Sparring Callejero…

pantera

Camino, camino por que no hay más lío
Los problemas se disuelven en la cabeza
Mientras estallan, como estrellas fugaces que se pierden
Y resurgen, en la cercanía de la resaca.

Camino, no porque esté tranquilo
Porque mis pies son dos hierros que arrastro
Y después de todo, siempre hay un hijo de puta en carro
No muy barato, no muy caro
Que intenta pasarme por encima
No pita, se baja, siempre acelera

Cuando al verme, pienso en todo:
Mi vida, mis papás, la ciudad,
Y toda la mierda que antes me jodía
Que parece tan pequeña, que no tiene cabida
En un imbécil que ve tras de sí sus días.

Parpadeo, pego un insulto
“Hijo de puta, casi me mata”
Grito como si nada, bastante tranquilo
Sin ánimo de nada
Ya la noche estuvo larga
Y tras de mí cargo dos ojos
Que se pierden
En la calidez de las luces
En una botella sin mayor fondo
Que unas cuantas babas rancias
Que sorbo hasta que siento el alboroto.

PUM/PUM/Dos puños
Dos en la cara, no me caigo, aguanto
Sigo boxeando
Vivir es aguantar sin aire
Vivir es perder, siempre perder
Es no caer derrotado
A ningunos pies
Mantenerse intacto, sembrar una sonrisa
No me caigo, aguanto
El hijo de puta me insulta, no entiendo, hay mucha policía
TIENE mucha policía el hijo de puta
Sus escoltas me tiran para atrás
“Tranquilo, ya fue”
“Todo está bien”
Y Juan lanza puños, y yo entiendo que sí,
Que ya fue,
Nos van a matar
Estoy borracho, y muy tranquilo
Puto cobarde
¡MIERDA COBARDE!
Me echo para atrás
Le digo a Juan
“Ya fue…larguémonos”
¡Pero si le pegaron, imbécil!
Tranquilo…le digo
Sonrío,
El carro arranca
Y yo sigo caminando
Siempre perdido
Sin trastabillar del golpe
Con el ego herido, siempre bien jodido
Y sólo pienso, que soy un cobarde, que nunca tiro un puño
Que soy muy calmado, que mi orgullo se compra en un supermercado
Por eso nunca fui bueno boxeando, no hay orgullo
Y camino…hacia la casa,
Me tiro a la cama
Me clavo una paja
Suelto una lágrima
“Mañana sale el sol”, pienso mientras creo
Que de los puños que me dan
Sea sólo un jab o un puto uppercut
Nunca hay respuesta
Sólo un saco almidonado
Dispuesto a ser golpeado
Ojalá,
Hasta quedar magullado.

Porque vivir vuelve a cualquiera
Un puto desgraciado.

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Siempre viejo…

grosz20

En medio de todo, cerveza en mano
Aguardiente, tras mis ojos extraviados
Estoy allí, perdido en la multitud
Disuelto entre los gritos, los strovers,
La convulsión,
Un nuevo año ha llegado
Y de fondo, suenan esos bajos
Viejos, apretujados.

En medio de todo, me bajo otro sorbo
Y me siento mareado,
No como siempre, esta vez es diferente
Me siento perdido, lejano, a lo que antes fue mío
Cercano a un recuerdo que dejó de estar vivo
Y entre aquellos rostros, de lejanos amigos
Busco resentido lo que antes desee tener conmigo.

Y no está, no llegará.

Camino, tras los cuerpos bañados en sudor
En sangre, en rancia descomposición
Toco culos con mis ojos, saboreo las tetas
Que saltan, que se rozan con otros cuerpos
Enfrente mío, bien lejos
Y el DJ toca, música que no desborda
Música empaquetada en beats sin gracia
Y en la mitad, sigo allí
En medio de todo.

Y a todos saludo, ¡Feliz año!
¡Que el que llega sea mejor!
Y sonrío, y adentro replico
“Cobarde, ¡el anterior fue peor!”
¡El anterior fue peor!
Los días son la misma mierda de siempre
Nunca cambian de color.

Y me tomo otro trago, y ya me siento extraviado
Allí, en medio de todo
Allí, tan cercano a la gente
A la vez tan solo
Siempre,
Detrás de todo.

Recuerdos: otro epitafio.

casa-abandonada

Volver siempre había sido una cuestión vital: volver a un trago, volver a la casa, volver al trabajo, volver a mí mismo. Sobretodo a mí mismo. Volver a Neiva, mi ciudad natal, me reportaba siempre una especie de dejo tranquilo que me sometía a los vapores de mis más oscuros miedos. Hoy no era la excepción.

Me levanté de la cama con algo de resaca, la noche pasada se incrustaba en mi cabeza como una fugaz brisa. Caminé hacia la cocina y me tomé una jarra de agua de un sorbo. Fue allí cuando intenté por primera vez en el día sentirme acompañado:

-¿ Mamá?- grité, no sin antes rellenar la jarra nuevamente.

– ¿Mamá? ¿Papá?-.

“¿Mamá? ¿Papá?” me pregunté. No sabía qué significaba aquello, pero lo sentí como una puñalada directamente al corazón, al principio afilada, luego bastante oxidada. Allí, en medio de aquella casa, recordé un instante que nunca dejaría de machacarme la cabeza cada vez que llegaba, de vuelta, a aquel lugar. Me había despertado, y había intentado llamar a mis papás. Por aquel entonces tenía unos siete años, y siendo franco, me costaba bastante estar solo. La soledad era para mi como una caja de juguetes desconocidos, o puede que un cajón atestado de teléfonos celulares. Me incomodaba, me hacía percibir más de cerca la luz oscura que reposaba sobre la vieja sala de muebles de madera corroídos por el tiempo…

Grité, grité un buen rato. Luego vi llegar a los viejos en la desvencijada camioneta Nissan que teníamos por aquel entonces. La luz de sus farolas golpeaba de lleno, y de los ventanales de la entrada, una luz serena se posaba sobre mi rostro y me secaba las lágrimas. Sonreí, estaba vivo, de vuelta con ellos.

“¿Mamá? ¿Papá?” me volví a preguntar, para mis adentros, como si el roce de las palabras con la vida fuera una señal más de mi estúpida inseguridad. Tenía veintidós años, y no podía creer de qué manera aquellas dos palabras, en medio de esa casa, mi puta casa paterna, me hacían estremecer. Mi garganta se oxidaba, mis pupilas se dilataban y se desenfocaban, no pude ver… me senté. Allí, en medio de todo. Allí, atrapado entre mis recuerdos, dilatado en mis más profundos pesares sin siquiera poder identificarlos.

Pensé en todo, en cuando tenía 16 años y el mundo parecía un sitio amable, tranquilo, con sonrisas para todos lados. Había sido un imbécil, pero había sido feliz. “Tal vez el requisito para la felicidad sea ser un cretino” pensé, mirando para el techo, enfocándome en la antigua lámpara de la sala. En aquella casa, en aquella ciudad…había sido un tipo congraciado con su puta existencia, que estaba llena: que estuvo llena por un breve instante. La recordé a ella, con esos ojos que desfilaban entre el verde y el azul, a veces grises, a veces tiernos, a veces con ganas de arrancarme los huevos. La vi, la sentí por un breve momento en el sofá de la sala, volteé la cabeza, la vi en el sillón del segundo piso, junto a la biblioteca. Sentí su boca por un breve, tal vez un largo, instante…

Trak/trak/ El sonido de la memoria ante el espejo.

Llamé a Juan, un viejo amigo del colegio que vivía a unas cuantas cuadras de mi casa. Deseé estar lejos, tomarme unas cuantos aguardientes y bajarlos con cerveza. Necesitaba licor, necesitaba largarme de aquel puto sitio que antes me había dado paz. Necesitaba estar lejos…

– ¡Imbécil!- grité, sin lograr ocultar la emoción que suponía encontrarme con aquella voz, así fuese en la distancia del teléfono.

– ¡Ehhh! ¡Malparido! ¡Milagro que llama!- dijo con cierta alegría.- ¿Ya está en Neiva?-.

– Sí…ando en mi casa- contesté, intentando calmar la voz.- que, ¿hoy unos tragos?-.

– No puedo…- replicó con cierto desdén.- Ahora me voy con los viejos a una comida.

– Ok, está bien… ¡Estamos hablando, hermano!- le dije.

– ¡Sí! ¡Mañana hablamos para hacer algo!- respondió.

Tun/Tun/Tun/ El sonido de la soledad.

Allí, en medio de todo. Adentro, lejos de cuanta mierda pasaba fuera; como si la tranquilidad fuera un estado inherente a cuatro paredes circundantes, como si los problemas no se guiasen por la magnitud que otorga el que los tiene. Me sentí un imbécil aún más grande: ¿A qué le huía?.

¿A qué le huía?…

A nada, a mí mismo, a mis recuerdos: aquellos que en cobarde arrebato había sepultado para luego erigirlos bajo el monumento del pasado. Afuera, la gente se moría, trabajaba, pagaba facturas, se moría, los mataban, caían bombas, los jodían…y yo, adentro, tirado en la mitad de la sala de la casa, viendo hacia el techo, suplicando no recordar una mierda más…

Puto cobarde. 

Lloré, lloré como nunca. Me sentí solo, y el verme allí adentro, inmerso entre las fotos, entre los imágenes que se trasponían en mi cabeza, me hizo sentirme aún más imbécil. Intenté hacerme una paja, pero no pude… era difícil, el pene no se paraba, como si una inercia superior lo sujetase en su minúscula presentación. El porno no servía, y ante la luz de la pantalla la noche ya empezaba a atacar. Miré el sillón que tenía a un lado, la recordé, enfundada en una camisa azul que hacía juego con sus ojos, la besé, le pregunté nuevamente lo que en aquel dos mil siete me había sido negado:

– ¿No quisieras seguir?…-

-No, tú te vas… y bueno, las relaciones de lejos no funcionan- su voz se entrecortó, miró al suelo, sostuvo de nuevo su cerveza- Luego conocerás más gente… y puede que ya no me mires de la misma forma.

– No es eso…¿Cómo puedes decir eso, sin siquiera intentarlo?- pregunté, bajándome un buen sorbo de cerveza que pasó caliente. Aquello me hizo desear un poco de aguardiente, que por desgracia ni hoy, ni ese día, tenía.

– Ya lo decidí… lo siento- dijo, mientras se iba. Su cabello se agitaba conforme a una leve brisa que se colaba por el ventanal. Con cada paso que daba, las escaleras rechinaban, como si al irse hasta la puta casa llorara.

– Adios…-contesté- te quiero.

– Tranquilo…- replicó, deteniéndose sobre uno de los escalones- siempre podemos ser amigos, ¿no?-.

– Si…¡Claro!- dije mientras una sonrisa se posaba sobre mi cara.

Pum/Pum/Too young, to fall in love, too young to fall in love/ El despertar bajo la guitarra de Nikki Six.

Nunca cambiaría, el resultado siempre sería el mismo. Aquella casa se había transformado en un ajedrez cuya partida estaba destinada a repetirse eternamente; dejándome a mí como perdedor perpetuo. Aquello era la vida, aquello era el recuerdo. Me sequé las lágrimas y reí como un niño: me reía de todo, de los cuadros, del computador, del sillón que antes me había dejado con los recuerdos atiborrados dentro del culo, siendo que aquel era el mancillado por mis hermosos pedos.

Aquello era la vida, y yo había decidido ser su amigo:
Cobarde, Imbécil.

Me reí…y luego de un rato me hice una paja, como en el 2007: llena de mierda, viendo a las maduras que nunca me soltarían un beso, siquiera una cogida de teta… dormí un buen rato, y llamé al Peludo, otro viejo amigo:

– Que, ¿hoy unos tragos, hijueputa?- pregunté.

-¡Claro perra! ¡Ya paso por ti para que nos peguemos una rasquita! ¡Como los viejos tiempos!

– ¿Pura old school?-.

– ¡Claro marica! ¡Ya voy y llevo unas perras para que dejes de hacerte tanto la paja!-.

– ¡Esooo!! ¡Aquí nos vemos!- contesté.

Tun/Tun/Tun/El sonido de la noche, el sonido de las fichas saliéndose del tablero. El sonido de la risa, del licor y de la resaca vespertina  El sonido de la vida…navegando otra vez fuera del carril.

Neiva, 28 de diciembre de 2012.