Sabía lo que le decía.

edvard_munch-madonna

Le había dedicado varios versos a la noche
A la luna, a las mujeres. A ella, y ya.
Había hablado conmigo mismo,
Sin reproches,
Sin más para lamentar.

Aquí,
Ahora,
Danzando licores
Como luces en la noche.
Esperando a que algo pase,
(lo espero)
Y así sigo
Jugándole al derroche.

Bebo dos tragos,
Sonrío ante ti.

“Todo está bien”
Repites
“Todo está bien”
Me digo,
Mientras tiro la copa
A la boca
Y vuelvo a saborear.

El anís se estruja
Cavila entre las vísceras y la garganta
Añora felicidad.

A eso me dedico
A eso le juego
En estos días
Sin amor
Sin paz

Con una gota
De amistad.

Bebo una copa
Vuelvo a sonreír.

“¿Me quieres?”, pregunto,
Para luego morir.

“¿Me quieres?” repites
Oculto la cara,
Me alejo
Sin ti.

 

 

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Desilusión.

carne y madera

Creí
Creí cuando no tenía nada
Y me fui aferrando a ello.
Creí sin más en la sonrisa
Que veía con los días.

Creí
Creí al ver sus ojos,
Al verme reflejado en ellos
Creí cuando todo estaba oscuro
Y yo estaba muy sobrio,
Cuando la risa se secaba tras los escupitajos
De una noche enlagunada.

Creí, bajo el vodka y el baccardí
Creí tras el aguardiente
Creí bajo la lluvia
Creí mirando al sol
A veces sonriente,
Otras veces,
Con el dolor, entre los dientes.

Creí cuando no tenía nada más
La vi, sí, la vi,
Ahí, alegre
Pendiente de mí.

La vi deslizarse por mi vida
Aferrarse a mi espalda
Besarme las orejas
Y arrancarme la vida
Con cada roce,
Con cada palabra.

La vi, 
Hoy no está aquí.
Si el amor no es estar borracho
Y sentirse satisfecho,
No sé qué es,
Nunca lo sabré.

Si amar no es vomitar para querer besar
Y escupir las cenizas en los orinales,
En las cornisas, de la vida,
Beberse las tristezas y arrancarse los labios
En los cortes de las esquinas,
En los lugares de cuatro paredes,
Cuatro cornisas,
En las celdas de la vida,

No lo sé.

El hombre, como los vasos,
Como las piedras,
Como los pájaros,
Se quiebra,
Estalla,
Relampaguea
Hiede
Duele.

Creeré que esto no fue cierto,
Seguiré bebiendo,
Bebiendo,
Existiendo,
Hasta que los gatos chillen
Y la vida se me acabe.

Hasta que las cicatrices se marquen,
Y el cuerpo no sienta el desgaste.

Hasta que la luna me vea,
Y no se ría,
Antes me tema.
Creeré que se habrá ido,
Y  me compraré otra botella.

No hay tiempo para mí,
Menos para ella.
Miro hacia el suelo,
Queda poco espacio
Entre la carne y la madera.

El café.

Te levantaste,
Pensando que era de mañana,
Y encontraste,
Que la risa no había tocado tu ventana.

Las lagañas,
Te rasgan las entrañas,
Y de tus ojos,
Sólo emanan lágrimas,
Pesadas,
Algunas cansadas.

Tus pies avanzan lentos,
Tropezando,
Alejándose poco a poco de la cama,
Inseguros,
Añorando los días en que tenías calma.

¿ En qué momento la viviste?,
¿ Cuándo te perdiste en su mirada?,
Son esas preguntas,
Las que hoy callas,
En un café instantáneo,
Barato.

Como tu,
Lo que ha sido,
Yace Marchito,
Desahuciado,
Interrogado.

Eres la duda nunca resuelta,
Que te surgió una noche,
Que no dormiste,
Que hubo un sólo reproche,
¿Cuándo te fuiste?,
¿Para dónde y con quién?,
Son las hebras que hilvano,
En un barato café.