La última de las esquinas

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En la última esquina del corazón
Una vida se desliza y huye,
Se pregunta por los días que vienen
Y los que ya se han ido.

Se recluye en la última de sus esperanzas
El sol rojo que carcome el viejo sofá,
El sonido del primero de los instantes
La vieja sonrisa de las alegrías pasajeras.

Me levanto, sonrío
Sé que sólo así
Todo tiene un final.
Una vieja cicatriz me recuerda
Que el camino ha sido único
Que no hay pasos que puedan
Con mi lento trasegar.

Cargo con mi cuerpo arrastrando el alma
Y vuelo más lejos, más lejos
Cada vez más lejos de todo.
El camino ha sido único,
Los días vividos me lo han asegurado.

De vez en cuando,
Huyo a la última de las esquinas
A la esquina del corazón,
Cuando todo se ha perdido y
La habitación se ha hecho más pequeña,
Más blanca, más negra.

Sé que allí podré verme
Así no encuentre retorno
Y la vida siga bajo el temblor
Del tiempo,
Y el ajetreo del reloj.

Consolándome en el último
Y primero de los destinos.

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Un momento cualquiera

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Hoy he perdido y me reído
De mí mismo,
He perdido para recordarlo,
He visto mi rostro al entrar en la sala
De blancas paredes y rostros complacientes.

He tenido miedo de no lograrlo,
He sido temeroso de mis palabras.
He renegado de lo que no sabía,
Y los he visto a ellos, mirarme a los ojos,
Saben que estoy equivocado,
Olvidan la cara de esos
Que no esperan nada.

Hoy he perdido y no he entendido,
Por más que fallo no lo
Comprendo,
Las palabras se escupían solas
Y yo sabía que no había manera,
Que todo estaba escrito,
Que el balbuceo era sólo la postergación
De la derrota definitiva.

He sentido mi garganta crepitar
Ante rostros complacientes,
De gente que no conozco,
De gente que no entiendo,
De gente que es feliz,
De gente a quien
No le importo.

Ellos han sabido decidir por mí
En una sala blanca,
De techo bajo,
De rostros anodinos
Y sonrisas temblorosas,
Ellos lo saben:
Lo han vivido muchas veces,
Y olvidan con desinterés.

Fueron testigos de mi derrota
De una derrota como cualquier
Otra,
De una pérdida como la de cualquier
Día,
De un instante más
Que está llamado
A repetirse.

No lo saben,
No les es importante.
Han visto eso muchas veces,
Entienden que es así,
Para ellos nadie gana
Y todo se decide allí:

Es parte de la vida.
Están para eso,
Mientras no escucho
Mis palabras
Y sé que sigo
Justificándome ante
La mancha blanca,
Que se burla en la pared.

Vacuidad

grosz

“¿Te has despertado sabiendo
Que habrás de morir?
¿ Te has despertado queriendo
Cerrar los ojos?”
Me pregunto,
Sé que no tengo tiempo
Para contestarlo.

Los esfuerzos del h0mbre
Son los dolores de niño.
Los lamentos de la mañana
Son los placeres de la noche.
Nada tiene sentido,
Nada.
Tan sólo volver a sí,
Sí mismo
y querer dormir
Hasta que ardan los días.

Las metas de hoy
Son las frustraciones de mañana.
Vivo queriendo lo que no soy
Para luego odiarme con más fuerza.
Las bebidas de hoy,
Son los vómitos de mañana.

Nada tiene sentido,
Nada.

El hombre que esto escribe,
se arrepiente con el tiempo,
Con el roce de la vida.
Vuelve a las palabras,
A estas,
Para reírse,
Arrancarse la cara
A carcajadas.

Lo que he sido
Es la muerte de lo que fui.
Es lo poco que queda.

He matado a mi madre a los 23,
La he amado a los 15.
Mi viejo me odia desde los 17
Sé que aún me desprecia.
Mi hermano me quiso a todo momento,
A mi hermana no la veo hace 4 años.
No me he visto al espejo desde hace tiempo,
Temo verme como antes,
O como ese que escribe esto.

Temo verme como lo que soy,
O lo que he sido.
Nada tiene sentido,
Nada.

¿Me habré querido en algún momento?
¿He sentido calor ante mi sonrisa?
¿He creído en mis palabras
Una vez lanzadas?
¿He mantenido la calma
Al cerrar los ojos?

No he podido con nada
No he ganado desde hace tiempo.
A los 24 he logrado poco menos que a los 15.

Andrés Mauricio no me dice nada.
Cabrera Díaz es una pared que debería ser puerta.

El reto del tiempo
Es la permanencia.
Aguantar al cerrar los ojos
Prender las luces al salir,
Hacer lo que sea por volver.
Hacer lo que sea…
Por nada.

 

Dispuesto a reír.

Warhol Elvis

Con todo lo que la vida tiene a disposición
Me lanzo a la nada
Para nunca más volver.

Sin embargo,
Sigo viniendo
Recorriendo la vida con los mismos pies
Dejando las mismas huellas sobre el asfalto
Y el fuego en la garganta que me tiene con sed.

Será la desidia
O simple masoquismo,
Pero aún sigo de pie.

Será la desidia, de seguro…
Pero sigo de pie,
Y con todo
Juego en la nada a ser alguien en la vida:
Como los niños que se lanzan al barro queriendo estar limpios,
Como la mujer que se lava la cara luego de tener sexo,
Como los hombres que comen la basura de otros hombres.

Demasiado limpio…
Demasiada desidia
Aún así,
Sigo con vida
Por los días
Y con todo,
Dispuesto a reír.

Como los perros tras las patadas…
Esquivando golpes a la nada:
Dispuesto a reír.

Neiva es otra sucursal del infierno.

madridsereno2

Estábamos ya algo borrachos y Juan Diego ya no hablaba. Las botellas de aguardiente habían desfilado por nuestras manos sin mayor detención. No teníamos mucho dinero, tampoco trago que aguantase los ánimos que se tenían. Bebimos, bebimos de un sorbo hasta que el licor rebosase nuestras bocas y los ojos se dilataran y cerraran en breves e intempestivos aullidos.

– ¡Marica! ¡Miren las luces!- dije, poniéndome de pie, trastabillando un poco.

– ¡Jajajaja! ¿Otra vez la misma emoción?- preguntó Filip, tras tomar un leve sorbo de cerveza.

-Jajajaja ¡Marica, miren…todos, vengan, se ve toda la ciudad!- seguí repitiendo, como un niño de 5 años en una tienda de juguetes.

Todos se levantaron. El primero en hacerlo fue Filip, que casi se cae tras pisar la esquina de un escalón. Luego vino Mario, que tras intentar no parecer borracho ante Paula, pisó mal y su culo se hizo uno con el pavimento. Juan no se movía, estaba ya jodido por el trago y su cuerpo se había flexionado en una posición de meditación profunda: cabeza gacha, manos juntas, ojos desorbitados, rodillas cruzadas…y un olor a licor y fríjoles que empezaba a anunciar que pronto un nuevo niño vendría al mundo: uno verdoso y corrosivo.

Blaj/Ugruttug/El sonido de la revelación.

-¡PUTA VIDA! ¡MALPARIDO! ¡AJJ!- gritó Filip, retorciéndose súbitamente.

-¿Qué fue? ¿Qué pasó?- pregunté asustado, devorando con mis ojos la escena en busca de una posible respuesta.

– ¡MALPARIDO JUAN, ME VOMITÓ, MIERDA!-.

– JAJAJAJAJAAJAJAJAJA, ¡imbécil! ¿para qué le da más trago?- indagó Mario mientras deslizaba su mano sobre la cintura de Paula.

– NO CREÍ, EL HIJUEPUTA ME PIDIÓ Y LO VI BIEN-.

– Bien vuelto mierda…será- contesté, mirando de nuevo la ciudad.

Neiva siempre sería un lugar mejor. Allí, en medio de aquella terraza, había visto tantas veces mi cabeza catapultada sobre lo vivido, como si las luces fueran pequeños cofres donde hubiese guardado los mejores años de mi vida. De repente, una ráfaga de aire con sabor a Doritos amargos me trajo de vuelta al presente. Volteé a mirar, y me encontré con Filip saltando de un lado a otro, quitándose la camisa para meterla en un grifo a toda presión.

– ¿Qué tal anda, Juan?- pregunté, intentando denotar alguna mejoría tras el vómito.

– Uff…perrita, pues bien. Siempre luego de vomitar uno como que vuelve a renacer-.

– Sí…bueno, me alegra-.

-¿Y qué, cogemos para el mirador de Los Lagos?- dijo Mario.

– ¿Ahora?- respondió Filip.

– No, marica…ojalá el próximo año- contestó Mario.

– ¡De una! ¡Aguanta mucho!- dije mientras ayudaba a Juan a levantarse.

– Sí… eso vamos y luego llevamos a Juan a la casa en el carro de Filip- respondió Mario nuevamente.

– Está bien, vamos… ¡Pero ustedes se cargan a ese hijueputa!- gritó Filip señalando a Juan.

-JAJAJA, ¡ESO!!- dije mientras me tomaba de un sorbo el resto de la botella.

En el camino, decidimos hacer una breve parada a un estanco que había cerca de la casa de Paula. Tras esculcar todos los bolsillos, billeteras, y rincones de ambos carros (“uno no sabe, tal vez pudiese haber una moneda” había dicho Filip) encontramos lo suficiente como para otras dos botellas de aguardiente y tres cervezas. Nada menos, nada mal. Aquello era suficiente como para llegar al mirador y perdernos un rato, viendo las luces…buscando unas buenas risas. Filip y yo íbamos en la parte delantera, mientras que Mario y Paula discutían algo en la parte de atrás. De vez en cuando, todos nos congregábamos alrededor de la botella y nos bajábamos un trago, a veces corto, casi siempre largo.

-¡Uff!.. ¡nos vendieron esa mierda hirviendo!- exclamó Filip, intentando mantener el volante derecho mientras se retorcía.

– Sí, yo no sé cómo es que sigo tomando… ¡ustedes me quieren emborrachar! jajaja- dijo Paula, alejando a Mario con su brazo.

– Mierda, sí- dije mientras me percataba de que andábamos saliendo de la ciudad-vengan, ¿acaso donde queda ese sitio?-.

– Por el lado de los moteles, ahí uno sube a una colina y se ve todo…- me contestó Filip.

-Brutal…-.

Seguimos otro buen rato, mirándonos y riéndonos como unos imbéciles. De un rato para acá, Paula hablaba de algún tipo con el que siempre había querido tener sexo. Mario la interrumpía de vez en cuando, intentando que aquella se fijase en el. Filip y yo sólo nos reíamos. Ambos conocíamos bien a Paula y sabíamos que aquella mujer era de esas que te calienta un rato y luego te deja con los huevos a punto de implosionar.

Puros huevos fritos.

-Llegamos- dijo Filip, señalando la ciudad.

-Bestial-.

-¡Se ve hermosa!-.

– Mierda, sí..-.

Y todos corrimos. Nos hicimos en la parte más alta, y nos dedicamos a ver las luces mientras lo que quedaba de ambas botellas corría por nuestros cuerpos. Los sorbos eran largos, las pupilas se dilataban y las risas rompían directamente la calma que desprendía aquel lugar: en medio del monte, rodeado de los árboles y unas pocas casas…

UNAS PUTAS CASAS.

– ¡MARIHUANEROS! ¡DROGADICTOS! ¡VAYAN A FUMAR  A OTRO LADO!- gritó, de repente, bien de repente, una vieja imbécil en bata.

– Señora, tranquila…no estamos metiendo nada, estamos aquí viendo las estrellas, nada más. No tenemos música siquiera, tranquila…- dije, intentando calmar un poco el ambiente.

– ¡SÍ, CLARO…YO LOS ESCUCHÉ HABLANDO DE METER MARIHUANA! ¡DE MATAR GENTE! ¡VIOLAR, MATAR! ¡DELINCUENTES!- gritaba, escupiendo hacia todas partes, con los ojos desorbitados, presa del más profundo pánico.

-Tranquila, ¡Nadie ha dicho eso!- contesté, viendo que la imbécil repetía constantemente lo mismo, sin siquiera escucharme- ¡mierda! ¿acaso de qué putada tenemos cara?-.

– ¡ASESINOS! ¡JUAN, AMOR, VEN, VEN! ¡HAY UNOS HIJUEPUTAS DROGADICTOS EN LA PUERTA DE LA CASA!-.

– Señora, mire…yo no me he tomado un trago, y estoy con ellos. Ya nos íbamos a ir cuando usted salió y dijo todo eso, de verdad, tranquila- dijo Paula, intentando calmar la situación. De repente, un imbécil un poco más alto que yo (tal vez de un metro ochenta y cinco) salió de la casa. Traía una guayabera blanca, y sandalias. Tenía cierto aire de narcotraficante barato, mejor dicho, de traqueto de pueblo inocultable.

– ¡QUIÉN HIJUEPUTAS INSULTÓ A MI MUJER! ¡QUIÉN, QUIÉN FUE EL HIJUEPUTA DROGO QUE ANDABA GRITANDO!-.

– Yo… y la cosa es que esa vieja sale, nos insulta, y luego quiere que le de un beso en la puta vagina y me largue- contesté, parándome de frente a el- y ni imbécil que yo fuese…-.

– ¡Malparido, esto es propiedad privada, yo compré todo…no pueden estar aquí!-.

– Propiedad privada es de la reja para allá, que es su casa; de resto es vía pública y podemos estar- repliqué.

– ¡NI MIERDA, NO PUEDEN ESTAR AQUÍ, ESTO ES PROPIEDAD PRIVADA!-.

Fue en ese instante cuando Juan, Filip y Mario reaccionaron. Paula estaba temblando, aquellos sencillamente estaban callados. Di media vuelta, y busqué en ellos un signo de respaldo a mis palabras. Estaban pálidos…como si la muerte se les hubiera aparecido y les hubiese besado lentamente los labios. Giré rápidamente  viendo a aquel imbécil desenfundar un arma y apuntarme. Recordé las palabras de mi viejo, que siempre las ha usado: “las armas son para matar…el que las saca y no las usa, tiene miedo…”

“Tiene miedo”, me dije a mí mismo. Disimulando el puto miedo. Tenía ganas de estallar a llorar y arrancar el carro. No podía, el imbécil estaba igual. Recordé el boxeo, pensé en mi máxima, la de todo buen perdedor: “me levanto, caigo…siempre hay otro round”. Tal vez no vería el otro, pero salté hacía el, poniéndome a un paso de su cara.

– IMBÉCIL DE MIERDA, MÁTEME- grité, mirándolo a los ojos. Veía sus pupilas dilatarse, su frente sudaba frenéticamente.-.

– ¡MALPARIDO, ME HE CARGADO MIL CAGONES COMO USTED-.

– JAJAJAJA, pedazo de mierda… ¿quién es el que necesita un arma para hacerse respetar de unos universitarios?- le dije, viendo su rostro retorcerse entre la furia y el miedo. Sentí miedo, me vi muerto. Vi a mi madre llorar frente al féretro, a mi viejo jurar matar a aquel hijo de perra. Estaba muerto…o eso creí.

– Motley, nos vamos- dijo Filip.

– Está bien…igual este imbécil ya se meó en los pantalones-.

Dije sin pensar, creyendo que todo seguiría igual: sin problemas, en la misma conformidad. El imbécil enfundó el revolver, mientras todos nos enfilábamos hacia los carros. El mundo seguía igual, con el imbécil sin ganas de matar. No había meado. Fue allí cuando corrimos hacia los autos. El silencio se rompió hasta que Filip habló.

-Marica…casi nos matan. En especial a Motley-.

– Ufff, sí..- contestó Mario.

– Menos mal calmé algo a la señora- dijo Paula, bostezando un poco.

Y el sol salió. Y en aquellos carros nos desfilábamos con alguna cercanía al infierno: inquietos, pesados. Casi extraviados. Ya era de mañana, ya era el otro día, y yo seguía en mi madrugada. Filip me dejó en mi casa, me despedí de Paula y de Mario. Me hice tres pajas. “Ya mañana la cosa cambia”, pensé, mientras un porro fumaba.

¡Fracaso!

Francis Bacon - Portrait of Lucian Freud on Orange Couch 1965

¡Fracaso!,
Has nacido bien corto, has nacido bien majo
Eres el mismo destajo, que conocí alguna vez
Muerto de sed.

¡Fracaso!
Nos masturbamos alguna vez, te freíste la vida
Me besaste los pies, eres la mierda que,
QUE,
Nunca tuvo sus pies
Y hoy mueres por algún momento
Junto a mi ser.

¡Fracaso! ¡Fracaso!
Hoy nos hemos visto
Me besaste el culo, me jodiste la verga
Mordiste mi ser, lo dejaste hecho crudo
Carne sin adobo, ser que no es despojo

Y hoy aquí, mañana en ningún tiempo
Ser que se diluye, vida que no es
Sincera, vida que no es
PLACENTERA
Y hoy aquí, mañana en la leja-nía
Soy el mundo
Con toda su puta mierda.

Ámame, botando la cisterna
Ámame, revolcándome
En la sartén, meando mi cerveza.

Azul: Diario de un recuerdo.

van gogh

Te recuerdo
En la comisura de la boca
En la lengua que se mueve lánguida
Atrapada en el mar de saliva
Que está seca y dulce, sin sal que la bañe.

Te recuerdo
En el azul de la noche
Azul de tus ojos, azul de aquel vestido
Azul que mata y quema, azul que sigue vivo
Azul que no es lapislázuli, azul que no es zafiro
Azul que eres tú, Azul que sigues siendo
Azul que no oscurece, que brilla…
Lejos, en la cercanía de la memoria.

Te recuerdo
No porque te quiera, antes te lamento
No porque te sienta, la carne quemada ya no prende
Soy carbón, heridas que no cesan, botellas que se atragantan
En la garganta, y me quedo en el reflejo
Del cristal que tengo entre las manos
Bajo un sorbo, aún no estoy tan quebrado
De cicatrices mi cuerpo he remendado.

Te recuerdo
No porque te quiera, ya no somos los de antes
No porque te quiera, los días pasan y somos otros dos dementes
Otros más que esperan la aguja, su roce con la muerte
Y te recuerdo, no porque te quiera
De amarte ya me he muerto, y aún quedo inmerso en todo esto:

Descontento y sin espejo en el cual reconocerme,
Dejado al asco, sonrisas que se bañan frágiles en el crujir de la quijada
Que escupe rabia, que se quiebra en vanas palabras
Y no te quiero, quererte es un rezago
Quererte es tragar la mierda de estos cinco años
Y que aún saboreo a cucharadas
Dóciles y dulces cucharadas
Sonrisas espesas
¡Putas puñaladas en la espalda!

¡Putas puñaladas que se sumergen en carne rancia!

 

Por eso te recuerdo
Porque para amarte ya no tengo tiempo
Porque quererte fue un anhelo
Porque de lo vivido aún conservo los momentos
En que sonreímos, en que la brisa tenía su rumbo
Y yo no tenía sed, no tenía sed
Sed que baja, anís que se cuece lento
Pupilas que se dilatan
Y por eso te recuerdo
Porque odiarte nunca fue un supuesto
Porque amarte me hizo un obseso
Porque el recuerdo mata,
Frenesí cinético,
En la tibieza de la cercanía más ingrata:

Aquella que estando lejos, se percibe más cercana
Aquella que en la sonrisa se dibuja la desdicha
Botellas rancias, risa quebrada
Te recuerdo, con el querer apretujado
En el cierre de mi boca
En el azul que desprende el cielo.

Por lo que fuiste,
Por lo que me diste
Te recuerdo,
Así mañana maldiga el infierno
Así mañana bese de nuevo el cielo.

Neiva, ciudad de los recuerdos. Diciembre 15 de 2012. Cinco años se ha llevado el viento.

Delirios, perdidos, jodidos.

Luces prendidas
Están perdidas
Las personas
Están idas
Las veo entre la maraña
En la telaraña quebrada
De los sueños, mucha rabia.

Mucha rabia y poca calma
Luces prendidas, sonrisas extraviadas
En un cuarto la gente se pierde
Tras una persiana mujeres se maquillan
Hombres tiran tragos al suelo
Quiebran la mirada
Rezagos de lunas marchitas
Que en algún momento
Fueron luz que guiaba el trayecto.

Y las farolas alumbran la nada
Las ratas las calles acompañan
Y la gente está extraviada
Miran por la ventana, no ven nada
Acarician la brisa con desdicha
“Está frío, estoy perdido” dice un tipo
De saco rojo y pijama de rayas
Que se asoma enfrente, que no quiere su presente
Fuma un cigarrillo, baja la cabeza
Desvía la mirada, no quiere mis ojos
Son bastante sosos, tristes, directos
Cargados de negro y apagados
La luz se quiebra, se difiere en un instante
Difuminada en la mirada
Cierro la ventana, bajo la persiana
No quiero nada, agacho la mirada
Prendo la TV, nada suena
Cierro los ojos, perdido en mi naufragio
Nadando en el día, sembrado en la noche
Me roe el miedo, me carcomen los reproches

¿Qué hice hoy? ¿Para dónde voy?
¿Qué hice hoy? ¿Dentro muerto, afuera perdido?
¿Dentro muerto? ¿Afuera marchito?
Lo repito mientras pienso, que detrás de todo:

La gente tiene miedo, la gente se retuerce
La gente roe, la gente miente
La gente es un invento, la gente es un jean desgastado en la vitrina
La gente es una enfermedad, la gente es la cura contra la humanidad
La gente es un incienso quemado tras un polvo mal echado
La gente es la mentira más grande de la estantería
Productos de su propia creación, benditos por su nombre
Son dioses en el infierno de las luces,
Y ahora con miedo, mañana con rabia
Mañana extraviado, hoy bien jodido
Soy gente, soy otro disfraz
Y ya conocen mi antifaz…

Ya conocen mi antifaz.

Estoy anclado, me vieron el rostro
No hay máscara que valga, será tragarme las palabras
Sinceridad es hablar sin pensar en el mañana
Sincero es el que ahora tiene miedo por lo que va a pasar
Son muchos, son todos
Son ratas, son mierda encerrada
Mierda tras las paredes, tras la tranquilidad de las ventanas
Vidrio que se rompe, vidas desahuciadas
Cuerpos que caminan, beben leche desde sus camas…

Bebo otro trago, me quemo tras vodka barato
Entra trancado, estoy llorando
¡MIERDA, BORRACHO!
¡MIERDA, BORRACHO!
NO TENGO UN AMIGO, AL MENOS NO CERCA
No tengo un amigo, al menos estoy lejos
De la gente, de las desgracias
Bebo otra copa, ya será mañana…

Me entrego a otra cerveza, ¡Puta arrogancia!
Que entre la gente, no hay cobija que valga
Que entre la gente, no hay loción que diga
“Mañana todo encaja, el futuro es sólo otro invento”
El futuro son varias pajas a Jenna Jameson
El futuro es otra mierda que no he pagado
Que me tiene embargado, y las facturas me tendrán cagado:

Cuando decida salir, cuando quiera escapar
Resurgir entre las cloacas, alzarme en mis alas
Quebrar la luz que me azota y me incita a quedarme de bruces al mundo
Sentir el beso del moribundo, sonreír sin tapujos
Abrazarlos a todos, los que están conmigo
Beber con los muertos, reír porque no nos queda menos

Que la compañía del recuerdo
Que los momentos de supervivencia
En los que vomitábamos, reíamos, tomábamos
Éramos varios, hoy somos todos…

Hoy somos pocos, los que aún nos tenemos a los otros
Los que aún no estamos solos
En estos cuartos, en estos ratos callados
Bebo intranquilo, Toso, quiebro el silencio
Me acuesto…cierro los ojos
Abro la ventana, están cerca… pijama de rayas/saco rojo/maquillaje/sólo otras ratas
Van y vienen, encerrado en mis vaivenes
Pienso en todo, me bajo otro trago
Me quiebro en pedazos
Escupo a la calle, santiguo los males
Me hago tres pajas
Apago la pantalla

¡MIERDA, QUE SEA MAÑANA!
No quiero morir de resaca
No quiero morir sin mearme en sus caras
Que mi chorro sea dinamita
Que mis palabras se escurran en napalm
Hoy marcho en el escuadrón,
Mañana estallaré dentro del pelotón.

Ring fantasma.

Escupiendo veneno se quiebra mi lengua
Ya la saliva no aguanta
Está cargada, rancia, demasiado pesada
Y aún tengo palabras para tirar.

Mis ojos, perdidos
Difuminando rayos de luz que se pierden en la noche
En un antro que poco vale
Revolviendo el rojo con el amarillo Y formando un collage de atisbos
De recuerdos que se vierten bien adentro
Y que ya no quieren mirar para delante
A la noche que está oscura y ya no se puede caminar

Perdido bien adentro.

Mis pasos son las garras de metal de la máquina
Que está oxidada y no tiene quien la mantenga
“Falta poco, falta poco” me repito
Tocaré el suelo, no podré pararme
¡Mierda, no es mi casa! ¡la billetera, los papeles! ¡Mierda, aquí no va a ser!
Rompo el piso, deslizo, caigo.

No oigo, la música está muy dura
Y pienso en diálogos pasados
Conversaciones extraviadas en la memoria
Mentiras contadas para calmar las ansias
¡Ya será mañana, tranquilo! ¡hay que llegar, este no es lugar para morir!
En el suelo, mis pies son tentáculos fuera del agua
Resbalan
Mis ojos ven negro y rojo, amarillo erosionado
Rostros agolpados, burlones, con muecas de arrogancia
¿Si es esto? ¿Si es aquí?
Y no oigo nada, sólo viejas palabras que ya se fueron
Que nunca se llevó el viento, soplé en dirección contraria
La saliva se me escurre, aún tengo palabras
Aún tengo rabia.

Me levanto, me limpio la sangre que escurre
Sonrío, me llevo mi copa
¡A la mierda con todos! ¡Mejores golpes me he llevado!

En el ring de mi vida
No tengo esquinas
Y el entrenador ya no me grita
Caigo, me levanto, aguanto
Golpeo al aire, al enemigo no veo
Caigo, me levanto, aguanto
Golpeo los días
Se quiebran mis huesos
Sonrío,
Escupo al suelo
Aún no he perdido, en el suelo y bien jodido
Me queda mi jab, aún hay un golpe que puedo lanzar

Esta pelea podré ganar.

La historia de Juan.

Llevaba caminando unas cuantas calles y aún no hallaba la dirección. Según Miguel, llegar allí era sencillo: dos cuadras a la derecha, luego una a la izquierda y después vería un restaurante japonés. Pero eso no era importante, el lugar era lo de menos y había una pregunta que se había incrustado en mi cabeza como la arena se cuela en los dedos: estorbosa, demasiado áspera.

“¿Qué mierda pasó?” me preguntaba mientras mis ojos buscaban un sitio que no existía; tal vez aún, tal vez nunca. De repente, sentí una leve sacudida: intempestiva, rápida, cortante. Sentía la garganta forrada en cuchillos y ante las palabras casi que veía brotar la sangre. Me vi cansado y decidí sentarme en una banca que vi a unos dos metros.

Cerré los ojos. Las náuseas se habían asomado a una garganta corroída por alguna mierda que no entendía muy bien, pero que se sentía en lo más hondo.

Pip/tun,tun/Track. El sonido de los pasos sobre el asfalto.

– ¿Qué haces ahí?- preguntó aquella que juré no volver a ver, y que se asomaba sin mayor desencanto frente a mí.

– Nada… me sentí un poco cansado, ya sabes…- dije intentando simular calma.

– Pero… no entiendo nada, fue todo tan intempestivo…-.

– ¿Te refieres a Juan?- pregunté, sintiendo la rabia.

Puta rabia/pobre Juan/¡vida de mierda!/Golfa asquerosa. Pensamientos intempestivos de un imbécil por la tarde.

Lo de Juan había sido repentino. Nunca nos imaginamos verle muerto, menos por su propia mano. Según Miguel, aquel llevaba varios días sin salir del cuarto. Al comienzo, el aroma era dulce, cargado; pero luego se hizo insostenible: amargo, nauseabundo. Miguel pensaba que Juan había vuelto a sus “tardes de película” y que por ello se había forrado unos cuantos porros mientras los fotogramas se deslizaban en la retina en consonancia con la velocidad de la adormidera. Pero luego el olor cambió, y con ello la determinación de Miguel:

– ¡Puta vida hermano!- me dijo aquel 23 de enero bajo una bocina desgastada por el tiempo.

– ¿Qué fue, mierda?-.

– Miguel no abre la puta puerta. Lleva encerrado varios días ahí y nada…-.

– Pues ábrela, imbécil. Igual debe andar en boxers con el televisor en algún canal muerto. Ya sabes que le encanta fumarse sus cuantos viendo “las estrellas” en la pantalla-.

-¡Eso creí, pero carajo! ¡no ha salido ya como en tres días y le golpeo y no dice una puta mierda!-.

– ¡Mierda, voy para allá!-…

Tun/Tun/Tun/ Las intermitencias de la muerte. ¿O del muerto?.

Recuerdo aquella conversación completamente. Juan se había ido y poco nos quedaba. “¡Puta jeringa! ¡Puto mundo lleno de mierda!” pensé al ver su cuerpo subyugado a la aguja, a la tentación de un pasaje rápido por el paraíso. Un momento de placer, lejos de toda la mierda.

Lejos de la hija de puta de María.

Y allí estaba aquella, con su sonrisa maliciosa y cabello rubio suelto. Demasiado distendida como para ser sí misma, demasiado alegre como para seguir en este mundo. Bastante tranquila para estar sentada junto a mí en esa banca. Ella lo sabía, había sido culpable. Ambos lo éramos. Lo recordábamos cada vez que veíamos a Miguel, cada vez que caminábamos cerca al garaje de Pussy-Conspiracy, cada vez que sentíamos la cabeza contra la almohada y nuestra consciencia nos recordaba lo bastardos que éramos. Un par de hijos de puta que habían tirado a un imbécil a la desesperación. Lo recordaba todo ¡mierda, mierda!..

– Sí… tú sabes que Juan lo era todo para mí- contestó la hija de perra mientras mandaba un mensaje de texto.

– ¿Y lo dices mientras escribes cualquier mierda ahí?- le contesté irritado. Quería irme… ¿qué carajos estaba haciendo Miguel?

– No es eso… ya sabes que no puedo decirlo mirándote a los ojos- exclamó mientras guardaba el teléfono en la cartera.

– Jajajaja, ¡ahora te importa! ¡ahora, cuando anda bien muerto!- dije tras una risa nerviosa que se colaba intermitente entre las palabras.

– No es eso, Andrés. Tú sabes que siempre lo quise…lo que ocurrió entre ambos fue un error. No debí hacerlo, tú tampoco… lo sabes-.

– ¿Ahora lloras? ¿Ahora vienes a culparnos? JAJAJAJAJAJA. ¡FUISTE TÚ, PERRA DE MIERDA! ¡NO SÓLO CONMIGO, CON TODA SU PUTA BANDA! ¡CON TODOS LOS HIJOS DE LA GRAN PUTA DE PUSSY-CONSPIRACY!-.

– ¡No digas cosas que no sabes! ¡eso fue un rumor, nunca se comprobó nada…!-dijo tras sacar nuevamente su teléfono. La muy puta.

Trr/Tata/Puj/ Lamentos machacados tras las teclas de un teléfono.

– Lo sé, todos lo dijeron. Rafael y Guillermo lo aseguraron. Ambos me contaron toda la mierda que le hiciste: las orgías con esos hijos de puta, los condones que le robabas de la billetera, las veces que le pedías dinero asegurando “no estar al día con el arriendo” para revolcarte en licor con esos imbéciles. ¡Sus amigos, su banda, su puta vida! ¿Y ahora yo también debo sentirme igual que tú? ¡Bajj!

Trajj/Plajj/El sonido de una palma abierta sobre la mejilla.

– ¡IMBÉCIL!- chilló mientras lanzaba arañazos al aire. Al verla, sentía la rabia tras el golpe, pero había algo que me causaba ternura…

– Jajajaja, ¡ahora sí jugamos a tu forma!- dije mientras me abalanzaba sobre su cuerpo. Forcejeaba con fuerza, pero al tocar sus tetas y apretarlas bajo el temblor del brazo sentí una calma extraña: rabiosa, desencantada.

Sabía lo que tenía que hacer.

– ¡Ahh si! ¡Eso si te gusta, golfa de mierda!- gritaba en medio de aquella banca, en el cemento. En un cuadro cualquiera de esa ciudad de mierda.

– ¡Pero cálmate! ¡tranquilo!… sabía que era eso- contestó con cierta mueca de placer en el rostro.

– ¿Qué cosa?-.

– Juan no importa. Te duele verme con más gente…eres un hijo de puta, un envidioso, un…-

Pum/Track/Crrjjjj/ Knockout.

– Ya me hacía falta sentir eso…- dijo aquella de ojos azules, demasiado azules. Sus pupilas se dilataban tras una sonrisa que me hacía sentir más calma.

– Podemos seguirlo en tu casa, si quieres- contestó un hijo de puta que había encontrado en aquella boca la tranquilidad que le había sido esquiva tras el disfraz de una muerte que poco había repercutido.

– Está bien…siempre podremos empezar. Siempre hay un amanecer después de rabiar-.

Y caminamos, y en mis pasos se dibujaban los trazos de los días pasados bajo nuevos colores. Las acuarelas de los días se esfumaban tras nuevos tonos que invadían la aparente historia que sucedía, que no terminaba, que en su línea poco a poco se volvía a identificar con nuevos símbolos: con otra realidad.

“Siempre habrá calma… siempre podré ser feliz entre mi puta oscuridad. Me encontraré tranquilo oliendo los vapores de mi rancia humanidad”. Repetía aquello mientras caminaba, sintiendo las palabras con cada paso que se anunciaba. Estaba vivo: había aceptado el asco de ser yo mismo.