Lo real fue recuerdo. Otra botella de Jack.

– ¿Para qué mierda viniste si no haremos nada?- le pregunté mientras se acomodaba el brassier y las bragas.- Sabes que me emputa quedar iniciado…-.

– ¡Ah, fue tu culpa!, medio te toco y ya estás desabotonándote el jean… es como cuestión de calmarse- contestó aquella de ojos claros y piel nívea. Sus ojos se turnaban entre el azul y el verde con cada cambio de ánimo intempestivo que surgía del momento.

– ¡JUEPUTA, SI LO TOCAS ASÍ SEA MÁNDATELO A LA BOCA!- Gritó un imbécil que intentaba controlar una erección entre su furia.

– Ya…está bien. Siempre es lo mismo, sólo quieres sexo y ya- Decía tras dar varias caladas al cigarrillo. La habitación se hacía más pequeña tras el humo que parecía consumirlo todo. Sus ojos estaban extraviados, ausentes, lejanos.

Todo se había ido a la mierda, y el lo sabía.

Desde hacía varios días que nadie entendía muy bien lo que ocurría. La relación se suscribía a la costumbre y no parecía que ninguno de los dos estuviese inconforme con ello. De hecho, hasta hace unas dos semanas ambos parecían estar bastante contentos, tanto que sus cuerpos destilaban sexo y faltaba el tiempo para suplir los momentos. Ni Luisa ni Javier lo entendían muy bien. Pero era lo que había.

Aquel día habían decidido pasar una tarde juntos y conversar algunas cuestiones que parecían estar jodiendo la relación. Monotonía, distancia, lazos estropeados por el devenir del tiempo, etc. Tan sólo se habían dicho excusas estúpidas que ninguno iba a aceptar por su misma falta de coherencia. No era esa mierda y ambos lo sabían.

– Amor… ¿tú sabes que te amo, no?- preguntó Luisa.

– A veces pareciera que no- Contestó Javier mientras se abotonaba la bragueta.

– Es que no entiendes… todo estaba muy bien, pero de un momento a otro ya no me siento yo misma, pareciera que Luisa Correa se hubiese ido muy lejos y que ahora sólo quedase una extraña- Dijo tras un sorbo a la cerveza. Sus manos temblaban un poco, algo inquietas.

Paj/Shhh/El sonido de las latas al caer. 

– ¡MIERDA, LA CERVEZA!-.

– Disculpa… no ando pendiente. ¿Si ves?, es lo que te decía-.

– ¿Ahh?-.

– ¡POR ESO TE DIGO, NECESITO UN HOMBRE QUE ME ESCUCHE, QUE ME ENTIENDA Y ME VALORE!- Exclamó tras unos ojos verdes que poco a poco se llenaban de un tinte rojizo.

– Jajajajaja, ¡la mierda de siempre!. Tu no necesitas ni mierda, ¡ni siquiera hablas, carajo!. Supuestamente tenías algo que decirme, pero ni eso… al llegar me cogiste como si nada hubiera ocurrido y luego me frenaste cuando te bajé la mano a las bragas. ¡NO ENTIENDO UNA MIERDA!- Gritó mientras tiraba un vaso contra el suelo.

– ¡Si ves! ¡Ya estás gritando otra vez!- Dijo Luisa mientras una lágrima se dibujaba en su rostro.

Javier lo sabía. Todo era mierda/farsa/estupidez/hipocresía. Todo era tan sólo un show que la muy puta había previsto en el camino a su casa. Se notaba, ni siquiera le había tomado mucho tiempo. Todo era forzado, previsible. Bastante empalagoso.

Y entonces decidió perderse un instante en sus pensamientos. La cerveza bajaba espesa por su garganta mientras los recuerdos se dibujaban nuevamente en su memoria, como si fuese una realidad que aún hoy se seguía viviendo.

Diciembre 22 del 2007.

La bella y la bestia se sujetan de la mano mientras caminan por una pista de baile en la que ya no queda nadie. Al parecer todos se habían ido. El imbécil tomaba una botella de vino mientras la puta le recordaba que su traje era blanco y que cualquier mancha sobre el sería fatal. No importaba, eso era tan sólo un anexo de un gran instante. Lo importante era estar allí, sujetar su mano, verla a los ojos y disfrutar de la compañía mientras el licor hacía su efecto.

– ¿Me quieres?…-

-¿Ah? ¿Ah?-.

Septiembre 18 del 2012.

– Ya no me quieres, ¿no?- Preguntó Luisa mientras se acomodaba los pantalones. Estaba de pie y la historia ya necesitaba su desenlace.

– ¿No quieres bailar?- Indagó Javier tras un largo trago de cerveza. De la comisura de sus labios se escapaba una pequeña baba que ya empezaba a coger espesura.

– Ya estás borracho otra vez…-

1, 2, 3 pasos. 3 campanas. 2 Instantes.

– Adios, Javier…Espero seas feliz-.

– ¡Pero si aún nos queda el amanecer! ¡Mierda!…-.

La puerta se cerró. Nuevamente estaba allí, solo, perdido entre los recuerdos. Ya no había con quien bailar. Tomó otro sorbo de cerveza y decidió esperar.

“Tal vez en algún momento nos volvamos a encontrar” pensó mientras se servía un trago de whiskey. Lo odiaba, pero no le quedaba nada más. La odiaba, pero la necesitaba para continuar. Al final sólo tenía aquella botella de Jack.

Steeling is my business

La invención de mi mismo consistía en estar encerrado y arrancar pedazos de periódico en los que estuviese. Hace ya un año que me encontraba allí, viviendo de los ahorros que había hecho luego de tocar el salón de la fama del Hard Rock o eso decían. Sin embargo, aún no discernía muy bien quién era quién: si el individuo que recortaba o aquel que había llenado todos los bares del Sunset Strip hasta Wembley.

“Steeling is my business alcanza grammy en la categoría de mejor agrupación en vivo” rezaban varios periódicos de hace 10 años. Allí había un tipo de unos dos metros que se retorcía tras un trípode y que parecía estar gritando a todo pulmón. Detrás una banda lo acompañaba y las luces parecían subsumirlo todo.

“Fuck Off! alcanza #1 en ventas a nivel mundial. (Reuters). La agrupación liderada por Jani Puss-y alcanza el infierno y más allá. Tras conseguir el éxito con sus anteriores discos ( Pussyholic, Just Suck it, Lick it till it bleed y Huge cock and small gyna), los californianos se asoman con un trabajo que ya deja mucho de qué hablar…” y así con todo.

Así con absolutamente todo.

Aquel puto Jani Puss-y aparecía en todas partes. En videos, en recortes, en revistas, en condones, consoladores, vibradores, penes, etc. En todas partes. Y yo no entendía. No sabía en qué momento William Kennedy se había convertido en aquel engendro de pantalón raído y camiseta deshilachada. Sin embargo, varios parecían comprender la situación… o eso decían.

Una tarde de noviembre le pregunté a un tal “representante” acerca de lo que había sucedido. Al principio, el cabrón se mantuvo en silencio y profirió pocas palabras. Eso hasta que saqué mi Colt y se lo atravesé en toda la puta garganta. De su boca salía saliva espesa y cargada en conjunción con unos quejidos que se asimilaban a una puta tragando de más.

Cosas que pasan con un falo en la boca. Sea de metal o de carne.

– Tranquilo Jani… ¡mierda colega, somos como hermanos!- exclamó mientras las lágrimas atravesaban su rostro.

– ¡DIME LO QUE QUIERO, HIJO DE PUTA!-.

– ¡Nada, tranquilo, de verdad, calma, tranquilo, no la cagues hermano!- gemía mientras mis dedos se deslizaban por el seguro.

– ¡O ME DICES O TE VUELO!- dije mientras me mandaba una botella de Jack Daniels de un sorbo. Nada como una de esas cuando necesitas tomar una decisión trascendental, o al menos cuando se requiere de mayor sensibilidad.

– ¡ POR FAVOR POR FAVOR PARA PARA, TE DIRÉ MIERDA, TE DIRÉ PERO BAJA ESA MIERDA!- gritó mientras sus pantalones se bañaban en un líquido amarillo de diminuta procedencia. Lo digo porque ni a las putas alcanzaba a satisfacer.

– Está bien…- mencioné mientras sacaba lentamente el cañón de su boca- ¡Mierda, lo llenaste de baba, hijo de perra!- dije al tiempo que buscaba un pañuelo para limpiarlo.

– Tranquilo Jani… mira, la cosa es que estás jodido hermano-.

– ¿Cómo es eso?- bufé tras un buen sorbo de Jack- Y aléjate que hueles a miados, maricón.-

– Estuviste en la clínica, en el sanatorio. En todas partes hermano. Nadie pudo ayudarte, olvidaste todo-.

– No entiendo hermano… ¿Por qué putas aparezco en todas partes?- dije mientras sentía el temblor en las piernas- No entiendes. Nadie, mierda. No sabes qué es salir de tu casa y ser acosado por mil hijos de perra que quieren un autógrafo de alguien que no reconoces. Peor aún cuando quieren una estrofa de una canción que supuestamente tu compusiste…-

– No digo que pueda entenderte, pero debe ser jodido…-.

-¿Jodido?, ¡NO ENTIENDO UN CARAJO, PERRA VIDA!- Grité.

Traj/Crick/Crujj. El sonido de las balas al salir. El sonido de las cosas al caer.

-TRANQUILO, CALMA, ESTÁ BIEN ESTÁ BIEN, NO DIRÉ NADA INAPROPIADO, HARÉ LO QUE QUIERAS, CALMA CALMA- gritaba mientras se escondía tras un sillón de cuero de vaca. Aquello siempre me había disgustado, esa capacidad para usar Armani y luego sentarse sobre cuero parchudo.

La clase en vía de extinción.

– Quita ese sillón- eructé tras un largo sorbo de Bourbon. El Jack ya me había fastidiado.

– ¿Cómo?- exclamó mientras se echaba una bendición.

– ¡QUE QUITES EL PUTO SILLÓN, LÁNZALO POR LA VENTANA O ALGUNA MIERDA!-.

Track/Trick/¡AHH!. El sonido de los sueños concedidos.

– Y deja de chillar, Steve. Ya sabes qué quiero, ¡puta vida!-.

– ¿Qué quieres?- preguntó tras unos  ojos se clavaban de forma extraña en mi rostro.

– Un concierto con Iron Maiden. Ya sabes, una gira de verdad. También con Poison y Warrant. ¡Una buena!, que ya hace tiempo que salgo con puras mierdas emo. ¡Ah!, también unas putas. Rubias, tetonas. Como me gustan, colega-.

– ¿Ahh?-.

– ¿No entendiste?, ¡nos vamos de gira, mierda!- dije mientras mis manos se deslizaban por el pantalón. La cremallera se abrió con tal furia que sólo pude mandarme otro trago.- ¡Steeling is my business necesita salir y romper nuevamente todo el mundo!-.

– Mierda… está bien. Pero… ¿No recuerdas nada de hace un rato?- preguntó tras unos ojos que indagaban con furia. Algo había pasado y yo no recordaba. Debía ser la maldita borrachera. La garganta me ardía y en mi estómago sentía los movimientos propios de un vómito en proceso.

Long Live to Rock n Roll.

– Nada, los rockeros no nacimos para recordar. Prepara la gira y consigue licor- exclamé tras observar aquel desorden- ¡Jooo! ¡La hicimos grande! ¡JAJAJAJA! ¡ Por fin tiraste ese puto sofá, hermano!. ¿Y ese Colt? ¡JAJAJAJA NOS LA RIFAMOS!-.

– Jeje…si, fue un festín. Como en los 70’s. Y bueno…ese Colt es tan sólo un juguete sin balas. Ya sabes, para mantener a la gente calmada…- exclamó con cierto aire sospechoso.

Sabía lo que tenía que hacer.

-Jajaja, con la vida no se juega. Bueno, sólo si ya dejaste tu huella…   y yo dejé una gran alcantarilla rebosante de mierda hecha platino-.

Cerré los ojos. Respiré. Apreté el gatillo. Y ahora un tal Jesucristo me dice que todos los Rockeros van al infierno. ¡Ja!, ¡como si me ya no me hubiese orinado en el puto cielo!.