Eso que no se pudo escribir.

Grosz

Hace unos días había intentado escribir algo. Me senté, con varios tragos en la cabeza, y lo escupí. Tenía huevos, bastantes huevos…pero no los había batido lo suficiente. En vez de ser mierda sólida, aquello no era más que polvo licuado en el agua. Similar, pero diferente, a una cagada de borracho.

Había intentado escribir sobre una fiesta de hace unos tres años. Esa vez, me emborraché de tal manera que me oriné desde el balcón. Tuve la mala suerte de que el chorro le cayó directo en la cabeza a un hijo de puta bien grande y su novia. Ella gritó. Los del apartamento gritaron. Todos gritaban. Yo grité. Grité riendo. JAJAJA. Hijos de puta. Luego me molieron a golpes. Y me levanté y fui por un taxi. Fin del día.

No pude escribir sobre aquello. Me costó. Me costó como si hubiese estado escribiendo en alemán. Las palabras se entrecortaban, y todo iba muy mal ahí. Un par de frases ingeniosas le daban algo de sentido al texto. Pero nunca lo suficiente. Siempre, en esto de escribir, termina faltando algo. No es que yo sea bueno, creo que tengo cierto talento, pero creo que lo importante son los huevos. Meterle huevos hasta que las paredes se rompan y uno esté ahí, viendo y leyendo. Leyendo sin vergüenza, y con dolor. Si no duele, nunca ocurrió.

Últimamente me jodía la cuestión del trago. Desde mi cumpleaños, la cosa se había agravado. Un par de escupitajos sanguinolentos, y unas resacas bestiales. Cosas anormales. Nunca me pasaba. Eso nunca me pasaba. La resaca era lo de menos. Nunca dejaría el licor, ya lo tenía más que decidido. Sin licor es imposible sonreír. Y sin sonrisas, difícilmente hay vida. A menos que se sea oficinista. Pero aquellos gargajos rosados me asustaban. Era poca la sangre, pero sabía como si de allí brotase un manantial. Sabía que eso no estaba bien, pero también sabía que de ninguna otra manera podía estarlo. Nunca se está del todo bien, a veces se aguanta, otras sencillamente se derrumba. Aquí estoy yo, vida hija de puta.

Hace dos días, antes de intentar escribir eso, había estado en una fiesta. Una de esas fiestas del “Campestre”. La mayor cloaca de la ciudad. El sitio donde se fraguaban las conversaciones más insulsas e imbéciles del planeta. El epicentro de la idiotez y la adulación. La miseria y la ignorancia se acrecentaban con el costo del vehículo, de igual manera que con el tamaño de la silicona. Nunca se tiene suficiente esposa. Nunca. Siempre le cabe un poco más de silicona. Sino es en el culo, es en las tetas. Pero siempre cabe.

Ahí estaba yo. Que no era ni mejor ni peor que ellos. Sólo uno de otra especie diferente. Ellos se habían conformado. Yo seguía peleando, y pelearía hasta que la sangre que escupiera fuese más que la saliva.

-¡Tiempo sin verlo!- gritó una voz conocida- ¡Como a usted no le gusta nada!

-¡Jajaja! ¡Donde hay trago estoy yo!- dije.

-¿Qué más? ¿Qué ha hecho?

Daniel. Un viejo amigo del colegio. Estudiaba derecho en la misma universidad a la que yo iba. Tipos diferentes…bastante. Pero amigos. Y aquel siempre había estado en los momentos jodidos, a pesar de no ser de los más cercanos. Fue al velorio de mi hermana, y sólo por haberme saludado ese día, merece mi respeto por el resto de mi vida. Era un buen tipo. Diferente, eso sí.

-Nada…-contesté- aquí, con los viejos.

-¡Ahh! Yo si dije- contestó mientras me servía una copa- A usted no le gustan estas vainas.

-Este circo no es lo mío.

– Jajaja ¡Relájese y ya!

-No puedo- contesté, tras bajarme aquel guaro caliente- No con tantos  perros de estos  por aquí sueltos.

Me senté con el. Siempre me recibía con agrado. Tenía su propio trago, y me servía. A veces whiskey, a veces aguardiente. Siempre servía. No importaba cuánto le hubiese costado. Y sonreía. Sonreía con verdadero agrado de verme. A mí me agradaba eso. El tipo siempre había sido un gran amigo. Me sirvió otra copa, y me presentó a los mismos imbéciles que todos los años me presentaba:

-Andrés- dijo, tras chocar las copas- le presento a Guarno.

– Qué hay, Guarno.

– Y este es Felipe.

– Todo bien, viejo.

– Y este…

Y así con todos. Hasta llegar a las mujeres. Algunas estaban bastante bien. Pero sabía de entrada que no se fijarían en mí. Yo sobraba allí. Resaltaba en ese ambiente. No era mi espacio, y ellas lo sabían. Lo sabían hasta el punto de despreciarme. Me preguntaron un par de cosas (Qué hacía, a qué me dedicaba, qué me gustaba…) y mis respuestas no ayudaron mucho. Quería el trago, y hablar un rato con Daniel. Preguntarle por el resto de gente, qué se habían hecho…para dónde habían ido.

– Diego está bien- me dijo- atareado con el trabajo, la clínica…toda esa mierda.

-¿Ya se graduó?- pregunté.

-Si, ya. Está ganando muy bien.

– ¿Y el negro?

– Bien- me dijo, rellenándome la copa- Ese sigue igual.

-¿Igual?

-Sí, igual.

-¿Cómo así?

-Pues igual- me dijo, mostrándome el culo de una de sus amigas- Ese sólo sirve para comer viejas buenas. Y ser mantenido.

-Grande el negrito.

-Eso dicen.

Seguimos hablando. Le pregunté por los suyos, y el por los míos. Habíamos sido amigos de colegio. De hecho, el fue mi primer amigo en el colegio. Un tipo amable y servicial. Buen central y seis. Igual de confiable dentro y fuera de la cancha.

Diferente.

Y ya.

Estuve así un buen rato hasta que decidí volver a mi mesa. Había dejado una de las dos botellas que había comprado. La otra ya me la había bebido hace un buen rato. Me senté. Bebí, bebí hasta que los ojos empezaban a cansarse y el calor azotaba con más fuerza. Sentía mi cuerpo hervir a más de 50 grados. A pesar de que el clima estaba a unos 40 apenas. 40 en la noche. Neiva es el infierno. Y yo soy feliz, así sea por un instante, ahí. Siempre ahí. La negra no lo entendía. Ninguna de las anteriores lo entendían. Las mujeres poco entendían de la tierra…y de la calma. Las mujeres no conocen la calma.

-¡Malparido!- grito otra voz familiar- ¡Siempre tomando solo!

-Jajaja, hijo de puta, siéntese y afinamos esta mierda.

-Vale- contestó, mostrando lo más hermoso de la creación- Y aquí traigo esta.

Gigante el Jack Daniel’s. Gigante. Simplemente brutal. Sabía que iba a terminar bien. Rodrigo. Siempre buen tipo. Habíamos tocado juntos en una banda de hard rock hacia unos siete años. Virtuoso en la guitarra, estúpido en el resto de cosas. Su vida iba…era feliz. O al menos eso me dijo, y le creí. Le creí. Un tipo como el merecía ser feliz.

-Todo bien…-me dijo, tras mandarnos una copa de mi aguardiente- Pues en la Universidad, también. Pero nada raro.

-Marica…usted debió irse a USA también. Aprender guitarra a fondo.

-Ya fue…

-Sí, pero ahora va a ser administrador.

-Tampoco es tan malo.

-Podía ser guitarrista…

-Ya fue…

Y ya había sido. Hablamos de todo. De Carlos Hernán (que incluso se sentó un rato con ambos, y regaló tequila a fondo), del negro, del Manri. Ya poco sabíamos de todos. Poco sabía de la mejor gente que había conocido en la vida. Poco me había importado los mejores momentos de mi vida. Poco me importó el futuro. Y ahora, este presente. Este presente ante el cual las lágrimas brotan, y la saliva se baña en sangre. El presente que no conoce futuro. Pero que conoce la lucha. Luchar hasta romperlo todo. Hasta que levante la cabeza y sólo quede el sol. Y no tenga que ver para abajo.

Compré otra botella de aguardiente, me despedí de Rodrigo, y caminé. Caminé. Caminé dándome tumbos con todos. Un par de hijos de puta me buscaron pelea. No ocurrió nada. Habían conocidos por todas partes. Y algunos me salvaron el culo. Seguí, pensando…en nada, en algo. Pensé en todo. Pensé en Laura. En el presente. En Tatiana. En lo que me quedaba. Lo que ya no tenía.

Al menos hoy, ese día, sonreía. Luego, no sé cómo, lo olvidé.

Caminaré.

max ernst

Caminaré
Caminaré hasta que los pasos sangren
Y la saliva se escurra en las entrañas
Caminaré hasta que duela
Y no me pueda devolver.

Caminaré
Caminaré hasta que el suelo tiemble
Y todos sepan que me fui
Y yo sepa que me fui
Y sepa que ya no se podrá
Volver.

Caminaré
Caminaré con los labios ensangrentados
Con la risa estrujada
Y la quijada destartalada en llamas
Caminaré mientras todos se detienen
Caminaré hasta que el sol barra a Dios
Y sólo quede yo,
Mirando de reojo
Meando grandes chorros de licor.

Caminaré
Caminaré y los dejaré atrás
Los dejaré en sus cubículos
En su vida vertical
Y yo seguiré
El rumbo hacia mi camino
Transversal
De derechas e izquierdas
Que sólo llevan
A la libertad.

Los dejaré
Los dejaré cuando todos me griten
Y el mundo tiemble sin saber
Qué fue
¡Qué bien!
Y yo seguiré
Caminando
Dejando,
Los campos de mierda
De neón fluorescente
De gargantas apretujadas
Sin un trago que las lleve
A la calma.

Me iré cuando todos lo sepan
Y a nadie le duela.

Ya puedo hacerlo.
Aprieto el botón.

Nada cambia,
O cambiará.

Gotas.

paul klee

La gota que cae
Y no llega a nada
La vida que sigue
Con sabor a pernicia
Y yo que aún
Sigo sin avaricia.

La gente se mata
La gente, los perros
La vida se aniquila
A sí misma
Como si vivir fuese el único mal
Y todos lo tuviésemos que
Aniquilar.

Los segundos se escurren
La carne se agrieta
Los pensamientos se hilvanan
Al compás de la botella
Sigo aquí,
Sigo aquí
Sigo aquí mientras no me tengo
Sigo mientras me extingo
En la precisión del minutero
En la desazón del reencuentro:
Conmigo mismo
Con ese que se levanta
Y piensa:

¿Qué queda?
¿Qué queda?

Y no queda nada,
Y vuelve a empezar.

Y sigo caminando
Igual, sonriendo
Sonriendo,
Como si nada
Dolido
Hasta de respirar.

Vivir es muy duro.

Vivir es tan duro que pocos viven
Y muchos caminan
Vivir es tan fuerte que todos lo olvidan
Al instante de nacer
Vivir es tan triste que lloramos al ver;
y nos retorcemos y buscamos
La oscuridad,
La oscuridad del vientre
En el abrazo de la madre.

Por eso
Hoy,
Vivo aferrado
A la nada,
Y sonrío.

Sonrío así
No quede mucho
Para sonreír;
Sonrío mientras todo da razones
Para morir.

Como si las gotas cayeran
Y no quedara nadie
Para verlas.
Yo seguiré allí,
Mientras los muertos recuerdan a los vivos.

Mientras me tenga a mí
Seguiré allí,
Y los orgasmos se escurran
En la memoria
Y las risas se estrujen
En estos días,
Sin gloria
Sin pena
Pero con cierto aire
De dolor
Que sabe a esperanza.

Perder para ganar.

Hiperrealismo Richard estes

Quisiera haberlo perdido todo
En algún instante
Y no tener más que
Esto que hoy tengo
Y que de nada vale.

Quisiera haberlo perdido todo
Haberlo perdido hasta que no tuviese nada
Nada más que yo
Y verme a un espejo,
Y no sentir remordimiento.

Quisiera habelro perdido todo
Para que aquellos que esperan algo de mí
No tengan motivos para hacerlo,
Para que todos esos que me atan
Me dejen libre
Y pueda volar.

Volar tan lejos que los ojos sangren al mirar
Volar más allá de las luces propias de la cordura
Mirar hasta matar
Volar hasta existir,
Hacer de la rebeldía un milagro
Y de la algarabía un retrato.

Beber
Beber hasta ganar
Beber hasta no tener nada más
Que extrañar
Beber hasta que la gente se diluya
En el aguardiente
Perder hasta que no quede otra cosa más
Que poder ganar.

Porque para ganar y existir
Siento que no me queda otra
Siento que sólo tengo
La botella
Las manos rotas
Y sólo me queda
Perder,
Hasta vivir
Hasta que los que están ahí
Me dejen huir.

Poder ser libre,
Algún día,
Ojalá,
Feliz.

Suficiencia.

Borrachos-Vincent Van Gogh

Nunca he bebido lo suficiente
Pero sí sé que lo he hecho
Con suficiencia.

Las palabras brotan al compás del anís
Del whiskey, del baccardí
De lo que haya en el instante
Sea ginebra o Jaggermëister
La sonrisa siempre
Está allí.

Nunca he bebido lo suficiente
No pretendo hacerlo
Beber es vivir,
Rehusarse a morir
Beber es luchar contra todo aquello
Que quiere martillar
Las ilusiones, los pesares
Eso que lo hace a uno
Seguir.

Beber es pelear
Pelear consigo mismo
Hasta que los sueños se hacen realidades
En la crueldad del instante
En que la inconsciencia es la otra puerta
Hacia la consciencia.

Beber, beber
Beberé hasta que el hígado se muera
Hasta que las vísceras estallen
Hasta que los niños sean hombres
Y los hombres sean niños
Beberé hasta que el vómito sea mi aullido
El aullido contra el silencio
Y los cuervos se desparramen sobre mí
Y no vean más que un cuerpo
Luchando
Jugando
Siguiendo
El trayecto
Existiendo.

Beberé
Beberé hasta que nadie más esté allí
Hasta que los muertos me sirvan las copas
Y los vivos no compren Jack Daniel’s
Beberé al ritmo de Pantera,
De Black Sabbath
De Def Leppard
Beberé con la misma mueca

El fastidio no se irá.

Beber es resistir
Es no resignarse a seguir,
Como todos
Como esos que creen que están bien
Que se resignan a tener un carro
Y cumplir los horarios del trabajo.

Beber es conocer el lado oscuro
Ese que sale en los mejores momentos
En los momentos más obtusos
Ese que en las sonrisas
Siempre tiene tiempo
Para recordar las desdichas.

La bebida es guía
La guía hacia sí mismo
Ese que se esconde
Tras los modales
Y los laberintos
De la consciencia;
Beber es de valientes
Tan de valientes que hay que andar con miedo
Los borrachos no tenemos tiempo
Para los pendejos
Que se toman dos copas y ya están viendo
El reloj,
Buscando un taxi
Sintiendo las sábanas
Oliendo el rocío
Sin pensar en mañana.

Beberé
Beberé hasta que los oídos me sangren
Y la música sea el aullido
Y mis gritos convulsivos
Estallen más allá del inodoro.

Beberé mientras sigo vivo
Beberé más allá que los míos
Me aguanten en el camino,
Beberé para estar solo
Para retorcerme en este cuarto
Para poder pensar en todo
Para reunirme con mi yo más lascivo
Para sentir que por un momento
Estuve vivo.

Beberé hasta que las palabras estallen
Y ustedes, los que no lo hacen
Tengan miedo.

Iré por ustedes, hijos de puta
Iré por ustedes
Y les diré todo eso que piensan
Eso que piensan mientras callan
Y cagan en sus baños.

Iré por ustedes mientras todos los abrazan
Les recordaré qué son
Qué desecho son
Les recordaré que yo,
El beodo
Sigo allí.

En este cuarto sin luces
Con la resaca que estalla
Y no importa,
Si mañana no respiro
Si mañana estoy ahorcado
Sometido al etanol
Sumergido en el licor.

No importa
Mientras este grito
Brote de algún sitio
Mientras sepa que aún
No estoy perdido.

Mientras sepa que aunque muerto
Borracho estuve
Siempre vivo,
Y nunca rehusé
Ni una puta copa
De vino.

Cumpleaños.

barbet bukowski

Madrugada
Mis amigos
A los lados
Yo
Tirado
En la cama.

Vivir es morir
Y yo aún
No conozco
Mi lecho
O mi muerte.

Madrugada
El vómito que se inhala
Las paredes que lo llaman
En mi vida
Muchas cosas sangran
Y hoy
Entierro lo que sirve
Y lo que no,
Hoy muero y renazco
Pero sigue la desazón.

Todo seguirá igual
veintitrés o cincuenta
Algo se muere
Cada día
Y no hay que llamarles
Penas
Sólo díganle
Existencia.

Vivir es perder,
Perder hasta dejarlo todo
Perder hasta que las palabras
Queden sin sentido
Perder hasta no tener nada
Perder hasta alcanzar
Lo que algún día
Todos los esclavos llamaron
Libertad.

Hoy, a los veintitrés
Todo eso
Y nada
Quiero.

Sólo quiero
Que la resaca
Se termine.

Sólo quiero
Volver a vivir
El día de ayer.

Sólo quiero
Despertarme
Sonreír
No saber
Qué fue
Ni por qué.

Sólo quiero
Fallecer
Y renacer.
Como hoy,
Como ayer.