Tras la vuelta de la noria

The-Pear-Tree

P.

Siempre ha estado allí:
Sobre la cómoda, junto a las llaves,
En la esquina oscura del corredor
Se vuelve agua deslizándose
Sobre un grifo oxidado
Maullido que ya no es
Sosiego.

Se detiene, sus ojos trastabillan
Contra la luz cobriza
Que empieza a ser negra,
Y sus manos se deslizan
Sobre la piel tersa
Que tiembla como pasos gastados
Sobre el gris de las aceras.

En algún punto
Nos habremos encontrado,
Su saludo fue vano y mis palabras
Esquivas, fortuitas
La vida en su hallazgo,
El telón que se cierra cuando
Empiezo a ser algo.

Su voz será rumor
Esquirlas de luz sobre la mesa de noche
Un metrónomo agotado,
Que ya no marca un compás
Que ha olvidado el tiempo.

Y sabré que no,
Que ella nunca ha estado,
Que empieza a estar,
Que su silencio agrieta
La impaciencia de mis cimientos,
Y la miel de sus ojos es whiskey
Que arropa mis labios,
Abrasa mis entrañas
Arrastrando en niebla el negro
Tras mis párpados.

Seré fuego si la noche
Nos invita al frío.
Seré viento si tus pasos
Solicitan esfuerzo,
Seré llanto azulado una
Mañana de domingo,
Cuando estés en casa
Y necesites la lluvia
besando la ventana.
Seré risa en la soledad
De farolas blanquecinas.

Seré eso que he sido
Ojos serpenteando brasas,
La piel bordeando cada risco
Dispuesta a caer.

No tengo más que esto.
Pero no importa:
Carezco de las impertinencias
Del que ha sido recompensado,
Y mi risa ha sabido ser llanto,
Lágrimas de sal
He convertido en vino.

Y mis temores y certezas
Son en ti,
Ceñidos a ti,
En la comisura de tus labios,
En el filo de tus manos
Que no cortan,
Que no duelen
Que arropan
Que sostengo y tiemblo
Subido en una noria
Sonriendo a la ciudad.

 

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