Abraza la noche

Odilion redon

A Julio Flórez.

Siento la brisa agitando mi cara,
Y, en medio de este sitio,
Las ventanas están cerradas,
No hay indicios de nadie,
Ni la certeza del que aguarda.

Espero.
Espero a que anochezca,
Y su rostro se muestre.
Ya decía Goethe que él
Sólo quería el mal
Pero terminaba
haciendo el bien.

¿Por qué será que abrazo
Su presencia?
¿Qué hará que los ángeles sean esquivos
Y Dios tan precario?
El cielo es una cárcel,
La carcel de los muertos,
Y la carencia de espíritu
La regla de sus huestes:

Nadie grita a la vida el infortunio
De la muerte;
Nadie añora los días pasados
Ni los sueños del poniente;
Todos ríen bajo una ensoñación falsa,
Todos quieren a alguien que no los
Quiere,
Y no se percatan.

Ahora, mientras las persianas cobran vida,
Y su temblor acaricia mi cara,
La carne se agrieta
Esperando su llegada:
Y sé que estará riendo,
Que de su boca lloverá la calma,
Del que vive sembrando flores,
Hortalizas de sueños,
En calles de luces blancas.

Y ya llega,
Y ríe, ríe y su boca es fuego,
Inciera mis temores,
Afirma que la muerte es temprana
Para el que ama.

“He amado la vida
A pesar de mi muerte”, le digo,
“He vivido mucho tiempo
Esperando nada”.

Él ríe. Sabe que yo poco entiendo,
Que mis temores infantiles
Son costras en la piel humana.

Temprana será mi muerte,
A pesar de no ver nada:
“Vivir es estar ciego,
Poco sabe quien transita
El camino que sus pies arrastran”.

Y empiezo a creer que estuvo,
Que ya se ha ido,
La noche gime,
Las estrellas bailan solas,
Y el reflejo de mi mano
Se posa en una lata:
El líquido se esparce
Como un beso en la mañana.

Arde el cielo y tirito de frío,
Sólo sabe el sol
Cuál de todas mis penas
Es la que arrastra.

Vuelvo a reír.

El golem.

Acabemos el mundo,
Que está rancio,
Jodido,
Y sus jardines marchitos.

Sacudamos a su gente,
Que ya sólo son entes,
Y hagamos que corran botellas,
Mares de inconsciencia,
Para ver si volvemos a empezar,
Que todo está muy mal.

Traigamos animales,
Decir a los pájaros que callen y dejen a los perros,
Que los trinos no callan las fábricas,
Y los ladridos son suspiros,

De un amigo que no hemos perdido.

Y luego cuando el silencio se oculte,
Bailando la boñiga sobre nuestras narices,
Diremos “todo tiempo pasado fue mejor”,
Y lamentaremos haber vivido,
Buscaremos un culpable,
Pero nunca nos haremos responsables.

Porque el mundo es de todos,
Aunque pareciera de nadie,
Y como despojos lo construimos,
De barro pero humano,
Tanto que también enferma,
Eructa volcanes y masturba alacranes,
Nos ve a los ojos,
Se deleita con el miedo.

Y nos preguntamos”¿Qué ocurrió?”,
“¿Por qué acabamos así?”,
Cuando al vernos al espejo,
Estar borrachos no basta para resistir.