Noche

Kirchner (15)

Empieza a resultarme extraña
Esta calle, sus esquinas,
La transito rápido e indistinto
Cada paso es un reclamo contra el tiempo,
Cada suspiro es un insulto contra mí mismo.

Desespero, arranco con la boca la hiel
De mis orillas,
La piel, cercenada y rojiza,
Estalla entre mis dientes:
No sabe a nada,
A nada más que risa.

Camino de frente al cielo
Piso estrellas y girasoles,
Son baldosas que no conocen mi fiesta,
Mi baile particular,
Y mis pies se deslizan sobre el viejo
Tapete negro,
Que no alcanzaban mis ojos.

Soy otra luz en el firmamento,
El dolor de una madrugada,
El aullido de un perro que ya
Se ha ido, que no
encuentra su casa.

Ladro de cara a las estrellas,
Mi rostro se baña en rocío,
Espero a que amanezca,
Mis palabras son fuego que
Escribe crepitando,
Riendo y llorando mientras
Siento la madera.

Y sé que, en algún momento,
Hasta la noche teme,
Su suspiro es el abrazo del
Sonámbulo,
Que se estrella con la almohada.

La noche sabrá vencerme,
Sus besos serán fríos.
Cuando ya no hayan estrellas,
Buscaré cobijo en las esquinas
Del corazón,
Ladrando y mordiendo basura
Seré querido.

Esperaré el fin de mi baile,
Las estrellas me conocen
Solo,
Mis ojos serpentean su brillo
Ninguno sabe de alegría.

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No soy más que otro

El vampiro munch

P.

¿Qué es la calle para nosotros?
¿Qué es lo que se hace en la calle con mayor frecuencia?
Soñar”.
L.F. Céline.

Empiezo a sentir de lleno
La agonía del que ríe,
Su aliento azucarado hiede,
Habla de cosas que no entiendo.

Sus paisajes no son los míos,
Y su risa, siempre alerta,
espera mi respuesta:
Es una hormiga trepando sobre mi brazo,
Una ortiga que descansa en el prado,
Es el dolor de la madrugada
Que reconoce mi rostro.

Empiezo a saber cada palabra
De memoria,
Escribo los recuerdos de eso que supo
Ser mío, mientras aguardo a la estela
De la última de las estrellas.

La noche empieza a ser más fría,
Y el calor lo llevo atado al pecho,
Como si de una cruz se tratase,
Como si mil carcajadas reclamasen
Mi espacio,
Y empiezo a ser uno con la risa,
Y río y río y el rio de mi vida
Es el llanto que guardo,
La certeza de tu viento
Llevo sujeto a mi cabello:

Es la resina que guarda mis ojos
De la tristeza del sol.

En esta noche,
El que ríe y llora es el mismo,
Temblor de sábanas blancas
Que se mece en las ventanas.

Empieza a amanecer.
Y los huesos se hielan para
Nunca quebrarse.
Mi vida es fuego de medianoche,
Fatuo e incestuoso,
Azul y blanquecino,
Que reclama tus pasos
Que carga ambos lastres:
Cuerpo y alma,
Realidad y suspiro,
Y sólo soy otro
Andrés Mauricio,
Uno de tantos
Que caminan en
dirección al cielo.

Seguiré viendo el firmamento,
De la mano de tu estrella:
Ya sabrás irte
O guiarás otro paso
a tu destino.

No lo sé,
Voy alado a una certeza:
Sólo existe una noche,
Y en cada una de tus calles
Sueño,
En el azar de tus palabras
Con la caricia de tu viento.