Mr. Robot

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Tal vez queda algo
Por hacer,
Algo por decir.

Mientras tanto, la lluvia se apodera
De todo…

No puedo ver.

Su agua es más salada que
Toda la sal del mar.
Esto empieza a quemar.
Tiende a doler.

He querido morir.
He querido morir desde
Tiempo atrás.

Contemplo la noche
Con ternura.
Algo empieza a doler.

Algo que baña los caminos
Que siembro,
Las esperanzas que murieron
Siendo deseos.

La habitación se quiebra,
Existe una grieta,
Un grieta en estos muros.
La llamo silencio.

¿Qué será de todo
Una vez esté lejos?
¿Una vez la risa
No se quiebre al volver?

No nací para esto.
Pero no habrá muerte
Que hurte mi tiempo.

Todo será otra cosa.

Tal vez, todo puede
Ser distinto.

Tal vez, tal vez…
Sólo queda algo por hacer.

Quiebro mis luces,
No puedo…
Incinerar la luz.

Hay algo que
Tiende a permanecer.

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No hay nadie aquí

Beckmannlanoche

No hay nadie aquí.
Se puede oír el latido de los carros
El traqueteo de la máquina engullendo gasolina,
También se puede oír el grito de la gente
Sordo, tumultuoso, distante
Pidiendo un momento a los oídos de los muertos.

No hay nadie aquí.
Y, a lo lejos, una mujer insulta a su marido,
Un niño patea una pelota de fútbol
Una mujer camina por un parque
Y alguien más, aparte de mí,
Escribe.

No hay nadie aquí
No hay tiempo para nadie.

Los supermercados se escuchan abarrotados
A pesar de no escucharse, a pesar de no tenerse
De frente,
Y alguien estará llorando,
Alguien estará muriendo,
Como también alguien estará amando
A otro,
En secreto…
Mientras los pájaros huyen en la ciudad de la carroña.

“No hay nadie aquí”
Repito
“Nadie aparte de mí”
Me digo,
Y sé que afuera,
La gente está viviendo.

No hay nadie aparte de mí
En estas cuatro paredes,
En mi propia jaula,
Ese sitio al que siempre vuelvo
Magullado o feliz,
Y que llamo “casa”.

No hay nadie…
Aparte de mí.
Eso es lo que digo cuando,
Al mirar a la pared,
Siento el reflejo de los ojos,
MIS ojos,
Golpeándome,
Queriendo verme caer.

Y de seguro afuera,
Alguien estará pagando una cuenta bancaria
O besando por primera vez.

Yo sigo aquí dentro
Imaginando…
Matando al tiempo con agujeros sobre la pantalla
Deseando en secreto y arrullando al silencio,
Meciendo recuerdos sobre quebradas fotos pasadas.

Mientras la gente vive.
Mientras la gente muere.
Mientras estoy muriendo,
Arrancándole secretos
Al nudo de mis pensamientos.

No me estremezco.
Concedo un minuto de vida
A los aullidos del silencio.

Amando la soledad

Grosz

Amando la soledad
Encerrado en este cuarto
Perdido entre unos trastos
Que hablan de mí.

Sumergido en todo esto
Con los ojos cansados
De cambiar canales
Y pasar por mi vida
Sin vislumbrar
Señales
Que sirvan de guía.

Amando la soledad
Mientras las escopetas eructan
Y los niños desarman fusiles
Mientras los soldados se multiplican
Y las guerras van y vienen
Mientras las vidas se pierden
Y los impuestos se incrementan
Como si no hubiese sitio
Suficiente
Para tanta gente.

Amando la soledad
Aferrado a ella
Borrando el pasado
Incinerando el presente
No hay futuro,
Sin ella
Y el pasado es tormento
Y el amor son tres pasos
Hacia la botella
Consumido, ya bebido
Sangra el anís
En la garganta
Y me pregunto
¿Dónde se ha ido?

¿Dónde se ha ido?

Y no hay nadie que conteste.

Solo
Solo
Raído
Perdido
Entre la gente
Solo
Mientras los árboles tiran frutos marchitos
Y los perros me muerden por la espalda
Mientras busco una sonrisa en un vaso de agua
Pero esta yace
En una botella de aguardiente
Mientras los sueños se esfuman
En un cigarrillo que se extingue
Sin llegar a nada.

Amando la soledad
Detestando el instante
Volviendo a detestarte
Amando el poder odiarme
Sonriéndole a la muerte
Bebiéndome los escaparates
Perdiendo ante la vida
Jugando a existir.

Amando la soledad
Me inclino hacia la cama
Cierro los ojos
“Ojalá nunca
Llegue mañana”

Apago la luz.

¿Qué pasó ayer?

vómito

Desperté
Olía
A mierda
Mucha mierda
Con nachos
Y un poco
De fríjoles
Rancios
¿Qué mierda
Pasó ayer?

Desperté
Los rayos
Retumbaban
En la cara
Y todo
Parecía
Estar bien
Y
¿Quién
Mierda
Me dice
Qué
Pasó
Ayer?

El baño
Parece
El sanatorio
Del estómago
Y
El vómito
El retrato
De la vida
Inexacto
Degradado
Siempre
Despreciado
Como un Bacon
Rasgos
Maltratados.

Y entonces
Mientras
El olor
Me agarra
Vomito
Homenaje
A la desgracia
Y pienso
¿Qué pasó ayer?

Y sonrío
Y creo
Que todo
Estuvo muy bien
Y que
Tal vez
Por un
Momento
Fui feliz.

Y entonces
Vuelvo
A la realidad
Y pienso
Que hay que trapear
Y que
Tal vez
Si terminé así
No fui tan feliz
Y los meados
Se asoman
En la esquina
Y pienso
Que el recuadro
Es
El reflejo
Del enfermo.

Sonrío
Sonrío
Sonrío
Sonrío
Hay tiempo
Para el lamento
Y aún
Estoy vivo.

Bajo otra botella
La vida es el infierno
Y la soledad
Su principal
cimiento.

Tan sólo otro diálogo sin paz.

Bebo una cerveza mientras en el mundo pasan cosas. En las noticias se habla de una posible nueva conversación. Timochenko asegura que de Colombia sólo quedará el nombre, mientras Santos tartamudea incansablemente. Su lengua es un nudo ciego que se aprieta con cada balbuceo.

Todo es demasiado estúpido. Lo sé, estoy seguro. Demasiado estúpido. Muy hecho mierda para ser verdad. La paz es tan sólo otro concepto vano que existe sólo como aspiración. Los hombres nacieron para matarse. Pero eso no importa porque puedo beber una cerveza. Me baja fría y siento el retorcer de los huesos, como si luego viniera una ola de calor que me recordara que estoy vivo. Y en Colombia. Tercer mundo. Mucho asco.

Al levantarme, le pregunto al barman si debo algo.

– Nada, tranquilo… pagó hace un rato. Además luego pagaremos todos….usted me entiende- contesta mientras limpia un vaso de cristal con un pañuelo percudido por el mugre.

– ¿Ah? ¿Qué quiere decir?- pregunto intentando guardar los gases. Sin embargo, la sinfonía de mis eructos me delata.

– Nada… tranquilo-.

Salgo y doy unos tres pasos. En la calle, la gente se pregunta si habrá una zona de despeje. Lo sé porque los gritos sobrepasan el aullido de los carros y el ruido de las pisadas. A mi eso no me importa, pero no deja de joderme.

Caminar/Rápido/Sin freno/ Cabeza al suelo. Pensamientos dispersos.

-Ojalá Santos se acuerde de todas las cagadas de Pastrana- dice un viejo que se rasca el pene  con furia.

–  Ojalá… pero con las FARC no se sabe. Y con Santos sí que menos- contesta un tipo de traje negro y corbatín. Me recuerda al pinguino de Batman. Gordo y estúpido. Demasiado grasoso.

– JAJAJAJAJA-

Se escapa un aullido de alguien que nada le importa.

– Ehh… ¿qué es la risa, maricón?- pregunta el pinguino al pendejo de la cerveza.

– Nada en especial… es sólo que creo que todos y nadie tiene razón- digo mientras escapo.

Es lo mejor. Escapar/Emigrar/Largarse bien lejos. Dejar este sitio y poder volver a respirar.  Pienso todo ello mientras camino. Los pensamientos pasan fugaces y recuerdo un instante en el que todo parecía tener sentido: Caminaba por un parque y pateaba una pelota. No miraba para arriba porque el cielo era incapaz de tocarme. Tan sólo pateaba aquel balón. De repente sentí que algo me tocaba. Al alzar la vista, me di cuenta de que tenía un muro enfrente. Un puto muro. Casi tan grande como los dos mundos que se joden a tiros diariamente en Colombia.

Tras varios pasos decidí subir la mirada. Sentía el pecho en llamas y no encontré más licor en la botella.

– ¡Pase, pase! ¡El mejor show en vivo! ¡Las mejores chicas de Bogotá!- gritaba un tipo con un megáfono en una esquina.

Entré, pero antes crucé miradas con el imbécil de la entrada. Sabía que el tendría la respuesta.”¿Podré escapar?” pensé mientras mis ojos enfocaban aquel negro acuoso de los suyos.

– Un buen polvo lo cura todo- Exclamó mientras cruzaba la puerta y bajaba los escalones hacía aquel lugar.

Era un sitio pequeño que olía a vómito añejo. Decidí sentarme en la barra y pedir otro trago. El cantinero afiló una mirada sobre mi rostro, tal vez dudando de si tenía el suficiente dinero como para poder estar allí.

-¿Cómo ve lo de los diálogos?- preguntó sin verme a los ojos, como si la preocupación no se encarnase en aquella voz quebrada que salía de su boca- Digo por aquello de que ya la guerrilla amenazó con la guerra…-.

– Quien sabe… al final todo se reduce al puto polvo- exclamé mientras deslizaba un billete en el culo de una rubia.

Tras un largo sorbo de cerveza, me paré y decidí aceptar mi destino.