La minoría sin cuerda.

Dante - La Divina Comedia - Canto VI - Doré - Descontexto-2

Ya ni beber
Puedo.

La única bondad
Que tenía
El infierno
Era la botella
Y el hígado
No la aguanta.

Veintidós años
Que se extinguen
Con cada día
Tras cada paso
Y el segundero
Que sonreía
Al final del día
Era la botella.

No pienso dejarla
Nunca dejaré
De beber
Es necesario
Para vivir
Hay que destruir
La cordura
Que condena
A la locura.

Los locos son más
Es toda esa gente
Alegre
Feliz
Que lo tiene todo
Porque siempre
Ha querido
Poco.

Los locos son todos esos que
Tras el día
Miran al cielo
y le rezan al padre
Comulgan
Viven el calvario
Y le rezan al ángel
Para que Salve
Las pajas nocturnas
Los deseos de muerte
Que transcurren
El día.

Los locos son esos que
Golpean
Insultan
Y le dicen al resto
Que sus vidas
Están llamadas
Al fracaso
Por no marchar
Por donde todos
Sus amigos
Van.

La locura es pagar un impuesto
Y pretender sentirse bien
Con ello,
Loco es aquel que piensa
Que del beneficio
Individual
Al social
Hay sólo un banco.

Locura es levantarse a las cinco
Prender la radio
Bañarse dormido
Cagar sin ganas
Cocinar unos huevos
Tragar
Tragar
Al ritmo del noticiero
Y salir
A trabajar.

Los locos son tan nobles
Tan pacíficos
Que en su vida
Miran a los otros
Que ellos llaman “locos”
Con un odio
Tan visceral
Como el de Jesucristo
A los egipcios.

Los locos son resentidos
Porque siempre
Han creído poco
En ellos mismos.
Los locos están enfermos:
El amor es promesa
Y la vida
Es infierno.
Están tan locos que creen
Que ser soldado
Es mejor que burlarse
De todo este circo
Inhumano.

Los locos besan a sus hijos
Antes de dejarlos
En los centros de autoayuda
Del nuevo siglo;
Los locos quieren colegios
Cristianos
Para que sus hijos
Sean un poco menos
Paganos
Y sean más dóciles,
Tiernas almas
De rebaño.

Y entonces
Cuando ya el hígado
No aguanta
La botella
Los locos me dicen
“Ya puedes ser nuestro”
¡Ya puedes ser uno!
Y yo
Sólo pienso
Que así me muera
En el intento
Beberé
Hasta que el alma
Estalle
Y las pajas
No me calmen.

Beberé
Porque vivir
De otra forma
No es sincero
Porque aguantar
Sin resignar
Es cosa
De esos que
Se dicen “cuerdos”
Y lo único que sé
Es que para estar
Así
Tiene que estar uno
Atado
A la miseria.

Moriré borracho
Así el médico
Prefiera el
Sanatorio.
Moriré borracho
Porque ustedes
Están cansados
Y yo aún
Estoy muy joven.

Moriré borracho
Porque de otra manera
No sonrío
Y sin Baco
No lloro
Con las mismas ganas.

Moriré borracho
Mientras la civilización
Sucumbe
A sus Dioses
Y el paraíso
No tiene las tetas
Ni los culos
Que el infierno
Me propone.

Sé que me van a envidiar
Yo soy ese que marcha
Quemando las flores,
Meándose
En sus cementerios.

Sé que me van a envidiar
Lo sé
Y por eso
Me distraigo
Caminando al revés.

Sé que me van a envidiar
Mientras los perros
Aúllan
En mi infierno
Personal.

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¿Qué pasó ayer?

vómito

Desperté
Olía
A mierda
Mucha mierda
Con nachos
Y un poco
De fríjoles
Rancios
¿Qué mierda
Pasó ayer?

Desperté
Los rayos
Retumbaban
En la cara
Y todo
Parecía
Estar bien
Y
¿Quién
Mierda
Me dice
Qué
Pasó
Ayer?

El baño
Parece
El sanatorio
Del estómago
Y
El vómito
El retrato
De la vida
Inexacto
Degradado
Siempre
Despreciado
Como un Bacon
Rasgos
Maltratados.

Y entonces
Mientras
El olor
Me agarra
Vomito
Homenaje
A la desgracia
Y pienso
¿Qué pasó ayer?

Y sonrío
Y creo
Que todo
Estuvo muy bien
Y que
Tal vez
Por un
Momento
Fui feliz.

Y entonces
Vuelvo
A la realidad
Y pienso
Que hay que trapear
Y que
Tal vez
Si terminé así
No fui tan feliz
Y los meados
Se asoman
En la esquina
Y pienso
Que el recuadro
Es
El reflejo
Del enfermo.

Sonrío
Sonrío
Sonrío
Sonrío
Hay tiempo
Para el lamento
Y aún
Estoy vivo.

Bajo otra botella
La vida es el infierno
Y la soledad
Su principal
cimiento.

En un pueblo cualquiera…

PAISAJE DE NEIVA

“En un país donde mandan los cerdos, todos los cerdos suben rápido… y los demás vamos jodidos, si no somos capaces de coordinar nuestras acciones: no necesariamente para Ganar, sino más que nada para no Perder del todo. Nos lo debemos a nosotros mismos, y a esa tullida imagen que tenemos de nosotros como algo mejor que una nación de ovejas aterradas… pero, sobre todo, se lo debemos a nuestros hijos, que tendrán que vivir con nuestra derrota y todas sus consecuencias a largo plazo”
 
Hunter S. Thompson.

En un pueblo cualquiera, azotado por el bramido de cuarenta y cinco grados centígrados sobre los rostros de sus habitantes, Infierno González caminaba. En su recorrido, guturales aullidos brotaban de su boca, conjugados con un olor a queso rancio y fríjoles descompuestos.

–          ¡Pueblo que Niebla! ¡Llegó su salvadora!- gritaba, extraviada, con los ojos en franca posesión lunática.

Nadie salía. El sol era tal que la gente prefería revolcarse en sus cuartos, bajo el aullido de los aires acondicionados. Sólo unas pocas señoras incautas, que en ese momento regaban las plantas de sus antejardines, se fijaron en el espectáculo. Ellas y don José, oriundo de la ciudad y tendero de confianza de toda la población.

-¡Pueblo que Niebla! ¡He venido a acabar este infortunio!- sollozaba, mientras algunas lágrimas de sangre (que luego se descubriría que eran de salsa de tomate diluida) brotaban de su rostro-  ¡Es momento de que veamos nuevamente la luz del sol!-.

– ¿A qué se refiere, Infiernito?- preguntó Doña Mantenida, mientras acariciaba su girasol favorito.

– ¡Doña Mantenida! ¡La niebla nos está matando! ¡La niebla y la lluvia!- gimió aquella, mientras un leve sudor se empezaba a asomar por sus axilas.

– Pero Infiernito, hija, si aquí nunca llueve…-contestó dicha señora, mientras conectaba su manguera al grifo- mire mijita, ya ni siquiera sale agua de la llave-.

– ¡Entonces, aparte de quitar la niebla y la lluvia, removeré el sol…y daré agua a toda la población, de este pueblo que niebla, y que todo hasta aquí me dio!- contestó aquella, sonriendo y mirando en todas las direcciones. Las señoras, amas de casa en su mayoría, celebraron con gritos de júbilo las propuestas de su vecina.

Y así siguió. Fue pasando por todas las calles de la ciudad, y a cada quién, como buena mesías, le prometía la salvación. A don Julio y demás cultivadores de arroz, les propuso eliminar las plagas que asolaban sus cultivos y triplicar las ganancias recibidas. A Don Julián Tavera, ingeniero de discutida reputación, le propuso adjudicarle todos los contratos que surgieran en su gobierno, a cambio de una pequeña contraprestación que se usaría, decía aquella tras varias risas y unos buenos pedos bucales, “en el mantenimiento de mi boca. Ya sabe, los políticos hablamos mierda, pero tampoco podemos destilarla”. Y así con todos. A los niños daba dulces, al resto de políticos de la ciudad algunas dádivas, que variaban dependiendo del caso. Eso sí, nadie perdía…

Nadie, excepto la ciudad, perdía.

Y así quedó electa. Tras un festín de lechona, aguardiente, ladrillos, prostitutas, Infierno González sería congraciada por la ciudad como gobernante in detrimento vitalicio. Como buena abogada que era, en su discurso fue enfática:

“Hasta que no logre arreglar mi problema bucal, no hablaré…estaré callada, meditando los millones de dólares que rob/usaré en el progreso de la ciudad. Pueblo que Niebla, erradicaré, no sólo la lluvia, también el río, las praderas, los cultivos de arroz, las obras públicas, el sol, la dicha, los niños, la educación. Si me proponen traer un mar, tampoco lo dejaré. En este pueblo nadie merece nada, excepto verme a mí…cagando plata”.

Todos aplaudían. El aguardiente hacía efecto, y de los rostros de los habitantes  del pueblo surgía una sonrisa perdida que, en conjunto con unos ojos brillantes y desviados, conjuraba el advenimiento del nuevo mesías. Los pocos sobrios, un poco confusos por las palabras de la indignataria, intentaban hacer sentir su descontento, más las prostitutas los callaban con profundos besos que terminaban en lengüetazos directo a los cuellos. Pronto, se les veía confusos, aturdidos, con el labial escurrido por toda la cara y con pequeñas cortaduras en la garganta, de donde un manantial de sangre brotaba. Infierno al ver aquella digna oportunidad económica, postró a dos de sus lacayos (reconocidos periodistas del lugar) a que colocasen baldes bajo las gargantas, a fin de luego vender la sangre.

“Todo vale, mis amigos. Todo vale…y en donde hay un político, hay un negocio” contestaba a sus esbirros.

Y las madres gritaban, y el pueblo rebosante de aguardiente se conjuró en una bella orgía que desató la magia más “opita” de todas: Don Juan con doña Carmelina, luego don Aristóbulo con la mencionada, Carmelina con Adriana, Adriana nuevamente con Juan, Sonia con Evaristo, Evaristo con su hija…y así, en tan magno lazo, el Pueblo que Niebla estrechó sus nexos bajo la hermosa cinta roja de los destellos carnales.

Pero nadie tocaba a Infierno. Los más borrachos (y valientes) lo intentaban, pero su aliento era tal que un dragón de Komodo era un principiante en términos de descomposición bucal.  Aquella, en su desespero, intentó pagarle a las prostitutas para que la besasen, pero aquellas, confundidas por la anterior orden de desangrar a los sobrios, se vieron escasas, y valga aclarar, poco entusiastas con la idea. Infierno, desesperada, introdujo sus viscosos dedos bajo la falda, y gritó:

-Pueblo que Niebla, les he dado todo, les he dado nada. Aquí me tienen, y con estos dos dedos, cierro la velada…ya mañana haré de este cielo un lugar para Infierno-.

Y se fue, rodeada de diez mil escoltas cargados con armas de asalto. Pero, fue allí donde alguien gritó más que todos:

–          ¡Doña Infierno, sepa que aunque Pueblo que Niebla esté sumergido en todo esto, yo aún estoy armado, y dispuesto a defenderme!- gritó Don José, el tendero, con un viejo Colt que había sido de su abuelo.

–          ¡Pero tranquilo, Josesito! ¡Si yo lo que tengo son diez mil motivos para que usted esté conmigo!- dijo Infierno, depositando diez mil billetes de dudosa originalidad en el bolsillo del tendero.

–          ¡A mí no me compra, yo soy un ciudadano de bien!- gritaba el hombre, mientras los escoltas lo amordazaban y le introducían los billetes por su recto.

–          ¡Ya mañana trataremos de “enderezar” un poco mejor las cosas, Josesito!- escupió la gobernante, mientras se alejaba a su mansión en Ciudad Patraña, vecino condado donde los políticos vivían.

Y de repente nevó, y el pueblo calló. A las seis de la mañana el sol salió, y tras varios ladrillos, poco a poco todos vieron que un nuevo gobierno llegó: Infierno era tan sólo otro nombre para denominar a lo que en mi tiempo, se le decía corrupción.

Poema dentro de un cuento: vida.

goya-bellas-artes-bilbao

No sé ustedes
Pero queda un poco menos de licor
Un poco más de risa
Y mantenemos las desdichas
Agendadas para mañana.

No sé ustedes
Pero hoy vivimos
Bajo el anís
Que se cuece lento
Y nos deja un paso más cerca,
Del infierno.

No sé ustedes, pero aquí, más lejos que cerca
Nos conocimos, en la distancia de la palabra
En la cercanía de las resacas
Estamos vivos
En las inmediaciones del cielo
Besando rostros de niños muertos
En lucha intempestiva
Contra la condena de la vida
Vivir contra el tiempo,
Que el verso sea el reverso
De la muerte y este infierno.

 

PD. El cuento es el siguiente: https://navigatorghost.wordpress.com/2012/11/14/del-viernes-y-demas-peliculas-no-vistas/

Rutina.

Me paro de la cama, abro la ventana
En la calle ya no hay nada
Los pájaros se murieron, y sus cadáveres son el abono del cemento
Que lo traga todo.

Voy por un café, que está caliente y no baja
Que quema, que sacude las entrañas
Y en la nevera no hay nada más que un recuerdo
Que se ha colado, y allí duerme en el frío, inmenso.

Inmenso, demasiado cargado
Espeso, de esas mierdas que aún con el tiempo no comprendo
“¿Cuándo me fui? ¿ Por qué permití que todo terminará así?”
Me pregunto mientras salgo, cierro la puerta, machaco la llave contra el candado
Que aquí todos roban, así marchen con los ojos cerrados
Y en la calle no queda mucho, todos están muertos
Caminando bajo el amargo sol que ya no alumbra, que se dedica a incinerar
A sembrar con trajes y corbatas las vidas que ya los sueños dejaron atrás
A llenar de risas imbéciles los rostros de esos cuerpos que aún no conciben su descomposición,

Otros hijos de perra que ya no sienten el dolor.

Y yo, ¿Qué hago?
Nada, tan sólo quejarme
Escribir versos que poco valen
Escupir para adentro
Lamerme las heridas cual perro sin mordida.

Y ya es de noche, y voy llegando
En los buses la gente se está matando
Todos quieren llegar, no importa aguantar un minuto más
Los golpes, el sudor que se cuece rancio tras las ropas
Alientos descompuestos tras pastillas de mentol
¡Puta vida, no hay nada en el congelador!
Y aquí estoy muriendo,
A pesar de mentir, de ver las noticias
De verme enterrado
En cementerios que yacen en el cielo
En los edificios que echan raíces en el infierno

De esta calle de seres descompuestos
Cierro los ojos, mañana estaré un poco más muerto,

¿Qué estaba pensando?
¡A la mierda! ¡Ese no es mi trabajo!

Pensamientos de otro loco en el infierno de neón
Meditación barata en un manicomio sin alcohol.