El espantapájaros.

Detrás de todo nos escudamos
Inmersos en la seguridad de la nada
En la oscuridad de nuestros propios placeres
Nos vemos abrigados
Descansados y nunca apesadumbrados
Deseamos los días en que jamás pensamos
Perdidos, escudados.

Seguimos allí
Extraviados ante nuestros ojos
Detrás de las esfinges que edificamos
De la seguridad de nuestra casa
Llave en mano
Puerta cerrada
Nos armamos con mil balas
Y no podemos sonreír
El miedo es tal que la risa
Es tan sólo un devenir de la desdicha
Que se cuece en la intranquilidad
Con el respiro
Tras el fracaso de nuestra realidad.

Tras ello nos vemos refugiados
Sentimos la sangre hirviendo y el temor
Nos sacude el más mínimo ruido
Tiembla nuestra razón
Con calmantes, sedantes
Pastas para calmar la desazón
Sentimos el peso de la cobija
Prendemos el televisor

Somos libres, así el mundo se pudra a nuestro alrededor.

Y al final
A nadie le importa
Si vivimos
Si la luna amanecerá
Detrás de todo
Nos escondemos tras el maizal
Un espantapájaros
Creamos para siempre abandonar

Nuestras alas cortas
La dicha que está más allá del respirar.

Un poema interrumpido…

Quería dedicarme a escribir poesía
Pero la música estaba muy dura
Y en la calle
Alguien debía estar muriendo.

Quería tan sólo ver dos versos
Fundirse en mis ojos
Pero recordé el dolor de cabeza
Que me hacía tomar muchas pastas
De diferentes colores
Y ninguna me calmaba.

Y con todo
Yo tan sólo quería escribir un poema
Que fuese amargo
Como nuestras últimas conversas
Que supiera a basura
Como las últimas palabras
Que nos recitamos
Sin mayor asombro.

Y es que ambos lo sabemos
Esto es intrascendente
Como el dolor de cabeza
El muerto
La música
Pero está allí
Presente
Viviente
y nos respira al oído

Y yo tan sólo quería
Dedicarte un poema
Pero el semáforo seguía en rojo
Y las alcantarillas aún se rebosaban.