Amando la soledad

Grosz

Amando la soledad
Encerrado en este cuarto
Perdido entre unos trastos
Que hablan de mí.

Sumergido en todo esto
Con los ojos cansados
De cambiar canales
Y pasar por mi vida
Sin vislumbrar
Señales
Que sirvan de guía.

Amando la soledad
Mientras las escopetas eructan
Y los niños desarman fusiles
Mientras los soldados se multiplican
Y las guerras van y vienen
Mientras las vidas se pierden
Y los impuestos se incrementan
Como si no hubiese sitio
Suficiente
Para tanta gente.

Amando la soledad
Aferrado a ella
Borrando el pasado
Incinerando el presente
No hay futuro,
Sin ella
Y el pasado es tormento
Y el amor son tres pasos
Hacia la botella
Consumido, ya bebido
Sangra el anís
En la garganta
Y me pregunto
¿Dónde se ha ido?

¿Dónde se ha ido?

Y no hay nadie que conteste.

Solo
Solo
Raído
Perdido
Entre la gente
Solo
Mientras los árboles tiran frutos marchitos
Y los perros me muerden por la espalda
Mientras busco una sonrisa en un vaso de agua
Pero esta yace
En una botella de aguardiente
Mientras los sueños se esfuman
En un cigarrillo que se extingue
Sin llegar a nada.

Amando la soledad
Detestando el instante
Volviendo a detestarte
Amando el poder odiarme
Sonriéndole a la muerte
Bebiéndome los escaparates
Perdiendo ante la vida
Jugando a existir.

Amando la soledad
Me inclino hacia la cama
Cierro los ojos
“Ojalá nunca
Llegue mañana”

Apago la luz.

Communication Breakdown.

De vez en cuando me surge una ira que no logro canalizar muy bien. Es más, siempre me pregunto: ¿puede la ira canalizarse? ¿no será otra mentira de otro publicista,  de esos que busca vender unos zapatos a cambio de felicidad? No lo sé, no me queda claro. Pero era allí cuando entendía algunas cuestiones.

Ring/Ring/El sonido de la rabia a punto de esparcirse.

-¿Sí, hola?- pregunté mientras acomodaba unos libros en un estante.

– Hola…¿Cómo estás?- preguntó Lorena, una amiga con la que últimamente tenía un trato algo más intimo de lo normal. Sexo a cambio de felicidad, ¡Blah!.

– Bien ¿y tú?-.

– Aquí cepillándome los dientes…- dijo mientras el cepillo se revolcaba entre sus dientes, tal vez en una orgía con el mugre- ¿No lo recuerdas?-.

– Ahh… ¿te vas al aeropuerto, no?-.

– Sí, ahora llega Javier y lo vamos a esperar…-

-Ahh… bien.

Javier era el novio de su hermana. No lo conozco, tampoco me importa hacerlo. Debe ser un tipo como cualquier otro: imbécil, aburrido. Alguien casi tan parecido a mí que de seguro me daría rabia sólo verlo. Como Dorian ante el espejo, me daría asco concebirme a mí mismo allí parado. Demasiado pretencioso, demasiado seguro de sí mismo, a pesar de temblar en las noches. Demasiado frágil, simplemente repulsivo.

Sin embargo, había una diferencia, o puede que no. Quien sabe, tal vez sea sólo mi maldita pretensión: valiente arrogancia que me lleva a reconocer que soy como cualquier otro pero un poco mejor, sólo por el hecho de saberlo. Sé que soy como todos, ¿acaso no soy mejor?.

No, no lo eres/Puede que sí/Shh, ¡imbécil!/Hazte una paja y deja de joder/Meditaciones sobre la filosofía primera. ¡A que no te la sabías, Descartes!

-¿Ah, estás ahí?- preguntó luego de escupir al lavamanos. Tal vez una baba negra, tal vez una blanca. Tal vez sólo fue un gargajo.

– Sí, perdón… estaba acomodando una cosa aquí- contesté intentando mostrar algo de atención.

-No puedo creer que de verdad te hayan mandado esa carta del trabajo- me dijo con un puto tono de regaño que casi me imaginé de 12 años encerrado en mi cuarto por no hacer las tareas- Ponte serio con eso, no te falta nada para acabar consultorio…-.

Plaj/Trrrr/Shsss/Los aullidos de la mierda saliendo por la boca.

-¡AHH, VIDA HIJA DE PUTA! ¿OTRA CON LA MISMA MIERDA?-.

– Ya…ushh ¡tranquilo! ¡no es para tanto!-.

– Sí claro, no es para tanto. Nada es para tanto. Pero todo el mundo jode, y uno dice que no quiere hablar de esa mierda y todo el mundo pone el dedo en la puta yaga: ¿Fuiste a consultorio? ¿Fuiste al médico? ¿Te hiciste mil pajas? ¿Te salió la esperma roja?. ¡Pero qué putas les importa!- grité, intentando calmarme. Lo necesitaba. No tenía por qué tratarla así. Sabía que ella se preocupaba, que quería ayudarme a resolver mis problemas, pero hay cosas que sólo pueden resolverse a solas, en diálogo con uno mismo.

Cosas que sólo uno las entiende/o destruye.

– ¡Cálmate!…sólo te estaba preguntando por eso. Disculpa, ¡ya sé que te molesta!… pero no es para tanto, no tienes por qué ponerte así. ¡No te puedo decir nada!- dijo con un tono de ira que me supo a mierda. Lo sentí como esos que algunas malditas profieren cuando tienen sexo, buscando que uno cambie de posición pero sin que ellas muevan un puto dedo. Aunque sabía que no era así, al menos no en este caso.

– Hasta luego… hablamos en otro momento-.

– Pero mira, yo sólo quiero ayudarte… ¿Qué puedo hacer para hacerte sentir bien?-exclamó de forma tan dulce que sólo pude atinar a ser sincero.

– Ni mierda…hablamos luego-.

Tun/Tun/Tun/Communication Breakdown. Lo decía Zeppelin, lo decía el tipo del bar.

La pregunta estuvo martillándome un buen rato. “¿Qué puedo hacer para hacerme sentir bien?” “¿Qué putas puedo hacer para no alejar a los que me dan la mano y ser feliz?” me preguntaba mientras sacaba una lata de cerveza de la nevera. Me quedé en ello, sintiendo varios sorbos caer espesos, fríos. Temblé un poco, estaba vivo.

Estaba vivo. 

Mire por la ventana y habían unos niños pateando un balón. A lo lejos, un árbol se mecía con la tranquilidad que está el estar aferrado a tierra. “Ni mierda”, fue lo último que pensé antes de salir a comprar alguna botella. Antes de verme allí bebiendo las respuestas.