Todo ha sido un malentendido

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Todo ha sido un malentendido.
El hecho de haber querido
Algo,
La vergüenza de no haber
Sufrido.
Haber abrazado grises cuerpos,
Sonrisas rojas en las noches
Azuladas.

Todo ha sido un malentendido.
Las palabras escritas y
Ausentes,
Las promesas reticentes,
Y la marea cobriza
Que ha bañado nuestros ojos.

Todo ha sido un malentendido.
Las mentiras al
Despertar,
Los sueños al
Anochecer,
La soledad de los muros de
Ladrillo,
Su llanto,
Ese que se almacena
En las cunetas.

Para no volver.

Todo ha sido un malentendido.
La mano reposando
Sobre mi hombro,
Las palabras de aliento,
El verde de los prados
Incinerándose en amarillos,
Cuando sólo mece el viento.

Todo ha sido un malentendido.
Lo que nos
Dijimos,
Eso que
Admitimos.
El día en que el cielo
Fue rojo
Y la noche blanca.

Todo ha sido un malentendido.
Eso que llaman vida,
Los pasos crepitando
Bajo el fuego de la acera,
El negro de la
Consciencia,
La transparencia
De la sonrisa.

Para no volver.
Todo ha sido un malentendido.
Para seguir aquí.
Todo ha sido un malentendido.
Para pretender abrazar
Las cadenas plateadas
De la lluvia en la noche,
Y escuchar las carcajadas
De los perros en la tarde.

Todo ha sido un malentendido.
Las últimas cartas
Sobre la mesa,
Las torres apuntando
Al único cuadro
Del tablero,
Los últimos sorbos
De cada una de las
Botellas.

El tenue resplandor
De cada una de mis
Palabras,
La certeza de los
Días vividos,
La muerte de
Todos mis
Principios.

El vivir por nada.
El amarlo todo.

Todo ha sido un malentendido.

 

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Entre paredes

kentridge2

Tantas razones para querer la propia vida
Tantas razones para no matarse.
Tantos momentos para emprender la huida
Tantos instantes para terminar con todo.

Tantas razones he tenido
Para querer huir
Para querer despedazarlo
Todo,
Para sentarme a mirar a la pared
Y remendarlo
Todo,
No sé lo que he hecho.

Nadie sabe
Lo que ha sido
De sí.

Me desprendo de un par de pensamientos
Interrogo a las paredes,
Y todo rebota, rebota, rebota
Se estrella contra la cama
Me tiene de vuelta
Y vuelvo a comenzar.

En el transcurso de los años
He aprendido a odiar lo más querido
He querido odiar lo más querido
A veces puedo
Otras no.

Sin embargo,
A veces logro mirar por la ventana
Y de la gente,
Brota el murmullo.
No es lo mismo de siempre,
Es diferente.
No lo entiendo,
Vuelvo a la cama
Me hago una paja.

Espero estar bien.

En el curso del tiempo
He decidido hacer muchas cosas
No he logrado nada.
He remediado mis fracasos
Con un par de lamidas
A los vasos rotos,
Y mi lengua la he remendado
Con sal, mierda,
Y demás sentimientos
Encontrados.

No he logrado mucho,
La vida ha hecho
Lo que ha querido
De mí.

De mi vida he amado lo que no he hecho,
He despreciado lo que he sido
He querido volver a estar,
Volverlo a vivir,
Para que fuese diferente.
Empero, siempre fui “yo”,
Siempre ese yo, del momento,
El yo presente,

El que estuvo,
Ahí.

La edad me ha dejado con varias cicatrices
Un par de dedos sangrantes
Y las uñas enconadas.
Siempre quise saberlo antes,
Pero tuve que vivirlo
Para aprenderlo.

Nunca fui suficiente.
Nunca fui demasiado.
Eso sí, puedo decir,
“Estuve presente”.

De los años transcurridos
Con poco me he quedado:
Un par de películas
Un par de libros
Un par de retazos
Unos buenos amigos
Varios tragos
Recuerdos que se incineran
Tras la luz de la ventana.

Nada ha sido mío…
Pero lo he disfrutado.

De lo poco que he sido
Me he quedado con lo que no soy,
Con lo que no he podido ser.
El desprecio es el gas que hace que estallen
Las paredes,
Y los recuerdos
Y los instantes
Y las sonrisas
Y la ira
Y todo lo que hace
Bello al hombre.

Me quedo con todo,
Menos conmigo…
A pesar de mí.

Abro la llave
Y el grifo gotea…
Caen pedazos
Cae el agua
Se confunde con
Los gritos,
Con el sudor
De las manos.
Espero no verme.

Siento vivir.

 

Vacuidad

grosz

“¿Te has despertado sabiendo
Que habrás de morir?
¿ Te has despertado queriendo
Cerrar los ojos?”
Me pregunto,
Sé que no tengo tiempo
Para contestarlo.

Los esfuerzos del h0mbre
Son los dolores de niño.
Los lamentos de la mañana
Son los placeres de la noche.
Nada tiene sentido,
Nada.
Tan sólo volver a sí,
Sí mismo
y querer dormir
Hasta que ardan los días.

Las metas de hoy
Son las frustraciones de mañana.
Vivo queriendo lo que no soy
Para luego odiarme con más fuerza.
Las bebidas de hoy,
Son los vómitos de mañana.

Nada tiene sentido,
Nada.

El hombre que esto escribe,
se arrepiente con el tiempo,
Con el roce de la vida.
Vuelve a las palabras,
A estas,
Para reírse,
Arrancarse la cara
A carcajadas.

Lo que he sido
Es la muerte de lo que fui.
Es lo poco que queda.

He matado a mi madre a los 23,
La he amado a los 15.
Mi viejo me odia desde los 17
Sé que aún me desprecia.
Mi hermano me quiso a todo momento,
A mi hermana no la veo hace 4 años.
No me he visto al espejo desde hace tiempo,
Temo verme como antes,
O como ese que escribe esto.

Temo verme como lo que soy,
O lo que he sido.
Nada tiene sentido,
Nada.

¿Me habré querido en algún momento?
¿He sentido calor ante mi sonrisa?
¿He creído en mis palabras
Una vez lanzadas?
¿He mantenido la calma
Al cerrar los ojos?

No he podido con nada
No he ganado desde hace tiempo.
A los 24 he logrado poco menos que a los 15.

Andrés Mauricio no me dice nada.
Cabrera Díaz es una pared que debería ser puerta.

El reto del tiempo
Es la permanencia.
Aguantar al cerrar los ojos
Prender las luces al salir,
Hacer lo que sea por volver.
Hacer lo que sea…
Por nada.

 

Dispuesto a reír.

Warhol Elvis

Con todo lo que la vida tiene a disposición
Me lanzo a la nada
Para nunca más volver.

Sin embargo,
Sigo viniendo
Recorriendo la vida con los mismos pies
Dejando las mismas huellas sobre el asfalto
Y el fuego en la garganta que me tiene con sed.

Será la desidia
O simple masoquismo,
Pero aún sigo de pie.

Será la desidia, de seguro…
Pero sigo de pie,
Y con todo
Juego en la nada a ser alguien en la vida:
Como los niños que se lanzan al barro queriendo estar limpios,
Como la mujer que se lava la cara luego de tener sexo,
Como los hombres que comen la basura de otros hombres.

Demasiado limpio…
Demasiada desidia
Aún así,
Sigo con vida
Por los días
Y con todo,
Dispuesto a reír.

Como los perros tras las patadas…
Esquivando golpes a la nada:
Dispuesto a reír.

El perseguidor.

william blake

I

Si hubiese hecho algo en aquel momento, seguramente ahora no estaría escribiendo. Seguramente estaría pensando, desgarrando la almohada con pensamientos vanos que se estrellarían contra el techo de la habitación. Seguramente, pero no fue así. No le dije nada en su momento. No le dije siquiera que me esperara, o que me diese una oportunidad de aclarar las cosas. No, no lo hice. Y así, ahora estoy sentado en esta silla, desparramando palabras contra la pantalla; con el dolor en las vísceras y el aroma a dolor que destila la resaca. Estoy aquí, no hice nada.

II

Si tuviera que hablar de mí, sería seguramente insoportable. Andrés, Andrés Herrera, veinticinco años, hombre, soltero. Más allá de eso, no sabría dar información precisa. Todo está ya en la cédula, en los diversos documentos que se desparraman en inhóspitas oficinas del Estado. Y a nadie le importan.  Todos estamos demasiado ocupados como para ocuparnos en otra cosa que no sea nosotros mismos.

Camino. Camino de vez en cuando, a falta de trabajo, a falta de tranquilidad…deslizo mis pies sobre la calle. El pavimento se tuerce en siluetas de furia tras mis pasos. Pero yo sigo caminando. “¿Por qué empecé, preguntas?” No lo sé. No sabría explicarlo. Pero un día ya estaba ahí, en la calle de enfrente de la casa, caminando. Al final, terminé siguiendo a la gente que me parecía interesante: mujeres recién casadas de cabello liso y ojos claros; jóvenes con ojos ansiosos y miradas lascivas en busca de droga…entretención, placebo, lo que fuese; oficinistas que en las noches, luego de salir de su trabajo, deslizan sus espesas cabelleras rubias al desatar los lazos, cambiando la mirada; hombres que se detienen en las esquinas a mirar a la nada…y se pierden en los colores, las faldas, sin siquiera percatarse del sol.

Y la lista podría continuar, pero no, no tiene sentido. Sólo puedo decir que me dediqué a eso por unos tres años. A falta de trabajo, a falta de esperanzas…bajo el vacío de la vida, mí propia vida, que no me ofrecía nada al final del día. “¿Cómo me mantuve, me dices?” De la renta. De los pocos ahorros que había cultivado en el pasado. Como te decía, caminar fue mi hábito.  Pum/pum/y la acera se clava en tus pies, y no hay destino fijo, y el cuerpo se desliza capturando rostros que se despedazan en la memoria para nunca más existir. Pero, muy de vez en cuando, surge alguien que refulge entre los avisos y las luces, y el rumor de los autos. Y algo cobra sentido, a pesar de mí, y de lo poco que me queda por hacer aquí.

Y entonces, lo sigo. Hasta que me canse, o alguien con más fulgor surja de entre las cenizas de los autos. Después me tengo a mí mismo… y lo que queda del vacío.

III

Al principio sólo era caminar. Ir de un lado a otro, de la casa al centro de la ciudad, pasando por avenidas de luces desteñidas y soledad, soledad absoluta. A veces torcía por calles desconocidas: sitios que parecieran extinguirse al caer la noche , para luego morir. Prostíbulos ubicados al final de una panadería…en donde, creías, era el baño de los propietarios; pequeñas librerías que se extinguen en medio del rugido de los motores, soportando el tiempo… como si las páginas de sus libros fuesen el último acto de emancipación posible; a veces, incluso, me encontraba con bares detrás de casas desvencijadas por los años. Sitios en ruinas al borde de la acera, con puertas blancas y oxidadas que, al mínimo golpe, se abrían. Y todo era un mundo nuevo, y parecía haber algo oculto detrás de la propia vida que se escondía en la ciudad, a los ojos de todos.

Náufragos. Sólo así podía describir a la gente que allí se veía: de tez blanca, demasiado blanca, y ojos felinos y brillantes. Miradas agotadas por la vida, mas no sin esperanza. Cuerpos delgados que se estremecían al más mínimo roce de vida: olfatos desarrollados para captar la furia existencial y recibirla con tranquilidad. Poco hablan, poco les importa lo que pasa “afuera” (como varias veces escuché mencionar a lo que existía más allá de estos sitios),  menos aún les importas tú. Están ahí, a la espera de “algo”. Y ese “algo” es diametralmente opuesto en todos los casos, dependiendo de la persona de la que se trate. Viven bajo la inercia, eso sí, sin simpatía por la estupidez. Y están ahí, como tú, y te conocen sin siquiera haberte hablado.

La ciudad esconde a sus muertos en estos sitios, sus náufragos, para que nunca hablen y sus “mensajes” queden sumergidos al final de la botella.

IV

Empecé a interesarme por las personas, antes que por los espacios, el día que conocí a M. Ustedes saben de quién hablo (la prensa se encargó de hacer más ruido del habitual con el caso). Y, aún así, las fotos del periódico nunca lograron captar su verdadera presencia: la tibieza de los ojos, la rudeza de los labios rojos que sonríen bajo el peso níveo de los dientes, la cintura delicada y los senos sencillos, no muy grandes, tampoco demasiado pequeños. Ella, sí, M. Fue ella la que me llevó a perseguir personas: esperaba encontrar “eso”; aquello que se agitaba al más mínimo roce de los ojos y que aturdía las vísceras hasta la implosión. Deseaba encontrarlo…mas no lo hallé en nadie más que ella, a pesar de un par de “falsas alarmas” que estremecieron mi vida por un par de días.

M. M. M, la mujer que caminaba con paso agitado y sin ninguna preocupación. La misma que se levantaba a las 6:00 am, para luego prender la televisión. Esa que, camino a la oficina, compraba el pan en la panadería francesa del centro de la ciudad. Ella, sí, ella. Alguna vez chocamos en la calle, y sentí el aroma de su perfume: de seguro Carolina Herrera, sí, de seguro. Tú, M, aquella que prefería desnudarse al entrar a casa. Lo supe todo de ti, todo lo que la distancia permite saber. Mas nunca te conocí. Sabía que te gustaba la comida japonesa (¿Cómo no suponerlo después de que ibas todos los fines de semana?), y que preferías a James Dean por encima de todos los mortales (¿Crees que nunca vi el afiche que estaba encima del televisor?). Supe todo lo que podía saber…así, a lo lejos, sumergido en la penumbra de algo que no merecía ver la luz.

Tal vez debí decírtelo. Me llamo Andrés, Andrés Herrera. Soltero, 25 años…

Pero no.

VI

La seguí hasta el hartazgo. Hasta saber todo lo que podía. Recopilé todos los datos que pude: Qué buscaba en un hombre, sus escritores favoritos (London, Poe, Baudelaire), sus películas favoritas (Apocalypse Now, Eraserhead, Barry Lyndon), sus más profundos miedos…y sí, la soledad, eso que le era tan propio, como todos los que transitábamos sin más por la ciudad. Olvidé decir que M era cliente habitual del Suburban, uno de estos lugares donde los náufragos encuentran navío hasta que llega la hora de volver a algún sitio. Ella era uno de ellos, pero tenía “hogar”. Sabía que, al final del día, siempre tenía su casa. Tenía un sitio a donde volver, amigos con los cuales hablar, un trabajo en el que se sentía satisfecha. Era parte de todos, pero sólo estaba ahí para observar. Observaba, desde el momento en que se sentaba en la barra hasta que decidía bailar con el primero que tuviese las agallas de pedirlo. Luego, sin más, se iba. Se iba para volver a donde siempre debía de haber estado. Aunque luego regresaba, y yo ya estaba allí.

Una de mis normas era nunca volver al mismo lugar…pero M me hizo revalidar aquella decisión. Sólo podía estar donde estaba ella, sólo allí. Solo, allí.

VII

Cualquiera hasta aquí creería que la amaba. Mas no. No la quería en lo más mínimo. No se puede amar si se olvida el propio rostro; menos aún, no se puede querer sino se tiene un lugar al cual volver al final del día. Tal vez la admiraba. Sí, “admiración” es la palabra. Ella estaba allí, como yo, tan sólo observando. Buscando algo que se extraña aún si nunca se ha tenido de frente. Pero seguía su vida, continuaba con el ritmo de una persona eminentemente productiva. Y yo no. Yo tan sólo caminaba, para luego regresar al viejo apartamento y dormir.

Por eso escribo ahora. Ayer, por fin, logré sentarme a su lado, y hablar:

-¿Vienes siempre, eh?- le dije, mientras señalaba al barman para que viniese hacia mí.

-¿Ah?- replicó, luego de volverse hacia donde yo estaba.

-Sí, te he visto un par de veces, aquí. En el bar…bailando, y tomando algunas copas.

-¿Te conozco?

-No, bueno, ttt-al vez. Te he visto un par de veces, aquí, y estuve tentado a hablarte- hice una seña de despedida, y me fui levantando del taburete.

-Tranquilo, quédate…-me dijo, sosteniendo mi muñeca con sus manos.

-Está bien.

-¿Sabes? Yo también te he visto. Aquí, y en muchos lugares.

-¿Ahh si?- contesté, sintiendo el ardor en la garganta y la sangre escurriéndose por los poros de la espalda.

-Sí. Te he visto desde mi ventana, mientras me quitaba la ropa o preparaba algo para comer. Te he visto en la esquina de mi oficina, sentado en el viejo parque. Siempre con gorra roja y gafas oscuras, ¿Eh?- y sonreía. Sonreía como si siempre lo hubiese sabido todo. Y no le importara, porque poco importa lo que alguien sin rostro puede llegar a observar.

-Mi-mmmierda.

-Siempre sales a las 4 de la mañana. Tomas una ducha rápida, cocinas un par de tostadas y luego te apuras a ir hacia mi casa. Esperas a que prenda la luz, y te asomas por el ventanal que da hacia la calle. Algunas veces entraste…dejé la puerta abierta de la ducha, nunca hiciste nada. Luego, tan sólo me seguías…y ese era tu día. ¿No es así?- y la memoria se empantanaba con viejos retazos de los días pasados. Allí estaba yo, viéndolo todo. Desde sus ojos, desde la nada que me señalaba sin recordarme siquiera quién era. ¿Acaso soy el espejo de los pasos de alguien más? ¡Puta vida! Y sí, ella sonreía…calculándolo todo.

-Sí…

-¿Sí qué?

-Soy yo.

-Siempre lo supe.

-Yo…

-Nada.

Y se fue, sin dejar siquiera rastro tras los strovers que se cruzaban en mis pupilas. Intenté volver a su casa, pero no…nunca pude volver. Los pasos se retrotraían al instante de empezar la marcha. Un par de veces, incluso, intenté llegar en un taxi. Pero fue imposible. Lo que había sido el edificio de M ahora era tan sólo un solar vacío en medio de una calle desolada. La vieja panadería y el restaurante japonés también se habían esfumado. Al preguntar a varios de los que, a mí juicio, parecían transeúntes habituales de la zona, me encontré con que nunca habían estado allí.

M no existía. Y no sé siquiera por qué le llamo así; si nunca conocí su nombre. M es la partícula de una vida que nunca existió: el retablo sobre el cual grabé los pasos de una vida que, siquiera, existió. Por eso escribo ahora, y por eso también los diarios escribieron sobre mí. “El hombre que deambula por el parque central”; “El loco de las avenidas de la muerte”; “M de Muerte”, rezaban los titulares de la prensa. Todos saben de mí, y yo soy parte de todos. Y no sé nada de mí. Y me llamo Andrés, Andrés Herrera…

Escribo, porque tal vez así encuentre algo sobre lo cual construir algo nuevo. Pero no, tan sólo soy Andrés, Andrés Herrera. 25 años, soltero. No sé a donde ir, ni siquiera  a donde volver. ¿Existió? ¿Fue real? ¿Qué mierda pasó aquí?

Y sigo escribiendo. Esperando a que sean las 10. Pero todo está muy blanco.

Y nunca.

Nunca

Entra la luz.

Imagen.

A no ser yo toda gente y toda parte

Estoy aquí,
Encerrado viendo hacia el techo
Todo está blanco
El blanco está negro
Todo está oscuro
Muy oscuro
No hay nada más
Que me permita sonreír.

Sigo con esto
Temprano en la mañana
Camino a vivir
Vuelvo muerto
Y aún,
No puedo desistir.

Todo es una farsa
El silencio es una estafa
La vida es la desgracia,
Y toca caminar
Seguir,
Seguir
Y no parar,
Hasta morir.

La vida es una mentira
Camino y tras los pasos
Esquirlas de pan
Que roen las palomas,
Los pasos que se pierden
Al compás de la memoria,
Nada nunca va a estar,
Ahí,
Nada nunca seguirá,
Ahí,
Cuando lo dejes atrás,
Cuando no haya nadie más,
Nada más,
Nada seguirá,
Excepto tú,
Ahí,

Viviendo y jugando a vivir
Muriendo y perdiendo
Deseando fingir,
Fingir como los otros
Las imágenes son una farsa,
El ojo es una mentira
Nada es como “es”
La realidad miente,
Mis amigos mienten,
La gente miente,
El derecho miente,
La ley miente,
Mis padres mienten
Yo miento
Soy el farsante
Más grande
Del circo de farsantes.

Mentira
Mentiras se esparcen
Al sonar de cada paso,
Se escurren
Tras la ventana
Encerrado en este cuarto
Algo muere,
Ahí,
Algo vive,
Aquí,
Algo sigue
Ahí,
Yo muero
Aquí,
Me masturbo
Aquí,
Y nada más
Una botella que se cuela
En la boca
Aquí
Nada más
Esto es
La mentira
Que llamo
Realidad.

Mañana todo seguirá.

Los pasos se borrarán.
Esto también,
Y aquí
O ahí
Todo va a seguir igual.

Nada es cierto,
La nada es verdad
Nada deja de sangrar.

Aún aquí.

Domingo en la tarde.

Oscar Muñoz

Encerrado en el cuarto
Viendo las arañas
Revolcarse en las entrañas
Estrellando la cabeza
Contra las paredes
Asomando la mirada
Hacia la ventana
Donde no queda nada.

Encerrado en este cuarto
Sintiendo la música partir
El día que muere
La noche que se pierde
En las mismas estupideces
De otros días
De otras noches
Nada que pasa
Todo que termina
Y yo sigo aquí.

Una guitarra en la esquina
El pasado que se agita
La vida que sigue
Los libros en la mesa
Cosas que se han perdido
En los últimos latidos
De aquel que lucha
Por estar vivo.

Siempre es el domingo
Siempre es al otro día
Todo sale mal
El cuerpo se acostumbra
La mente se acumula
De basura, resentimiento
Y poco a poco
La razón se debilita.

Busco una botella,
No sé qué hago aquí
No sé por qué sigo aquí
No sé ni qué quiero de aquí.

No sé qué será de mañana
No sé nada más
Que esta oscuridad
Que quema y abraza,
Estrangula la resaca.

¿Para qué vivir?
¿Por qué sigo aquí?
Sólo sé que un día
Me voy a morir.

Y del polvo a la vida
Habrá un llanto,
Y sólo eso será.

Sólo eso será
Cuando la noche esté sola,
Sola en su refugio estrellado,
Y la gente esté durmiendo
Y yo esté muy borracho
Como para pensar
En llegar despierto
Al amanecer.

En llegar siquiera
A sonreírle a la vida
Por última vez.

Gotas.

paul klee

La gota que cae
Y no llega a nada
La vida que sigue
Con sabor a pernicia
Y yo que aún
Sigo sin avaricia.

La gente se mata
La gente, los perros
La vida se aniquila
A sí misma
Como si vivir fuese el único mal
Y todos lo tuviésemos que
Aniquilar.

Los segundos se escurren
La carne se agrieta
Los pensamientos se hilvanan
Al compás de la botella
Sigo aquí,
Sigo aquí
Sigo aquí mientras no me tengo
Sigo mientras me extingo
En la precisión del minutero
En la desazón del reencuentro:
Conmigo mismo
Con ese que se levanta
Y piensa:

¿Qué queda?
¿Qué queda?

Y no queda nada,
Y vuelve a empezar.

Y sigo caminando
Igual, sonriendo
Sonriendo,
Como si nada
Dolido
Hasta de respirar.

Vivir es muy duro.

Vivir es tan duro que pocos viven
Y muchos caminan
Vivir es tan fuerte que todos lo olvidan
Al instante de nacer
Vivir es tan triste que lloramos al ver;
y nos retorcemos y buscamos
La oscuridad,
La oscuridad del vientre
En el abrazo de la madre.

Por eso
Hoy,
Vivo aferrado
A la nada,
Y sonrío.

Sonrío así
No quede mucho
Para sonreír;
Sonrío mientras todo da razones
Para morir.

Como si las gotas cayeran
Y no quedara nadie
Para verlas.
Yo seguiré allí,
Mientras los muertos recuerdan a los vivos.

Mientras me tenga a mí
Seguiré allí,
Y los orgasmos se escurran
En la memoria
Y las risas se estrujen
En estos días,
Sin gloria
Sin pena
Pero con cierto aire
De dolor
Que sabe a esperanza.

Fracaso.

Nos hemos rendido,
Porque en la calle sólo hay vidrios,
Que cortan nuestros ya sangrantes,
Sueños.

Estamos jodidos,
Porque en las noches no tenemos aspiraciones,
Y en el día caminamos,
Aturdidos,
Desconsolados.

Nada cambia,
Por el miedo,
Que  se nos comió las entrañas,
Y cambiamos la vida,
Por plata,
Billetes verdes,
Que para nada alcanzan.

Sentimos el canguelo,
No nos gustan los espejos,
Allí estamos,
Y nos despreciamos;

Queremos ser grandes,
Artistas, cantantes,
Escritores,
Y sólo somos tunantes,
Trajes andantes,
Mercenarios y Farsantes.

¿ En qué momento,
Cambiamos nuestras risas,
Por el malestar de la ira?,
¿ Cuándo fue que desaparecimos,
Para despertar cansinos,
Perdidos,
Destinados al olvido?,

Divaga un paria,
Que fuma un Marlboro,
Con aparente calma.