El día de la muerte (toda una vida).

George Grosz. To Oskar Panizza

A veces pienso en el día
En el que estaré muerto.
Me los imagino a todos llorando,
Algunos riendo,
Otros mirando directo hacia el suelo.

Recordarán lo bueno que fui,
Dirán que nada fue justo conmigo,
Creerán que nunca hice nada malo,
Obviaran mis errores
Mis pesares,
Creerán en las mentiras
Y rellenarán los vacíos
Con tiernas palabras
Que desconozcan todo ese otro lado,
La belleza de la triste amargura,
El rencor de los días felices.

Me imagino a mi madre abrazando a mi padre,
Me imagino a mi hermano besando la frente
De un cuerpo gélido,
Que lentamente dejará de parecerse a mí.
Imagino a mis amigos,
A los lados,
Pensando en todo lo bueno,
Lo triste,
La pasión y la gloria de una vida,
Los lamentos de algo que ya no está allí.

Los recuerdo a todos;
Y los quiero borrachos.
Espero que así sea.

Mientras la vida termine por morir
Y no quede nada más para lamentar.
Y se haya quedado
Un cuerpo sin nada que sufrir.

He pensado en la muerte
Y no he visto nada más
Que la tristeza del hombre.
He respirado en la herida de la victoria
He querido con resentimiento
He añorado no tener que levantarme
He querido sembrar muerte y recoger vida.

He querido y he odiado lo que he podido,
Y, en los días,
Las caricias se pierden en un rostro
Que busca cariño
Y que no quiere,
Verse del todo perdido.

He pensado en la muerte
He querido no estar aquí,
He odiado mi vida,
He odiado lo que sido,
Me he contentado con palabras transparentes
Que se extravían en el níveo arrullo de la pared.
He extrañado los versos que no he escrito,

He querido ser mejor,
No he querido lo que he sido.

Con todo,
He visto a la muerte,
Y en noches como esta,
La he tenido entre los brazos.
Nos hemos besado,
Nos hemos querido,
No quisimos separarnos.

Pero queda seguir,
A pesar de todo,
Contra la furia de la vida,
Y el silencio de los pasos.

Toda una vida
Que no alcanza a ser vivida
Y que puede anticiparse.

Toda una vida…
Y no hay caminos
Sin luz que calcinen
Las estrellas.

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A pesar del tiempo

2013_08_31_Berlin Wenders 02

Seguro no conozco el final del infierno
Ni el comienzo del cielo,
Tampoco he visto a los ojos del mendigo
(Detenidamente)
Menos aún he caminado sin mirar atrás.

No habré ido intranquilo por los cementerios
No seré ese cuyos ojos brillan
Así esté triste,
Nunca me entendí con la gente feliz
Me impacienta,
Me jode.

Seguro no sé una mierda de la vida
Sí, seguro,
Nunca he querido vivir hasta el fin de los sueños
Nunca he sentido demasiada simpatía,
Por mí
Por los días.

No he consumido lo que he podido
Tampoco me he emborrachado lo suficiente
No he leído lo que he querido
Y no voy para ningún sitio.

He vivido estancado por varios años
Lanzando palos de ciego a la vida,
Sintiendo el caminar pesado y palabras trastabillantes
Con la corbata ciñéndose al cuello
Hasta no dejarme respirar.

He sentido miedo
Al dormir, al caminar, al mirar atrás
Y no tengo consuelo
Cuando veo hacia el frente:
Sé que no viene nada bueno
No tiene por qué
No tengo un por qué.

Aún así
No conozco el infierno, aunque debe ser una iglesia
Y el cielo sólo existe para atormentarme…

Nada existe
Nada más que seguir.

Con todo,
De vez en cuando me agarro a la venda
Que cargo en los ojos
Y deseo no estrellarme,
Sembrando flores que nunca recogeré
Dejando sonrisas que nunca serán escritas
Transitando los valles de neón donde la gente
Come carne de otra gente,
Y los perros deambulan con miedo,
Y sabiduría furiosa
Tras sus pupilas malheridas.

No sabré una mierda de la vida
Pero sé vivir,
Mal, demasiado mal,
Pero he vivido…
Más de lo que quisiera,
Más de lo que hubiese podido.

Siembro lágrimas de vez en cuando
Y las confundo con la caída del sol
Contra la ventana,
Y a veces me tiro hacía atrás
Y me cubro la cara
Para que todo quede oscuro
Y no exista nada más…

Será el tiempo
Pero a veces siento orgullo
De ser esto,
Con todo…
A pesar de todo.

Remuevo las palabras contra la almohada
Para que nada amanezca.

Tan sólo otra lucha (Actualidad II)

Nos han barrido
Nos han dicho que si trabajamos algún día estaremos vivos
Nos han comprado los días con créditos, préstamos y demás pretextos
Tal vez algún día miremos al cielo y sólo quedará el sigilo
De los días rotos
Del despertador que aún truena en las mañanas
Como aquella campana que anuncia el averno.

Nos han mentido
Nos han llenado de mierda nuestros cuerpos
En momentos en que los televisores se destruyen con tan sólo verlos
Y hace falta otro plasma, otro lcd, y pedimos limosnas
A aquellos que nos atiborraron de tanta basura
Que nos dejaron al final del día con puras cuentas y en vigilia
En consonancia con la lluvia, con el crujir de los bafles
¡Que en las noticias matan a alguien!
Y se aumentan los impuestos
“Todo está muy mal” dice el hijo de puta que tiene treinta esbirros detrás
Mientras al salir sentimos el malestar.

Mucha mierda, ¡es momento de actuar!
De entender que no somos mendigos y que a aquellos hay que parar
Con rabia, mostrarles nuestro malestar
Destruir el mundo, aquellos campos de maquinizada insanidad
Para luego sembrar
Estar vivos,

Morir sin pensar en respirar.

Momentos.

Me pregunté varias veces si algún día llegaría
El momento en que la sonrisa se pudriría
En un gran trazo pintado por un anónimo.

Me interrogaron los momentos en que creí estar contento
Los días en que más rabia me daba
Los días en que la desdicha se dibujaba en mi cara
Para al final sólo sentir el puto descontento.

Y me bajaba varios tragos
Algunos dulces, otros amargos
Para sentir el ardor en la garganta
La sensación del vómito
Rebeldía barata de cualquier alcohólico
Que de sus vísceras explota
Para teñirlo todo
De su olor nauseabundo
Aullidos que salen de lo más profundo
Otro humano que se destruye en su pugna con el mundo.

Por eso un día pretendí vivir sin ello
Sonreír para no parecer otro esperpento
Mantenerme allí para no sentir el frío del mundo
Que en su lejanía se vuelve murmullo
Y en su cercanía tan sólo genera malestar
Recuerdos de los días en que se tuvo felicidad.

Pero esas cosas ya no importan
No valen la pena
Yo sigo aquí, en el mismo cuerpo
Despreciándolo todo
En medio de mi puto resentimiento
Porque soy un hijo de perra
Que sólo se entiende en su descontento.

Ojalá algún día
Alguna tarde
Ojalá nunca de noche
Me de cuenta
Que nací para estar muerto.

Otro entusiasmado con el féretro.