La luz roja

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Arrastro los pies sobre piedra
Y piedra,
Aguardando que la tierra
Sepa recibirme.

De vez en cuando la grama
Amortigua cada paso,
Y mis ojos,
transeúntes de otras calles,
Retornan al espejo de siempre,
A la vitrina de la calle octava…
Y suben y bajan y el niño que ahí
Estaba,
Va dando paso a otro,
Que no se reconoce.

Su mirada ya está
En otra parte.

Sea en el campo, o en el afán de las esquinas
De las calles frías en las que me tuvo Bogotá,
Aguardo la luz del semáforo.

La vida parece teñirse de rojo,
Y el suelo pareciera
No querer recibirme
En el siguiente recuadro.

Un poema interrumpido…

Quería dedicarme a escribir poesía
Pero la música estaba muy dura
Y en la calle
Alguien debía estar muriendo.

Quería tan sólo ver dos versos
Fundirse en mis ojos
Pero recordé el dolor de cabeza
Que me hacía tomar muchas pastas
De diferentes colores
Y ninguna me calmaba.

Y con todo
Yo tan sólo quería escribir un poema
Que fuese amargo
Como nuestras últimas conversas
Que supiera a basura
Como las últimas palabras
Que nos recitamos
Sin mayor asombro.

Y es que ambos lo sabemos
Esto es intrascendente
Como el dolor de cabeza
El muerto
La música
Pero está allí
Presente
Viviente
y nos respira al oído

Y yo tan sólo quería
Dedicarte un poema
Pero el semáforo seguía en rojo
Y las alcantarillas aún se rebosaban.