Por la cobardía

Muñoz cortinas de baño

Ahora,
Mientras los minutos corren al compás de la huida
Y  los pensamientos divagan estallándose en la cabeza
Mientras que pequeños ruidos se trepan por la habitación
Y me traen de vuelta la soledad de los vivos,
Me desquito con las teclas buscando algo que,
Ahora,
(Sí, ahora)
Valga la pena.

Ahora que todo se termina y vuelve a empezar
Y vivir se convierte en pasos quebrados sobre las mismas baldosas,
El aferrarse a todo lo que no sea propio
Que no sea yo,
Me lleva a retomar el camino para ver si me pierdo
Y no vuelvo a llegar
Donde estoy,
Ningún lugar.

Ahora que todo se termina, un avión sobrevuela el apartamento,
Una mujer cruza la calle de enfrente,
Un hombre le da la mano a su hijo
Mientras sigo renaciendo para morir en el instante.

Por la cobardía dejo manifiesto lo perdido :
El amor en los ojos de otro
La fuerza para sonreír sin tristeza
Cierto gesto en la cara
La complacencia de mis padres
El calor de los días
La sinceridad que tensa la cara
Diez vidas que no murieron anodinas
La posibilidad de cambiarlo todo
Creer (tener) la fuerza para cambiarlo todo.

Por la cobardía me he perdido a mí mismo y me he vuelto a encontrar
Ahora que todo se ha perdido
Y no tengo ganas siquiera,
De volver a empezar.

Por cobarde…
Mil instantes de ira estallando contra las paredes
Cristales que se quiebran tan sólo en la cabeza
Y que se rearman en las alacenas,
Imágenes que pasan por reales ante la incapacidad de ser vividas
Una sonrisa que esconde una mueca de asco
Unos brazos incapaces de sostener el mundo
(Sostenerme a mí, mi precario mundo)
Por la cobardía me tengo ahora escribiendo,
No viviendo.
Siete vidas masacradas por la libertad,
Aún no lo entiendo.

Y ahora sólo quiero que el mundo
Se quiebre ante mis ojos,
Hasta incendiarse.

No lo lograré
Pero ahora, siquiera,
Lo sé.

Por cobarde me perdí de todo
Y ahora lo quiero de vuelta.

Por la cobardía…
Una vida de mierda,
Dos segundos de silencio
Una brisa gélida en la espalda
La muerte del hombre,
El renacer del niño.

Sueños: Memorias de algún cuerpo roto.

DiadeMuertos03

Me quedé aquí pegado
Con los pies a la tierra sembrados
Bañados por el cemento que todo lo une
Que todo lo detiene.

Estoy estancado
No hay cielo que alumbre, para todos aquellos como yo
Sepultados bajo alas de alquitrán, que al volar
Pronto se desmoronan
Cual pan en el chocolate
Como la luna desperdiciada
En una noche sin estrellas.

¡Y no puedo volar!
Estoy aquí, perdido en un bar
Con las pupilas estremecidas
Con los sueños en un frasco desbocado
Uno que sólo puedo romper
Para verme a mí mismo

Volar, volar para no volver
Como las mariposas sin viento
Asentado en este mundo sin cimientos
Que se cuece a mis anhelos
Y me deja a la merced
De todas esas víboras, serpientes sin miedo a renacer
Que trabajan en grandes sitios, que no tienen nada para hacer
Sueños sepultados, anís entrecortado
Estoy de vuelta allí, donde todo comenzó
Allí, donde algún día creí volar
Para luego sentir el frío pavimento
Golpearme la tez, reventar los deseos que algún día tejí
Antes de irme, del único lugar
Donde la paz era un pequeño precio a pagar
Ante tanta intranquilidad.

“¿Para qué me fui? ¿Por qué nunca me quedé?”
Digo mientras pienso, que a la ciudad de neón sólo me une
Su tierna desazón, el aroma de sus bares
El fracaso en el que antes navegare
Y en el que hoy estoy sumergido.

“¿Para qué me fui? ¡Por qué mierda no estoy allí!”
Grito, cortándome la garganta
Con las penas que nunca debieron salir
En medio de aquel bar
En esta vida, que ojalá,
Tuviera fin
¿Tiene fin?
Pienso mientras recuerdo
Que mañana sale el sol
Que de noche se quiebra el cielo
Y seguiré siempre solo
Como águila que la mece el viento.

Recuerdos: otro epitafio.

casa-abandonada

Volver siempre había sido una cuestión vital: volver a un trago, volver a la casa, volver al trabajo, volver a mí mismo. Sobretodo a mí mismo. Volver a Neiva, mi ciudad natal, me reportaba siempre una especie de dejo tranquilo que me sometía a los vapores de mis más oscuros miedos. Hoy no era la excepción.

Me levanté de la cama con algo de resaca, la noche pasada se incrustaba en mi cabeza como una fugaz brisa. Caminé hacia la cocina y me tomé una jarra de agua de un sorbo. Fue allí cuando intenté por primera vez en el día sentirme acompañado:

-¿ Mamá?- grité, no sin antes rellenar la jarra nuevamente.

– ¿Mamá? ¿Papá?-.

“¿Mamá? ¿Papá?” me pregunté. No sabía qué significaba aquello, pero lo sentí como una puñalada directamente al corazón, al principio afilada, luego bastante oxidada. Allí, en medio de aquella casa, recordé un instante que nunca dejaría de machacarme la cabeza cada vez que llegaba, de vuelta, a aquel lugar. Me había despertado, y había intentado llamar a mis papás. Por aquel entonces tenía unos siete años, y siendo franco, me costaba bastante estar solo. La soledad era para mi como una caja de juguetes desconocidos, o puede que un cajón atestado de teléfonos celulares. Me incomodaba, me hacía percibir más de cerca la luz oscura que reposaba sobre la vieja sala de muebles de madera corroídos por el tiempo…

Grité, grité un buen rato. Luego vi llegar a los viejos en la desvencijada camioneta Nissan que teníamos por aquel entonces. La luz de sus farolas golpeaba de lleno, y de los ventanales de la entrada, una luz serena se posaba sobre mi rostro y me secaba las lágrimas. Sonreí, estaba vivo, de vuelta con ellos.

“¿Mamá? ¿Papá?” me volví a preguntar, para mis adentros, como si el roce de las palabras con la vida fuera una señal más de mi estúpida inseguridad. Tenía veintidós años, y no podía creer de qué manera aquellas dos palabras, en medio de esa casa, mi puta casa paterna, me hacían estremecer. Mi garganta se oxidaba, mis pupilas se dilataban y se desenfocaban, no pude ver… me senté. Allí, en medio de todo. Allí, atrapado entre mis recuerdos, dilatado en mis más profundos pesares sin siquiera poder identificarlos.

Pensé en todo, en cuando tenía 16 años y el mundo parecía un sitio amable, tranquilo, con sonrisas para todos lados. Había sido un imbécil, pero había sido feliz. “Tal vez el requisito para la felicidad sea ser un cretino” pensé, mirando para el techo, enfocándome en la antigua lámpara de la sala. En aquella casa, en aquella ciudad…había sido un tipo congraciado con su puta existencia, que estaba llena: que estuvo llena por un breve instante. La recordé a ella, con esos ojos que desfilaban entre el verde y el azul, a veces grises, a veces tiernos, a veces con ganas de arrancarme los huevos. La vi, la sentí por un breve momento en el sofá de la sala, volteé la cabeza, la vi en el sillón del segundo piso, junto a la biblioteca. Sentí su boca por un breve, tal vez un largo, instante…

Trak/trak/ El sonido de la memoria ante el espejo.

Llamé a Juan, un viejo amigo del colegio que vivía a unas cuantas cuadras de mi casa. Deseé estar lejos, tomarme unas cuantos aguardientes y bajarlos con cerveza. Necesitaba licor, necesitaba largarme de aquel puto sitio que antes me había dado paz. Necesitaba estar lejos…

– ¡Imbécil!- grité, sin lograr ocultar la emoción que suponía encontrarme con aquella voz, así fuese en la distancia del teléfono.

– ¡Ehhh! ¡Malparido! ¡Milagro que llama!- dijo con cierta alegría.- ¿Ya está en Neiva?-.

– Sí…ando en mi casa- contesté, intentando calmar la voz.- que, ¿hoy unos tragos?-.

– No puedo…- replicó con cierto desdén.- Ahora me voy con los viejos a una comida.

– Ok, está bien… ¡Estamos hablando, hermano!- le dije.

– ¡Sí! ¡Mañana hablamos para hacer algo!- respondió.

Tun/Tun/Tun/ El sonido de la soledad.

Allí, en medio de todo. Adentro, lejos de cuanta mierda pasaba fuera; como si la tranquilidad fuera un estado inherente a cuatro paredes circundantes, como si los problemas no se guiasen por la magnitud que otorga el que los tiene. Me sentí un imbécil aún más grande: ¿A qué le huía?.

¿A qué le huía?…

A nada, a mí mismo, a mis recuerdos: aquellos que en cobarde arrebato había sepultado para luego erigirlos bajo el monumento del pasado. Afuera, la gente se moría, trabajaba, pagaba facturas, se moría, los mataban, caían bombas, los jodían…y yo, adentro, tirado en la mitad de la sala de la casa, viendo hacia el techo, suplicando no recordar una mierda más…

Puto cobarde. 

Lloré, lloré como nunca. Me sentí solo, y el verme allí adentro, inmerso entre las fotos, entre los imágenes que se trasponían en mi cabeza, me hizo sentirme aún más imbécil. Intenté hacerme una paja, pero no pude… era difícil, el pene no se paraba, como si una inercia superior lo sujetase en su minúscula presentación. El porno no servía, y ante la luz de la pantalla la noche ya empezaba a atacar. Miré el sillón que tenía a un lado, la recordé, enfundada en una camisa azul que hacía juego con sus ojos, la besé, le pregunté nuevamente lo que en aquel dos mil siete me había sido negado:

– ¿No quisieras seguir?…-

-No, tú te vas… y bueno, las relaciones de lejos no funcionan- su voz se entrecortó, miró al suelo, sostuvo de nuevo su cerveza- Luego conocerás más gente… y puede que ya no me mires de la misma forma.

– No es eso…¿Cómo puedes decir eso, sin siquiera intentarlo?- pregunté, bajándome un buen sorbo de cerveza que pasó caliente. Aquello me hizo desear un poco de aguardiente, que por desgracia ni hoy, ni ese día, tenía.

– Ya lo decidí… lo siento- dijo, mientras se iba. Su cabello se agitaba conforme a una leve brisa que se colaba por el ventanal. Con cada paso que daba, las escaleras rechinaban, como si al irse hasta la puta casa llorara.

– Adios…-contesté- te quiero.

– Tranquilo…- replicó, deteniéndose sobre uno de los escalones- siempre podemos ser amigos, ¿no?-.

– Si…¡Claro!- dije mientras una sonrisa se posaba sobre mi cara.

Pum/Pum/Too young, to fall in love, too young to fall in love/ El despertar bajo la guitarra de Nikki Six.

Nunca cambiaría, el resultado siempre sería el mismo. Aquella casa se había transformado en un ajedrez cuya partida estaba destinada a repetirse eternamente; dejándome a mí como perdedor perpetuo. Aquello era la vida, aquello era el recuerdo. Me sequé las lágrimas y reí como un niño: me reía de todo, de los cuadros, del computador, del sillón que antes me había dejado con los recuerdos atiborrados dentro del culo, siendo que aquel era el mancillado por mis hermosos pedos.

Aquello era la vida, y yo había decidido ser su amigo:
Cobarde, Imbécil.

Me reí…y luego de un rato me hice una paja, como en el 2007: llena de mierda, viendo a las maduras que nunca me soltarían un beso, siquiera una cogida de teta… dormí un buen rato, y llamé al Peludo, otro viejo amigo:

– Que, ¿hoy unos tragos, hijueputa?- pregunté.

-¡Claro perra! ¡Ya paso por ti para que nos peguemos una rasquita! ¡Como los viejos tiempos!

– ¿Pura old school?-.

– ¡Claro marica! ¡Ya voy y llevo unas perras para que dejes de hacerte tanto la paja!-.

– ¡Esooo!! ¡Aquí nos vemos!- contesté.

Tun/Tun/Tun/El sonido de la noche, el sonido de las fichas saliéndose del tablero. El sonido de la risa, del licor y de la resaca vespertina  El sonido de la vida…navegando otra vez fuera del carril.

Neiva, 28 de diciembre de 2012.

Superhéroe del siglo XXI

boccioni

Bogotá se cae a pedazos. Bogotá está llorando, la ventana da cuenta de eso. El cielo se desmorona mientras pienso qué voy a hacer. Truena, la mierda de siempre: los recuerdos bañados en lluvia se deslizan por la ventana mientras el granizo intenta romperla. “Lo que te hace feliz luego termina por matarte” pienso mientras me revuelco un rato más en la cama.

Ring/Ring/¡Mierda! ¿quién putas es?/ Los sonidos de un imbécil en busca del silencio.

-Hola- pregunté mientras me acomodaba el pene. Siempre se puede morir de un corte directo a la lengua. Ni hablar de las putas cremalleras.

– ¿Sí, hola? ¿Hablo con el señor Miguel Sanabria?- contestó un autómata tras algún escritorio lleno de teléfonos. Putos callcenters.

– No, el murió…creo que se atragantó con una pizza, o algo así-.

– ¿En serio? ¡Uff! ¡Disculpe, mi más sentido pésame!- dijo sin ningún atisbo de dolor en la voz. Pura y franca hipocrecía. No lo culpo, no se puede querer al desconocido. Igual, a veces es más fácil odiar al conocido, como que con el tiempo se alcanza a ver más mierda de la que uno está dispuesto a soportar: resabios, mañas, costumbres chocantes y todo lo que implica tener consciencia del lugar en que se está parado en el mundo.

– No…tranquilo. Soy su hermano, estamos devastados…- dije intentando calmar la risa.

– Bueno…¡espero tenga una feliz tarde!-.

– Sí, creo que me pediré una pizza…¡hasta luego!-.

– Pe/pero, ¿no era que su hermano había muerto atragantado con una?- preguntó, captando la broma. Su voz destilaba ira: oración tras oración parecía comprender mejor su posición de imbécil en el planeta. Tan sólo otro gordo tras un escritorio de alguna vieja oficina del centro de Bogotá.

– Siempre se puede morir de un infarto post-paja- contesté, no sin antes soltar una leve risa.

– ¡HIJO DE…!-.

Tun/Tun/Traackk/El sonido de las mierdas al caer.

Me reí un rato. Pobre imbécil, jodido tras una silla, buscando vender algún seguro, algún plan de telefonía celular. Otro más que trabaja para que algún otro mucho más lejos viva como un rey sin mover un puto dedo. No éramos diferentes, lo único era que el había sido hoy el entrevistador, yo el entrevistado. En la vida sólo se cambia de papeles, de roles. En la vida se juega con una misma máscara que va cambiando con las perspectivas que se tienen enfrente. De resto somos la misma basura. Cagamos, tomamos, inhalamos:

Nos masturbamos. Así la verga se nos caiga a pedazos.

Decidí hacerme una buena paja. Hacía frío, el día estaba jodídamente lluvioso como para pegar un salto a la calle. Quería algo de aguardiente, pero las provisiones se habían agotado hace unos buenos días. Me quedaba media botella de vino, un tinto argentino que no estaba nada mal. Lo bebí de dos sorbos, antes de disponerme a los placeres del sube-baja. Si algo bueno tiene la “auto-contemplación” es que no importa dónde ni cuándo, siempre se puede disponer a sentirse bien con uno mismo.

Mi pene era una bandera mal izada. Mi pene era el reflejo de un soldado de mil batallas sin ninguna medalla. Mi pene era una casa embargada y a punto de rematar. Mi pene era ¡Ah! ¡MIERDA!

Plaj/Tin/Tin/Arriba-abajo/Arriba-abajo/ El soldado cae en una batalla de aeróbicos televisivos.

Cerré los ojos. El mundo era un lugar mejor. El mundo siempre era más tranquilo luego de una paja. La gente no lo entendía, a veces parecía que aquello les molestase. Pero la calma que venía tras el agite de las vísceras y el retorcer de los ligamentos, desparrámandose en cálido chorro sobre el pecho, lo valía. Lo valía todo. Eso sí, mejor era cogerse una mujer, pero no siempre se encuentra alguna dispuesta a perder el tiempo bajo un ariete disuelto en cortos pero sustanciales encuentros.

Me limpié con una camisa que luego lancé a un rincón del cuarto. Cerré los ojos un buen rato… esperando a que algo pasara. La lluvia había mermado, pero aún se sentía el leve golpeteo sobre la ventana. Me perdí un rato, dándole pequeñas caladas a un cigarrillo que se había encontrado con mi boca. Estaba cansado, dormí un rato.

Me despertó un sueño de mierda. Se la estaba chupando a un negro mientras Ava Devine despuntaba con un dildo mi blanco culo. La cosa no podía ser peor, de fondo sonaba I wanna be sedated de los Ramones, dando paso al aluvión de chorro blanco que se colaba tras mis cejas. Sentí lástima por aquellas que se la habían  tragado, por otras tantas que les había caído directamente a los ojos. El blanco se hacía negro, el negro sabía blanco. Sinestesia. Grité

¡PUTA VIDA! ¡NEGRO HIJO DE PUTA!

Estaba solo. En mi cuarto. Era de noche, prendí la radio. Un bajo se agitaba en un slap furibundo, podía verlo: golpes fuertes, chocantes, rabiosos. Una guitarra se colaba, buscando su lugar, “¡PUTO SOLO! ¡MEGADETH!”. No había nada mejor que Trust.
Me puse otra camisa y salí a la calle. Afuera, un imbécil intentaba coger un bus. Olía a mierda, agitaba su brazo frenéticamente, buscando que alguien lo viese: buscando que alguien se detuviera a contemplarlo. De su axila se desprendía un aroma dulzón, una mezcla de sudor y loción barata que se cocía debajo de aquel traje. Los putos oficinistas, con la mierda de siempre. Los putos y olorosos oficinistas, con su mirada agobiada y su cara estreñida, con sus axilas sudorosas y sus comentarios pseudo-inteligentes, pseudo-intelectuales, post-apocalípticos.

Sentía lástima y asco por ellos. Sentía unas ganas de hacerme una paja y llenar la calle con mi esperma, dejar de lado las basuras y la mierda que se escurría bajo tierra, en numerosas tuberías que acabarían en algún río, en mi carne, en mis verduras, en mi cerveza, ¡EN MI MALDITA CERVEZA!

Corrí hacia la tienda más cercana. Unas dos cuadras, mas o menos. Me detuve, hice la pregunta que nunca falla, la que siempre llena de esperanza los días en que todo se fue a la mierda…los días en que se tiene qué trabajar, maldición bajo la cual los oráculos de la libertad claman la emancipación del hombre, su evolución. La tergiversación más cínica, lo que no cuenta la prensa es que el puto trabajo lo deja a uno desgastado, jodido, con los músculos magullados y la cabeza inundada de inodoros y noticias…

-Señor, ¿a cuánto la botella de aguardiente?- pregunté, intentando retomar el aire.

– A veinte mil…- contestó con cierto aire resentido. Con cierto aire que me recordó que hoy era martes, y que aquel tipo tenía que trabajar al otro día. Me envidiaba, lo sabía.

– Regáleme una, también unas cervezas, por favor-.

-¿Cuántas?-.

– Unas seis…si puede también póngame una botella de vino en la bolsa, por favor- contesté con cierta preocupación. Le debía dinero, el hijo de puta se acordaba. Rió. Era su momento de vengarse.

– Claro, ¡claro!- gritó entre bufidos que se asemejaban a una risa- pero…me debe treinta mil pesos, vecino-.

– Tranquilo, coja hoy el sobrante y mañana traeré el resto- dije, intentando ocultar el resto de billetes que tenía en la billetera.

– Hum…¡JAJAJAJAJA, NI MIERDA, O PAGA TODO O NI MIERDA!- Gritó, lanzando golpes sobre el mostrador. De su boca se escurría una baba verdosa, espesa, casi coagulada. El hijo de puta se había vuelto loco, no lo culpo, para eso es el mundo. Estamos encarcelados bajo el seguro social, el trabajo, los impuestos, las facturas y toda esa mierda que impide clavarse un buen trago o una buena cagada sin complique.

– No tengo, pero como le acabo de decir, mañana le traigo todo-.

– ¡NI MIERDA, BORRACHO CABRÓN!-.

– ¡A LA MIERDA SU PUTO TRAGO!- grité, no sin antes escupir en el suelo.

Al salir, me percaté de que el resto de estancos estaban cerrados. “Estoy jodido” pensé. Sabía que al llegar sólo me esperaba un apartamento oscuro, un gato pedorro, una alacena plagada de cucarachas, y un puto televisor. “¡Carajo! ¡A esta hora sólo dan las putas noticias!” grité para mis adentros. Caminé, las dos cuadras que me habían tirado a aquella puta tienda. Las dos cuadras que me separaban de la insatisfacción del trabajo, de las facturas, de las bombas que caían a diario en este país de mierda. Bogotá nunca será un lugar para descansar. Bogotá no es más que otro cementerio más sobre el cual follar.

Al entrar, saludé al gato y me fui corriendo al baño. Una cagada bien espesa se asomaba, caliente, de las buenas. Prendí un cigarrillo. Corrí la persiana. “Ojalá alguien la huela…ojalá” pensé mientras mi culo eructaba.

Delirios, perdidos, jodidos.

Luces prendidas
Están perdidas
Las personas
Están idas
Las veo entre la maraña
En la telaraña quebrada
De los sueños, mucha rabia.

Mucha rabia y poca calma
Luces prendidas, sonrisas extraviadas
En un cuarto la gente se pierde
Tras una persiana mujeres se maquillan
Hombres tiran tragos al suelo
Quiebran la mirada
Rezagos de lunas marchitas
Que en algún momento
Fueron luz que guiaba el trayecto.

Y las farolas alumbran la nada
Las ratas las calles acompañan
Y la gente está extraviada
Miran por la ventana, no ven nada
Acarician la brisa con desdicha
“Está frío, estoy perdido” dice un tipo
De saco rojo y pijama de rayas
Que se asoma enfrente, que no quiere su presente
Fuma un cigarrillo, baja la cabeza
Desvía la mirada, no quiere mis ojos
Son bastante sosos, tristes, directos
Cargados de negro y apagados
La luz se quiebra, se difiere en un instante
Difuminada en la mirada
Cierro la ventana, bajo la persiana
No quiero nada, agacho la mirada
Prendo la TV, nada suena
Cierro los ojos, perdido en mi naufragio
Nadando en el día, sembrado en la noche
Me roe el miedo, me carcomen los reproches

¿Qué hice hoy? ¿Para dónde voy?
¿Qué hice hoy? ¿Dentro muerto, afuera perdido?
¿Dentro muerto? ¿Afuera marchito?
Lo repito mientras pienso, que detrás de todo:

La gente tiene miedo, la gente se retuerce
La gente roe, la gente miente
La gente es un invento, la gente es un jean desgastado en la vitrina
La gente es una enfermedad, la gente es la cura contra la humanidad
La gente es un incienso quemado tras un polvo mal echado
La gente es la mentira más grande de la estantería
Productos de su propia creación, benditos por su nombre
Son dioses en el infierno de las luces,
Y ahora con miedo, mañana con rabia
Mañana extraviado, hoy bien jodido
Soy gente, soy otro disfraz
Y ya conocen mi antifaz…

Ya conocen mi antifaz.

Estoy anclado, me vieron el rostro
No hay máscara que valga, será tragarme las palabras
Sinceridad es hablar sin pensar en el mañana
Sincero es el que ahora tiene miedo por lo que va a pasar
Son muchos, son todos
Son ratas, son mierda encerrada
Mierda tras las paredes, tras la tranquilidad de las ventanas
Vidrio que se rompe, vidas desahuciadas
Cuerpos que caminan, beben leche desde sus camas…

Bebo otro trago, me quemo tras vodka barato
Entra trancado, estoy llorando
¡MIERDA, BORRACHO!
¡MIERDA, BORRACHO!
NO TENGO UN AMIGO, AL MENOS NO CERCA
No tengo un amigo, al menos estoy lejos
De la gente, de las desgracias
Bebo otra copa, ya será mañana…

Me entrego a otra cerveza, ¡Puta arrogancia!
Que entre la gente, no hay cobija que valga
Que entre la gente, no hay loción que diga
“Mañana todo encaja, el futuro es sólo otro invento”
El futuro son varias pajas a Jenna Jameson
El futuro es otra mierda que no he pagado
Que me tiene embargado, y las facturas me tendrán cagado:

Cuando decida salir, cuando quiera escapar
Resurgir entre las cloacas, alzarme en mis alas
Quebrar la luz que me azota y me incita a quedarme de bruces al mundo
Sentir el beso del moribundo, sonreír sin tapujos
Abrazarlos a todos, los que están conmigo
Beber con los muertos, reír porque no nos queda menos

Que la compañía del recuerdo
Que los momentos de supervivencia
En los que vomitábamos, reíamos, tomábamos
Éramos varios, hoy somos todos…

Hoy somos pocos, los que aún nos tenemos a los otros
Los que aún no estamos solos
En estos cuartos, en estos ratos callados
Bebo intranquilo, Toso, quiebro el silencio
Me acuesto…cierro los ojos
Abro la ventana, están cerca… pijama de rayas/saco rojo/maquillaje/sólo otras ratas
Van y vienen, encerrado en mis vaivenes
Pienso en todo, me bajo otro trago
Me quiebro en pedazos
Escupo a la calle, santiguo los males
Me hago tres pajas
Apago la pantalla

¡MIERDA, QUE SEA MAÑANA!
No quiero morir de resaca
No quiero morir sin mearme en sus caras
Que mi chorro sea dinamita
Que mis palabras se escurran en napalm
Hoy marcho en el escuadrón,
Mañana estallaré dentro del pelotón.

Entren, que me encontrarán.

Aquí estoy, en la calle no pasa nada
Y yo sigo pensando en hadas
En duendes, en lo que no cuentan los periódicos
Porque afuera está muy frío
Y adentro me encuentro ardiendo.

Paso de página, que esas cosas poco valen
Que aquí estamos para hacer dinero,
Para vivir tranquilos, para obviar los delirios
Así me muera por dentro, así el calor se extinga y me bañe en hielo
Son los consuelos de un viejo, que me narra las enseñanzas del nuevo siglo:
“Trabaja, compra una casa, ten hijos, planta una semilla, que no la verás marchita”

¡Poco importa lo que digan, lo dicen los infelices!
¡Los que van a la oficina con miedo a la renta, a las facturas, a la vida!
¡Ustedes no me hablen! ¡Que a mierda les sabe la boca!
¡Ustedes no me griten! ¡Que de sus días no salieron historias!
¡Lloriqueos de los muertos, ardan en el cemento!

Y prendo la televisión, no hay nada
CNN, FOX, la mierda de siempre
El mundo está jodido, misiles en Gaza
Palestina en llamas, guerra en Colombia
Infierno sin memoria
Y busco una comedia, que me haga olvidar
Los días tristes, las bombas que están por estallar
No la encuentro, esas no las pasan
No hay Friends que valga
Cuando los muertos divagan
Cuando los niños estallan.

¿Cuándo será el día en que me toque?
¿Cuándo entrarán? ¿Cuándo me sacarán?
¿Vendrán armados? ¿Tendré tiempo de hablar?

¡Malditos hijos de puta!, ¡aquí me tienen y no tienen que timbrar!
¡Rompan la puerta!, ¡que los muertos ya los enterraron cuadras atrás!
Aquí me tienen, y mis balas son palabras a punto de estallar
Mi sonrisa es una bomba a punto de implosionar
Mis pasos son caricias, caricias que erosionan
Su dicha, su puta felicidad
El cementerio que se esconde sin epitafios
De familias con ganas de llorar
A los que se fueron, a los que no verán más
A sus hijos: los que el “Estado” supo asesinar.

Aún no me tienen, hay gente que no pueden comprar
¡Vida de mierda! Mueran, que hay gente que ya no quiere llorar
¡Mueran! que sus bombas la prosa no sabe borrar.

Dedicado a las ratas (políticos, militares asesinos, etc) que enaltecen con honores. Somos pocos, pero no somos sus errores. In memoriam de los “Falsos Positivos”.

Oda al pasado: Infierno iluminado.

Me quieren ver jodido
Los he visto, me tienen consumido
Y sólo se ríen, muestran las encías, rasgan las ideas y crean nudos
Tras los barrotes de mis días, me arrastro bajo el miedo.

Me tienen marchito, tras esas luces quemadas que rompen la pupila
Y del brillo sólo quedo ahí, siempre tan solo
En los rincones más oscuros, en mis días más obtusos
Y recuerdo que las cosas estuvieron bien, que nos fuimos para no volver
En este viaje que ha dejado sus buenas bajas, de los amigos a los odiados
Todos hemos cambiado, y crecimos para envejecer
Para vernos diferentes, para no volver a compartir
Para entender que al final del día
Nacimos para fingir, que todo está bien, que somos felices
Que se tiene dinero, que los besos no son otros deslices
Que todos los días nos damos, contra la vida, contra la dicha que ya nos es esquiva
Contra la sonrisa de ella, que sigue sus días,
Que sigue tranquila, que me saluda sin malicia, que me ofrece otra bebida
Con el rostro bañado en gracia, escupe mi desgracia
Me quemo en esta arena, que deja sus llagas, y estallo contra toda esta mierda:

Los conozco, los he visto
Son todos ustedes, todos, sin excepción
Entre las risas, la rabia, las ansias
Perdidos en la madrugada de la vida
Pisando los clavos, destruyendo los cimientos
Las piernas bajo las que antes soñaron
Y hoy todos quieren un carro
Se desnudan en un trabajo
Se la jalan y no hay orgasmo
Sonríen sin mayor agrado,
¿Tanta mierda no les da asco?
¿Tanta mierda no les da asco?

Y yo sigo aquí, muriendo de pie
Dejando las piernas contra el cemento, lamiendo mis callos
Estallando en las mañanas,  saboreando las desgracias
Los dejo aquí, ¡que están muertos!
Los mato aquí, ¡en este rincón meado!
¡Al olvido, al pasado! ¡Putos enfermos, están cagados!
Y seguiré, patearé todas las canecas
¡Me la menearé en los buses! si me da la gana
Escupiré contra sus vidas y me beberé las botellas que les son esquivas.

Viviré, recordando que estuvimos juntos
Jugando a ser mejores, a soñar con el futuro
Follando en los ascensores
Que hoy sólo van para abajo, destino prefigurado, demasiado anunciado
Y no lo sienten, les importa un carajo
Pero soy gracias a ustedes, en la urgencia del pasado
Tras el odio que me ha criado, el resentimiento me ha bañado
Somos hermanos, a pesar de andar en andenes contrarios
Seguimos caminando, cada quien para su lado
Los dejo ahora, con el recuerdo que va llorando
Y se pierde en la pregunta de los días, la de toda la vida:

¿Para dónde voy? ¿Por qué no vamos juntos?
¿Qué nos pasó?
¿Para dónde voy? ¿Por qué no vamos juntos?
¿Qué nos pasó?

¿Cuándo fue que todo se jodió?

Volaré

Volaré, volaré bien lejos
Dejaré las dudas
Resarciré mis deseos
Tiraré los anzuelos
Los que me atan al cemento.

Volaré, en la brisa encontraré el momento
Navegaré en mis dudas, seré otro más en el viento
Me despediré de los sentimientos, de las llagas que cargo bien adentro
Sentiré el calor en el pecho
La dicha del buen momento
Andaré entre mis lamentos como el féretro que rompe el suelo
que reclamo estar vivo,
Que no le teme a los cementerios.

Volaré, de las lápidas seré señuelo
De los muertos me encontraré bien lejos
Seré humano, seré un hombre entre los enfermos
Le enseñaré a los vivos
El  valor de andar sin miedo
De pisar las calles, de vivir los sueños
Estaré despierto ante los sonámbulos del neón, putos hijos del dolor.

¡Y que me digan que no he vivido!
¡Que en los cielos doy mi duelo!
¡Que entre los vivos sentí el descontento!
¡Y en los muertos no hallé consuelo!

Volaré, entre los infiernos
Me untaré los labios de mierda, besaré a los demonios con recelo
A los ángeles escupiré mi desconsuelo.

Seré feliz, en la tierra más que en el cemento
Seré calma, tras los carbones que sembraban mi desaliento
Masturbaré mi orgullo,
Seré feliz entre mi descontento

No puedo escribir: Sucio desencanto.

No puedo escribir
No me fluye una mierda
Las palabras se entrecortan al instante en que brotan
Demasiado cargadas, espesas
Coagulando heridas que no han sangrado
Los versos se chocan entre sí, y no tienen sentido.

¿Qué putas tiene sentido?
Me pregunto mientras tomo aire
Escupo al suelo, miro a la ventana
No tengo respuesta, la respuesta es nada
“Nada, ni un carajo” digo mientras golpeo las paredes
Con insultos que parecen proclamas
Con la rabia que no termina de encarcelarse en mis entrañas.

Y no surge una mierda
De los versos queda un puto cadáver exquisito
Uno involuntario, poco surrealista
Demasiado abstracto
Y me surge una pregunta
Una, sólo una
Demasiado estúpida, demasiado importante:

¿Qué mierda puedo hacer?
¿No tengo nada para decir?
¿Dónde putas se fue todo lo que quería escupir?

Tan sólo una pregunta que se encuadra en muchas:

¿Para qué vivir?
¿Para qué vivir?
¿Para qué vivir?

Me repito mientras recuerdo
Que en la nevera no tengo mucho
Tan sólo una botella de vino
Una de tantas
Y lo digo mientras pienso
Que mañana será un día
Uno de tantos
En los que me encontraré con otros náufragos
Con imbéciles con los sueños destrozados
Demasiado cansados como para permanecer parados
Extraviados ante tantos faros
Mesías de lo profano
Entre las putas, en el desierto de cemento
Con los ojos arañados
Con un poema encabronado:

De esos sucios
De esos que manchan las paredes de los incautos
Las consciencias de los felices, de los maravillados
De aquellos que desfilan en el asfalto
Con el cemento en los brazos
Abrazando una puta vida
En la que son tan sólo otros extraños.

Vivir para la poesía: vivir para el sucio desencanto.

 

 

Te querré un mañana.

Me levanté con ganas
De mandarte a la mierda, de besar tus migajas
Vaciar el recuerdo, perderme en la resaca
De tirar las alhajas y amarte con más ansias
Pero el recuerdo se me ha perdido
En una botella cuyo fondo no he bebido.

Te pensé varias mañanas
En las que la caminaba
Con la mirada enceguecida, con la risa magullada
Momentos de más rabia
Y aún la memoria no me fallaba.

Pero “¿Qué queda después?”
No somos nada
Tras el rincón yaces despistada
No puedo creer
Que te quiera con tantas ganas.

Y cada quién hizo su día
Destruyó la monotonía y paseó por otras vidas
Y ¿Ahora qué?
Me pregunto con las lágrimas atoradas
Y las dudas calcinadas.

El tiempo ha pasado
Y ha dejado todo regado
De mis días quedaron rezagos
De los tuyos aún no me he enterado
Pero “¿Qué puedo hacer?”
No nos queda nada

El recuerdo arde en la garganta
Mientras delirios azules
Se atosigan en mi mirada
Pupilas perdidas
Noche maltratada
Mañana será el día
Te maldeciré en la madrugada
Destruiré el recuerdo, risa coagulada
¡Puta vida!
Te querré entre mis andanzas
Mearé en la esquina de la esperanza.