Entren, que me encontrarán.

Aquí estoy, en la calle no pasa nada
Y yo sigo pensando en hadas
En duendes, en lo que no cuentan los periódicos
Porque afuera está muy frío
Y adentro me encuentro ardiendo.

Paso de página, que esas cosas poco valen
Que aquí estamos para hacer dinero,
Para vivir tranquilos, para obviar los delirios
Así me muera por dentro, así el calor se extinga y me bañe en hielo
Son los consuelos de un viejo, que me narra las enseñanzas del nuevo siglo:
“Trabaja, compra una casa, ten hijos, planta una semilla, que no la verás marchita”

¡Poco importa lo que digan, lo dicen los infelices!
¡Los que van a la oficina con miedo a la renta, a las facturas, a la vida!
¡Ustedes no me hablen! ¡Que a mierda les sabe la boca!
¡Ustedes no me griten! ¡Que de sus días no salieron historias!
¡Lloriqueos de los muertos, ardan en el cemento!

Y prendo la televisión, no hay nada
CNN, FOX, la mierda de siempre
El mundo está jodido, misiles en Gaza
Palestina en llamas, guerra en Colombia
Infierno sin memoria
Y busco una comedia, que me haga olvidar
Los días tristes, las bombas que están por estallar
No la encuentro, esas no las pasan
No hay Friends que valga
Cuando los muertos divagan
Cuando los niños estallan.

¿Cuándo será el día en que me toque?
¿Cuándo entrarán? ¿Cuándo me sacarán?
¿Vendrán armados? ¿Tendré tiempo de hablar?

¡Malditos hijos de puta!, ¡aquí me tienen y no tienen que timbrar!
¡Rompan la puerta!, ¡que los muertos ya los enterraron cuadras atrás!
Aquí me tienen, y mis balas son palabras a punto de estallar
Mi sonrisa es una bomba a punto de implosionar
Mis pasos son caricias, caricias que erosionan
Su dicha, su puta felicidad
El cementerio que se esconde sin epitafios
De familias con ganas de llorar
A los que se fueron, a los que no verán más
A sus hijos: los que el “Estado” supo asesinar.

Aún no me tienen, hay gente que no pueden comprar
¡Vida de mierda! Mueran, que hay gente que ya no quiere llorar
¡Mueran! que sus bombas la prosa no sabe borrar.

Dedicado a las ratas (políticos, militares asesinos, etc) que enaltecen con honores. Somos pocos, pero no somos sus errores. In memoriam de los “Falsos Positivos”.

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Actualidad: otro llamado a la sinceridad.

Nadie es sincero
Lo siento cada vez que abren esas bocas
Tan grandes, tan apestosas
Palabras que surgen atosigadas ante el desespero
Pero todos parecen creer
Apariencia de estar bien.

Nadie es sincero
Lo pienso cada vez que veo a aquellos hijos de puta hablar de justicia
De derecho, de normas, de jurisprudencias y demás estulticias
Lo dicen con serenidad, con esa sapiencia que sólo otorga la inseguridad
La estupidez, los códigos y toda esa parafernalia
Frases insulsas que se desparraman en las calles
Sobre la cabeza de la gente, como el meo en las esquinas
Como la mierda en las avenidas.

Son unas ratas, nunca son sinceros
Lo saben, se ríen y de la boca cagan todas esas palabras
Se defienden con acápites e incisos
Nunca dan una posición por válida, de los extremos crean laberintos
Son eclécticos, y con cobardía creen en los puntos medios
En teoría, para siempre aprovecharse de lo impreciso de su palabrería
Defienden al más fuerte, a cambio de un gran montón:

De mierda
De mentira
De farsa
Desidia
Pedantería

Son unos hijos de puta
Que se protejen tras su jardín de delicias
Flores podridas
Que ojalá algún día la gente pueda arrancar,

A golpes, que sientan el puto malestar.

De ida.

He visto como la descomposición se gesta
En las avenidas y en los bares, prófuga
Hija del desmadre,
Mientras miramos el cielo y los faros no nos dejan tocar las estrellas
Y tan sólo vemos el vaho de los cuerpos hacinados
Navegar en el aire.

Me he perdido horas en las que pienso
Que en la calle las basuras se acumulan
Y los sueños yacen rotos
Tras las jeringas y los cigarrillos
Que nos pasamos por la vida
Cansados
Extraviados
Nadando entre el cemento
Aguantando el ardor
Los callos en los pies son prueba del sudor
De la sangre
Un cuerpo que pide otra copa de alcohol
Mientras sigo en un bus
Atravesando con los ojos la ventana
Viendo mi mirada atrofiada
Tras las luces de una ciudad desolada
Que en su asomo sólo grita despojos
Pitidos, aullidos, ira, quejidos
Lamentos de un siglo marchito
Mientras las paradas se acumulan
En el trayecto de los días
Vidas perdidas
Y sólo queremos llegar a casa
Aterrizar la cabeza contra la almohada
No pensar
Destruir la casualidad
Dormir en la costumbre
Nunca despertar

Quedarnos en lo fácil,
Conformarnos con respirar.

El parque.

Eramos yo y un cigarrillo que se diluía en una boca que parecía no desearlo. Aquel parque se había convertido en  el centro de operaciones de una organización que no pedía dinero sino tan sólo un escape. Eramos drogadictos, putas, indigentes, vagos y artistas confabulados en una cuadra que nos hacía olvidarnos de las calles plagadas de neón y avisos de cosméticos.

– Eh… otro cigarrillo, por favor- dije, intentando ocultar una chupón que tenía en el cuello.

– ¿ De los mismos?- preguntó aquel viejo que parecía haberse perdido de cuadra. Su mirada extraviada parecía constatarlo.

– Si, por favor-.

Caminé alrededor del parque, aspirando a intervalos entrecortados aquel cilindro de tabaco y otras mierdas que terminan de joderte. Pero no me sorprende, antes me relaja. A veces creo que la sociedad es tan sólo un cofre lleno de jeringas de varios tipos donde tu escoges aquel placebo que te aliviará el dolor de los días venideros. Al rato decidí sentarme. Las piernas me dolían, sentía como si mis venas fuesen a implosionar y tenía un dolor de garganta asqueroso.

Por un momento me vi perdido en los días en que el traje y la corbata habían sido una constante, donde el progreso se traducía en una cuenta bancaria rebosante y la estabilidad en unos recibos con un sello que decía “pagado”. Sí, era un buen ciudadano. Sí, otro hijo de puta y ya.

El mercenario del siglo XXI,
Que cambió el fusil por la corbata,
La eyaculación del sistema,
Otro cero en una cuenta.

– Hola…¿ quieres una chupada?- exclamó una pelirroja entre los 20 y 70 años. Es que la calle siempre deja sus estrías en la piel del jodido.

– ¿ A cuánto y por qué sólo chupada?- pregunte intentando plasmar mi indiferencia en aquellas palabras. Pero no era fácil, para nada. El verano friega a todos.

– Diez pesos o un buen matorro de hierba- dijo mientras prendía un porro. También parecía aparentar irrelevancia, pero sabía que no tenía un duro y quería pegarse una buena trabada.

– Cinco y antes de follar nos pegamos un armado decente- mencioné, concentrándome en los últimos aullidos del cigarrillo que tenía en la boca.

– Está bien- dijo, mientras se acomodaba la falda y me hacía una seña- Para allá, mi apartamento queda cerca-.

Bajamos dos calles y nos metimos por un callejón donde un hijo de puta intentó sacarme la billetera del bolsillo sin que me diese cuenta. Por suerte, la pelirroja se percató y le gritó. Al parecer eran amigos, lo digo porque los gestos de su rostro denotaban farsa.

Eres un payaso,
Maquillaje escurrido en tu rostro,
Sonrisas diluidas en alcohol,
Otro desempleado más.

Entramos. Un cuarto como cualquier otro. Un olor a vagina rancia se desparramaba por la habitación. Decidí prender un porro. Nos lo jodimos hasta el fondo, quemándonos los dedos mientras los besos corrían por aquellos labios cortados y sangrantes. El olor a nicotina fue el aderezo de nuestras bocas, y los gemidos ásperos de la pelirroja ambientaban aquella guitarra desafinada de un Mustaine algo fregado por las drogas.

El golpeteo de nuestros cuerpos era el redoblante de una lejana Hangar 18, y tan sólo queríamos ser la guitarra de Marty Friedman en los putos solos.

Impossible to break these walls
For you see the steel is much too strong

El sudor nos recorría y de repente vi como aquellos dedos pequeños se zambullían más allá de la bragueta, luchando contra unos calzoncillos que parecían ser la cárcel de una canción de los Ramones. Ambos sabíamos que no habría demasiada resistencia y que a la larga romperíamos las leyes de una situación que se nos había salido de las manos. Eso si, nunca de mi miembro.

– Pon Breaking the law, ¡carajo!- grité entre gemidos, intentando mantener el tono sexy a lo Brad Pitt.

– ¿Qué? ¿ no te gusta Megadeth?- Respondió aquella, intentando acomodar mi pene en su vagina.

– Si, pero que quiero romper…-

– Romper, ¿ qué mierda?, siente la guitarra, déjate llevar, que ya estás tieso- dijo masturbándome cada vez con más fuerza.

– Que si, pero no es eso. Mierda, ¡quiero ROMPERTE el culo!- grité sintiendo como la fuerza se concentraba en mi ariete.

– ¡ Hazlo, hazlo hijo de perra!- exclamó mientras ensartaba mi ariete en su vagina.

– Pon Breaking the law, Judas Priest, lo necesito, mierda.-.

– Es la siguiente, pero mételo despacio…¡ay!, mierda, ¡despacio!-.

Nuestros cuerpos eran los dos extremos de un acordeón que se desafinaba con la contracción del fuelle. El solo de guitarra de Mustaine en Cemetery Gates. Habíamos dejado el Hangar para someternos a la Isla del Demonio. Ambos sabíamos que era preferible una paja en ese instante.

– Pero cálmate…despacio, ¡ay!, ¡cálmate malparido!- gimió la pelirroja mientras masturbaba las inmediaciones de su sexo.

– Sí…pero es que no estás lubricada, me raspa..¡Ajj!-.

Intentamos acomodarnos. Las poses eran tan sólo un argumento más para retrasar lo inevitable. El último aullido de esperanza de una cama que necesitaba dos orgasmos.

El diario de Ana,
El orgasmo de Frank,
Otro libro más,
Un pretexto para no querer follar.

– Sácalo y lárgate,  ¡marica!- palabras que se pierden en la ira de un ego herido.

– ¡Ahhh…ahí te va perra!-.

Era el momento. Ya nada podría detenerme. Eramos una perra y yo escuchando Judas Priest mientras la esperma buscaba escapar de mi falo como la metralleta S del Contra de Super Nintento. Allí estaba Bill intentando destruir aquel alien viscoso que exhalaba vahos de aire infectado. Sujeté su rostro, nada podía detener la descarga.

Ahh/Plaj/ Ohh/Ohh/Siiiii…/ El sonido del Niágara al caer sobre las piedras.

There i was completely wasting, out of work and down
all inside it’s so frustrating as i drift from town to town

– No… ¡NO!, ¡ MIERDA, EL MAQUILLAJE!- gritó Salma Hayek en el Spá.

– Por puta, JAJAJAJAJAJA- Dijo Bill al ver los créditos del final.

– ¡HIJO DE PUTA, HIJO DE PUTA LÁRGATE!- gimió en sollozos una pelirroja de 20 años que  crecían exponencialmente con el maquillaje disuelto en la esperma.

Me largué, no sin antes orinarme en su puerta. Sabía que no volveríamos a vernos, que aquel parque ya no era un lugar para ambos. No fue nuestra culpa, tal vez nos faltó tiempo. “Todo fue rápido” me repetí a mi mismo, descendiendo por aquellas calles. La garganta me dolía y el sabor a nicotina que desprendían mis labios me había devuelto a la cotidiana calma. ” Necesito un cigarrillo”, pensé al sentarme en una banca de aquel parque.