A pesar del tiempo

2013_08_31_Berlin Wenders 02

Seguro no conozco el final del infierno
Ni el comienzo del cielo,
Tampoco he visto a los ojos del mendigo
(Detenidamente)
Menos aún he caminado sin mirar atrás.

No habré ido intranquilo por los cementerios
No seré ese cuyos ojos brillan
Así esté triste,
Nunca me entendí con la gente feliz
Me impacienta,
Me jode.

Seguro no sé una mierda de la vida
Sí, seguro,
Nunca he querido vivir hasta el fin de los sueños
Nunca he sentido demasiada simpatía,
Por mí
Por los días.

No he consumido lo que he podido
Tampoco me he emborrachado lo suficiente
No he leído lo que he querido
Y no voy para ningún sitio.

He vivido estancado por varios años
Lanzando palos de ciego a la vida,
Sintiendo el caminar pesado y palabras trastabillantes
Con la corbata ciñéndose al cuello
Hasta no dejarme respirar.

He sentido miedo
Al dormir, al caminar, al mirar atrás
Y no tengo consuelo
Cuando veo hacia el frente:
Sé que no viene nada bueno
No tiene por qué
No tengo un por qué.

Aún así
No conozco el infierno, aunque debe ser una iglesia
Y el cielo sólo existe para atormentarme…

Nada existe
Nada más que seguir.

Con todo,
De vez en cuando me agarro a la venda
Que cargo en los ojos
Y deseo no estrellarme,
Sembrando flores que nunca recogeré
Dejando sonrisas que nunca serán escritas
Transitando los valles de neón donde la gente
Come carne de otra gente,
Y los perros deambulan con miedo,
Y sabiduría furiosa
Tras sus pupilas malheridas.

No sabré una mierda de la vida
Pero sé vivir,
Mal, demasiado mal,
Pero he vivido…
Más de lo que quisiera,
Más de lo que hubiese podido.

Siembro lágrimas de vez en cuando
Y las confundo con la caída del sol
Contra la ventana,
Y a veces me tiro hacía atrás
Y me cubro la cara
Para que todo quede oscuro
Y no exista nada más…

Será el tiempo
Pero a veces siento orgullo
De ser esto,
Con todo…
A pesar de todo.

Remuevo las palabras contra la almohada
Para que nada amanezca.

A mis amigos.

A mis amigos los vi reír muchas veces
Perdidos, gentiles ante la gente
Descubriéndose a  sí mismos
En el crujir de la quijada.

A mis amigos los vi odiarse muchas veces
Maldecir al mundo, ponerle la frente
Los vi joderse todos los días para no ser otro indiferente
Uno de esos a los que la mirada les cambia con la temporada
La tv, las noticias, el fútbol y su algaravía
Otro pretexto para mutar con el hallazgo de otra epifanía:

De un siglo que nació jodido y maquinizado
De unas calles que tragan gente y en el cemento ni quedan los trazos
De unos días que se rigen por los semáforos y los pitos de los policías
De una vida que se erigió destruida 
De una sociedad que nace muerta y eructa al campo de las flores marchitas
De embargos, de moda, de Nike y Adidas, Piqué, Shakira
Pura mierda en dosis comprimidas.

A mis amigos, con los que las conversaciones se surten anisadas
Y las noches se diluyen en instantes prematuros, inconexos
Aquellos héroes de la resaca
Les doy las gracias:
Por odiar los momentos corroídos
Por los pendejos de corbata y jerga estilizada
Por esos mercenarios que surten como mesías de una religión pormenorizada
En códigos, en cifras, en estadísticas en las que el hombre se percibe como mercancía
Que debe ser adjudicada,  siquiera utilizada.

Y con todo,
Nos miramos a los rostros, ocultamos los lamentos
“¿Para qué mierda seguimos? ¿Para qué imaginar un futuro de deseos muertos?”
Pienso mientras recuerdo,
Que el infierno es un rascacielos en el centro.

Poema dedicado a mis amigos, a los vivos, a Gustavo, en su recuerdo.