Animal: Cuerpos que se agitan.

Cobra

Crucificados
Se agitan dos cuerpos
En la santidad del momento
Las bocas se retuercen
Y las vísceras se estremecen
Un hombre renace
Tras los pensamientos diluidos
Una mujer gime
Y no hay lío
No hay camino
A más etérea
Ebullición.

Rápido
Lento
El agite
Del momento
Dos bocas
Se rozan
Cabezas
Que se chocan
Y los cíclopes
Que hablan
¿Qué se dicen?
No hay palabras
Sólo el instante
En que los párpados
Se abren
Y las pupilas
Se chocan
Y la imagen
Yace borrosa
Y nos movemos
La cavilación
El infierno
Es el momento
Y aprietas el labio
Te desangras
Dientes afilados
Y la mano
Es el bastón
Del invidente
Que toca
Que quiere
Que descubre
El animal
Que se pierde
En su vientre.

Las bocas chocan
Las lenguas
Son dos palabras
Que brotan
De la seguridad
Que brinda el presente
La dicha
De que no habrá
Ni hay
Mañana
Nada vale
Son dos cuerpos
La música que brota
En la habitación
Una cama rota
Y ni Pantera
Ni Phil
Nos recuerdan
Y James
Se masturba
En un cuadro
Junto a Kirk.

Eddie nos mira
Laberinto
Desidia
“No importa”
Te digo
“Nada importa”
Te repito
Y tú
Siempre tú
Sólo gimes
¿Encantada?
¿Una farsa?
Pero ahí estamos
Perdidos
Viendo los cuadros
En el cuarto
Perderse
Pensamientos
Inertes
Y todo lo que no se tiene
Parece mentir

No hay más
Que dos cuerpos
Que se agitan.

Plaj/¡Ah!/¡Uf!/
Cinestesia
El sonido se revierte
Las ondas golpean
La brisa que sabe
Amarga
Como la lengua
Perdida
En la aridez
De tu espalda.

Me miras
Sé que lo haces
No me pidas
Que te diga
Pero sé que lo haces
Y yo
Perdido
Diluido
Enfrascado
Veo el negro
La vida
Que se pasa
Viejas
Amistades
Mujeres
Que yacen
Y se pierden
Igual
Pero diferente
Que tú
Que estás
Conmigo.

Y tengo los 30 segundos
El momento de claridad
La vida que se viene
Es transparente
Y todo
Es fácil
Hasta que
Prendes
La luz
Y la ráfaga
Me golpea
Y el semen
Se calienta
En una mancha
Roja
Sobre la camisa
De juventud.

“Me tengo que ir”
“Está bien”
Contesto
Y te veo
Vestida
Protegida
Y yo siempre
Indefenso
Con el falo
Pequeño
Un niño
Que salta
Y busca a su madre
En el supermercado
Y la esperma
No dice nada
No somos nada
Pero estás
Protegida
Y yo siempre
Perdido.

“Está bien”
Repito
Y me visto
Pero algo
Me dices
Que no
Comprendo
Y te miro
Y piensas
Otras cosas
Y ya
No estás
Conmigo.

¿Estoy,
De verdad,
Perdido?

Y no hay
Desierto
Con agua
Ni brisa
Que estalle
La ventana.

Es la vida
Te meneas
Te agitas
Te retuerces
Compartes
Tu saliva
Líquido
Insanidad
Intempestiva
Y me miras
Como si nada
Y no hay día
Que me digas

“Te amo”
Sin que yo piense
Que soy sólo
Otro ente
Inerte
Incapaz
De quererse
Y verte

Siempre
Sonriente.

¿Qué pasó?

sol

El sol no descansa
La luz
Se cuela
No me cuaja
Y mis ojos son
Dos persianas
A punto de eyacular.

Te levantas
El sol no te llama
Sólo
Te levanta
De un golpe a la cara
Y ya sabes
La mierda que se viene
No piensas
No la quieres.

La ducha
El agua cae
Sucia
Sobre el cuerpo
Sudado
Maltratado
Escondiendo
Cicatrices
Señales de vida
En la selva
De los días
Esa que siempre
Reclama para sí
La rabia
Que no sale
Que no se calma.

Y entonces
El sol se expande
Y la luna
Se va a hacer de las suyas
Lejos
Tanto que todo es luz
Y la oscuridad de antes
El refugio incesante
Se va
Se pierde
Y la mierda
Que se viene
No la quieres
¿Qué mierda eres?

Que te levantas con el sol
Que la luna te maltrata
¿No sientes la desazón?
Y entonces
Al tomar el café
De la mañana
Los ojos se percuden
Y se extraña
La cerveza
Que enloquece
Y el anís
Que se retuerce
Que quema
Incinera
La mierda que se viene
Y la que fue.

Antes todo era mejor
Cuando eras menor
Todo era mejor
Cuando la noche
Era una botella
Y la luna
Otra cerveza
Todo era mejor
Cuando eras menor.

Y ¿Qué esperas?
¿Dónde te fuiste?
Te quedó la sonrisa
Y la mierda que se viene
Y la que fue
En los días que se pierden
Sobre aquellos
Que quisieran volver.

Volver
Volver y no estar muerto
Volver
Otro renacer
Whiskey estrecho
Romper las paredes
La mierda que no eres
Que fuiste
Y es peor
Lo que se viene
Y seguro
Por favor,
Por favor
Seguro
¡Por favor!
¿Todo será mejor?
¿No era todo mejor
Cuando era menor?

 

 

¿Casa?

 ParaOskarPanizza_191718_leosobrelien

De un tiempo para aquí
No quiero salir de casa
Estoy intranquilo
Pensamientos
Confundidos
Y la mierda que no baja
Y todos quieren que salga
Que esté tranquilo
Que sonría
Así sea
Sin gracia.

De un tiempo para acá
No encuentro casa
Estoy perdido
Y la mierda no baja
¿Dónde está el consuelo?
¿Dónde está la rabia?
¿Esa que nunca
Me abandonaba?

De un tiempo para acá
Estoy lento
Los placeres
Se cuecen secos
Y la mierda
Que no baja
Se escurre
Por la garganta
Y entonces
No hay cerveza
Ni licor
Que calme
Las entrañas
Y todo se pierde
En la mirada al suelo
En el golpe del zapato
Contra el cemento
Suave
FRÁGIL
Extraviado.

Y entonces
¿Qué me calma?
¿Sigo vivo?
Sólo queda el consuelo
De la hoja en blanco
Basura que se escurre
En la pantalla
Titilando.

Puede que algún día
Las balas se agiten
Y la tranquilidad
Encuentre consuelo
Sea en una reja
Sea bajo una cama
Escondido
Tras las persianas

Puede que algún día
Todo salga
La pantalla esté llena
Letras disparadas
En ráfagas anisadas
Y sólo quede
La intranquilidad
Esa de siempre
El impulso inconsciente
Y alguien me diga

“Aún tienes esperanza”.

Aún tienes esperanza.
Aún tienes esperanza.
Aún tienes esperanza.

La gente
Sólo se mata.

Fiebre y temblor.

El-banco-solo-de- parque

Llovía. Los truenos eran ráfagas de luz que se escurrían por la persiana y asustaban a los perros. Las alarmas de los autos se disparaban, y el frenesí se aumentaba con el agite de las sombrillas cayendo sobre el pavimento. De vez en cuando, el semáforo se ponía en rojo, y tras volver a dar paso, las bocinas eran estruendos que competían contra el agite de las gotas contra las ventanas. Algunos gritaban, yo no entendía, era una simple lluvia.

Pero bueno, eso lo dice el que está adentro. Refugiado, escondido bajo las sábanas  con una cerveza en la mano.El gato saltaba por la habitación. Intentaba encontrar su lugar en aquellos precarios 88 metros cuadrados. No lo había, me miraba. “Maricón, quítate de la cama” parecía ordenarme con aquellos rabiosos ojos azules. Pero no me importaba. Deslicé una nalga hasta que se salió de las sábanas, y escupí un hermoso suspiro que el felino rehuyó con rapidez. El cuarto había adquirido ese aroma a fríjoles y carne trajinados, adobados con cerveza.

-¡Buufff! Huele a mierda- dije mientras me levantaba.

Desde hacía algunos días, constantes temblores azotaban el cuerpo. Como si los llamase, aquellos incordiaban el más mínimo movimiento físico. A veces eran tenues, controlables, como cuando alzaba una lata de cerveza o me mandaba el café a la boca en la mañana. Otras veces, las extremidades se sacudían con tal fuerza que lo único que bastaba por hacer era sentarse en la banca más cercana. Cerraba los ojos. Aguardaba. El temblor se trasladaba a las manos, que se buscaban pero que no lograban fundirse. Cuando acaba, un pequeño trueno se repartía por el cuerpo, haciéndome retorcer, y algunas veces, gemir.

-Hey, Hunter, la comida- dije mientras vaciaba un poco de Whiskas en el plato. El felino me miraba con extrañeza: temblaba. Me sacudía y la purina se desparramaba por toda la cocina.

-Amigo… pero come, no me mires así- dije mientras recogía las pepitas con una servilleta.

El animal estaba inquieto. Parecía asquearle la comida; o mejor, parecía asquearle mi presencia.  Aquel saco de carne empezaba a ser molesto, a estar demasiado descompuesto. Pero no importaba. Era necesario. Lo suficiente como para bajar el Whiskas de la alacena y servirlo en el plato junto al agua.

Lo sobé. No cerraba los ojos. Ya había terminado de comer, y lo sobé, y no cerraba los ojos. El animal me odiaba. Hunter, mi buen amigo de cinco años, me odiaba. Me miraba, sus pupilas se dilataban al presenciar mi tez blanca, mis labios sanguinolentos y estrujados.

Lo dejé quieto y salí.

En la calle, la gente se estrellaba una con otra para entrar a un famoso restaurante. La cola parecía interminable, y la paciencia también. Todos gritaban cosas del estilo de “¡MIERDA! ¿Y es que mi plata no vale?” “¿Cuándo carajos nos dejan entrar?” “¡NO VUELVO A ESTE SITIO!”; y cosas del estilo. Al otro lado, unos niños jugaban fútbol con una pelota de cuero cuyos buenos años habían pasado hace un buen tiempo. Lo noté por sus canillas rojas, maltratadas por el golpe al balón. Todos gritaban, eso sí, cosas más alegres: “A los dijes” “Hazme famoso” “Triangulando”, etc. Me senté en aquel parque. Busqué un cigarrillo en la chaqueta, y tras varios toqueteos en los bolsillos, descubrí uno partido en el izquierdo. Fumé, mientras veía a los niños correr y la vida parecía haberse perdido en algún momento de los días. Mis pensamientos eran estrellas fugaces que pasaban y no dejaban más que el rezago de un imbécil enfermo. Temblé, estaba sudando.

-Hola- dijo.

-¿Qué hay?- contesté, algo incrédulo.

– Todo muy bien- dijo mientras se recorría el cabello con la mano- ¿Es usted del barrio?-.

– Sí, vivo a unas dos cuadras de aquí-.

– Muy bien… yo también, vivo en una casa aquí a la vuelta-.

Nos detuvimos en los niños un buen rato. Un rubio cabalgaba con la pelota en dirección al arco contrario. Tras de sí, tenía a un defensa regordete y a otro gafufo, que corrían agitando sus vísceras en bufidos entrecortados. Ahora, sólo lo separaba del triunfo un muchacho espigado con buen semblante de portero. Disparó. Fuera.

Fuera. Como todo en la vida, fuera. Nunca dentro. La pelota se había ido/¿Dónde me fui?.

– Me llamo Juliana, ¿y usted?-.

– Daniel, pero puede decirme Motley-.

-¿Como la banda, eh?-.

-Sí, bueno…los apodos son de las pocas cosas que quedan de la universidad- contesté, mirando hacia la cancha. Ya no habían niños.

-¿No le gustaría ir a tomar algo al bar de la esquina?- preguntó, interrogando con cautela mis ojos- bueno, ponen rock y música que de seguro le gustará…

-Sí, vamos-.

No había entendido por qué había aceptado. Nunca me gustó tratar con desconocidos. En sí, con ninguna persona. La gente, por lo general, sólo quiere joderte. Normalmente te roban, o te quitan un riñón, o la sífilis, o el sida, o Hunter muerto, o los temblores.

TRAAAJAJJAJAJAJA/TRAJJAJJAJAJA/QUUIIKKKKK/QUUIIIIIK/ El agite de las vísceras contra el ventilador.

-¿Estás enfermo?- preguntó Juliana al llegar a la mesa. Traía dos cervezas frías.

– Sí, desde hace unos buenos días cargo con unos temblores asquerosos…- contesté, percatándome de que tenía una bonita sonrisa- y con fiebre, mareo, bueno, todo eso-.

-Deberías ir al médico- dijo,inclinándose un poco sobre el asiento.

-Sí… ya fui, al parecer es un simple virus. Pero la mierda tiene sus buenos días, y pareciera que me fuera a matar-.

-Jajajaja, ¡Qué exagerado!-.

– Jaja, no es broma…-.

Hablamos de todo un poco. De su vida, era estudiante de literatura, le gustaba Borges (viejo de mierda), pero también gozaba con Raymond Carver. Vivía sola, por aquello de que sus padres eran nativos de Cali, donde mantenían a su vez todos sus negocios. Le gustaba el alternativo, aunque aborrecía lo mierda que se había vuelto Metallica luego del Black album. “La voz de James ya no es la misma”, me dijo cuando le pregunté cuál era el miembro que más se había ido al traste en la banda. Concordamos, y bueno, así con muchas cosas. Por mi lado, le comenté que prefería Megadeth toda una vida a Metallica, que Phil Anselmo me daba miedo y que era el cantante más bestial que había escuchado, y que sí, como mi apodo indicaba, también me gustaba el glam metal. Me gustaba John Fante y Sallinger, entre muchos otros. Y sí, quería ser un escritor, o ya lo era, y no lo sabía. Perdía mi tiempo contra la pantalla del computador. Tenía un blog.

-¿Esa no es música de maricas?- me preguntó al indagar por el origen de Motley.

– Jajaja, bueno, no faltará el que la escuche sólo por eso-.

– Tú no tienes cara de eso…- dijo, sonriéndome lentamente. Sus ojos eran negros, demasiado negros. Su piel muy blanca.  Tenía unas pocas pecas en los pómulos.

Las cervezas corrieron, igual que las risas. Éramos un par de imbéciles desilusionados de la vida. Dos ratas más nadando en una alcantarilla que no parecía acabarse nunca, que no quería desembocar en el vertedero. Esperábamos el vertedero. Esperábamos el revolcón con la mierda, para ver si lo sucio nos hacía espabilar y coger un nuevo rumbo. ¿Había un nuevo rumbo?, no lo sabíamos. La cerveza nos lo había contado en un par de borracheras bestiales que se habían quedado en el olvido. Ambos teníamos veintidós años que habían desfigurado lentamente nuestros rostros. Ella aún se conservaba bella, me costaba verla a los ojos. Yo, por mi parte, tenía un tic en ambas piernas, que antes de los temblores, me hacía agitarlas rápidamente. Caminaba gibado, incordiado, con una sonrisa que era más falsa que un billete con la cara de Luigi.

Pero había algo que nos hacía estar juntos. Las sonrisas eran cálidas, sinceras. Poco más que luces en la oscuridad del bar. Las palabras eran sólo dilatadores de emociones, cables que servían para forjar un nexo metafísico incomprendido.

Duramos un buen rato hablando, hasta que, a eso de las tres de la mañana, nos sacaron a todos del bar. Decidí acompañarla a su casa, era tarde, y bueno, podía pasarle algo. Además, quería estar un rato más.

-¿Cómo te gustan las mujeres?- preguntó.

-Normal…con culo y tetas, supongo-.

-Jajaja, ¡Imbécil!, eso no es a lo que me refiero-.

– Jeje, bueno, no sé… siempre he sido torpe para eso. No busco nada en especial-.

– Ni que fueras marica-.

-BFFF, jeje, no. Bueno, me gusta el contraste del negro con el blanco- dije mientras me detenía en sus ojos y su cabello.

– ¿Me estás insinuando algo?-.

– Nada, nada…-.

Al llegar a su casa, ella aguardó. Me vio un rato. Buscaba sus llaves. Sabía que estaban en el bolsillo izquierdo. “Quiere algo más” pensé, pero esas cosas no pasan en la vida real. Abrió. Me miró con ojos que invitaban, pero la inercia me hizo darle un beso cerca de la boca y despedirme. Nos dimos nuestros números de celular. Me di media vuelta:

-¡Tenemos que seguir hablando!- me dijo, mientras cerraba la reja que daba contra la calle.

– ¡Claro, fue un gusto!- contesté.

Al llegar a casa, una fuerte cagada se asomó en mis intestinos. Me senté, y de ellos regurgitaban cavilaciones y demás esperpentos en guturales exclamaciones. Me limpié, y preparé una ducha con agua caliente. Hunter me miraba: ya no me tenía asco. No temblaba, y la garganta se había aclarado. Ya no tenía ese aliento a pastas rancias y a cadáver descompuesto. La boca me olía a cerveza, a vivo, a un tipo que anda con mujeres de cabello negro y piel blanca.

– Hunter, ya sé que me odias, o bueno, al menos te daba asco verme así. Pero bueno, eres mi hermano, ya sabes, y así como me joden tus vómitos de pelos; a ti te molesta mi tembladera. Ya no la tengo, o eso creo- le dije mientras le servía un poco más de agua.

-Hunter, conocí una vieja, y ya sabes, no es fácil. Creo que había química… Me anotó su número. Pero algo me dice- titubeé- que no la volveré a ver en la vida.

Y sí, al otro día la llamé. Al parecer, ella estaba prendida y no había anotado bien su número en mi celular. Unos pocos días después, decidí pasar por su casa: un enorme aviso rojo indicaba que ella se había ido, que el sitio estaba solo y “en arriendo”. O no quería volver a verme, yo que sé. Unos tres días, mas o menos a la misma hora del día del encuentro, fui con Hunter a ese parque. Los mismos niños, los mismos árboles, la misma gente apretujada en el restaurante, los mismos carros, el mismo smog. Pero nunca, nunca Juliana. Nunca la misma mujer.

Nunca más la volvería a ver.

¿Fácil?

galleta

¿Te dijeron que era fácil?
¿Te dijeron que saldría bien?
No, amigo, no es así
Te vendieron una película
De Disney
O de Pixar
Pero no la vida
Esa no es así
Esa no se compra
Se vive
Difícil
Pero toca.

Querías un carro
Último modelo
Una rubia
Derrapar sus curvas
Dinero
Ojalá sin trabajo
La lotería
Esa que no toca
Pero que muchas veces
Tú compras.

¿Lo lograste?
No.

¿Y entonces crees que es fácil, eh?
¿No te da asco?
No,  seguramente no
La vergüenza se pierde en el primer trabajo
En el primer escupitajo
En la primera sonrisa
Que no es sincera
Que es seca
Y que adentro quema.

Y luego vienen las facturas
Las deudas
Las tarjetas
La mierda que no cesa
Y que uno siempre se pregunta
¿Acabará?
No lo creo
Eso no pasa
No hay finales felices
No hay Disney que valga
Sólo la vida
Intranquila
Indecente
Temores
INCLEMENTES
Y la mierda que se es

Lo que nunca se deseó
Lo que en algún momento
Se perdió.

¿Y ahora me preguntas,
Si vivir es fácil?
¿Si algún día
Todo saldrá bien?
Lo dudo
Sólo a un imbécil
La dicha le arrastra los pies.

P.O.R.N.O

condon

La televisión
Otro punto negro
Nada más que besos
Sin pudor
Y no hay nadie
Para agitarse,
¿Y dónde has estado
Que no quieres mi amor?

Te lo pregunto
Porque últimamente
Siempre es así
Uno mismo
Contra la pantalla
Del computador
Siempre ausente
Titilante
Pixeles
EXCITANTES
Y te cambio el nombre
Con el video
Que sigue
Desde Mila
Hasta Jenna
Siempre Ava
A veces Puma
Otras veces
Sin nombre
Pero con dulzura
Te sumerges en el salto
Y yo sigo
Siempre
Cavilando
CALIBRANDO
El agite de la mano
Derecha, izquierda
Los roles se cambian
Y la tensión se exalta
O baja
Dependiendo de la premura
Del azote
Y el tubo se atornilla
A lo que seguirá:
Pensamientos inconclusos
Sueños que no serán
Y como la vida
Pronto tendrá su final.

Publicidad, Avisos sin más
Mucho sexo
Mi falo es pequeño
Indica una ventana
Que salta sin avisar
Inclemente
Insultante
Me recuerda
Que no, no será
Que si fue, ya no es
Y siempre podré tener
A Mila
Ava
Jenna
Sea una enfermera
Como otra enferma
En traje de preescolar.

Siempre y cuando mire
Siempre y cuando siga allí
Una membresía
Una mejor oportunidad
Puedo ver más
Pagando lo que no tengo
Gratis son los polvos
Que no terminan de cuajar.

Hermano
No estás listo
Esas mujeres no existen
Nunca las encontrarás
Sigue buscando
Muere jalando
Que algún día,
Puede,
Tal vez
O ni mierda
Puede ser
Las encontrarás.

Mientras tanto compra
La tarjeta es dinero que no te toca
Agítalo
Con premura
Sin demasiada necesidad
Siempre estará allí
Tras la pantalla
Esperando al amo
Que se rasga las entrañas
Inocencia asesinada
Mujeres maltratadas
Bajo la frustrada fidelidad
Que el cuerpo no consigue
Que no espera encontrar.

Y no, algún día te casarás
No será Mila
Ni siquiera Jenna
Menos Devine
Espera que te quiera
Ten un hijo
Paga la factura
La mierda de universidad,

Sigue trabajando
Muere sin piedad.

Porque P.O.R.N.O es
Aquello que nunca
Tendrás
La mierda que no cuentas
Que te cuesta tragar
El condón tirado
La esperma que muere
Sin germinar.


La vida misma
Las balas que no mataron
Eso es P.O.R.N.O
Lo que no tengo
Lo que me quitaron
La vida que se sigue
Y que no he matado.

¿Tienes lo mío?
¿O también te estás
Burlando?