La mierda de siempre.

the-lovesick-man-1916

La comedia de siempre
Yo
Este cuarto
La mierda
Marchita.

No hay nada
Música que suena
Y no se escucha
Gente que camina
Allá afuera
Tras la ventana
Y nunca se animan
A nada
Más que caminar
Hacia sus casas.

Están cansados,
Yo lo sé
Yo también
Lo estoy.

Es el infierno
De todos los días
Aguardiente en la nevera
Un par de cervezas
En la canasta
La ira
Que nunca tirita
Y toda esta mierda
Que no termina.

Y aún creo que
No puedo imaginarme
Con los nervios
Salpicando
Alegrías.

No es mi estilo.

Yo soy de esos que
Por algún extraño motivo
Siempre están jodidos
Así lo tengan todo.

Soy el eterno inconforme
Que le gusta ver a los santos
Decapitados
Y a las monjas
Sin bragas.

Soy ese que ve porno en las noches
Y se la jala sin ganas
Para no matar a nadie,
Para sonreír
Al otro día.

Soy ese que todos los días pide estar solo
No encontrarse con nadie
Permanecer distante
Aferrado a la botella
Para que nadie más
Me quebrante.

Y por eso
Escribo todo esto
Para sentir
Que estuve vivo
Así sea
En el instante más oscuro
En que las mariposas
Danzaban
Con cuchillos en las alas
Y el viento
Era el aliento
De mi siguiente resaca.

Soy de esos infelices
Que estas estupideces

Nunca se callan.

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De las sales y otras eyaculaciones.

-Te he dicho que toda esa mierda me jode- rebuzné intentando ocultar la gelatina que tenía en mi mano derecha. Luisa parecía distraída, sofocada, lejos de la conversación y de la calle en la que nos encontrábamos. Lo sé porque la luz del farol no la fastidiaba, tampoco el olor a mierda que salía de una esquina del callejón.

-Julián, es que de verdad no entiendes. No eres tu, tampoco yo, es que de verdad no veo solución. Todo está tan raro, tan pesado entre los dos…- exclamó mientras sus ojos se alejaban tras una luz roja y azul que desprendía un frenético Falcon modelo 88 que hacía las veces de patrulla policiaca.

– Pero carajo, mírame a la cara- le dije, viendo como sus venas se hacían más moradas. Desde hacía días que nos tocaba reciclar, ya hasta las putas droguerías habían subido los precios.

Eres el rincón oscuro de una calle,
La soledad encarnada en una jeringa,
Una vena gangrenada a la que no le importa el tratamiento,
Otro aullido de un adicto.

Al hablar, sentía como la ansiedad se apoderaba de nuestros cuerpos. Eramos dos bestias buscando carne en forma de píldora en nuestros bolsillos, perros escarbando en la caneca de nuestros cimientos algún trozo de placebo para calmar la ansiedad.  “Lo sé por que ella lo sabe”, pensé, imitando al puto Tyler.

– Pero tranquila Luisa. Es que tu ya no te entiendes, ¡el puto Álvaro tan sólo quiere tu culo mujer!, pero claro, yo soy el paranoico- le dije, intentando lograr alguna transformación en aquel rostro impávido.

– Si, claro, ¡ Todo es Álvaro! ¡ siempre el!- exclamó al ver que una sonrisa afloraba en mi rostro.

– Si… nadie regala esa mierda, y no me crees. Cada puta pasta vale, también el polvo que te follas vía nasal. ¡Pero no! JAJAJA, ¡Álvaro tan sólo es un amigo!-.

– Si, lo es. Y no tiene que ver nada con esta conversación. Estoy cansada, ¿ sabes?, me cuesta ver que te has vuelto un blando. Ya no tienes fuerza, todo te atropella. Antes nada ni nadie te jodían. Hoy tan sólo eres un maricón, un puto adicto. Ya hasta miedo me das, ¿sabes?, no te comprendo. A veces me ves el culo y siento que tu esperma me va a cortar la garganta. Estas mal, necesitas ayuda…psicológica, tal vez.- dijo Luisa, pegándose en la vena suavemente con gesto estreñido. Con los días el dolor se había hecho insoportable, lo digo porque al principio tan sólo se asomaba una pequeña mueca en su rostro. Hoy, por el contrario, parecía que todo su cuerpo se contornease en torno a la aguja, suplicante, agudo.

– Aj/Puta/mierda ( el sonido de una aguja anónima traspasando la carne)-.

– Que no te jodas, ¡ mujer!. Me tienes cansado, sigo siendo el de siempre. Pero estoy cansado. Jodido. Quiero salir de eso, pero tu sigues y sigues con eso: que ando raro, que soy un pusilánime, que todos me pasan por encima-.

Eres el condón roto aún no utilizado,
Un desperfecto aprisionado en una envoltura metálica,
Un ser destinado a la basura.
El mejor orgasmo de tu puta vida.

Laura era una de esas mujeres que buscaban la felicidad en cualquier otra parte diferente a la calle. Pero yo la entendía, sabía que ahí sólo había mierda. Mierda. Mierda. Y Jívaros, alacranes dispuestos a perforarte la aorta con tal de hacerte sonreír mientras abortas. La mierda, y el resto de todo eso.

Eres el vasodilatador de un drogadicto,
El esperma de Tom Cruise en una probeta,
Dos mil dólares de materia blanca,
El fracaso y mejor ejemplo del siglo XXII.

– Tranquila Loreen, te he dicho que eso no se te da bien. Te lo he dicho… pero tu te quejas, y me dices que yo soy el que estoy mal, pero yo recuerdo todo, y te conozco, te veo, a diario, a todo a momento. – Mencioné mientras me sacudía en busca de un poco de Speed. Sabía que en algún lugar de mi chaqueta había guardado un poco. Lo sabía, y lo necesitaba.

– ¿Loreen?, ¿ quién carajos es esa?- preguntó, perforando con sus ojos extraviados los cristales quebrados que le impedían ver la calle como se debía. La jeringa es la piedra que quiebra el espejo de tu vida, que te sumerge en ese viaje borroso, descarnado. Los colores se confunden y los sentimientos se dilatan. Poco a poco todo se vuelve cataclismo, un cuadro de Grosz narrado en un bemol. Y entonces te diluyes en las curvas de la nota, en los resquicios de la calle y en el rincón de tu propia vida.

Eres el hombre enfermo que toma cerveza en un bar,
La procesión que despide a Pianizza,
Un revolver a punto de eyacular,
De terminarlo todo en sus ganas de follar.

– Que te calmes Lauren. Ya ni tu te entiendes-.

– ¿Qué te pasa maricón?, madura Julian. Deja toda esa mierda- exclamó aquella que miraba al cielo con la mirada desenfocada, intentando contar las estrellas de una noche que yacía bañada en mierda callejera al fondo de un puto callejón al que tan sólo una farola lejana perforaba con trémula intriga.

– Mírame a los ojos…- le dije, percibiendo como la distancia entre los dos se acrecentaba.

-Ven, aquí estoy-.

– ¡ Que me mires malparida!-.

Paj/Cruch/Claj ( la sinfonía de una rama al penetrar a la humanidad). (El sonido de una hoja al rasgar sin arte). 

– ¡ AHHH, AJJ, puta, PUTA!- gritó, añadiendo las trompetas que le faltaban a mi sinfónica.

– Shh, no grites, disfruta…que esta es más larga y gruesa. También más áspera- mencioné, disfrutando de una mano derecha que se asomaba en mi bragueta y me complacía con súbita excitación.

– ¡ AJJ, ME DUELE, ARDE, QUÍTALO, QUÍTALO!- Eran los aullidos de una adicta en un callejón oscuro en el que a nadie le importas.

La toalla sangrante de una sociedad menstruante.
El sonido atónito de un televisor no escuchado.

– Te dije, yo estaba bien. Pero tu me jodes, me haces sulfurar. Me retuerces los huevos, mujer. Eres una patada en los testículos. Ya ni me los chupas. Me cansas, estoy atiborrado de tu mierda-.

– Aj… Pluj/claj ( El sonido de la sangre caliente emanando de un hoyo en el ojete).  ¿ Por qué…por qué?- preguntaba esa inconstante Cenicienta ante su madrina.

– Por perder el zapato…el vestido, la puta ropa. Estás desnuda como los animales, perra. ¡Ah!, y por recordarme mi verdadera esencia, por recomendarme esas sales de baño. Se siente un calor brutal, como te quemas y tu pija está al borde de explotar. Sientes la sangre presente, deberías probarla JAJAJAJAJAJA.

No me contestó, y eso me impacientaba. Me largué, a buscar más sales. A disfrutar de la noche en algún parque…

El café.

Te levantaste,
Pensando que era de mañana,
Y encontraste,
Que la risa no había tocado tu ventana.

Las lagañas,
Te rasgan las entrañas,
Y de tus ojos,
Sólo emanan lágrimas,
Pesadas,
Algunas cansadas.

Tus pies avanzan lentos,
Tropezando,
Alejándose poco a poco de la cama,
Inseguros,
Añorando los días en que tenías calma.

¿ En qué momento la viviste?,
¿ Cuándo te perdiste en su mirada?,
Son esas preguntas,
Las que hoy callas,
En un café instantáneo,
Barato.

Como tu,
Lo que ha sido,
Yace Marchito,
Desahuciado,
Interrogado.

Eres la duda nunca resuelta,
Que te surgió una noche,
Que no dormiste,
Que hubo un sólo reproche,
¿Cuándo te fuiste?,
¿Para dónde y con quién?,
Son las hebras que hilvano,
En un barato café.