De los límites del humano…

 

” Y años después, también pensó, recordando aquel momento: como habitantes solitarios de dos islas cercanas, pero separadas por insondables abismos” Ernesto Sábato.


Uno de los principales problemas del humano radica en no conocer sus límites, a diferencia de gran parte de la especie animal, que en raíz al conocimiento de estas carencias, logra sobrevivir y por que no, adaptarse de la mejor manera si sus posibilidades y el mismo entorno se los permite.

Desde distintas ópticas, llámense filósofos, juristas, psicólogos, etc. , el debate sobre el tema ha sido arduo, y en reiteradas ocasiones los cimientos de la discusión han adquirido un matiz oscuro y de difícil comprensión, razón de más para que el grueso de la población no se interese en algo de vital relevancia como lo es esto.

A raíz de ello, la solución debe ser sencilla, completa y de fácil aplicación, que integre aquello que nos diferencia de cualquier otra especie: esto es la razón. Ésta es el límite permitido, la frontera básica, el principio ( “Pienso, luego existo“,como bien lo decía Descartes) y final de toda actuación humana.

El individuo racional comprende el verdadero núcleo que debe respetarse para convivir en sociedad, desde los derechos más básicos como la vida, el trato digno a sus pares, la no discriminación y el respeto mismo a aquellos con los que comparte; hasta las directrices de mayor dificultad en su aplicación,  que vendrían siendo aquellas constantemente vulneradas en virtud a su incapacidad para hacerse respetar por sí mismas, o dicho de un modo más técnico, aquellas no coercibles por el Estado.

La razón es el faro para garantizar un verdadero entorno, uno en el que seres autónomos se respetan al son de los violines mismos de la conciencia, que destruyen el grosero redoble de los tambores de la hambruna, las enfermedades, la corrupción y el resto de las pestes mundiales, un medio donde la libertad no es susceptible de ser comprada ni por todo el Oro del Rín, entendiéndose realmente su valor como tesoro innato, donde individuos éticos responden sin hipocresía y con el valor mismo de la inteligencia a los cambios constantes del mundo moderno. Simplemente, un mundo donde la responsabilidad no se evidencie en un castigo por parte del Estado, en el látigo tan preciado por la bestia que se mastica a sí misma y gime por su dolor, por aquel zurriago del sádico domador que estima más fructífera su labor entre más sangre vea derramada sobre el suelo.

Bienvenidos al mundo del mañana, donde el castigo más grande es el irrespeto a sí mismo: la cobardía misma del esclavo que pide a gritos un domador para no reírse de la estupidez de azotarse con sus propias manos.

 


De lo Humano…

 

“Lo que ustedes necesitan-prosiguió el salvaje-son lágrimas, para variar. Aquí nada cuesta lo suficiente” Aldous Huxley


Lo triste de estar vivo no radica en las deficiencias físicas mismas del ser, sino en las carencias propias de su entendimiento y razón, en aquella privación de capacidades que tanto se menciona por algunos reconocidos filósofos y moralistas. No hay necesidad alguna de látigos ni de hechizos para alcanzar la  felicidad, simplemente se requiere de un poco de humanidad.

El pilar de lo humano radica en aquello que nos distingue: nuestra capacidad para razonar como seres morales, conscientes de la magnitud de nuestra acciones, teniendo la capacidad de prever las posibles consecuencias derivadas de las mismas. Por ello, lo racional debe ser aquello que vaya en beneficio propio del individuo, respetando los principios básicos en los que se enmarca una sociedad decente; en todo el sentido del término, no considerándose ésta simplemente como un ente que garantiza unos escuetos derechos básicos, sin concebir la responsabilidad de garantizar y lograr la consecución de alternativas o medios de superación para el individuo, en donde prime la autonomía, la libertad  y no haya lugar a ninguna clase de imposición arbitraria ( entiéndase sumisión, esclavitud y cualquier tipo de manipulación).

He ahí aquello que implora el humano, razonar para lograr la superación del mismo, rompiendo las cadenas del misticismo y la ignorancia. No concibiéndose a sí mismo como parte de un engranaje que pide su sangre para continuar a expensas de su desarrollo propio,todo lo contrario, entendiendo que su condición de humano implora su individualidad y su racionamiento para ser feliz. El humano respeta, vive para sí mismo pero comprende la importancia del desarrollo por parte de sus pares, por ello no interfiere en él, en cambio, si está en capacidad, ayuda en su consecución. El humano pide la reivindicación del individuo, grita en pro del enaltecimiento del mismo, aclama no ser un simple empaque o envase en serie como los que se producen en masa hoy en día, llora por no ser una Coca-Cola.

Por último, aquí está una canción que ejemplifica lo bello de lo humano y sus posibles desgracias…