De las pajas y otras amistades.


barbet bukowski

“Joder, Allen,la vida no vale la pena, todos lo sabemos, y casi todo está mal, pero no podemos hacer nada al respecto, y vivir es el paraíso” Carta de Ginsberg a Jack Kerouac.

Acababa de perder un amigo. Lo sabía, esas mierdas nunca antes habían pasado. Yo nunca pensé en convertirme en una rata que apuñala por la espalda, menos aún con alguien que es como mi hermano. Menos pensé que todo se debiese a mi imprudencia, y en especial, a la vacía y vana “confianza” que creí existir entre Paola y yo. Paola, mi “gran” novia…

Me desperté con un calor asqueroso. Los rayos del sol parecían descomponerse con ira contra mi ventana, dejando un tenue vaho que con el tiempo se asemejaba al leve roce de un pedo hirviendo en una sala de sauna. Unas espesas gotas de sudor caían de mi espalda, tan espesas, que alcancé a creer que un adolescente celebrando sus quince se había venido en cálido y fuerte chorro sobre mi cuerpo. Menos mal no había sido así.

Caminé hacia la cocina, necesitaba un poco de agua. Sentía que mi garganta era una pared erosionada, irritada por la ingratitud del paisaje que la circundaba. Bebí…bebí un buen chorro, hasta que un fuerte terremoto sacudió mis entrañas. Sentí que andaba en una montaña rusa, y que los carritos chocaban contra las paredes de mi estómago, rebotando para todas partes. Como un buen puño, de esos que estallan los pulmones contra los huesos y lo dejan a uno tirado en el piso como un perro.

-UFFF…MIERDA. Casi muero.- dije luego de correr por toda la sala y depositar un hermoso mojón en la tasa del inodoro.

Ring/Ring/Ring/¡Quién será!/ Bruuu/ Los sonidos del culo en pleno ascenso.

– ¡Malparido! ¡Nunca pensé que me pudiera hacer eso! ¡Hijo de puta!- gritaba una voz conocida, corroída por la ira…por una rabia que yo no entendía, pero que luego compartiría. Era un hijo de puta, lo había sido, lo soy.

-¿Qué fue huevón? ¿Qué pasó? ¿Por qué está tan puto?- dije, intentando calmar a mi amigo- ¿Qué hice?.

– ¡Hágase el imbécil! ¡Usted sabe bien qué hizo!…- contestó, mientras golpeaba algo que parecía a madera. Si, seguramente era madera- ¿Por qué putas le contó eso a Paola?-.

-Pero qué- pregunté, mientras me subía los pantalones- ¿Qué fue lo que le conté a ella?-.

– Mis vainas…lo de Sofía. ¡Usted sabe que a mí esa mierda me parte el culo!- gritó, estallando en llanto. Le había dolido…yo era su único amigo, su hermano, y la había cagado.

Un sórdido silencio se apoderó de la conversación. Nadie hablaba, casi parecía que la línea se hubiese caído, que los teléfonos se  hubiesen perdido en el más alucinante trance y que necesitasen de un polo a tierra: un exorcista, siquiera un chamán que los trajera de vuelta. En el mundo todo seguía, mi cabeza era un laberinto de retazos: me veía tomando nuevamente en el jardín, gritando mierdas al cielo, abrazado a mi amigo en beodo afecto:

Noviembre 25 del 2005

-¡Imbécil…usted es co-como mi hermano!- gritaba, mientras se bajaba un largo sorbo de aguardiente.

-¡Usted también…en esto estamos juntos! ¡Para lo que necesite, ahí estaré!- contesté aquella noche, preso en la sinceridad que sólo el licor sabe brindar.

Enero 27 del 2007

– Ya, por fin se acabó esa mierda- dijo Miguel, mientras miraba el cartón de grado- Ahora toca trabajar, ver qué carajos hacemos en la vida…-.

-Si, bueno…igual ahí toca seguir, luchando contracorriente, como siempre- le dije, mientras las esquirlas de hielo del aguardiente rozaban con contundencia las paredes de mi garganta- ¡bruhghgh! ¡Ah-jhora nos toca seguir…el mundo siempre está bien, siempre, desde que uno esté con los hermanos!…

Y no me equivoqué. Aún creo que estoy en lo cierto.

Nunca fui un tipo de muchos amigos, pero Miguel siempre me había dado su mano. Fuera en las buenas, o en las malas, siempre había estado cerca brindándome su apoyo. Nunca pensé en cagarla, pero en la vida muchas son las acciones que, previsibles o imprevisibles, terminan por romper la frágil burbuja de afecto que ata a los más cercanos seres. Constantemente he pensado que la amistad, lejos de ser algo místico, es el nexo que une a dos personas que decidieron seguir su vida, sin más promesas que las acciones que se ejecutan en beneficio de ambos; curiosamente, de manera desinteresada. Sin esperar más que un buen insulto, o una buena cerveza de vez en cuando.

Diciembre 24 del 2011

– ¡Yo a esa hiju-jueputa la amo!- dije tras un corto sorbo de whiskey que acababa de sepultarme esa noche.

-¡Frress-co, igual el tiempo pasa…igual LAS PUTAS ZORRAS! ¡ESAS PASSAN, SE PASEAN POR MIL VERGAS DIFERENTES-.

– ¿Eso e-es consuel-o?- pregunté, intentando calmar el mareo.

– ¡Jaajj! ¡El mejor de to-oodos!-.

– ¡Lo mejor si-m-empre serán las pajas!- grité, alzando la cerveza. Viendo como la espuma chorreaba las paredes del apartamento… sin que me importara.

BRUUHHHJJJ/AJJUAJJ/¡ME VOMITÓ LA PUTA CHAQUETA!/¡Que pena, Mig-uburuty/ ¡JUUUEPUTA!/El peso de los recuerdos lacerando con fuerza.

Domingo 13 del 2013

-¿Para qué mierda le dijiste eso a Sofía?- pregunté, sintiendo como de mi boca se desprendían pequeñas esquirlas de saliva golpeaban el teléfono.

-¡No lo dije con mala fe… pero entiende, Andrés, ella es mi amiga! ¡Tenía que contarle!-Respondió aquella morena de sonrisa cálida, pero para mi desgracia, poco sincera.

-¡Jajajajaja! ¡Y yo le cuento a Miguel las mordidas que le pegas a mi puta verga! ¿Acaso le cuento esa mierda?- grité.

– No, pero no es eso..- respondió con cierto deje en la voz, como si fuese a llorar- ¡No seas así!-.

– ¡SOY COMO SE ME DA LA PUTA GANA, Y TÚ LO SABES, MIERDA!-.

Tun/Tun/Tun/El sonido de la rabia rompiendo las paredes.

Me senté, tiré el teléfono hacia un lado. “A la mierda los celulares, sólo sirven para joderle a uno la vida” pensé, mientras aquel aparato se desparramaba contra la pared. Los pedazos volaban, y con cada trozo que caía al suelo, un nuevo recuerdo afloraba. Sentía unas ganas asquerosas de cerveza, ojalá de un licor más fuerte. No tenía, no lo había.

Ring/Ring/¿Quién mierda llama al teléfono de la casa?/La duda ante la realidad.

-¿Haló?-.

– Quiubo…- Respondió Miguel.

-¿Qué más?-.

– Ya más tranquilo…-.

– Que pena, de verdad, la cagué… no debí haber dicho eso-.

– Sí, bueno… ya pasó-.

-Me alegra escuchar eso-.

– ¿Qué, hoy unas cervezas?-.

-¡De una!-.

Y me levanté. Al final, uno siempre está solo, inserto en los problemas y aturdido por los golpes que a la mandíbula le profiere la vida y sus víboras, esas que con gesto amable se acercan, con palabras bonitas, maquillaje que se borra con la mínima gota de agua, como mierda que se esparce en una noche lluviosa. Después de todo, sólo se tiene el afecto de las cervezas, de las incontables acciones que suceden entre dos sujetos que, para su gracia o desgracia, se conocieron en el camino. En el camino que nadie quiere…pero que es el que se transita. El que toca transitar. “Al final, un amigo es como una buena paja: es lo único que queda”, me dije para mis adentros. Y entonces vi  a Jenna saltar sobre un negro, y me metí a bañar. “Ojalá hoy tengamos buen trago”, pensé, mientras el agua caía. Mientras con ella, al menos un problema se diluía.

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