Aires cansados.

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Ahora que llegan
Estos tiempos de aires
Pesados, cansados,
En medio del mismo cuarto,
De la misma casa,
De las mismas cosas y personas,
No queda de otra,
No queda más que,
Levantar el brazo,
Llevar  la copa
A los labios,
Y quedarse ahí.

Esperando,
Esperando a que pase algo.

Como si algún día,
Algo pasase.
Como si algún día
Las cosas cambiasen
Y todo fuese mejor.

Y ahí vuelvo a levantar la copa,
Y todo parece dilatarse,
Hasta que no hay ruido,
Hasta que no quedan juzgados,
Ni mujeres, ni trabajo,
Ni gente, ni carros,
Ni viajes, ni Neiva,
Ni nada.

Y sólo queda el dolor,
Inerte, en esa misma posición
Clavándose adentro,
Sirviendo otro trago
Riendo en el silencio,

Y estoy ahí,
En la sala,
Con todo,
Para nada.

Y vuelvo a empezar
Para nunca morir.

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Gotas.

paul klee

La gota que cae
Y no llega a nada
La vida que sigue
Con sabor a pernicia
Y yo que aún
Sigo sin avaricia.

La gente se mata
La gente, los perros
La vida se aniquila
A sí misma
Como si vivir fuese el único mal
Y todos lo tuviésemos que
Aniquilar.

Los segundos se escurren
La carne se agrieta
Los pensamientos se hilvanan
Al compás de la botella
Sigo aquí,
Sigo aquí
Sigo aquí mientras no me tengo
Sigo mientras me extingo
En la precisión del minutero
En la desazón del reencuentro:
Conmigo mismo
Con ese que se levanta
Y piensa:

¿Qué queda?
¿Qué queda?

Y no queda nada,
Y vuelve a empezar.

Y sigo caminando
Igual, sonriendo
Sonriendo,
Como si nada
Dolido
Hasta de respirar.

Vivir es muy duro.

Vivir es tan duro que pocos viven
Y muchos caminan
Vivir es tan fuerte que todos lo olvidan
Al instante de nacer
Vivir es tan triste que lloramos al ver;
y nos retorcemos y buscamos
La oscuridad,
La oscuridad del vientre
En el abrazo de la madre.

Por eso
Hoy,
Vivo aferrado
A la nada,
Y sonrío.

Sonrío así
No quede mucho
Para sonreír;
Sonrío mientras todo da razones
Para morir.

Como si las gotas cayeran
Y no quedara nadie
Para verlas.
Yo seguiré allí,
Mientras los muertos recuerdan a los vivos.

Mientras me tenga a mí
Seguiré allí,
Y los orgasmos se escurran
En la memoria
Y las risas se estrujen
En estos días,
Sin gloria
Sin pena
Pero con cierto aire
De dolor
Que sabe a esperanza.

Te querré un mañana.

Me levanté con ganas
De mandarte a la mierda, de besar tus migajas
Vaciar el recuerdo, perderme en la resaca
De tirar las alhajas y amarte con más ansias
Pero el recuerdo se me ha perdido
En una botella cuyo fondo no he bebido.

Te pensé varias mañanas
En las que la caminaba
Con la mirada enceguecida, con la risa magullada
Momentos de más rabia
Y aún la memoria no me fallaba.

Pero “¿Qué queda después?”
No somos nada
Tras el rincón yaces despistada
No puedo creer
Que te quiera con tantas ganas.

Y cada quién hizo su día
Destruyó la monotonía y paseó por otras vidas
Y ¿Ahora qué?
Me pregunto con las lágrimas atoradas
Y las dudas calcinadas.

El tiempo ha pasado
Y ha dejado todo regado
De mis días quedaron rezagos
De los tuyos aún no me he enterado
Pero “¿Qué puedo hacer?”
No nos queda nada

El recuerdo arde en la garganta
Mientras delirios azules
Se atosigan en mi mirada
Pupilas perdidas
Noche maltratada
Mañana será el día
Te maldeciré en la madrugada
Destruiré el recuerdo, risa coagulada
¡Puta vida!
Te querré entre mis andanzas
Mearé en la esquina de la esperanza.

Communication Breakdown.

De vez en cuando me surge una ira que no logro canalizar muy bien. Es más, siempre me pregunto: ¿puede la ira canalizarse? ¿no será otra mentira de otro publicista,  de esos que busca vender unos zapatos a cambio de felicidad? No lo sé, no me queda claro. Pero era allí cuando entendía algunas cuestiones.

Ring/Ring/El sonido de la rabia a punto de esparcirse.

-¿Sí, hola?- pregunté mientras acomodaba unos libros en un estante.

– Hola…¿Cómo estás?- preguntó Lorena, una amiga con la que últimamente tenía un trato algo más intimo de lo normal. Sexo a cambio de felicidad, ¡Blah!.

– Bien ¿y tú?-.

– Aquí cepillándome los dientes…- dijo mientras el cepillo se revolcaba entre sus dientes, tal vez en una orgía con el mugre- ¿No lo recuerdas?-.

– Ahh… ¿te vas al aeropuerto, no?-.

– Sí, ahora llega Javier y lo vamos a esperar…-

-Ahh… bien.

Javier era el novio de su hermana. No lo conozco, tampoco me importa hacerlo. Debe ser un tipo como cualquier otro: imbécil, aburrido. Alguien casi tan parecido a mí que de seguro me daría rabia sólo verlo. Como Dorian ante el espejo, me daría asco concebirme a mí mismo allí parado. Demasiado pretencioso, demasiado seguro de sí mismo, a pesar de temblar en las noches. Demasiado frágil, simplemente repulsivo.

Sin embargo, había una diferencia, o puede que no. Quien sabe, tal vez sea sólo mi maldita pretensión: valiente arrogancia que me lleva a reconocer que soy como cualquier otro pero un poco mejor, sólo por el hecho de saberlo. Sé que soy como todos, ¿acaso no soy mejor?.

No, no lo eres/Puede que sí/Shh, ¡imbécil!/Hazte una paja y deja de joder/Meditaciones sobre la filosofía primera. ¡A que no te la sabías, Descartes!

-¿Ah, estás ahí?- preguntó luego de escupir al lavamanos. Tal vez una baba negra, tal vez una blanca. Tal vez sólo fue un gargajo.

– Sí, perdón… estaba acomodando una cosa aquí- contesté intentando mostrar algo de atención.

-No puedo creer que de verdad te hayan mandado esa carta del trabajo- me dijo con un puto tono de regaño que casi me imaginé de 12 años encerrado en mi cuarto por no hacer las tareas- Ponte serio con eso, no te falta nada para acabar consultorio…-.

Plaj/Trrrr/Shsss/Los aullidos de la mierda saliendo por la boca.

-¡AHH, VIDA HIJA DE PUTA! ¿OTRA CON LA MISMA MIERDA?-.

– Ya…ushh ¡tranquilo! ¡no es para tanto!-.

– Sí claro, no es para tanto. Nada es para tanto. Pero todo el mundo jode, y uno dice que no quiere hablar de esa mierda y todo el mundo pone el dedo en la puta yaga: ¿Fuiste a consultorio? ¿Fuiste al médico? ¿Te hiciste mil pajas? ¿Te salió la esperma roja?. ¡Pero qué putas les importa!- grité, intentando calmarme. Lo necesitaba. No tenía por qué tratarla así. Sabía que ella se preocupaba, que quería ayudarme a resolver mis problemas, pero hay cosas que sólo pueden resolverse a solas, en diálogo con uno mismo.

Cosas que sólo uno las entiende/o destruye.

– ¡Cálmate!…sólo te estaba preguntando por eso. Disculpa, ¡ya sé que te molesta!… pero no es para tanto, no tienes por qué ponerte así. ¡No te puedo decir nada!- dijo con un tono de ira que me supo a mierda. Lo sentí como esos que algunas malditas profieren cuando tienen sexo, buscando que uno cambie de posición pero sin que ellas muevan un puto dedo. Aunque sabía que no era así, al menos no en este caso.

– Hasta luego… hablamos en otro momento-.

– Pero mira, yo sólo quiero ayudarte… ¿Qué puedo hacer para hacerte sentir bien?-exclamó de forma tan dulce que sólo pude atinar a ser sincero.

– Ni mierda…hablamos luego-.

Tun/Tun/Tun/Communication Breakdown. Lo decía Zeppelin, lo decía el tipo del bar.

La pregunta estuvo martillándome un buen rato. “¿Qué puedo hacer para hacerme sentir bien?” “¿Qué putas puedo hacer para no alejar a los que me dan la mano y ser feliz?” me preguntaba mientras sacaba una lata de cerveza de la nevera. Me quedé en ello, sintiendo varios sorbos caer espesos, fríos. Temblé un poco, estaba vivo.

Estaba vivo. 

Mire por la ventana y habían unos niños pateando un balón. A lo lejos, un árbol se mecía con la tranquilidad que está el estar aferrado a tierra. “Ni mierda”, fue lo último que pensé antes de salir a comprar alguna botella. Antes de verme allí bebiendo las respuestas.