El llamado de la selva

kentridge

Hay veces que hace tanto frío
Que el televisor te habla directo al oído
Y te susurra que te quedes;
Y la pantalla titila sin nada más que gente
Gente matándose
Gente amándose
Gente haciendo de todo
Todo lo que no hago
Todo lo que no he sido
Y empiezo a disfrutarlo.

Hay veces que hace tanto frío
Que el teléfono tiembla sin ruido
Y siento la cercanía de la llamada
Miro hacia todos lados
Como si fuese la selva,
Y no hay nada,
No hay sitio, 
Ni rugido
Ni aullido
Que me salve
Que me saque de aquí.

Solo
Estoy solo.

Y hay veces que hace tanto frío
Que abrazo a las paredes
Para sentir el calor.

Habré tenido toda una vida
Bajo el calor de los días.
“¿Dónde se ha ido?”
Pregunto,
“¿Qué queda?”
Repito,
Para sentir el ardor en los huesos
Y matar lo que tengo.

Hay veces que hace tanto frío
Que ya no recuerdo qué es lo que
Ha sido,
Y en el televisor veo mi reflejo
Tras las caras de la gente,
Y al salir del cuarto,
Corro de vuelta,
Hacia la ventana,
Me quedo viendo
Hacia donde corren los niños
Y se escucha el aullido
“Aún queda selva”,
Y los huesos se quiebran
Y la vida
Se siente en la cara.
Los quejidos
Arrullan al silencio
Y en la boca 
Se quiebran las palabras.

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Communication Breakdown.

De vez en cuando me surge una ira que no logro canalizar muy bien. Es más, siempre me pregunto: ¿puede la ira canalizarse? ¿no será otra mentira de otro publicista,  de esos que busca vender unos zapatos a cambio de felicidad? No lo sé, no me queda claro. Pero era allí cuando entendía algunas cuestiones.

Ring/Ring/El sonido de la rabia a punto de esparcirse.

-¿Sí, hola?- pregunté mientras acomodaba unos libros en un estante.

– Hola…¿Cómo estás?- preguntó Lorena, una amiga con la que últimamente tenía un trato algo más intimo de lo normal. Sexo a cambio de felicidad, ¡Blah!.

– Bien ¿y tú?-.

– Aquí cepillándome los dientes…- dijo mientras el cepillo se revolcaba entre sus dientes, tal vez en una orgía con el mugre- ¿No lo recuerdas?-.

– Ahh… ¿te vas al aeropuerto, no?-.

– Sí, ahora llega Javier y lo vamos a esperar…-

-Ahh… bien.

Javier era el novio de su hermana. No lo conozco, tampoco me importa hacerlo. Debe ser un tipo como cualquier otro: imbécil, aburrido. Alguien casi tan parecido a mí que de seguro me daría rabia sólo verlo. Como Dorian ante el espejo, me daría asco concebirme a mí mismo allí parado. Demasiado pretencioso, demasiado seguro de sí mismo, a pesar de temblar en las noches. Demasiado frágil, simplemente repulsivo.

Sin embargo, había una diferencia, o puede que no. Quien sabe, tal vez sea sólo mi maldita pretensión: valiente arrogancia que me lleva a reconocer que soy como cualquier otro pero un poco mejor, sólo por el hecho de saberlo. Sé que soy como todos, ¿acaso no soy mejor?.

No, no lo eres/Puede que sí/Shh, ¡imbécil!/Hazte una paja y deja de joder/Meditaciones sobre la filosofía primera. ¡A que no te la sabías, Descartes!

-¿Ah, estás ahí?- preguntó luego de escupir al lavamanos. Tal vez una baba negra, tal vez una blanca. Tal vez sólo fue un gargajo.

– Sí, perdón… estaba acomodando una cosa aquí- contesté intentando mostrar algo de atención.

-No puedo creer que de verdad te hayan mandado esa carta del trabajo- me dijo con un puto tono de regaño que casi me imaginé de 12 años encerrado en mi cuarto por no hacer las tareas- Ponte serio con eso, no te falta nada para acabar consultorio…-.

Plaj/Trrrr/Shsss/Los aullidos de la mierda saliendo por la boca.

-¡AHH, VIDA HIJA DE PUTA! ¿OTRA CON LA MISMA MIERDA?-.

– Ya…ushh ¡tranquilo! ¡no es para tanto!-.

– Sí claro, no es para tanto. Nada es para tanto. Pero todo el mundo jode, y uno dice que no quiere hablar de esa mierda y todo el mundo pone el dedo en la puta yaga: ¿Fuiste a consultorio? ¿Fuiste al médico? ¿Te hiciste mil pajas? ¿Te salió la esperma roja?. ¡Pero qué putas les importa!- grité, intentando calmarme. Lo necesitaba. No tenía por qué tratarla así. Sabía que ella se preocupaba, que quería ayudarme a resolver mis problemas, pero hay cosas que sólo pueden resolverse a solas, en diálogo con uno mismo.

Cosas que sólo uno las entiende/o destruye.

– ¡Cálmate!…sólo te estaba preguntando por eso. Disculpa, ¡ya sé que te molesta!… pero no es para tanto, no tienes por qué ponerte así. ¡No te puedo decir nada!- dijo con un tono de ira que me supo a mierda. Lo sentí como esos que algunas malditas profieren cuando tienen sexo, buscando que uno cambie de posición pero sin que ellas muevan un puto dedo. Aunque sabía que no era así, al menos no en este caso.

– Hasta luego… hablamos en otro momento-.

– Pero mira, yo sólo quiero ayudarte… ¿Qué puedo hacer para hacerte sentir bien?-exclamó de forma tan dulce que sólo pude atinar a ser sincero.

– Ni mierda…hablamos luego-.

Tun/Tun/Tun/Communication Breakdown. Lo decía Zeppelin, lo decía el tipo del bar.

La pregunta estuvo martillándome un buen rato. “¿Qué puedo hacer para hacerme sentir bien?” “¿Qué putas puedo hacer para no alejar a los que me dan la mano y ser feliz?” me preguntaba mientras sacaba una lata de cerveza de la nevera. Me quedé en ello, sintiendo varios sorbos caer espesos, fríos. Temblé un poco, estaba vivo.

Estaba vivo. 

Mire por la ventana y habían unos niños pateando un balón. A lo lejos, un árbol se mecía con la tranquilidad que está el estar aferrado a tierra. “Ni mierda”, fue lo último que pensé antes de salir a comprar alguna botella. Antes de verme allí bebiendo las respuestas.