No soy más que otro

El vampiro munch

P.

¿Qué es la calle para nosotros?
¿Qué es lo que se hace en la calle con mayor frecuencia?
Soñar”.
L.F. Céline.

Empiezo a sentir de lleno
La agonía del que ríe,
Su aliento azucarado hiede,
Habla de cosas que no entiendo.

Sus paisajes no son los míos,
Y su risa, siempre alerta,
espera mi respuesta:
Es una hormiga trepando sobre mi brazo,
Una ortiga que descansa en el prado,
Es el dolor de la madrugada
Que reconoce mi rostro.

Empiezo a saber cada palabra
De memoria,
Escribo los recuerdos de eso que supo
Ser mío, mientras aguardo a la estela
De la última de las estrellas.

La noche empieza a ser más fría,
Y el calor lo llevo atado al pecho,
Como si de una cruz se tratase,
Como si mil carcajadas reclamasen
Mi espacio,
Y empiezo a ser uno con la risa,
Y río y río y el rio de mi vida
Es el llanto que guardo,
La certeza de tu viento
Llevo sujeto a mi cabello:

Es la resina que guarda mis ojos
De la tristeza del sol.

En esta noche,
El que ríe y llora es el mismo,
Temblor de sábanas blancas
Que se mece en las ventanas.

Empieza a amanecer.
Y los huesos se hielan para
Nunca quebrarse.
Mi vida es fuego de medianoche,
Fatuo e incestuoso,
Azul y blanquecino,
Que reclama tus pasos
Que carga ambos lastres:
Cuerpo y alma,
Realidad y suspiro,
Y sólo soy otro
Andrés Mauricio,
Uno de tantos
Que caminan en
dirección al cielo.

Seguiré viendo el firmamento,
De la mano de tu estrella:
Ya sabrás irte
O guiarás otro paso
a tu destino.

No lo sé,
Voy alado a una certeza:
Sólo existe una noche,
Y en cada una de tus calles
Sueño,
En el azar de tus palabras
Con la caricia de tu viento.

 

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Probablemente

Munch

No puedes
Hacer sangrar
La madrugada.

La noche sigue
Larga
Y el dolor
Gime en las
Esquinas.

Algo ha muerto
Cuando nadie ha
Visto;
Capaz sea mi nombre,
O ya será el olvido.

Ahora,
Deambulo entre las esquirlas
Del negro y amarillo
Los reflejos de la casa,
Y no hay nada.

Algo se ha muerto.
He escrito tartamudeando,
Y la vida me duele.

Probablemente sea la boca
Rasgada contra la almohada.

Es demasiada esquiva
La penumbra de la mañana,
Y quisiera decir algo,
Pero todo me es distinto
Y sé que es pronto.

Probable…
Probablemente…
Capaz…
Tal vez…

No fue así,
Y puede ser de día.

 

El vuelo del pájaro azulado

Campo-de-trigo-con-cuervos

Ya viene de vuelta la noche
Como aquel pájaro azulado
Cuyo manto y vida recorren
La perduración del graznido.

Su vuelo arrecia y sus plumas
Son los pesares de la mañana:
Eso que se olvida nada más
Abrir los ojos.
En sus alas,
Se arropan las nubes y muere
El sol.

Su graznido baña de fuego
Las estrellas
Y su sangre es la estela
Que recorre el cielo.
El pájaro que veo en las noches
Ya no teme,
Ni reconoce su quebranto:

De él sólo queda el peso
De su viento
La quietud y su abrazo
Su naufragio en el
Firmamento.

Por eso, a ratos lo llamo,
Lo espero de noche y admiro
Sus plumas,
negras y azuladas
Mientras crepitan como el fuego.

Hubo un día en que el graznido
El temblor de sus alas
Recorrió la espesura del reloj
El yermo en que escribí
Las horas para saberme vivo.

Ahora,
En la quietud de una noche estrellada
Presiento su abrazo y
Tiemblo:

Su cielo no es el mío.
Ya sabré hallar consuelo.

Retomo el silencio
De una posible madrugada
Y dibujo el rojo mancillando el negro
Dispuesto a retratar
Qué queda de su recuerdo:

Vuelo y alma
no son más que una misma cosa:
La cadencia del náufrago
Bajo el cielo infinito.

Y sé que no soy otra cosa
Que ese pájaro,
Trastabillante ante las luces
Que rastrillan el cielo
Surcando avenidas azules
Sobre el gris del pavimento.

Últimas preguntas

cri_158137

¿Has acabado
De reír?
¿Has terminado
De llorar?
¿Has querido
Seguir así?
¿Has deseado
Vivir?
¿Has pretendido
Otras cosas?
¿Has manifestado
Amor?

¿Qué has hecho?
¿Qué has dejado
De hacer?
¿Qué no has
Querido?
¿Qué pretendes de
Ti?

¿Has terminado
Las preguntas?
¿Has abrazado,
Reído, saludado
A la muerte?
¿Qué has sido
En el recorrido?

¿Qué quedará de ti,
Cuando ya no estés?
¿Qué serás cuando
Sólo persista la
Idea?

¿Cuál será
La última de las
Palabras?
¿Cuál la última
De las imágenes?
Si la vida es
El recurrente y
Desafortunado
Tránsito de todas
Nuestras precarias
Instantáneas,
¿Cuál será el gesto
Definitivo?
¿Qué diremos al
Ver descomponerse
El último de los gritos?
¿Cómo se pulverizarán
Las ilusiones
Y las risas?

¿Qué debo preguntar
Antes de haber
Muerto,
Cuando sienta que
Aún abrazo la risa?

Un momento cualquiera

edward-hopper-casa-al-anochecer

Hoy he perdido y me reído
De mí mismo,
He perdido para recordarlo,
He visto mi rostro al entrar en la sala
De blancas paredes y rostros complacientes.

He tenido miedo de no lograrlo,
He sido temeroso de mis palabras.
He renegado de lo que no sabía,
Y los he visto a ellos, mirarme a los ojos,
Saben que estoy equivocado,
Olvidan la cara de esos
Que no esperan nada.

Hoy he perdido y no he entendido,
Por más que fallo no lo
Comprendo,
Las palabras se escupían solas
Y yo sabía que no había manera,
Que todo estaba escrito,
Que el balbuceo era sólo la postergación
De la derrota definitiva.

He sentido mi garganta crepitar
Ante rostros complacientes,
De gente que no conozco,
De gente que no entiendo,
De gente que es feliz,
De gente a quien
No le importo.

Ellos han sabido decidir por mí
En una sala blanca,
De techo bajo,
De rostros anodinos
Y sonrisas temblorosas,
Ellos lo saben:
Lo han vivido muchas veces,
Y olvidan con desinterés.

Fueron testigos de mi derrota
De una derrota como cualquier
Otra,
De una pérdida como la de cualquier
Día,
De un instante más
Que está llamado
A repetirse.

No lo saben,
No les es importante.
Han visto eso muchas veces,
Entienden que es así,
Para ellos nadie gana
Y todo se decide allí:

Es parte de la vida.
Están para eso,
Mientras no escucho
Mis palabras
Y sé que sigo
Justificándome ante
La mancha blanca,
Que se burla en la pared.

Sólo a veces (y muy de vez en cuando)

magritte-21184251640

¿Sabes?
A veces busco en mis cuadernos viejas hojas
Eternos retazos de algo que te debí haber escrito,
Y no lo encuentro…
Pareciera ser que nunca han existido.

Me conformo con desparramar las hojas sobre la almohada
Buscando entre las hojas el recuerdo que no sabe a alquitrán
Y me deja tranquilo, pero no, no está
Ya no está.

Te busco de vez en cuando en eternas palabras
Que se quiebran al instante en que son retomadas,
Viejas palabras que se pierden en la sonrisa más ingrata
En el suspiro prolongado, la mirada que se cae y se agita
El cuerpo que se cuece en sudor.

Te he buscado demasiado tiempo
Nunca supe encontrarte.

Me aferré a lo dicho, a lo hecho
A lo vivido y a lo que pudo ser,
A los días sumergidos en intermitencias
A las palabras pronunciadas con sabor a muerte
A un par de reminiscencias que siempre me atacaban
Por la espalda, a mansalva
Justo antes de dormir.

Te he buscado demasiado tiempo
Y ahora sé que nunca te encontré
Nunca supe encontrarte.

Mas te sigo buscando
A pesar del tiempo
A pesar de los esfuerzos.

¿Dónde estás?

Distancia entre las dos puertas cerradas.

Magritte

Distancia es estar aquí encerrado
Con las puertas cerradas,
De la vida, del tiempo,
Del cuarto.

Distancia es pensar que todo va a cambiar
Pensar que algún día algo pasará
Pensar que, seguramente, algo vendrá
Es la distancia entre las palabras y la realidad
Entre la vida y la muerte,
Eso que termina,
Para reír y empezar.

Es la distancia…
Veintitrés años de idas
Y venidas,
Algunos buenos ratos
Un par de felices años…
Y el resto se soporta.

Y se vive para aguantar
Y volver a ser feliz
Y así se escriben
Convulsivas palabras
Que desean vomitar
Copular
Sobre el papel.

“Todo sea
Por volver a ser
Feliz”
Repito
Y miro a la pared.

Son dos puertas que cierro
Para nunca más abrir
Y que sólo quede la distancia
Y el recuerdo,
Una sonrisa en la cara
Para poder morir.

Dos puertas que se cierran:
Vivir, morir
Al nacer.
Apago las luces
Sólo queda…

Solo quedo.

Gritos en la calle…

kokoschka

De vez en cuando escucho los gritos
De la gente en su silencio,
Aullidos que pesan en la conciencia
Y no revientan cristales.

De vez en cuando escucho la algarabía de la vida
De todos los marchantes,
Se escurren por las avenidas, por el transporte
En la fila de los bancos,
A veces en los restaurantes,
Se escuchan sus susurros
Se desvían las miradas.

Nadie quiere ver a nadie
Y al estrépito de los teléfonos acude la muerte:
Movimientos involuntarios,
Dedos apabullándose en bolsillos angostos
Quebrándose en convulsivo movimiento.

Nadie llega a nada.

Todos escarban en sitios ya recabados
Esperando encontrar algo.
Escarban cadáveres como si fuesen alimañas
Mordiendo carne que cada vez sabe más rancia.

Yo los acompaño
Soy la risa en el silencio
La voz que quiebra la marea,
El llanto en medio de la procesión.

Me detengo de vez en cuando a mirar,
Sólo a mirar,
Me detengo en sus ojos opacos,
No muy brillantes,
Ojos felices sin demasiadas lagañas
Ni lágrimas para contar.

Corto los recuerdos con pinceles bañados en gasolina
Esperando que el lienzo pruebe el fuego.
Y de vez en cuando los miro
A veces hablo,
Sonrío,
De la misma manera que, creo,
Ellos lo hacen.

No lo consigo.
Me voy solo.
Sigo solo.
A pesar de concurrir en las filas de los bancos
Asistir a los mismos restaurantes
Dormir en las mismas sillas
De los mismos precarios buses,

No soy de lo mismo,
Y a veces creo
Al mirarme al espejo,
Que los ojos me brillan
Y detrás del iris oscuro
Se dibuja el silencio…
Un grito que brilla, y busca,
El humo que apacigua el fuego.

Miro de cerca
Y sonrío.
Ojos quebrados reflejados
En un viejo espejo de baño.

Sigo así.

 

Nuevos días…

Wim wenders en el curso del tiempo

Nunca tuve mi chance:
Siempre fue lo que quisieron
Lo que ellos quisieron,
Y me enseñaron a querer.

Entonces me acostumbré
Y caminé.
Por donde era
Como debía ser.

Me quedé con eso:
Con los ideales de la clase media
En un país de inexistente clase alta
Nutriéndose de la miseria.

Crecí con la publicidad
Con una T.V. encendida
Mostrándome cantidades de mierda
Que no necesitaba.

Me quedé con eso…

Y ahora, mientras escribo todo esto,
Recuerdo lo que fui
Lo que he sido:
Es esto,
Un poco lo que me dijeron
Un resto de lo “otro”.

De eso otro que llaman
(llamo)
“Fracaso”.

Me quedé con lo que no debía querer
Porque me hizo sangrar.
Y eso me traía
De nuevo
Un poco de humanidad.
Sonreía,
Sonreía cuando eso pasaba
Estaba aprendiendo algo
Eso que me habían quitado
Eso que podía matarme.

Lo sigo aprendiendo
Con cada paso
Y caída;
Con cada avenida
Transcurrida
Y con cada copa
Que se quiebra en risas.

Lo aprendo con un par en el camino
Por el camino
Disfrutando de lo que venga
Rasgando un poco…
Las vestiduras del pasado.

Soy esto,
Y otro poco
Que
Así no sepa,
Así no conozca,
Está por venir.

A la mierda lo que venga…
Todo se lo lleva el tiempo
O lo estanca el papel.

Sabía lo que le decía.

edvard_munch-madonna

Le había dedicado varios versos a la noche
A la luna, a las mujeres. A ella, y ya.
Había hablado conmigo mismo,
Sin reproches,
Sin más para lamentar.

Aquí,
Ahora,
Danzando licores
Como luces en la noche.
Esperando a que algo pase,
(lo espero)
Y así sigo
Jugándole al derroche.

Bebo dos tragos,
Sonrío ante ti.

“Todo está bien”
Repites
“Todo está bien”
Me digo,
Mientras tiro la copa
A la boca
Y vuelvo a saborear.

El anís se estruja
Cavila entre las vísceras y la garganta
Añora felicidad.

A eso me dedico
A eso le juego
En estos días
Sin amor
Sin paz

Con una gota
De amistad.

Bebo una copa
Vuelvo a sonreír.

“¿Me quieres?”, pregunto,
Para luego morir.

“¿Me quieres?” repites
Oculto la cara,
Me alejo
Sin ti.