Para ti.

04-Edvard Munch-Head of a Dog. 1930s. Oil on canvas. 46 x 38 cm. Munch Museum, Oslo, Norway

Fueron dieciocho años de idas y venidas
Yo me hice más viejo,
Menos interesante…
Fui perdiendo el rastro de mis pasos
El calor en los trazos.

Tú luchaste contra todo
Contra las vísceras que saltaban despedazadas
En esos quejidos que partían desde adentro
Soltabas la sangre…
Batías la cola.

Hoy, después de todo
Moriste en soledad.
No estaban los viejos
Ni yo,
Contigo.

La vida es la ingratitud de los días
Y la muerte de la esperanza.
Con todo, te quiero
Te querré
Llevaré esa sangre en el corazón
Tendré que llevarla…

Te llevaré conmigo
Y a costa de mí.

Has muerto, hermano,
Ahora me toca vivir por ambos
A mí,
Contigo,
Y sin ti.

 

 

Tan sólo un árbol amarillo…

klee

El árbol se mecía
Como las dudas y las penas
Se movía, casi muerto
Al borde del lamento
Y yo, allí
Sólo lo miraba.

Se retorcía en su propio eje
Las raíces pesaban
Como los años en la vida
Y del niño que jugaba
Y era feliz
Llegó al adolescente
Que perdía, y lamentaba
El pretender seguir
Estar siempre,
Allí.

Perder.

Sabía que algún día
Ese árbol se caería
El viejo amigo
Se molería
Contra la tierra
Y no resistiría.

Lo sabía
Lo había visto
En mi abuela y otros viejos
Que morían con la lengua afuera
Y con la sensación de felicidad
Enfrascada en una mueca.

Lo sabía
Como los niños que cargan
Su pena en  un arma
Y las mujeres que huyen
Con la ilusión en sus brazos
Lo sabía;
El árbol tenía ese mismo gesto
Ese mismo rostro
El mismo abatimiento
Llevaba mucho vivo,
Tanto que merecía
Estar muerto.

Y lo veía, a los quince años
Con los mismos ojos
Que a los veintidós lo recuerdo
Demasiado muerto
Para seguir vivo
Demasiado humano
Para no ser de cemento.

Y algún día
La brisa lo tumbó.
Yo quedé de pie
Recogiendo sus despojos
Las flores amarillas, blancas
El verde desparramado
La sangre que llama…

Había algo que quería
Irse con él.
Ese mismo algo que muere
Día a día
Sin que yo sepa
Muy bien
Por qué.