Probablemente

Munch

No puedes
Hacer sangrar
La madrugada.

La noche sigue
Larga
Y el dolor
Gime en las
Esquinas.

Algo ha muerto
Cuando nadie ha
Visto;
Capaz sea mi nombre,
O ya será el olvido.

Ahora,
Deambulo entre las esquirlas
Del negro y amarillo
Los reflejos de la casa,
Y no hay nada.

Algo se ha muerto.
He escrito tartamudeando,
Y la vida me duele.

Probablemente sea la boca
Rasgada contra la almohada.

Es demasiada esquiva
La penumbra de la mañana,
Y quisiera decir algo,
Pero todo me es distinto
Y sé que es pronto.

Probable…
Probablemente…
Capaz…
Tal vez…

No fue así,
Y puede ser de día.

 

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Ellos vinieron.

 

ELN

Un día llegaron
Estaban armados,
Prendieron las alarmas
Venían por nosotros, ellos, los “otros”,
Se escuchaban disparados,
Desgarrándose en gritos,
Tenía un bate en las manos, se mecía compulsivo
Las uñas se deslizaban, en la boca, en los labios,
Se rompían al quiebre,
De la quijada contra la mente,
Sangre en los labios,
Era el momento,
De la derrota,
Era el momento,
No nos quedaba de otra.

Mi padre, grande, viejo
Escopeta en sus hombros,
El peso del alma en su arma,
Mujer con revólver, solloza y tira palabras,
Más rápidas que las propias balas,
Y el silencio.

Se oyeron aullidos
El ruido perdido,
En el frío,
Frío de Neiva,
Frío caliente, agresivo.

Luego fue silencio, y la ventana,
La luz sobre la ventana,
Ellos saltaban,
Sin verme,
Oculto,
Tras la persiana,
Eran de carne,
Carne que mata.

No quedaba nada.

 

Baile en la noche.

Dance in the rain

La mano, contraída y desgarrada por la rabia, chocó directamente contra mi cachete. Estaba caliente…pesada. El aire se movía al compás de la fuerza: De esa fuerza que destruía la inacción propia de la vida. Los músculos se contraían tras el azote del aire. La masa se movía, convulsiva, casi al borde de dispersarse por el aire. Sangre. Sangre. Demasiada sangre fluyendo por la boca. El óxido se apoderaba de la lengua, y el sabor a plata empezaba a aparecer. Rabia. Rabia…el hijo de perra quería matarme. Vamos, que todo el mundo quiere matarse. Todo el mundo sale de la casa para matar y no terminar matándose. Es la ley de la vida: O matas, o te matan, o te suicidas. Pero se nace para morir, y la autodestrucción es el camino diario.

Aquel imbécil se retorcía en su propia eje. Movimientos convulsivos, pies separados…torax desajustado del movimiento de pies. Yo no sabía mucho de boxeo, pero el tipo tenía los pies bastante separados, igual estaban sus manos. Era mi momento, estaba confiado. Y la confianza es la peor consejera cuando se pelea. Cualquier pelea debe ser desconfiada: La agresividad y el miedo…el miedo sobre todo. Debe tenerse miedo para moverse con potencia y rabia. Y controlar la rabia, que si no se la lleva la confianza.

– ¡Vamos, maricón! ¡Alzando las manos, pues!-gritaba el tipo. Era un poco más alto que yo. Al rededor de 1.90 metros. Era acuerpado…músculos inflados. Arete en la oreja izquierda.

-Pl/lpluj- dije, sintiendo la sangre salir de la boca. Un gargajo rosado, incinerado, se salía de mis fauces y se estrellaba contra el pavimento. La luz le alumbraba directamente…y los colores se difuminaban y la esperanza se me iba perdiendo. Tenía el pecho caliente, pesado…sentía el fuego de algunos golpes incrustado bajo la piel. Ardía. La piel se movía perversa, en súbitos escapes de irreflexión y estupidez. Le señalaba a él donde golpear, donde seguir asestando…La supervivencia no se corresponde al dolor. El ser humano es débil: Se muestra temeroso, impaciente, ansioso…y su cuerpo lo denota también. Nacimos, evolucionamos para ir al médico. No nacimos para andar solos. Por eso es que no aguantamos sin aire acondicionado, sin loción…

No tenemos espacio para la reflexión.

Pum/Pum /Intermitencias fugaces/¡Mierda!/Los sonidos de la calle.

-¡Ven, ven, maricón!- gritaba el orangután.

-Maricón tu culo.

-¿Ah?- decía el tipo, mientras lanzaba algunas miradas al aire…mientras gritaba algunos chistes, mientras me acababa. -¿Qué mierda dijiste?

-¡MALPARIDO MARICÓN!-Grité, sintiendo el aire agitarse, las risas convulsionarse bajo los rostros amarillos, acariciados por la luz de la farola de aquella esquina. ¡UUUUUHHHHHHH! Gritaba la gente. Querían circo, y ya tenían domador y payaso.

Taj/Plaj/ Las sonrisas al atardecer/ Preludio de un relato no contado.

La cara me ardía. Y las piernas me temblaban, como una quinceañera que ha perdido su virginidad. Temblaban, como un acordeón, como el estómago de un borracho al borde de vomitar. Óxido. Óxido. Y el sabor amargo colándose entre las vísceras. Miedo, miedo de seguir ahí y terminar muerto. La fuerza de ese alguien, que se alzaba imbécil, estúpido, pero más apto…más fuerte. Podía con todo, lo esquivaba todo. Le lanzaba puños a la derecha, izquierda, a la cara, al torso, patadas…y una mierda. El cuerpo se me retorcía, y los ligamentos de mi rodilla izquierda bailaban y chocaban. El cruzado estaba extinto, y la rótula iba de adelante/atrás/adelante/atrás. El dolor era insoportable…

Mi mano se agitaba, como queriendo agarrarse de alguien. Recordaba los viejos Rings, las viejas peleas…ya no quedaba nada. Nunca fui bueno, nunca pude superar el miedo. No pude temer para superar el dolor. Y temer para esquivar. Temí para quedarme paralizado, y volver al rato luego de los puños. Peleaba recibiendo, recibiendo golpes y, tras un buen rato, contestando. El cuerpo renacía cuando más perdido me sentía, y la cabeza bombeaba y bombeaba palabras que se repetían en el aire, que se desprendían del agite intempestivo de las manos aprisionadas. La esperanza se contraía en los puños, y el guante empezaba a ser garante de libertad.

Pero en las calles no hay campanas, ni entrenadores, ni gente jugando a ser peligrosos…No hay nada de eso. Hay enemigos, trago, y miedo. Mucho miedo. Miedo a lo que uno no tiene, y lo que siempre otros tendrán.

Me levanté. Lancé dos golpes que se asemejaban a un jab: Un jab desesperado y flojo, recto, sin mucha fuerza. Directo al rostro/Esquivados. Lo esquivaba todo. Era una bestia.

-¿Pero qué pasa, eh? ¿Qué pasa, malparido?- gritaba, lanzando un par de golpes al aire- ¿Qué pasa, eh, maricón? ¿Qué pasa que ya no abres la geta, eh?

Patada. Esquivada, directo al pecho. El aire que estalla contra las cejas. Rojo. Rojo tan oscuro como el negro que se desparrama en el ojo izquierdo. Rojo…mierda, el rojo. El rojo que es naranja pero negro contra la luz. El piso que se descompone. Las piernas que tiemblan…

No había nada qué perder. Tampoco nada para ganar. No había nada. Un hombre, contra otro, y ya. Eso era la vida: Una lucha corriente, tan corriente que todos la tenían y nadie la aprovechaba. Sólo unos pocos…unos pocos que muchas veces eran llamados “locos”. Y si estar loco no era ser como todos, no entiendo la locura. Así la gente dijese lo contrario.

Tiré un par de golpes, y asesté uno a la cara. Sentí su piel tersa, sin rasguños, posarse contra mi mano. Una piel inmaculada que se desparramaba contra el aire, contra el puño que arrancaba desde abajo. Un gancho de derecha, o al menos un remedo de eso. Ahí estaba toda mi fuerza. Toda la voluntad de la vida se desperdigaba en una postura de pies, firmes, rectos… no muy separados. La espalda recta que se avecina con fuerza desde abajo. El torso inclinado, la cintura que gira hacia arriba…

Plaj/Plaj/PUM/La vida en sobremesa.

El Bum/Bum de los bajos se entrecruzaba con las luces desperdiciadas de los carros. Las farolas aullaban en contra de la brisa y los gritos de la gente. Ambos en el suelo. Aquel me miraba con rabia…pero con miedo. El golpe había dado de lleno. Sangraba por la nariz… y no estaba acostumbrado. Sus ojos alumbraban tras la luz que se colaba entre sus brazos. Brazos que se cruzaban en torno al rostro. El orgullo se desvanecía como el agua que se escurría tras las alcantarillas. Lo veía. Ahí, en medio de todos, viéndose caído…con las piernas temblando. No conocía que era eso: Le faltaban golpes. Le faltaba perder, y para perder hay que correr y pelear y seguir peleando hasta que algún día se gana, y luego se vuelve a perder. Y se pierde más de lo que se gana, y se vive con cierto miedo que sabe a óxido y sal. La sal que escurre de los poros y se estrella con los ojos, con la boca…y se mezcla y se cae, y se vierte sobre la calle. “Le faltaba perder”, pensé yo, viéndolo ahí.

Pero a mí eso no me faltaba. Había perdido con las mujeres. Había sepultado mis aspiraciones bajo un título/prospecto de abogado. Era lo que era: Un tipo incipiente, cobarde…que contrariaba todo y no actuaba para nada. Una rémora que vive de sus sueños y de sus inalcanzables aspiraciones. Cobardía.

Cobardía.

Me levanté, y caminé lo que más pude. Me alejé a paso rápido, con la sensación de sentir los cuerpos atiborrarse a mis espaldas. Persecución. El delirio de haber ganado cuando se debía haber perdido. “La vida no era justa, pero justa nunca será la vida” pensé, huyendo…buscando un sitio donde sentarme, comprar un trago. Tras varias cuadras, llegué a un estanco de neones verdes y rojos.

-Buenas noches-dije, mientras sentía la carga dispersarse en todos los músculos del cuerpo- ¿A cuánto el Doble Anís?

– 20 la media, 30 la botella- Contestó el vendedor. Un gordo de cabello largo. Tendría unos 20 o 30 años. Tal vez más, tal vez menos.

– La botella, por favor.

-O/ok Pp-ero ¿Qué mierda?- dijo el gordo.

-Nada… una pelea-contesté.

-Se nota.

– Creo que perdí.

-¿Cree?

-Sí, eso creo.

– Y el otro, ¿Ganó?

– No, creo que no…

De fondo, Pantera estallaba contra las botellas y las rejas del sitio. Sólo se necesitaban cinco minutos, cinco minutos a solas o con alguien o con todos para estallar. Para morir, renacer, o seguir estando igual. Se necesitaban cinco minutos… y todo podía cambiar. La vida era eso: Una oportunidad que se daba, se desechaba o se perdía. Y al final uno seguía allí, peleando contra nada, pretendiendo existir.

Tomé un sorbo de aguardiente, y me fui caminando. De lejos era cuando más terror causaba Phil:

Agony is the price 
that you’ll pay in the end 
domination consumes you 
then calls you a friend.

Y la bebida sabía a óxido, un poco de sal, y el dulce perdiéndose en la garganta. Con los pasos cortos y la cabeza refugiada en la distancia. La luz incineraba la mañana… y ya no tenía a dónde ir.

 

Tuve un sueño…lo de siempre.

Tuve un sueño en el que nada tenía sentido. Bueno, para eso son los sueños. O para eso el licor, o las mujeres, o las facturas. Nada tiene sentido, pero es necesario. Todo fue súbito, intento recordarlo pero sólo me vienen imágenes fugaces. Como si hubiese estado demasiado borracho. Como si fuese demasiado bochornoso para ser recordado.

Recuerdo un cuarto bañado en sangre. Las paredes tenían ese moho pesado que se incrusta como una capa sobre el blanco que algún día tuvieron los muros, y que se camufla junto al rojo oscuro de la sangre podrida.

Escenas que sólo se ven en un matadero o en una vagina con periodo. O en mi sueño, mierda.

Estaba allí y no entendía nada. Sentía unos gritos a lo lejos, como si alguien más estuviese muriendo en aquel sitio. Pensé en una calle y era casi lo mismo. La gente gritaba y se perdía en sus lamentos, otros sólo corrían de lado a lado sin pensar en nada. Demasiado asco, demasiadas preocupaciones.

Me encontraba con un tipo de bata blanca y un tapabocas de metal, que por algún extraño motivo, era el que más me inspiraba confianza del lugar. Todos eran iguales. Sólo se veían sus rostros blancos ( demasiado pálidos) y sus cabellos canosos. Rezagos de un negro que alguna vez se tuvo, tal vez. Debajo de la bata se asomaban un par de gastados tenis Nike. Esa referencia de Michael Jordan que ni con la estrella de los Bulls vigentes pudieron ser vendidos.

Todos los tenían. Muchas camillas. Mucha gente. Demasiada sangre.

No encontré, ojos así, como los que tienes tú/ Baby, Baby, Baby Oh!/ Seré tu amante bandido, ¡bandido!/Aullidos del infierno.

Todos cantaban. Absolutamente todos, excepto el tipo de la bata blanca y el tapabocas de metal. Aquel sólo me veía, indagando en mi rostro con cierta curiosidad. No había pensado en ello, pero yo era el único que no estaba en una camilla. Tampoco tenía zapatos Nike y mi bata era de un rojo oscuro que se asemejaba a la sangre.

– ¿Qué es esto?- pregunté.

– Nada. Lo de siempre.-Contestó el tipo de la bata blanca.

Lo de siempre. Y bueno, tenía sentido. Ahora que lo pienso puede que lo tenga. El gran supermercado social se descomponía ante mis ojos y yo no me daba cuenta. Todos cantaban mierda que no es buena pero que en algún lado sonó muchas veces y que ahora todos asumen como verdad revelada.  Daba asco.

Intenté hablar con uno de aquellos imbéciles, pero al intentar hacerlo me desperté en otra sala. Al parecer estaba durmiendo, o dormitando, o quien sabe qué putas hacía ahí. Puede que una paja con los ojos cerrados. Yo que sé.

– ¿Qué pasó?- le pregunté al tipo de la bata blanca, que ya no estaba.

– Nada. Lo de siempre.- Contestó una enfermera que de la cadera hacía arriba estaba bestial. Digna de un sueño, la muy puta. Lástima que sus pies eran una especie de tentáculos que botaban una baba extraña.

Nada es perfecto. Todo es lo de siempre. ¡Ah, usaba Nike!

Intenté levantarme pero no podía. Los ojos se me cerraron luego de la aguja. Supe que era una aguja porque sentía un pinchazo en el cuello. No podía hablar.

Luego sólo vi una imagen, que se repitió hasta que me desperté e intenté calmarme con algo de cerveza. Había un imbécil que repetía algo frenéticamente, sin inmutarse por la sangre que le salía de la boca.

Preámbulo de la constitución: Colombia es un Estado social de derecho en forma de República unitaria…/ El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte/ Paris Hilton tuvo una erección luego de comprar un perro. Dicen que el can la tenía tan seducida que al final desistió de usarlo para su nuevo traje/ Nadie será sometido a torturas ni tratos crueles, inhumanos o degradantes. -Gritaba un imbécil que sangraba, en algún lugar de una habitación. Su rostro era igual que el de los anteriores: pálido y de cabellos canosos.

Luego tan sólo escuché: “Ahh..es el nuevo, quítenle el nombre. No lo necesita. Tan sólo que repita…lo de siempre”. Creo que era el hijo de puta del tapabocas metálico. Ya no era necesario.

Me desperté, y busqué una cerveza en la nevera. Estaba, por algún extraño motivo, demasiado asustado. Casi temblando. Demasiado vivo. Al final sólo sería lo de siempre.

Del amor y otras cuestiones.

Amar no es un simple querer
Amar es pegarse contra las paredes y sonreír
Chupar la sangre de las heridas y pretender vivir
Amar es tan sólo un jodido poema
Que escribió un borracho
Una noche que no tenía ni puta idea qué hacer.

Amar es el complejo de un niño que no tuvo infancia
Pretender seguir dormido cuando el mundo
Confabula para levantar
La ira, la rabia
Amar es tan sólo un trago amargo que se termina
Orinando, a veces vomitando.

Amar es odiar lo que uno es para encontrar cobijo en el otro
Es un espejo en el que se diluye nuestra silueta y se reemplaza
Por otro cuerpo que al final sólo traerá desgracias
Amar es mentirse, es sonreír ante la nada
Subir la cabeza para no parecer otra piltrafa.

Por eso en los libros mentían,
En las películas, en todas las esferas,
El amor es una idea de un publicista
Que tuvo una mala paja y trabajó para vender más viagra
Tan sólo otro boceto imperfecto
Que acabó vendiendo farsas
Escupiendo patrañas
Jodiendo la gente
Jugando con sus esperanzas.
El amor es un contrato ideado por abogados
Para romperse y dejar a ambos desahuciados.

Amar es recitar en voz alta lo que cuando niños nos enseñaron a callar.
Amar es aprender a gritar con dulzura tras un barrizal de mierda
Quebrar los platos antes de lavarlos
Es estar loco al ver en el otro
Algo diferente, a nosotros. 

Por eso al final del día
Cuando la soledad está decidida
A ofrecerme otra bebida
Yo me pregunto si algún día llegará
Siendo que al estar cuerdo
El amor es lo único que me hace respirar

Deseos de la humana insanidad.