P.O.R.N.O

condon

La televisión
Otro punto negro
Nada más que besos
Sin pudor
Y no hay nadie
Para agitarse,
¿Y dónde has estado
Que no quieres mi amor?

Te lo pregunto
Porque últimamente
Siempre es así
Uno mismo
Contra la pantalla
Del computador
Siempre ausente
Titilante
Pixeles
EXCITANTES
Y te cambio el nombre
Con el video
Que sigue
Desde Mila
Hasta Jenna
Siempre Ava
A veces Puma
Otras veces
Sin nombre
Pero con dulzura
Te sumerges en el salto
Y yo sigo
Siempre
Cavilando
CALIBRANDO
El agite de la mano
Derecha, izquierda
Los roles se cambian
Y la tensión se exalta
O baja
Dependiendo de la premura
Del azote
Y el tubo se atornilla
A lo que seguirá:
Pensamientos inconclusos
Sueños que no serán
Y como la vida
Pronto tendrá su final.

Publicidad, Avisos sin más
Mucho sexo
Mi falo es pequeño
Indica una ventana
Que salta sin avisar
Inclemente
Insultante
Me recuerda
Que no, no será
Que si fue, ya no es
Y siempre podré tener
A Mila
Ava
Jenna
Sea una enfermera
Como otra enferma
En traje de preescolar.

Siempre y cuando mire
Siempre y cuando siga allí
Una membresía
Una mejor oportunidad
Puedo ver más
Pagando lo que no tengo
Gratis son los polvos
Que no terminan de cuajar.

Hermano
No estás listo
Esas mujeres no existen
Nunca las encontrarás
Sigue buscando
Muere jalando
Que algún día,
Puede,
Tal vez
O ni mierda
Puede ser
Las encontrarás.

Mientras tanto compra
La tarjeta es dinero que no te toca
Agítalo
Con premura
Sin demasiada necesidad
Siempre estará allí
Tras la pantalla
Esperando al amo
Que se rasga las entrañas
Inocencia asesinada
Mujeres maltratadas
Bajo la frustrada fidelidad
Que el cuerpo no consigue
Que no espera encontrar.

Y no, algún día te casarás
No será Mila
Ni siquiera Jenna
Menos Devine
Espera que te quiera
Ten un hijo
Paga la factura
La mierda de universidad,

Sigue trabajando
Muere sin piedad.

Porque P.O.R.N.O es
Aquello que nunca
Tendrás
La mierda que no cuentas
Que te cuesta tragar
El condón tirado
La esperma que muere
Sin germinar.


La vida misma
Las balas que no mataron
Eso es P.O.R.N.O
Lo que no tengo
Lo que me quitaron
La vida que se sigue
Y que no he matado.

¿Tienes lo mío?
¿O también te estás
Burlando?

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Atrapa moscas…

mosca-muerta (1)

El karma va por dentro. Por fuera soy normal. Todo muy normal. Me clavo una paja antes de dormir, leo alguna mierda en el bus, escucho música mientras cocino. Todo muy normal. Pero la mierda a veces sale a flote. En pequeñas manías, en pequeños síntomas que nunca denotan la calidad precisa de la enfermedad. Yo no la conozco, pero lo que sé es que de vez en cuando la poseo. Pero eso no me hace anormal, es más, creo que todos lo hemos vivido alguna vez.

Recuerdo un día cualquiera del 2008. Llevaba tres años viviendo en aquella ciudad, y de vez en cuando el tenue calor del recuerdo me invadía: perdido en una calle, azotando mi bicicleta contra el piso de asfalto, soltando pedalazos con furia. Era más joven, no me conocía. No me había muerto, al menos eso creo, o bueno, no ese día.

-Disculpe…-Dijo una señora de vestido rosado y pronunciado escote- ¿Podría bajarle a la música? Es que tiene a todo el edificio desesperado-.

– Sí… bueno, pero nunca ando aquí, y alguna vez quisiera sentirme en casa-Contesté, intentando calmar mis piernas que se mecían a lado y lado, como dos fideos danzando sobre el aire.

La señora lo notó. Me veía, con ese leve asco con que algunas personas perciben lo extraño. Sus ojos deambulaban por todo mi cuerpo, buscando una breve sintonía, algún deje de cordura.

-¿Está borracho?- atinó a preguntar, afilando su lengua sobre sus rojos y carnosos labios, cual cuchillo sobre la roca.

– No…- dije mientras ponía una mano sobre la mesa del teléfono junto a la puerta- No sé… bueno, llevo mis días aquí encerrado. Pero sí, he tomado uno que otro trago.

-¡Uff! ¡Pues no serán pocos!- mencionó con una leve mueca de disgusto, sobre aquella boca roja y carnosa, que parecía querer desparramarse sobre mi cuerpo- El apartamento está atestado de licor. Mire nada más el suelo…

Miré. Miré con la cabeza cargada de dudas. Con un collage entre los ojos que no parecía tener sindéresis:

Rojo/Basura/Chorro/Negro/Rojo/Rojo/Negro/Rojo

Me sujeté la cabeza. Cerré los ojos. Me froté los párpados con fuerza, apretándolos y aflojándolos, intentando encontrar algún sentido a aquello. La señora hablaba, cada vez más fuerte, más chirriante, más rápido, con más saliva volándome a la cara, con más cercanía, con más rabia/rápido/rápido/rápido/RÁPIDO/RÁPIDO/¡RÁPIDO!/¡RÁPIDO!/¡¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!/AJJJJJJJ

AHHHHHHHHHHHHHHHHHHJJJ/BRUURR/EL sonido de la rabia rompiendo un espejo.

-PP-ero ¿Qué le pasa?- me preguntó, ya sin tanta arrogancia, con la cabeza en todas las direcciones. Sus pupilas zumbaban por aquel estrecho pasillo de un segundo piso cualquiera, cual moscas merodeando en casa ajena. La tenía. Mi grito había sido el estallido del miedo contra la raqueta de electricidad.

– Ahora sí…- dije, bajando la mano derecha…suavemente, suave, suave…casi en detención.-

– ¿Ahora sí… qué?- preguntó, con cierto deje en la voz. Con esa ternura, esa inocencia que vuelve en los momentos de mayor indefensión.

– ¡AHORA SÍ NO GRITAS, EH, PERRA DE MIERDA!- Contesté, tocándome los huevos con furia. Mi saliva golpeó su rostro como un jab en busca de una quijada en el décimo round. Cerró los ojos, miró al suelo. Le empecé a pegar con mi mano izquierda. Golpeaba sus manos, cada vez con más fuerza. Sus brazos se agitaban en el cielo, su boca roja se zarandeaba en busca de algún atisbo de tranquilidad. Su labial se corría…se perdía contra el rosa de su vestido. Se fundía en el. Su sudor caía…se deslizaba ligeramente, como una bailarina de ballet en un callejón oscuro.

– ¡EH, MALPARIDA! ¡GRITA, PERRA!-.

Seguí insistiendo. Deslicé la izquierda sobre sus tetas. Eran cálidas, es más, mejor hervientes. Llenas de años, con algunas pequeñas estrías que se asomaban en el roce con sus axilas. Me veía…ya no tenía miedo. Arrastré su mano, al principio esquiva, luego más sensata…sí, sensata.

-¡Cógelo, tranquila!…¡Eso, mierda!-.

No hablaba. Sus ojos eran un par de esquirlas que se mecían con el agite del momento. Lo tocó/lo meneó en su boca/atravesé su garganta/hacía gárgaras/ algo no iba bien, todo estaba bien/algo no iba bien, todo estaba bien/algo no iba bien, todo estaba bien/ ¡algo no iba bien, todo estaba bien!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/TRACK TRACK/TRACK/TRACK/PAM/PAM/PAM/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡AJJJ!/

TRRRRRRRRRRRAJJ/Despierta, Blanca-nieves/¿Pero qué putas?/Devuelta a la realidad.

-¿Qué pasó?- pregunté a la señora de al lado. Tenía unos treinta y dos años. Vestía un lindo vestido rosado, muy escotado, que respingaba su busto y lo dejaba a la merced de mis hambrientos y juveniles ojos.

– Nos estrellamos…-contestó, viendo hacia delante, como si buscase una explicación.-No sé bien…el bus se movió, yo iba medio dormida, no me fijé bien.

-Mierda…-.

Al fondo, el conductor intentaba calmar a la gente. Mencionaba algo referente al embrague, un problema con el freno. Al parecer estábamos vivos de milagro. Al parecer el transporte público es un asco y si te duermes, mueres. Agitaba sus brazos, los movía con furia, intentando darse a entender ante una turba de oficinistas sudorosos y estudiantes dormidos. Eran las siete de la noche, y Bogotá no duerme…fallece, pero no duerme. El agua caía sobre las ventanas, golpeando con fuerza, intentando hallar su lugar entre la multitud. La gente lo impedía, cerraba con furia. Casi con asco.

-¡Uff! Esto como que va para largo- exclamé.

– Sí…bueno, menos mal estamos vivos- contestó la mujer del vestido rosado. Sus senos ya empezaban a escurrirse, a volverse agua. Leves brotes se asomaban, su brassier se tornaba molesto. Lo intuí por los intentos fallidos por hacer de sus manos el abanico preciso para aquel monte.

-Bueno, sí…como sea-.

Aquello fue como una felación. Un puto Cuni Linguis. Una invitación al show del blanco y tierno culo de Juan Gónzalez, sobreviviente de uno de los tantos accidentes de tránsito que se eyaculan sobre las calles. Como si la ciudad tuviese vida, las calles reclamaban su lugar en el gran pastel del Jet-set, erigiéndose como divas de los más incipientes estragos en torno a la movilidad. Ya me las imaginaba yo:

-¡Cuarenta y cinco! ¡Cuarenta y cinco!-.

– ¿Qué fue, Séptima?-.

-¡Hoy un par de borrachos se mataron en un carro!-.

-¿Ahh si?-.

-Sí, iban como a 150 km/h… ¡Los vieras saltar!-.

– ¿Se te vinieron en la cara?-.

-¡Sí! ¡Sí! ¡Hirviendo sobre mi cara!-.

– ¡Ahhh Séptima! ¡Afortunada tú, que aún recibes sangre en la boca!-.

Mi cabeza era un juego de ajedrez en el que los peones empezaban a masturbarse sobre la reina, pretendiendo el rey hallar consuelo en su último fiel lacayo: la cordura. Como si importara, la sangre se estallaba contra mi cráneo  y de los pensamientos difusos sobre el sexo callejero, volví a la señora del vestido rosado, que no paraba de decir estupideces.

-¡Es que con este clima no se puede andar tan rápido!- Gritaba, sumida en la más profunda indignación.

-Sí…bueno. igual es complicado mover toda una ciudad como Bogotá en estos buses- Contesté, viendo como cada vez más gente se amontonaba en torno al conductor.

-¡Berraco sistema masivo! ¡Aquí nos quieren es matar!- Rezongaba mi acompañante, tornando su rostro en todas las direcciones. La gente respondía “¡Si! ¡Carajo! ¡Esto es un asco!” y cosas del estilo. De repente, un nuevo bus llegó y una rubia de chaleco amarillo dijo por un megáfono: “Atención, atención. Ya llegó el nuevo transporte. Se habilitarán las cuatro salidas del automotor, para que todos puedan ingresar de forma tranquila”.

Al abrirse las puertas, la turba enfureció y en torno a un primitivo grito de guerra, corrieron contra el otro bus, aplastando lo que fuese en el camino. Todos querían llegar a casa. Seguían vivos, y en la ciudad llovía…nadie quería mojarse. Todos preferían morirse antes que estar mojados. Ojalá nunca contagiarse de gripa.

Como siempre, llegar al apartamento era un suplicio. No encontraba las llaves (a pesar de estar siempre en el bolsillo izquierdo del jean) y en la nevera no había más que una botella de aguardiente y un par de cervezas. Quería comer algo…el aguardiente sabía rancio, y ya empezaba a extrañar alimento diferente al arroz.

Me senté en la cama, y como si nada, una mancha negra se perdía en el techo. Extraviada, llamaba un rojo, un rosado. Rojo/Negro/Rosado. El ciclo no se interrumpía. Al verlo, sentí unas ganas irresistibles de clavarme una paja. “¿Pero qué mierda?” pensé, mientras me desabotonaba el jean. La agité con furia. Un orgasmo pluricolor se deslizaba en torno a los rezagos del mejor polvo que había tenido en mi vida. El labial se le corría, el vestido se rompía con ira, la mujer quedaba desnuda…y la secuencia se seguía.

AJJJ/MIERDA/Pensamientos antes de morir en batalla.

Me quedé un buen rato, absorto. Me detuve en una mosca que se zarandeaba por la ventana, hasta que el teléfono sonó…y sonó, y de la negra madera de la mesa se desprendían aquellas ráfagas de inhumano llamado. Contesté.

– ¿Hola?-.

-¿Sí?- respondió una voz femenina.- Mire, le habla Gloria Sanabria, del apartamento 205. Lo llamaba para preguntarle si era usted el que había estado poniendo esa música “metálica” a todo volumen-.

– No…yo acabo de llegar- Repliqué, intentando calmar un leve dolor de cabeza que se avecinaba.

– Mire, joven…ehh-.

– Juan, señora-.

-Mire, Juan. No sé si sepa, pero todo el edificio me ha puesto repetidamente quejas a mí, LA ADMINISTRADORA, de la bulla que hay en su apartamento todo el día-.

-Señora, yo no he estado hoy…-.

– Mire, mire joven. A mí no me vea la cara, todos sabemos que usted es el único que escucha esa música metálica…nada más esas camisetas de calaveras, ¡Del diablo!-.

-Pero si no estuve hoy…-Contesté, presionándome con los dedos los ojos. La sangre parecía querer salírseme del cuerpo, y aquella vieja gritaba más que Phil Anselmo luego de Pantera.- Además, la camisa esa es de Iron Maiden.. no de-.

– ¿No de qué? ¿Del diablo? Esos Biron Mayden son satánicos…¡QUITE LA MÚSICA!-.

-¡Mire, mire, VIEJA HIJUEPUTA, que su marido no le rompa el culo todas las noches y que el redoblante de mis putas canciones le recuerde una pelvis azotándole el orto, no es mi problema…¿ENTIENDE? ¡ENTIENDE, HIJUEPUTA!- Grité, presionándome con más fuerza los ojos.-¡ME ENTIENDE, MALPARIDA! ¡AHORA NO GRITA, EH, PERRA DE MIERDA!-.

Tun/Tun/Tun/El sonido de la franqueza.

Me hice otra paja. El mundo era un lugar mejor. La sábana estaba roja. La luna negra. El televisor rosado. Me bebí una cerveza. Apreté mis pupilas. Ya mañana sería otro día, y de seguro, los recuerdos de hoy se borrarían. Ojalá…no.

Llueve

gato37

Llueve
Afuera la gente se muere
Los perros lloran, los ladrones se esconden
Los enfermos se clavan tres pajas
Yo soy la mierda de siempre.

Llueve, el mundo no puede ser un lugar peor
El mundo es la mierda que se mueve a todas partes
Como un pulpo, un gran consolador
Uno que vibra y se quiebra en pedazos
Uno que nunca nos tira un puto orgasmo
Vida de mierda, ¿Cuándo me tirarás una mano?
¿Cuándo una satisfacción?
¿Cuándo una puta paja, que calme la desazón?

Llueve, en sus casas los muertos gimen de gozo
Se retuercen en sus camas, el frío no es más que otro aliento incoloro
Sus vidas se destilan en blancos y azules, en trabajos aburridos y polvos mal dados
En un despertador que truena a las 6 AM, en un desayuno a las 6:30
Un bus a las 7, una rubia sin piernas a las 7:30
Una puteada a las 8, el sonidos del jefe revolcando sus propios demonios
5:00 PM, has vuelto a la vida
5:00 PM, el ciego encuentra la salida, llega a su casa, se clava tres pajas
Prende el noticiero, come un sandwich, se mira a los ojos,
El espejo miente, los muertos tienen mejillas coloradas
Los muertos pesan 120 kilos, se quitan el maquillaje: rubor, pestañas
Los muertos usan traje, también corbata
Los muertos usan loción, los muertos ven Friends y uno que otro Fuck-Show,
Los muertos son iguales, la muerte es un don
La muerte es el regalo de la tierra, el embrión de ningún Dios
La muerte es el descanso, placebo contra el “alrededor”
La muerte es estar vivo sin tener control
La muerte es estar tranquilo, cuando todo está jodido
La muerte es pagar a un banco para que decida nuestra puta suerte
Muertos viven, muerto soy
¿Qué carajo me queda en el congelador?

¿Qué factura queda, que chute me queda?
¿Qué programa hay, cuál es el nuevo profeta de la realidad?
¿Messi, Cr7, la de las tetas, la película sin mirar?
¿Cuándo será que me tocará?

Llueve, y yo soy la mierda de siempre
Afuera la tierra sigue su curso, el movimiento indecente
Tira para abajo, para arriba
Afuera un perro se mea en una esquina
Escampa, los violadores salen
Los ladrones comen una empanada, toman un café
Y yo estoy en la casa, veo la T.V
Películas de los 80’s, ¡una mierda para hacer!
Escribo esta mierda, un poema quebrado
Me toco un testículo
“Mierda…ya estás vivo” pienso al verme en el espejo
Bajo la cremallera
Izo mi bandera, calor que rompe el silencio
Me agito con la noche,
Soy uno con el mundo:
Afuera escampa, adentro el agua lava, quema, huele amarga
TRACK/¡AHHH MIERDA!
Una sábana mojada a los veintidós
Poema sincero,
La mierda de siempre pero con otro color.

4:00 AM, WELCOME TO THE HELL…

El escritor…

Ralph Wickerman desgastaba su esfero Parker contra la hoja. La tinta brotaba de forma casi subliminal y una sonrisa se dibujaba de manera despiadada en su rostro. Desde que había ganado el Nobel su literatura estaba en alza y cualquier estupidez que pusiera sobre el papel se vendería como pan caliente. Era rico, y aquello lo motivaba mucho más que cualquier crítica o buen comentario sobre sus libros.

– Amor… está saliendo muy bueno, ¿te lo leo?- preguntó mientras se rascaba la entrepierna.

– Claro corazón…- contestó Laurie mientras prendía la TV de manera despreocupada.

– “Sonata de media noche/Polvo de madrugada /Eres una puta /Que vives arrastrada.”- Recitaba con soltura, en medio de aquel cuarto atestado de premios polvorientos.

– ¡Genuino, magnífico!, ¡eres el mejor Nobel de todos cariño!- gimió Laurie, mientras Ralph se desabotonaba la bragueta de manera súbita.

– Nos dará mucho dinero, que es lo que vale- contestó mientras su mano temblorosa luchaba contra un cierre que parecía no ceder ante sus impulsos.

Sabía lo que vendría. Era lo de siempre. Ralph se excitaba con sólo escucharse narrar cualquier mierda.  Desde que había ganado el premio, su vida se resumía a “columnas” escritas para el New York Times, que en realidad eran trabajos que sus alumnos realizaban para la clase. “Algún día llegarán lejos…y yo los nombraré como genios. Todo tiene su costo, chicos” respondía cada vez que alguno lo increpaba por la falta de crédito en la publicación de su trabajo.

Aquello le daba buen dinero, aparte de los libros que anualmente sacaba. Su buen amigo Steven Queen le enseñó la técnica: ” Colega… te emborrachas, escribes una mierda, consigues un personaje pseudo-misterioso, te masturbas, te pagas una puta, y luego se lo das a un editor para que alguien más lo redacte” fueron las sabias palabras de su amigo y mentor.

– Y, ¿qué me dices del vodka Steven?- preguntó mientras levantaba su copa aquella tarde del 22 de abril del 2005, cuando apenas había ganado el Pullitzer.

– El vodka es insustituible. Te lo tragas de un sorbo antes de llamar a la puta. No lo olvides, cabrón-.

Al prender la tv, Laurie había colocado Fix. En la pantalla, Bart Simpson se masturbaba mientras Homero rodaba por las escaleras atiborrado de cerveza. Marge le daba unos pesos a Maggie para que no dejara entrar más de un “cliente” a su cuarto mientras Lisa se dedicaba a filmar dos caballos en el jardín. “Será un éxito, papá” le decía a Homero mientras este vomitaba en el jardín luego de la caída.

Aquello lo excitaba aún más. No podía parar. El mundo confabulaba para mostrarle lo mejor de sí, atiborrarlo de lujuria y atormentarlo con eyaculaciones en cada escena que la caja maldita le mostrara en forma de canal. Fotogramas que se deslizaban a la velocidad de un orgasmo cayendo sobre el rostro de Avah Devine. Demasiada humanidad junta.

– Esto es como decía Nietzsche amor… “Humano, demasiado humano”- Croaban aquellos 110 kilos de purulenta grasa escribana.

– Ah… ¡Ah, Ah, Dale, sigue, no pares, Aww Ralph! ¡ERES UN TORO AHH!- gemía Laurie, aquella mujer de de cabello castaño ondulado y ojos azules.

– ¿Cuánto duramos?- indagó Ralph, desesperado mientras se ponía el jean. Le preocupaba la cantidad de orgasmos que producía en aquel abismal tiempo.

– Minuto y medio…- suspiró Laurie, intentando ocultar las lágrimas que se asomaban en sus ojos.

– Estamos sobre la media…esta vez fue brutal, amor-.

– Claro, si…claro-.

Siempre era lo mismo. Laurie se iría a la cocina y Ralph seguiría con su escritura. Igual no importaba, lo que valía la pena era el dinero y se tenía a montones. Su cuenta bancaria era como un pene que buscaba implosionar por la gran cantidad de esperma acumulada: de nada servía tener tanto.

De repente, un chillido destruía su concentración que confluía en el televisor y su poesía. Ralph se escarbaba los bolsillos de manera estrepitosa,  “mierda, hace días que no encuentro ese puto celular…” pensaba mientras su mirada se deslizaba por cada uno de los rincones plagados de premios que habían en aquel cuarto.

6:00 AM, Bogotá-Colombia.

“Mierda…” pensó Rafael al ver como sus dedos se perdían intentando encontrar el despertador.

-Otra vez a ese puto trabajo, ¡carajo!- exclamó a la vez que buscaba una corbata en el cajón de las bragas de su esposa. -Mierda…Laura, ¡que las corbatas son el cajón derecho, mierda!- gritó al compás de un pene que buscaba romper la ya templada tela de su pijama de rayas.

– Cállate Rafael, tu no sirves para nada…- Contestó Laura mientras sus ojos se deslizaban por un libro de Steven Queen.

– ¿Otra vez leyendo esa mierda?, ¡consigue un trabajo, que no hay para pagar la luz!- dijo Rafael mientras se afeitaba.

– No… ya quisieras tu poder ser Queen. Es un genio, un verdadero gladiador del siglo XXI. Hace lo que le gusta, y gana dinero… no como tu-.

– ¿ Qué quieres decir?- preguntó Rafael desde la taza del inodoro. Sus palabras salían al compás de unos aullidos que redoblaban desde lo más profundo de sus nalgas.

– Nada… nada.-.

– Mierda, yo sólo sé que tendré mucho dinero- Exclamó antes de entrar en la ducha. “Si escribir da, valdría la pena intentarlo…con eso salimos de esta situación de mierda” pensó mientras se masturbaba, como cualquier otra de esas mañanas sin gracia en las que la lluvia parecía querer quebrar las ventanas de su ya embargada casa.