda la habitación
Golpear directo contra la carne
Hasta hacerla crepitar.

Me detengo en los latidos del tiempo
En el sonido de la noche,
Que todo lo destruye,
Con su arrogante silencio.

De vez en cuando,
Suspiro y perforo
El cuerpo del viento,
Lo siento quebrarse ante
Mis párpados,
Como la luz de las farolas
Contra los charcos de la calle.

A veces me detengo
Y miro hacía el techo.
Su níveo resplandor
Enceguece los días
Que faltan por vivir.
Me hace retorcerme
Hasta querer roer el
Calendario,
Hasta querer penetrar
De lleno en el curso
De mi vida.

“¿En qué momento se perdió todo?”
Me pregunto,
Y afuera siento que el frío se aleja
Y la gente corre hacía algún lado.

“¿En qué momento se perdió todo?”
Me sigo preguntando,
Y siento la lengua temblar
Bajo el peso de las palabras dichas.

Toda una vida,
Todo el transcurrir
De una precaria desidia
Me ha hablado de mí.
Me ha dicho quién soy.

Me ha abrazado en las noches,
Me ha dado cobijo,
Me ha besado cuando más
Solo he estado.

He querido a quiénes me han odiado
Y he repudiado a mis seres más queridos.
He querido romper mis propias barreras
Para verme superado por mis propias metas.

He sido lo que no he querido,
A pulso,
Sin resquemor,
Como las luces perdidas
Que ya no se distinguen en el cielo.

Apunté demasiado lejos
Quise todo lo que estaba aquí
Y que nunca fue para mí.

Y a veces,
Sólo a veces,
Me quedo contemplando
El níveo cielo,
De un oscuro cuarto
En algún apartamento
Entre varias palabras
Fragmentos de vida
Arena que dice,

Que he estado aquí.
En medio de todos,
Buscando dónde,
Siquiera
Volver a vivir.

Cierro las ventanas,
Espero que nadie me vea,
Espero que todos estén durmiendo,
Que el mundo se quede
Tendido ante mí.

Vuelvo a soñar,
Me tocó la carne,
Y siento el temblor
Quedarse con todo.

Y sólo quiero
Detenerme en el suelo,
No murmurar
Ni afirmar nada.

Dejar que todo sea.
Dejar que, con todo,
Algo se muera,
Y la dicha se quede
Retorciendo el pasado,
Hasta hacerlo sangrar.

Y que todos,
De cuando en cuando,
Podamos reír.

Azul: Diario de un recuerdo.

van gogh

Te recuerdo
En la comisura de la boca
En la lengua que se mueve lánguida
Atrapada en el mar de saliva
Que está seca y dulce, sin sal que la bañe.

Te recuerdo
En el azul de la noche
Azul de tus ojos, azul de aquel vestido
Azul que mata y quema, azul que sigue vivo
Azul que no es lapislázuli, azul que no es zafiro
Azul que eres tú, Azul que sigues siendo
Azul que no oscurece, que brilla…
Lejos, en la cercanía de la memoria.

Te recuerdo
No porque te quiera, antes te lamento
No porque te sienta, la carne quemada ya no prende
Soy carbón, heridas que no cesan, botellas que se atragantan
En la garganta, y me quedo en el reflejo
Del cristal que tengo entre las manos
Bajo un sorbo, aún no estoy tan quebrado
De cicatrices mi cuerpo he remendado.

Te recuerdo
No porque te quiera, ya no somos los de antes
No porque te quiera, los días pasan y somos otros dos dementes
Otros más que esperan la aguja, su roce con la muerte
Y te recuerdo, no porque te quiera
De amarte ya me he muerto, y aún quedo inmerso en todo esto:

Descontento y sin espejo en el cual reconocerme,
Dejado al asco, sonrisas que se bañan frágiles en el crujir de la quijada
Que escupe rabia, que se quiebra en vanas palabras
Y no te quiero, quererte es un rezago
Quererte es tragar la mierda de estos cinco años
Y que aún saboreo a cucharadas
Dóciles y dulces cucharadas
Sonrisas espesas
¡Putas puñaladas en la espalda!

¡Putas puñaladas que se sumergen en carne rancia!

 

Por eso te recuerdo
Porque para amarte ya no tengo tiempo
Porque quererte fue un anhelo
Porque de lo vivido aún conservo los momentos
En que sonreímos, en que la brisa tenía su rumbo
Y yo no tenía sed, no tenía sed
Sed que baja, anís que se cuece lento
Pupilas que se dilatan
Y por eso te recuerdo
Porque odiarte nunca fue un supuesto
Porque amarte me hizo un obseso
Porque el recuerdo mata,
Frenesí cinético,
En la tibieza de la cercanía más ingrata:

Aquella que estando lejos, se percibe más cercana
Aquella que en la sonrisa se dibuja la desdicha
Botellas rancias, risa quebrada
Te recuerdo, con el querer apretujado
En el cierre de mi boca
En el azul que desprende el cielo.

Por lo que fuiste,
Por lo que me diste
Te recuerdo,
Así mañana maldiga el infierno
Así mañana bese de nuevo el cielo.

Neiva, ciudad de los recuerdos. Diciembre 15 de 2012. Cinco años se ha llevado el viento.