Para ti.

04-Edvard Munch-Head of a Dog. 1930s. Oil on canvas. 46 x 38 cm. Munch Museum, Oslo, Norway

Fueron dieciocho años de idas y venidas
Yo me hice más viejo,
Menos interesante…
Fui perdiendo el rastro de mis pasos
El calor en los trazos.

Tú luchaste contra todo
Contra las vísceras que saltaban despedazadas
En esos quejidos que partían desde adentro
Soltabas la sangre…
Batías la cola.

Hoy, después de todo
Moriste en soledad.
No estaban los viejos
Ni yo,
Contigo.

La vida es la ingratitud de los días
Y la muerte de la esperanza.
Con todo, te quiero
Te querré
Llevaré esa sangre en el corazón
Tendré que llevarla…

Te llevaré conmigo
Y a costa de mí.

Has muerto, hermano,
Ahora me toca vivir por ambos
A mí,
Contigo,
Y sin ti.

 

 

Tedio

plazoleta del Rosario

El frío corroe los huesos
Y siento tiritar hasta las vísceras
La misma gente de todas las mañanas
Llega a la misma hora de todas las mañanas
Casi todos fuman,
Yo bebo un café, que sabe más a agua
Que a otra cosa.

Es el mismo camino de todos los días,
La gente aún puede sonreír…
No tiene miedo a sonreír…

Las palomas se retuercen a un lado de la plaza
Se comen la basura de los hombres.
Un par de mujeres hablan de los planes del día,
Harán lo mismo que el viernes pasado.

El humo de los cigarrillos se va como la vida
Directo hacia el cielo,
Y se pierde en el intento.

Tanta fuerza se requiere
Para que todo no se despedace,
Y es lo mismo de todos los días,
Y aún se mantiene.

Retuerzo unas hojas para mantener el calor
Y las lágrimas se agotan en un suspiro,
Me levanto y sigo con lo mismo.
Será el perro frío
Que quiere matarme.

A pesar del tiempo

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Seguro no conozco el final del infierno
Ni el comienzo del cielo,
Tampoco he visto a los ojos del mendigo
(Detenidamente)
Menos aún he caminado sin mirar atrás.

No habré ido intranquilo por los cementerios
No seré ese cuyos ojos brillan
Así esté triste,
Nunca me entendí con la gente feliz
Me impacienta,
Me jode.

Seguro no sé una mierda de la vida
Sí, seguro,
Nunca he querido vivir hasta el fin de los sueños
Nunca he sentido demasiada simpatía,
Por mí
Por los días.

No he consumido lo que he podido
Tampoco me he emborrachado lo suficiente
No he leído lo que he querido
Y no voy para ningún sitio.

He vivido estancado por varios años
Lanzando palos de ciego a la vida,
Sintiendo el caminar pesado y palabras trastabillantes
Con la corbata ciñéndose al cuello
Hasta no dejarme respirar.

He sentido miedo
Al dormir, al caminar, al mirar atrás
Y no tengo consuelo
Cuando veo hacia el frente:
Sé que no viene nada bueno
No tiene por qué
No tengo un por qué.

Aún así
No conozco el infierno, aunque debe ser una iglesia
Y el cielo sólo existe para atormentarme…

Nada existe
Nada más que seguir.

Con todo,
De vez en cuando me agarro a la venda
Que cargo en los ojos
Y deseo no estrellarme,
Sembrando flores que nunca recogeré
Dejando sonrisas que nunca serán escritas
Transitando los valles de neón donde la gente
Come carne de otra gente,
Y los perros deambulan con miedo,
Y sabiduría furiosa
Tras sus pupilas malheridas.

No sabré una mierda de la vida
Pero sé vivir,
Mal, demasiado mal,
Pero he vivido…
Más de lo que quisiera,
Más de lo que hubiese podido.

Siembro lágrimas de vez en cuando
Y las confundo con la caída del sol
Contra la ventana,
Y a veces me tiro hacía atrás
Y me cubro la cara
Para que todo quede oscuro
Y no exista nada más…

Será el tiempo
Pero a veces siento orgullo
De ser esto,
Con todo…
A pesar de todo.

Remuevo las palabras contra la almohada
Para que nada amanezca.

A propósito del discurso de Vallejo

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Fernando Vallejo ha recitado palabras contundentes:

“Los campesinos de Colombia atropellados por todos:
por el ejército,
por las guerrillas,
por los paramilitares,
por los mayoristas,
por los minoristas.
Engañados por los políticos,
por los curas,
por los santos: por vos.
Abandonados
a su suerte
por esta mala patria.”

Tras escucharlo me pregunto:
¿Qué queda de Colombia?
Cadáveres disolutos en mareas de sangre
Intestinos aferrados a los marcos de las iglesias de los pueblos
Rostros percudidos por el paso del tiempo, por la ingratitud,
Muerte tras muerte sepultada bajo nuestra comida
(Sí, abono, para nuestra comida)
Colombia es todo lo que se quiso de ella:
Un estado de caos permanente
El llanto de una madre al llegar a casa:
Ver que sus hijos han partido,
Se han ido,
Sea con el ejército
O la guerrilla,
A morir;

Colombia es lo que es, a pesar de todos,
Y gracias a todos:
La avaricia de los pocos que se ríen de los muchos,
La mediocridad: siglos y siglos de lo mismo,
Por lo mismo,
Gracias a los mismos.

Y pensamos que todo va a cambiar,
Que la juventud, sí, esa misma juventud
Que por más de doscientos años ha luchado
Por todo,
Y ha terminado siendo,
La causa de todos los problemas
En su madurez,
Cambiará.

Somos los errores de nuestros padres
El llanto de nuestras madres
La desesperanza de nuestros niños
La modorra de nuestros adultos.

Nada nos importa,

Vivimos entre la muerte
Con fusiles al hombro
E historias de guerra para contar
Cargamos con nuestros muertos
Como si del amor se tratase.

Aquí sólo germina la violencia…
Aquí, y más allá de las fronteras:
Somos el cáncer de una tierra sin madres
Precarios,
Deficientes
Furiosos
Hasta la médula.

De la madremonte, el mohán
El Poira, la Patasola,
Y demás mitos,
Sólo quedaron las historias de muerte
De guerras, de juventudes convalecientes
Y ancianos apaciguados,
Nos quedan doscientos años más de barbarie,
Hacia delante
“Con mano firme
Corazón grande”.

Los mitos de la selva ahora son las andanzas de rostros confusos
Atragantados por la violencia
Que vomitan balas que se estrellan a la nada:

Se mueren los de siempre.
Los que no han debido ser
Los que siguen siendo.

Y a pesar de todo,
Vallejo,
Y yo,
Y los que sean,
No tienen palabras suficientes para decirlo:
La locura es aún mantenerse,
Esperar algo,
Sentir amor por los símbolos patrios.

Locura es no huir…
Repartimos los muertos como si de pan se tratase,
Y santiguamos a los héroes antes de matar.

Somos esto:
Y lo que el sufrimiento calla,
No es capaz de hablar.

¿Hay alguien que de verdad crea
Que deseamos la paz?
Seguimos matando,
Siendo que nunca
Aprendimos a amar.