El vuelo del pájaro azulado

Campo-de-trigo-con-cuervos

Ya viene de vuelta la noche
Como aquel pájaro azulado
Cuyo manto y vida recorren
La perduración del graznido.

Su vuelo arrecia y sus plumas
Son los pesares de la mañana:
Eso que se olvida nada más
Abrir los ojos.
En sus alas,
Se arropan las nubes y muere
El sol.

Su graznido baña de fuego
Las estrellas
Y su sangre es la estela
Que recorre el cielo.
El pájaro que veo en las noches
Ya no teme,
Ni reconoce su quebranto:

De él sólo queda el peso
De su viento
La quietud y su abrazo
Su naufragio en el
Firmamento.

Por eso, a ratos lo llamo,
Lo espero de noche y admiro
Sus plumas,
negras y azuladas
Mientras crepitan como el fuego.

Hubo un día en que el graznido
El temblor de sus alas
Recorrió la espesura del reloj
El yermo en que escribí
Las horas para saberme vivo.

Ahora,
En la quietud de una noche estrellada
Presiento su abrazo y
Tiemblo:

Su cielo no es el mío.
Ya sabré hallar consuelo.

Retomo el silencio
De una posible madrugada
Y dibujo el rojo mancillando el negro
Dispuesto a retratar
Qué queda de su recuerdo:

Vuelo y alma
no son más que una misma cosa:
La cadencia del náufrago
Bajo el cielo infinito.

Y sé que no soy otra cosa
Que ese pájaro,
Trastabillante ante las luces
Que rastrillan el cielo
Surcando avenidas azules
Sobre el gris del pavimento.

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Nunca se trató de esto

Kirschner

No,
No se trataba de esto:
No,
Nunca se ha tratado
De esto.

La mañana apesadumbrada
Siembra el blanco azulado
Que se funde en el cielo,
Y el carbón encendido
De negros y amarillos
Ya muere en el recuerdo.

Ojos rojos incineran una pared blanca:
Reclaman su abrazo,
El olvido y la vida,
Mientras la luz de las farolas
Se difumina entre carcajadas.

Vivir no era esto.
No, nunca se trató de esto.
La mirada perdida,
Divaga entre escenas pasadas:
La juventud es un azulejo
De grises dolores,
Y la madurez es el llanto
De los amantes tras el beso cobrizo,
Que duele e incinera y abrasa
La piel,
Retrato de grises aceras
Oscuras cavidades
Bailan algún tango,
Su certeza es sólo la
Indiferencia de sus suspiros.

Hubo un momento
En el que la vida no fue esto:
Y las noches nos fueron promesas
Y barrimos de fuego
Un suelo que nos era esquivo,
Mientras el niño cantaba un villancico,
Sin conocer que el viento
No ha sido nuestro,
Y que los días ya ríen o lloran
Sin que lo sepamos.

Azulejos y saxofones dorados
Crepitan tras el ruido de los autos.
Y no,
Nunca se trató de esto.

Nunca quise que mis ojos
Fuesen esquirlas de
Un momento inacabado.
Y la pared blanca ya me habla
A pesar de sentirme cansado:
Su murmullo es una línea amarilla
Que serpentea la carretera,
Y siento que todos nos perdemos
En lo que queda de ella.
Las alas del reloj se
Estrellan contra una pantalla.
¡Qué corto ha sido el vuelo!
Cuando el tiempo es también esclavo
De sus propias señales,
De su pesado tránsito.

Y ya es de madrugada.
Hay algo que ríe y se incinera
Cuando el cielo
Rompe en llanto.

Y sólo queda nuestro reflejo
Y la frialdad de la pared,
Tras el negro de los párpados.