Recuerdos…

Lágrimas que se van entre la grima, entre la lágrima que nunca soltaste.Das pena, y lo sabes. Te bañas en lo que nunca fuiste,entre el mar.Te amo, y lo sabes, y nunca más me volverás a amar. Por que ya no existes, porque ya no estás. Y te sigo amando, deseando que el buzón se llene, que se llene de tus cartas, de tus ganas de querer estar conmigo.

Cosa que nunca llegará, cosa que nunca soñaste, cosa que yo pensé, algo que nunca llegó. Te quiero y te extraño. Así esto nunca te llegue, así nunca lo escuches.

Morena..

Morena es aquella a la que el cielo le grita, aquella a la que la noche le susurra, aquella que la marea abraza con la salida de la luna, reflejo de la luz de la madrugada, azul como el océano, ébano como la tierra, es ella, aquella que siempre he querido darle un beso, entre la niebla, entre la bruma.

Van Largas…

El tiempo pasó, ya la vida no sería la misma. De los párpados ya no brota esa sangre de dulce sabor, ya no se cruza con el amor que algún día fue. Y las noches pasaron tristes, y los días pasaron largos, no sé si aún te odio, no sé si aún te quiero, pero en definitva, aún te extraño. Y es que el transitar ha sido difícil. Más de una vez he querido despertar, desvanecerme en medio de los sollozos del saber que ya ni en los sueños encontrarte volveré. Las cosas  se perpetraban, las personas se iban. El mundo parecía crecer en forma de alcancía, las miserias crecían, los lamentos iluminaban las avenidas, ya no era lo mismo, escuchar mis lamentos ya no era lo mismo. Pretender estar así, sin más, con la noche de vigía era como pensar que ya la vida seguiría así. Te tomé, te dejé y así mi vida tendría que transcurirr. Adios a todo, Adios a mi mismo, desvanecerme en ti hoy aspiro, devolverte la alegría que hoy siento.

Me fui, decían, aquellos que aspiraban verme volar, verme transpirar bajo lo inocente de la brisa, llorar en medio de los acantilados que aún hoy no conozco, pero que aspiro a ver. Tus ojos fueron las luces, hoy lo que ilumina es la electricidad, en el azul de tus caricias, mi vida, hoy quiero volver a navegar, en tus olas y sábanas poderme levantar…

La Urna..

Estabamos allí, en medio de los relojes, de las arenas del tiempo. Descendiendo entre nuestras caderas, besándonos los pezones y rodeándolos con súbita lujuria. Era la nada, era el desierto de aquellas cenizas que no quedaron luego de haber estado juntos, era el haber estado lejos, el haber visto nuestra miseria desde la perspectiva del imparcial, ya la lujuria no era la misma. Descendía, y mi mano rosaba suavemente aquellas curvas que algún día deseó, pero que nunca siquiera llegó a creer que podría tener. Todo se desvanecía, la magia ya no era lo mismo, eyaculábamos sin sed, fantaseábamos sin tener que ver los fluidos rodar tras las piedras que nos sostenían.

Y es que haberte visto, así fuese aquí, ya me hacía pensar que quizas ya no era lo mismo tener sexo sin respirar, ya no era lo mismo besarte sin cariño, ya no era lo mismo desearte en la oscuridad. Aún me asombro, aún respiro sin poder concentrarme. Los caballos gritaban, y las vacas mascaban aquel pasto vicioso que rodeaba nuestras piernas. La lejanía no era la misma, ya no era el tenerte lejos, ya era el tenerte cerca, el poderte besar sin más, el poder verme nuevamente deseando tu afecto.

Las noches se hacían largas, y en medio de ese castillo de arena nuestros pasos se transformaban en miradas y las serpientes que nos rodeaban se susurraban unas a otras, “¿de donde vendría aquel destino que no conocíamos?”, que no queríamos conocer. Lamía tu sexo, desgarraba tus manos, veía aquel placer que nunca más podría volver a ver, no era lujuria, eran las caricias hechas magia, eran los datos de un investigador sin revolver, sin coacción.

El día llegaba, y la noche seguía alumbrando, disparando rayos de tristeza, enseñándome que todo era una mentira, que ya no volvería a ocurrir, me desvanecía en ti, esperando un mudo orgasmo, no quería el placer, deseaba el recuerdo, deseaba atesorarlo en el baúl de mis futuras desgracias, para que luego me pudise servir de consuelo…

Mirada

La mirada cae como si no fuese hoy, se desvía como si no hubiera mañana, se pregunta como si ya no le quedase más que ver, la mirada sonríe sin pestañear, se desliza sin mirar, como si no hubiese nada más que orgullo en el altar, la mirada cae, se retuerce, refunfuña, muerde, la mirada es todo aquello que desvía la atención del indivudo, se retuerce, se estira, desnuda, como el alma al pasar el abismo, como Dios sin consuelo.

Se desvía de la gente, enfoca otros ángulos, se desvanece en la bruma, piensa como los niños y llora como las ánimas, mira más allá, se desliza, muere. La mirada seduce, la mirada acompaña, y entre las tinieblas ella no engaña, se sacrifica, se traduce, se conmemora, como ella hay unas pocas.