Vergüenza de sí

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El llanto de Dios es la risa del hombre,
Pero él todo lo tolera,
Todo se le permite y todo lo permite
Dios es el esclavo de su propia magnificencia;
El niño que llora por las noches
Porque tiene amor,
Y no sabe qué hacer con el.

La risa de los hombres es la muerte del “otro”,
El camino a los trabajos es el bosque transitado
La gente muere con cada paso,
Se sumerge en la arena para sólo salir cortado
Y de vez en cuando alguien grita,
Agonizando,
Y todos dan la vuelta
Esperando verlo morir.

Los lobos se agitan al morder sus propias vísceras
Y las palabras se disuelven en las garras de aquel que,
Estando solo,
Se incrusta en la vida de alguien más,
De ese otro que,
También sólo,
Calma su vida alejándose de sí.

Se siguen los pasos al subir a los transportes:
Unos huelen mejor que otros,
Se han esforzado por ocultar las garras,
Devenir sintéticos.

El hombre es lo que el hombre no expulsa
Lo que le enseñaron a ocultar para aparecer menos animal.

A ello se llama hipocresía.
Pero pareciera ser sólo tolerancia.

Y con todo eso
Se sigue viviendo.

A pesar de eso.
Y por eso.

Somos la negación de lo que fuimos,
Y  jugamos a ser “otro”.
Sobrevivir.

¿Me permites reír,
Así me cueste llorar?
Soy la vergüenza que queda
De eso que fui.

Nuevos días…

Wim wenders en el curso del tiempo

Nunca tuve mi chance:
Siempre fue lo que quisieron
Lo que ellos quisieron,
Y me enseñaron a querer.

Entonces me acostumbré
Y caminé.
Por donde era
Como debía ser.

Me quedé con eso:
Con los ideales de la clase media
En un país de inexistente clase alta
Nutriéndose de la miseria.

Crecí con la publicidad
Con una T.V. encendida
Mostrándome cantidades de mierda
Que no necesitaba.

Me quedé con eso…

Y ahora, mientras escribo todo esto,
Recuerdo lo que fui
Lo que he sido:
Es esto,
Un poco lo que me dijeron
Un resto de lo “otro”.

De eso otro que llaman
(llamo)
“Fracaso”.

Me quedé con lo que no debía querer
Porque me hizo sangrar.
Y eso me traía
De nuevo
Un poco de humanidad.
Sonreía,
Sonreía cuando eso pasaba
Estaba aprendiendo algo
Eso que me habían quitado
Eso que podía matarme.

Lo sigo aprendiendo
Con cada paso
Y caída;
Con cada avenida
Transcurrida
Y con cada copa
Que se quiebra en risas.

Lo aprendo con un par en el camino
Por el camino
Disfrutando de lo que venga
Rasgando un poco…
Las vestiduras del pasado.

Soy esto,
Y otro poco
Que
Así no sepa,
Así no conozca,
Está por venir.

A la mierda lo que venga…
Todo se lo lleva el tiempo
O lo estanca el papel.

Sabía lo que le decía.

edvard_munch-madonna

Le había dedicado varios versos a la noche
A la luna, a las mujeres. A ella, y ya.
Había hablado conmigo mismo,
Sin reproches,
Sin más para lamentar.

Aquí,
Ahora,
Danzando licores
Como luces en la noche.
Esperando a que algo pase,
(lo espero)
Y así sigo
Jugándole al derroche.

Bebo dos tragos,
Sonrío ante ti.

“Todo está bien”
Repites
“Todo está bien”
Me digo,
Mientras tiro la copa
A la boca
Y vuelvo a saborear.

El anís se estruja
Cavila entre las vísceras y la garganta
Añora felicidad.

A eso me dedico
A eso le juego
En estos días
Sin amor
Sin paz

Con una gota
De amistad.

Bebo una copa
Vuelvo a sonreír.

“¿Me quieres?”, pregunto,
Para luego morir.

“¿Me quieres?” repites
Oculto la cara,
Me alejo
Sin ti.

 

 

El perro de los ojos azules.

04-Edvard Munch-Head of a Dog. 1930s. Oil on canvas. 46 x 38 cm. Munch Museum, Oslo, Norway

Baste aclarar que los perros son los seres más nobles
Hermosos, leales
De todo lo que hay.
El lado oscuro de la moneda:
En el otro se mata la humanidad.

“And we sleep together like
that
with our
secret pact
and it’s nice enough to
make a man
weep, but I don’t
weep, do
you? ” Charles Bukowski.

Hay un pájaro azul en mi corazón
Que nunca salió
Lo dijo Hank
Primero
Mucho mejor que
Lo que podría llegar a decirlo
Yo.

Pero, digamos, que tengo el perro de azul
El perro de los ojos azules
Que se clava en mis pupilas
Y me hace volver…
Volver sobre los pasos
Escarbar sobre las huellas
Cortarme con las piedras
Del viejo cementerio.

El perro de los ojos azules me sonríe
En imágenes pasadas, imágenes que se cruzaban
Con otras de aguardiente, anís, gente que se quebraba
Al instante de aparecer
Como cristales impolutos,
Que no estaban ahí, que no podrían soportar
El paso de los días.
Y un mundo que se abría de piernas
Para que lo penetrara.

El perro de los ojos azules me miraba
Me enseñó a amar
Y con eso me dio un trago
De autodestrucción.

El dolor y el amor
Servidos en una copa
El amor iba primero
Un amor tranquilo, sereno,
Con demasiado por hacer
Con todo por hacer
Y lo otro, que vino después
Me sentó de lleno
Me enseñó a temblar

Me puso en mi sitio
Me trajo oscuridad.

Pero a la vez cierta calma
Los días de sol, de 40 grados de angustia
Se trasladaron por áridas montañas
De 20 grados.

La ciudad trajo otra gente
Otra vida
La misma rabia,
Un nuevo dolor,
Lo mismo de siempre.

Pero nunca olvidé al perro de los ojos azules
Me lo enseñó todo
Me dejó cicatrices
Nunca las lamió
Eran carne cruda
En descomposición.

Y entonces
Bukowski lo dijo primero.

El pájaro azul.

Yo me quedo con el perro
De largos cabellos ondulados
Hebras castañas que llegaron a amarrar
La locura
Dejarla en tranquilidad.

Ella no lloró.
Yo fui el que lloré.

No había nadie más
Puede que otros.

¿Lloraré, otra vez?
Le pregunto a Hank
Para que conteste
Con otro animal.

Me lo sigo preguntando
Tras cada sorbo de anís.
Me lo sigo preguntando
Cada fin de año
Mordiendo las uvas
Para luego escupir.

¿Amaré?
Es la moneda
La que está por caer.