Hermandad:Ceniza en la oscuridad.

grosz-the-wanderer

No me quiten esto
No me quiten esto
Que es bien poco
Para ustedes
Y todo
Para mí.

No me lo quiten
Porque ya me arrebataron
Casi todo
Y el resto
Es de lo poco
Que me ayuda
A sobrevivir.

Hablaba con un amigo
Estaba borracho
Yo llevo
Una semana
Sin estar así.

Y es duro. Muy duro.

Es duro
Cuando el licor aliviana
Toda la carga
El despertarse
Cada mañana
Sin más que hacer
Que caminar
Caminar…

Hasta que la vida se extingue
Y mis veintidós
Se convirtieron en setenta:
Desdichas
Multiplicadas
Por trescientos y un puñado.

“Estoy cansado de estar bien”
Me dijo
Y yo lo sé
Yo lo entiendo
Da rabia estar
“Bien”
Cuando todo
En realidad
Está mal.

Vivir nunca ha sido
Para esos que son
Felices.
Esos marchan al compás
De la pasividad
Que les da
El conformarse.

Y yo
Que sólo lo tengo
A él,
Mi amigo
Jodido
Como yo.

Y tengo
También
Unas botellas
En la nevera
Y sé que
Incumpliré
Mi deber
Con la existencia:

“Nunca seré ese que
Quise ser”.

Y no,
Ya no será
Ni tampoco
Lo intentaré.

Guardaré el aliento
Y me beberé
Mi propio descontento
Aliviaré la carga
Tirando cerillas
Contra el viento
Incendiaré la calle
Escupiré entre los aciertos
Que poco a poco
Vayan dándose
Con el tiempo.

Y sólo pido que
Mis pocos, y grandes
Hermanos
Me acompañen
En el camino.

Con la botella en alto
Con sorbos que pasen
Desapercibidos
En la sonrisa del instante
En un momento
Alegre
Como lo es
La sonrisa
De los infelices
Que me acompañan
Después
De quebrar
Este laberinto:

Luego de lanzar
Las cenizas
De la ciudad
Y respirar
Respirar
Mandar un trago
Sonreír
Dentro de la más tierna
Oscuridad.

Gracias, José Julián.

La mierda de siempre.

the-lovesick-man-1916

La comedia de siempre
Yo
Este cuarto
La mierda
Marchita.

No hay nada
Música que suena
Y no se escucha
Gente que camina
Allá afuera
Tras la ventana
Y nunca se animan
A nada
Más que caminar
Hacia sus casas.

Están cansados,
Yo lo sé
Yo también
Lo estoy.

Es el infierno
De todos los días
Aguardiente en la nevera
Un par de cervezas
En la canasta
La ira
Que nunca tirita
Y toda esta mierda
Que no termina.

Y aún creo que
No puedo imaginarme
Con los nervios
Salpicando
Alegrías.

No es mi estilo.

Yo soy de esos que
Por algún extraño motivo
Siempre están jodidos
Así lo tengan todo.

Soy el eterno inconforme
Que le gusta ver a los santos
Decapitados
Y a las monjas
Sin bragas.

Soy ese que ve porno en las noches
Y se la jala sin ganas
Para no matar a nadie,
Para sonreír
Al otro día.

Soy ese que todos los días pide estar solo
No encontrarse con nadie
Permanecer distante
Aferrado a la botella
Para que nadie más
Me quebrante.

Y por eso
Escribo todo esto
Para sentir
Que estuve vivo
Así sea
En el instante más oscuro
En que las mariposas
Danzaban
Con cuchillos en las alas
Y el viento
Era el aliento
De mi siguiente resaca.

Soy de esos infelices
Que estas estupideces

Nunca se callan.

La minoría sin cuerda.

Dante - La Divina Comedia - Canto VI - Doré - Descontexto-2

Ya ni beber
Puedo.

La única bondad
Que tenía
El infierno
Era la botella
Y el hígado
No la aguanta.

Veintidós años
Que se extinguen
Con cada día
Tras cada paso
Y el segundero
Que sonreía
Al final del día
Era la botella.

No pienso dejarla
Nunca dejaré
De beber
Es necesario
Para vivir
Hay que destruir
La cordura
Que condena
A la locura.

Los locos son más
Es toda esa gente
Alegre
Feliz
Que lo tiene todo
Porque siempre
Ha querido
Poco.

Los locos son todos esos que
Tras el día
Miran al cielo
y le rezan al padre
Comulgan
Viven el calvario
Y le rezan al ángel
Para que Salve
Las pajas nocturnas
Los deseos de muerte
Que transcurren
El día.

Los locos son esos que
Golpean
Insultan
Y le dicen al resto
Que sus vidas
Están llamadas
Al fracaso
Por no marchar
Por donde todos
Sus amigos
Van.

La locura es pagar un impuesto
Y pretender sentirse bien
Con ello,
Loco es aquel que piensa
Que del beneficio
Individual
Al social
Hay sólo un banco.

Locura es levantarse a las cinco
Prender la radio
Bañarse dormido
Cagar sin ganas
Cocinar unos huevos
Tragar
Tragar
Al ritmo del noticiero
Y salir
A trabajar.

Los locos son tan nobles
Tan pacíficos
Que en su vida
Miran a los otros
Que ellos llaman “locos”
Con un odio
Tan visceral
Como el de Jesucristo
A los egipcios.

Los locos son resentidos
Porque siempre
Han creído poco
En ellos mismos.
Los locos están enfermos:
El amor es promesa
Y la vida
Es infierno.
Están tan locos que creen
Que ser soldado
Es mejor que burlarse
De todo este circo
Inhumano.

Los locos besan a sus hijos
Antes de dejarlos
En los centros de autoayuda
Del nuevo siglo;
Los locos quieren colegios
Cristianos
Para que sus hijos
Sean un poco menos
Paganos
Y sean más dóciles,
Tiernas almas
De rebaño.

Y entonces
Cuando ya el hígado
No aguanta
La botella
Los locos me dicen
“Ya puedes ser nuestro”
¡Ya puedes ser uno!
Y yo
Sólo pienso
Que así me muera
En el intento
Beberé
Hasta que el alma
Estalle
Y las pajas
No me calmen.

Beberé
Porque vivir
De otra forma
No es sincero
Porque aguantar
Sin resignar
Es cosa
De esos que
Se dicen “cuerdos”
Y lo único que sé
Es que para estar
Así
Tiene que estar uno
Atado
A la miseria.

Moriré borracho
Así el médico
Prefiera el
Sanatorio.
Moriré borracho
Porque ustedes
Están cansados
Y yo aún
Estoy muy joven.

Moriré borracho
Porque de otra manera
No sonrío
Y sin Baco
No lloro
Con las mismas ganas.

Moriré borracho
Mientras la civilización
Sucumbe
A sus Dioses
Y el paraíso
No tiene las tetas
Ni los culos
Que el infierno
Me propone.

Sé que me van a envidiar
Yo soy ese que marcha
Quemando las flores,
Meándose
En sus cementerios.

Sé que me van a envidiar
Lo sé
Y por eso
Me distraigo
Caminando al revés.

Sé que me van a envidiar
Mientras los perros
Aúllan
En mi infierno
Personal.

Aún queda algo.

eunuco

De derecha a izquierda: Milton Valencia (Compañero de desgracia), Santiago Ramírez y Yo (Andrés Mauricio Cabrera).

Estaba ahí, en lo que era un día como cualquier otro. Siete de la mañana, sonido de la alarma, cagada rancia y semidormido. Baño sin refregarme lo suficiente. En especial los huevos. Café para despertarme, y espera por el bus. A las ocho en punto en la oficina.

– Cabrera- dijo la jefe del consultorio- ¿Ya presentó la demanda en el juzgado?

-¿Cuál, doctora?

-La del divorcio…-dijo mientras escarbaba unos papeles- El que era por mutuo acuerdo.

– ¿El de la señora Castro?

-Sí- respondió rápidamente- ese, o cualquiera. El del mutuo acuerdo.

Nunca se acordaba de los nombres. La gente eran pequeñas cifras que se escurrían en las estadísticas que se publicaban a final de año. Aquel era el consultorio que más consultas recibía entre todo el resto de universidades de la ciudad. Consultas mal llevadas, pero a la larga, el que más tenía. Parte de ir “Adelante en el tiempo” era acaparar. Acaparar, acaparar. Nunca dar nada. Mostrarse por encima del resto. A pesar del resto.

-Ehh..sí, es el de la señora Castro.

-Usted sabe que eso no me importa-contestó mientras lamía la punta de un lapicero- Lo que importa es llevar el caso.

– Está bien.

-Pero no me ha contestado…- replicó mientras veía mi expediente- ¿Ya llevó la demanda al juzgado?

-Pensaba ir ahora mismo.

-Tarde como siempre.

-Nunca es tarde para un juzgado colombiano.

-¿Qué quiere decir?

-Nada. Ahora vuelvo.

Nunca era tarde. La justicia en Colombia estaba tan desarraigada que ni Nemqueteba (Dios Muisca de la justicia) ni Temis (Editorial de libros jurídicos) se sentían conformes en sus espacios. Todo era un asco. Ir a un juzgado era una experiencia de alto riesgo: No se sabía en qué momento un “colega” me robaría la billetera. O me dejaría sin casa. O jodería otra familia. Aquello era el patíbulo, y yo fungía de mensajero del más ramplón inquisidor.

Me dirigí allí con paso firme. No quería ver a ninguna parte. La garganta me quemaba, y el sudor se empezaba a escurrir por mi traje. La corbata era la cuerda que mantenía sujeto a todo ello: Aprisionado, desgastado. Sentía cómo la sangre hervía mientras cada pie se ponía en dirección a aquel sitio. Cada centímetro era una dosis pequeña de asco, de muerte lenta. Esto de ser un eunuco, vil practicante sin tarjeta profesional, era aún más nefasto que ser abogado. Al menos ellos tenían el privilegio de conocer las empanadas más grasosas de la ciudad.

-Disculpe- le dije a un tipo que estaba ahí sobre la calle- ¿Este es el Nemqueteba?- pregunté, señalando un edificio con cierto aspecto solemne.

-Jajaja, no, mire- contestó- es ese de ahí.

-¿Esa mierda?

-Esa misma, joven.

Era una porquería. Sabía que la justicia en Colombia era un invento, pero aquello era aún más risible: Un viejo edificio sostenido por mocos. Sus cimientos eran tan débiles como la “paz” o la “vida”, o demás derechos de mierda que se “respetan” en la “Constitución”. Y sí, como buen estudiante de derecho, en algún momento creí que los abogados eran gente decente, respetable. Me los imaginé en elegantes oficinas, con suntuosos trajes e ideales aún más grandes. Me los imaginé como en La Ley y El Orden, luchando contra los políticos corruptos. Me los imaginé intentando cambiar el estado de cosas nefasto que vivíamos. Pensé que aquellos vivían para buscar el bienestar de la comunidad. Eso pensé a los diecisiete años. A los veintidós, el paisaje era brutalmente contrario. Me encontraba en un ascensor que olía a mierda con pachulí, y la gente hablaba de la “carpintería” y “técnica” que se requería para llegar lejos en la profesión.

-¿Para cuál piso, joven?- me preguntó un viejo de corbata y bigote a lo Hitler.

– Diecisiete, por favor.

-Ah…va para donde el doctor González.

-Creo que sí.

-¿ No lo conoce?

-No…- contesté, mirando a una mujer acomodarse el escote para que se viese más abultado- De hecho, es la primera vez que vengo.

-Vea…pues lo más fácil es que le lleve una “cervecita”- contestó, con cierto tono servil y delincuencial que sólo un abogado podía conocer. Era como un sello en sus culos. La marca que debía mostrarse con más orgullo ante sus “colegas”.

– Jajaja, gracias, pero no.

-Créame…la va a necesitar.

Al bajarme, sentí un leve olor a mierda. Pero no era una mierda normal. Olía a MIERDA. Una especie de diarrea condensada tras el olor a alcohol y aceite para bebés. Aquello parecía más un campo de concentración para niños pequeños que una guardería. Tras unos vidrios, podían verse a diversos niños esperar a sus madres. Todos tenían esa cara que sólo se tiene en un juzgado: Cansancio, y más cansancio. Algo había mal en todo aquello. Los juguetes eran de colores, y pequeños televisores rompían el sonido de los pasos y las filas que se armaban para revisar la carpeta de notificaciones. Casi todos lloraban, buscando sin suerte a sus madres entre aquel tumulto de lascivos encorbatados y prostituidas secretarias. Los expedientes pasaban rodando en pequeños carritos de rodachines que golpeaban a la gente. Todos gritaban. Eso era el caos. Hobbes tuvo razón. El estado de naturaleza era el caos organizado. El estado de naturaleza era una jauría de abogados en un juzgado.

-¡Mamá! ¡Mamita!- gritaba un niño tras aquella jaula de cristal.

-¡Con permiso, con permiso, este es mi puesto!-gemía una abogada de abultadas tetas.

-¡Respete, malparido!- chillaba el que seguramente era el mejor abogado del piso.

Eso era la muerte. Todos contra todos. Todos con una gran cantidad de papeles untados de mierda en el maletín. Todos tenían maletín de cuero. El cuero caliente huele. Y huele al sudor acumulado. El sol penetraba por la ventana. Y la luz se refractaba contra los rostros de cada uno de los que allí hacían cola. Una mujer ponía sus tetas sobre mi espalda…calientes, calientes. Quería chuparlas. Quería romper ese escote. El imbécil de adelante restregaba su pene contra una gorda de falda. Todos contra todos. Un tipo gritaba las horas que llevaba allí parado. Yo no llevaba más de cinco minutos y ya estaba más adelante que el. Astucia. O más bien, insolencia. Insolencia y falta de cordura. Estar allí era de enfermos. El secretario del juzgado repartía los expedientes con la velocidad de un mandril entrenado a base de quemones de cigarrillo.  La vieja me seguía restregando las tetas, pero de seguro no quería tirar conmigo. Un hijo de puta hablaba de los mil procesos que llevaba. Todo era un asco. Mentira. Todo esto era la justa medida de lo que toda esta caterva de hijos de puta merecían. Esto era Colombia. Y nada más. Los niños gritaban. ¡Mamá! ¿Qué mierda hice para merecer esto? Y nadie se inmutaba. Llegó mi turno. El calor era insoportable. El aire se había hecho denso, cortante. Sentía mi nariz desprendida, desahuciada. El olor a colonia confulaba con el de la mierda de los niños para recrear el infierno.

“Dante no era colombiano. Dante era un hijo de puta italiano. Se la meneaba por Beatríz. Nunca conoció un juzgado. Dante no era colombiano…” repetía en mi cabeza con violencia. Sentí los ojos desviados. Las pupilas se habían derretido en el infierno. Unas tetas sobre mi espalda. El de enfrente meneándola contra un culo gordo.

-¿Qué necesita?

-Na..blr-contesté, viendo como se derretía- proceso 8475.

-Ya va- dijo el hijo de puta, sin inmutarse.

-¿Castro y Sánchez?

-Sí, mi-rrda. Ese.

-¿Qué le pasa?

– Nada.

Revisé lo más rápido que pude. No había nada. Una demanda que debía ser quemada. Un pedazo de papel que se le cagaría la vida a una pareja. El derecho en sí mismo. El mecanismo de regulación de la estupidez humana. Por y para la estupidez humana. Un discurso hecho dominación. Abolición. No había dignidad en eso. Se separarían, y todo sería una farsa. Aún se querían, yo lo sabía. Todo era por el dinero. Por esa mierda que se cambia en un supermercado. El papel higiénico de los bancos. Esto era justicia: Justa medida, inequidad.

BLRIUTYT/BURBHG/Los sonidos de la justicia.

-¿Qué putas le pasa?

– ¡Ajj, malparido! ¡Era mi traje Arturo Calle!

-¡No podré volver a la oficina!

Todos gritaban. Eso era el caos. El vómito era el desecho de mi alma. Estaba muerto. Pero al menos me les había cagado el día. Todo allí estaba mal. Todo merecía ser quemado. Eso, el consultorio, sus eunucos, los abogados. Pensar que los derechos duran hasta que el papel se extingue. Aquel edificio, lleno de grafitis y de papeles viejos, era el nido de la más alta “alcurnia” de hijos de puta que el país tenía. Casi todos nuestros presidentes habían sido abogados. Todo tenía sentido. La incoherencia tiene sentido, si se le ve a los ojos. Vomité, vomité hasta que mis intestinos implosionaron.

Al salir, vi mis zapatos manchados de vómito. Aún quedaba mucho de “Motley”: Aún debía vomitar más. Giré a la derecha, y en la esquina, recordé que no había conocido al juez. “Nunca le llevaré la cerveza, de eso estoy seguro”, pensé, mientras me quitaba la corbata.

Todo lo que está pasando.

Noticias del mundo20

Todo lo que está pasando
Es lo que cuentan
En la prensa
En la radio
En las noticias
Y yo, aún ni me entero.

Todo lo que cuentan
Que un país elige
Otro presidente
Que la región busca
Otro gobernante
Que los presidentes
Santos y Uribe
No se quieren
No me importa
Y no sé la gente
Qué pretende
Cada vez
Que quiere “informarse”.

Yo sé qué es lo que importa
Y eso no lo cuentan
Llanamente.

Sé que mientras escribo
Un oficinista sonríe
El trabajo es su vida,
Una mujer llora
Poniendo el culo por dinero,
Un tipo esclaviza a
Varios niños
Países enteros se matan
En nombre de la democracia,
Y otros tantos “ricos”
Le venden armas a otros
“Pobres”
Que necesitan sobrevivir
Otra guerra
Esta desgracia.

Una guerrilla “negocia”
Asesinando a campesinos
Y un gobierno displicente
Subyuga a su gente
Y le vende mentiras
Esas que todos los días
Esparce
En las noticias
Del mediodía.

No hay paz
Hay guerra
No hay amor
Vivir es violencia
No hay vida
Sólo hay desidia
No hay gente
Sólo hay dolor
No hay esperanza.

No hay esperanza.

Y entonces
¿Me pides que vea las noticias?
Yo sé que pasa
Esto está jodido
Y la gente,
Nada que se levanta.

Lunes.

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Esto de nuevo
El lunes de
Todos los días
Solo
En el apartamento
Sintiendo los aullidos
De los carros
Y los gritos
De la gente.

Leo algo de Adorno
Y Horkheimer
Dialéctica de la ilustración
Y de ilustrado
No tengo un culo
Y de dialéctico
Sí que menos.

Pero la vida es esto
Los carros
La gente
Los niños
Luchando
A ser grandes
Y muriendo
En el intento.

Estoy solo en el apartamento
5:06 PM
La brisa se escurre
Por la persiana
Y seguro que afuera
Muchos
Están sufriendo.

Yo estoy aquí dentro
Y poco a poco
El ruido
Posee
El silencio.

Este silencio que
Empieza a ser escaso
Y lo que quiero
Es estar solo,
Quieto
Sin que nadie
Me joda
Sin tener que
Rezarle
A los muertos.

Esos que todos los lunes
De todos los días
Gritan
Y lloran
Sin escuchar
El último aullido
Del silencio.

¿Morirán
Alguna vez?

A la mierda con todo.

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Al carajo los abogados
Esos que están
Con los sueños
Prescritos
Y la vida
Desahuciada.

Al carajo los médicos
Que viven del infarto
Y sueñan
Con una meada
Bajo los cálculos.

Al carajo los economistas
Que juegan a las cifras
Y se ríen
Con su avaricia
De las estadísticas
De desempleo.

Al carajo los veterinarios
Que quieren ver
A mis perros
Muertos
Y a mi gato
Envenenado.

Al carajo los publicistas
Que mantienen el ardor
Y la modorra
A cambio de una
(Ojalá)
Varias
Coca-Colas.

Al carajo los políticos
Que viven del asalto
Y del engaño
Al carajo con ellos
Que prefieren asesinar
A su gente
De a poquitos
En las noches
Cuando los bancos abren
Y la gente duerme.

Al carajo con los bancos
Que la usura los mueve
Bajo el salvajismo
Del Estado
Cómplice
Y todos
Sin morada
Sin casa
Donde esconderse.

Pero la economía avanza.

El PIB ha subido
Y que se vaya a la mierda
Junto con el resto de las
Cifras
Estadísticas
Y demás mentiras
Que escupen los periodistas
Desinformados
En sus precarias
Y mal redactadas
Noticias
De mediodía.

El mediodía de los muertos
¡Este es!
El mediodía de los muertos
¡Donde todos callan!
¡Ya no se oyen los lamentos!
¡Y a la mierda con todo!
¡Con todos!

¡Vivimos en el infierno!
Y no hay nadie que tire
La primera piedra
O ponga
La primera bomba
En el congreso.

Estamos en Colombia
Y la gente
Aún sigue
Riendo:

Mientras Mcdonalds bombardea
Y la gente
Se llena de Nutella
Los muertos caminan
Bien afuera
Y en el campo
Ya no quedan frutas
Ni maizales
Ni vacas
En sus pastizales.

Es la muerte
Del mediodía
La muerte
Que los noticieros
Cuentan
Y luego ponen
Un par de piernas
Un culo
Buenas tetas
Y es la farándula
Del día a día
La que mantiene a la gente
En las oficinas
Muriendo
Lentamente
Riendo
En Colombia
El infierno
Donde todos
Ríen
Ríen
Y ríen
Mientras la guerra
Sigue
Y los reptiles
Del congreso
Se escurren
En sus asientos
Y los políticos
De a sueldo
Mercenarios
Gritan todos

¡El pacto ya está hecho!
¡El pacto ya está hecho!

Y la democracia es
La excusa
Para que todo esto
Siga sucediendo.

¿Votarías
Por mí?

Eso que llamo hogar.

Motley-Crue-Home-Sweet-Home-330486

Estoy aquí
Con Motley Crüe
De fondo
Viendo las estrellas
Viendo la vida
Pasar ante los ojos.

El cielo está
Rojo
Tanto que
Pareciera sangrar
Y eso es lo que
Hacen los vivos
Los que beben un trago
Y escuchan
Motley Crüe
Cuando todos
Duermen.

La ciudad muere
Pero aún así
Algunos gritamos
Escupimos
Sangramos
Celebramos
Que la mierda no tiene
Sentido
Ni lugar
Pero que sigue.

Vivir es sangrar
Y llorar
Cuando se está feliz
Vivir es perder
Y recordar
Para luego
Vengar
Lo que no fue
Lo que debe ser.

Y por eso
Escucho Motley
Y pienso en mi casa
Varios kilómetros
Al sur
En el prado amarillo
En los arrozales
En el Doble Anís
En mis perros
En las mujeres
Buenos culos
Hermosas tetas
Y en las calles
En las que bebí,
Bebo
Y pienso
Morir
En etílica
Ensoñación.

Recuerdo al Peludo
A Romero
Al Pastuso
Fabio
Vanegas
La gente
Con la que
Crecí
Y viví
Lo que aún sigue:

Y es que no soy
Feliz
Ni estoy
Tranquilo
Pero la casa,
Neiva
Tiene eso
Que pareciera diluir
La frialdad
Del alma
Que en las noches
Estalla
Y quiere
Avanzar
Hacia el otro lugar.

Ese del que muchos
Hablan
Pero que nadie conoce
Bien.

Y aquí estoy
Escuchando Motley Crüe
Home Sweet home
En mi camino
Trastabillando
Pero de pie
Siempre de pie
Y viendo las luces
De la ciudad
Las que no tiene
Bogotá
Las que sus nubes
Ocultan
Y nunca se verán.

Y yo que les digo
No soy feliz
Tampoco estoy
Tranquilo
Pero es esta mierda
La que sigue
Y mientras tenga
La casa
Los perros
Los amigos
Mujeres
Con bellas tetas
Y grandes culos
Estaré allí

Desviando las balas
Escapándome
De las miradas
Encerrado
Tras las persianas.

Escribiendo.
Escribiendo.
Dos pajas.
Sigo
Escribiendo
Con la botella
Estallando
En mi garganta.

Y esta risa
Que no es
Alegría
Pero si
Alivio
Para seguir
En el camino.