Un matrimonio feliz…

Cuadro de Velpister Peter Jensen

Dibujo de Velpister Peter Jensen.

Miguel nunca se asombraba. No tenía por qué. Aquello era la radiografía de sus días, el espejo que siempre lo dejaba pendiente. O más bien, en su propia e inclinada pendiente. María lo veía. Le pasaba un café. Inclinaba la bandeja sobre la mesa, lentamente, dejando que sus senos se escurriesen un poco más allá de la ingratitud del brassier.

-Amor… cuidado te caes- dijo Miguel, mientras sus ojos divagaban tras el balón. Se preguntaba si Milan sería mejor que Piqué, o si un hijo de Puyol podría ser igual de feo a su padre, eso sí, contando con la buena genética de su madre.

-Tranquilo, sólo quería traerte un café- contestó mientras se abultaba los senos contra el escote. En el suelo, una cucaracha se paseaba en dirección al sifón del baño  de huéspedes. “Tendré que arreglarlo”, pensó María. Siempre para sus adentros. Como si pensar fuese tan sólo un desliz de personalidad.

-Ya…gracias, bebe- exclamó Miguel, mientras su mano se estiraba en dirección al mullido culo de su esposa.

-¡Ay!, ¡Amor!-.

-Casillas no coge una, y el puto Barcelona está que nos lo clava-.

-¿Clavar?-.

– Sí, mierda… meter gol. No entiendes un carajo. Deberías ver fútbol, para ver si te culturizas-.

Piqué se la pasaba a Messi. Messi corría. Siempre corría. “Como un perro tras la pelota” pensaba María. Nunca lo decía. “¡COMO UN CRACK, MIERDA, COMO UN CRACK!” gritaba Miguel. “¿POR QUÉ MIERDA ES DEL BARCELONA? ¿POR QUÉ?” rugía Miguel. No lo entendía. La televisión enfocaba a Pep. “Puto Pep, ese sí que era un 5”. Pero el tenía a Mourinho, que no era más que un “portugués de mierda”. Lo odiaba.

-¡MARÍA, CARAJO! ¡QUIERO UNA PUTA CERVEZA!- dijo Miguel, viendo como un par de gotas de saliva se escurrían por el control del televisor.

-¡Ya voy, mi vida!- contestó María, bajándose un poco el escote y ajustándose la falda más a la cadera.

– El hijo de puta de Messi nos va a joder, ¡mi-mi-mierda! ¡MARÍA LA CERVEZA, ORCA MALPARIDA!-.

– ¿Qué me dijiste?- preguntó María.

– Mujer, mujer…sólo quiero una cerveza. Eso es todo. El resto me lo guardo. Si no te gusta, bien puedes largarte-.

– ¿Por qué nunca puedes decirme nada bonito, Migue?-.

– Si tuvieras un culo bonito, te lo recordaría todos los días- replicó Miguel, mientras se rascaba los testículos.

– Ya no eres el de…-.

– ¿El de qué?- interrumpió Miguel.

– El de…bueno- contestó María, mirando hacia el baño de huéspedes. El sifón parecía estar bien. Tal vez sólo era cuestión de llamar al fumigador. “No se puede vivir con cucarachas. Siempre terminan aplastadas” pensó- el de antes.-.

-Tú tampoco. Mira, te lo voy a poner así. Fácil. ¡SENCILLO!. Para que no me jodas. Yo trabajo. Tú no. Yo gano. Tú no. Yo quiero ver un PUTO PARTIDO CON CERVEZA, ¡Y MI MUJER NO SIRVE NI PARA ESO! ¡MIERDA, NO ERES SHAKIRA! ¡NO ERES NADA! ¡OTRA GORDA HIJA DE PUTA MANTENIDA Y DERRENGADA!-

Plaj/ajj/¡Ay!/¡PERRA DE MIERDA!/Tan sólo una caricia.Tan sólo un matrimonio.

-¡Miguel! ¡P-p-pero qué mierda!- gritó María, sintiendo su mejilla arder. El golpe había sido seco, preciso, muy de Miguel. Igual que sus piropos. Igual que los primeros besos.

-¡Eso sí te gusta! ¿No? ¡TE GUSTA, SÍ, ARRÁSTRATE, COMO UNA PUTA CUCARACHA!- contestó Miguel. Alzando de nuevo el brazo. María se retorcía. Sus ojos eran un par de canicas que se estallaban contra las ventanas del apartamento. Su boca era tan sólo un manchón rojo, una esquirla, un recuerdo perdido bajo las sábanas prematrimoniales.- ¡ANDA, VEN… ARRÁSTRATE, MUEVE EL CULO!-.

-¡Hijo de puta!- contestó María mientras veía a su marido. Miguel, el buen muchacho. El amigo de todos. El más querido del barrio. Aquel que dejaba el trabajo para llamarla, para enviarle un ramo de flores. El mismo que…

PUM/PUM/¡Ouj!/¡A MI NO ME INSULTAS, PERRA!/Los suspiros del primer bebé. 

Diciembre 24 de 1986.

– ¡Amor, ya casi está la comida!- dijo María tras tomar una copa de vino.

– Qué bien, ¡No puedo creer que sea nuestra primera navidad juntos!- contestó Miguel, acercándose lentamente a su mujer.

María. Su mujer. Aquella del cabello café. Ojos azules. Un culo hermoso. Y ni hablar de sus tetas. María, la mujer que siempre había merecido. La única capaz de ser su esposa. Su cintura era suave, delgada…eléctrica. Al tocarla, sus manos se escurrían y su boca volvía a la persecución: su boca le era esquiva. Sus labios se mecían entre los suyos, pero las lenguas no se tocaban. María, qué putita. Luego te rompo el culo. Iremos al estadio. No, no quiero muebles rosados para la sala. La nevera está bien… ¿Para qué más grande?, no, no quiero ir a donde tu mamá. La noche es para los dos…

La vida era para ambos. Pero no sé qué pasó.

Noviembre 10 del 2005.

-¡Me largo, no me aguanto más esto!-.

– Lárgate zorra…lárgate. Ve con tu mamá. Llórale al viejo hijo de puta que te parió- dijo mientras le pisaba la cara.

María odiaba esas botas. Las putas Brahma. Siempre tan fuertes. Brillar la punta de metal costaba su buen tiempo. Su tiempo no valía. Las botas costaban doscientos mil pesos, y eso que en descuento. “Una ganga, María…una ganga, cuídalas más que tu vida” contestaba Miguel cada vez que ella le decía que las lustrara él mismo. Eran pesadas. El metal pesaba, y eso que sólo estaba incrustado en la punta. Era frío. Sus manos lo sentían, siempre tras el trapo. No había querido conocerlas…al menos no, tan de cerca.

Praj/Tak/Tak/ Los sueños de un matrimonio.

No habían tenido hijos. No sabían por qué. Según Miguel, los médicos de la ciudad eran hinchas de Millonarios. Y si lo eran, sólo podían ser unos farsantes. “Unos mierdas, María…unos mierdas” contestaba cada vez que ella le sugería acudir a alguno. María no entendía muy bien qué era lo que pasaba. Se sentía joven, bella…sana. El sexo no dejaba de estremecerla. El empuje la condenaba a arquearse…sacudirse incrustada, saltando bajo la pendiente del pecho de su marido. Sus besos eran cálidos, potentes… lo sabía. El amor se escurría en hematomas, en pequeños cráteres que se abrían tras el paso del volcán. Saltaba… saltaba. Miguel se sacudía. La abrazaba fuerte, se escurría. Cerraba los ojos.

Ya fue, mi vida. Ya fue…

-¡TÚ SABES QUE NO PUEDES VIVIR SIN MÍ!-.

-¡Me largo! ¡Ya no seré más tu esclava, Miguel!-.

Tu/tu/PUM/El sonido del despertar. 

La puerta se cerró. Diecinueve años se habían ido al traste. Piqué se la tocaba a Xavi. Iniesta se iba por la banda. Pase a Messi. Pared con Iniesta. Villa en el área. Pedro acompaña.

-¡Y ya fue, señores!, Messi…centro, Villa, ¡GOOOOL! ¡GOOOOLAZO DEL BARCELONA! ¡VILLA A LOS OCHENTA Y SIETE! ¡Y EL REAL QUE NO RESPONDE!- Rugía el televisor.

María no contestó. El Real tampoco. La llamó. Cinco veces. Una por minuto. Añadieron dos. El partido se acabó. Su cerveza también. Fue al congelador. “Mierda…no hay cerveza” pensó. Se levantó, fue a la nevera. Vio el sticker de las compras sobre el mesón de la cocina. Lo leyó:

Para el supermercado:

  • Dos paquetes de cerveza: Águila o Costeña.
  • Tres pacas de Marlboro rojo.
  • Tocineta y huevos.
  • Tres botellas de aguardiente. Ojalá Néctar.
  • Dos botellas de vino tinto.

Era la letra de María. Era roja. La tinta era negra. No tenía nada… se había ido. No tenía nada… y ya habían cerrado el supermercado. No había respondido. El Real había perdido. Fue al baño, y prendió el último cigarrillo. Al final, los sorbos eran cada vez más rápidos. Al comienzo lentos, en la mitad constantes, luego fuertes, apretujados, rápidos…atosigados. Lo escupió. Y María se había ido. “¿Y ahora qué?”, pensó, mientras apagaba el televisor.

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Manifiesto literario: Sinceridad y rabia.

desierto

Alguna vez intenté escribir algo
Que fuese bonito
Que una mujer lo viese y dijera
“Mierda, ¡Qué tipo más lindo!
Pero me sentí falso,
Muy falso
Y preferí ir por una botella
Antes que venderme por un culo.

Alguna vez intenté escribir algo para agradar
Para que la gente dijera
“¡Por fin dejaste esa depresión que cargas!”
“¡Ya dejaste de insultar!”
Pero no pude
Me llené de asco
Perdí el interés en lo que escribía
A la mitad del párrafo
Y lo leí
Tan desinteresado, tan poco motivado
Y prendí el computador
Para ver a Mila Kunis
Mover el culo ante la pantalla.

Y por eso, siempre que mi mamá
Mi papá
Mis amigos
Los desconocidos
Me dicen
“¡Para qué mierda escribir, para qué masacrar el lenguaje de esa forma!”
“¡Lleno de insultos, sexo, y demás!”
Yo les digo, sin saber por qué
Debería lanzar un puño
Haber si se callan la puta boca
Que es mi vida, que es lo que me pasa
Que si mis días fueran color de rosa, o una película de Sandra Bullock
(Sin tantas tetas, ni un cabello tan rubio)
Yo andaría feliz, sin escribir
Haciéndome hermosas pajas en la mañana
Antes de salir:
A trabajar 
A estudiar
A pagar facturas
A morir
A seguir muriendo 
lentamente
Pretendiendo vivir.

Y no tendría necesidad, esta maldita necesidad
Que me da, que está muy clara, que no tiene rodeos
¡PUTA VIDA! ¡COBARDÍA ENFRASCADA!
En pequeñas letras, que para muchos no significan nada
Que para mí son todo
Mi vida, en pequeños trozos
Mi vida, con toda su mierda
Con la sinceridad que trae cualquier despojo
Que ya no quiere mentir
¡QUE QUIERE VIVIR!
Y no pretende lamer más culos
No quiere agradar más
Sólo quiere desahogarse contra la pantalla
Titilante,
Desgastada
En letras que se funden en llamas
En el desierto de la vida
Ese que todos los días
Obliga a bajar la cabeza
Ceder el paso
Sonreír por cobardía
No mearse en el que sólo causa antipatía

Y entonces, vienen y me dicen
“¿Para qué mierda escribes, eh?”
“¿Por qué decir todo eso?”
“Tan personal, tan de adentro”
“Como si tu vida, fuera un libro abierto”
Y bueno, yo sólo puedo contestar
Que no tengo un revólver
Que a muchos que quisiera,
Matar
No puedo
Que de todas las mierdas que pasan
Muertes, corrupción, crímenes de Estado
Y demás males del mundo
Tanta falsa ilusión
Tanto McDonald’s ayudando a la descomposición
Soy sólo otro eje, otra tuerca
En el gran engranaje
De un mundo sembrado en campos de huesos
Que sólo erige
Nuevos cementerios
Y no soy mejor, que esos que critico
Que esos que son “felices”
Que encontraron la felicidad en la inercia
En la falta de autocuestión
En el mismo miedo
Ese que todos los días los empuja
Los mueve al trabajo, a pagar las facturas
A sonreírle al jefe, a no quejarse por nada
A dejar que el erario público sea otra arca privada
De un par de hijos de puta
Que nada comparten, que escupen migajas
Monumentos de ignorancia.

Por eso
Cuando ustedes me dicen
Por qué escribo
Por qué me expongo tanto
Por qué alejo a tanta gente, con tanto
PUTO vocablo
Yo digo
¿Qué mierda haces, poeta?
Que a mucho le escribes, que nada te dejas
A ti mismo, intranquilidad que no cesa
YO CONTESTO
Con los huevos en las manos
¡ME IMPORTA UNA MIERDA!
¡ASÍ LES DUELA SU ALEGRÍA,
MI RUGIDO NO CESA!
¡ASÍ SE QUEMEN LAS PESTAÑAS
CON LA RABIA QUE EMANA
DE TODO MI CUERPO
QUE EN LAS LETRAS SE QUEMA!
Tengo dos puños
Tengo una rabia
Que nunca cesa.

Y no son ustedes
Es su felicidad
El gran problema
Esa felicidad pendiente
Indecente
Que nunca se critica
Que nunca se siente

No soy un robot
No escribo para la gente
Es la necesidad
LA MALDITA NECEDAD
La que me mueve a hablar
A escupir todo aquello
Que me falta
Que no puedo lograr.

Porque en la vida hay muchas balas
Pero hace falta un arma
Para disparar.

Sparring Callejero…

pantera

Camino, camino por que no hay más lío
Los problemas se disuelven en la cabeza
Mientras estallan, como estrellas fugaces que se pierden
Y resurgen, en la cercanía de la resaca.

Camino, no porque esté tranquilo
Porque mis pies son dos hierros que arrastro
Y después de todo, siempre hay un hijo de puta en carro
No muy barato, no muy caro
Que intenta pasarme por encima
No pita, se baja, siempre acelera

Cuando al verme, pienso en todo:
Mi vida, mis papás, la ciudad,
Y toda la mierda que antes me jodía
Que parece tan pequeña, que no tiene cabida
En un imbécil que ve tras de sí sus días.

Parpadeo, pego un insulto
“Hijo de puta, casi me mata”
Grito como si nada, bastante tranquilo
Sin ánimo de nada
Ya la noche estuvo larga
Y tras de mí cargo dos ojos
Que se pierden
En la calidez de las luces
En una botella sin mayor fondo
Que unas cuantas babas rancias
Que sorbo hasta que siento el alboroto.

PUM/PUM/Dos puños
Dos en la cara, no me caigo, aguanto
Sigo boxeando
Vivir es aguantar sin aire
Vivir es perder, siempre perder
Es no caer derrotado
A ningunos pies
Mantenerse intacto, sembrar una sonrisa
No me caigo, aguanto
El hijo de puta me insulta, no entiendo, hay mucha policía
TIENE mucha policía el hijo de puta
Sus escoltas me tiran para atrás
“Tranquilo, ya fue”
“Todo está bien”
Y Juan lanza puños, y yo entiendo que sí,
Que ya fue,
Nos van a matar
Estoy borracho, y muy tranquilo
Puto cobarde
¡MIERDA COBARDE!
Me echo para atrás
Le digo a Juan
“Ya fue…larguémonos”
¡Pero si le pegaron, imbécil!
Tranquilo…le digo
Sonrío,
El carro arranca
Y yo sigo caminando
Siempre perdido
Sin trastabillar del golpe
Con el ego herido, siempre bien jodido
Y sólo pienso, que soy un cobarde, que nunca tiro un puño
Que soy muy calmado, que mi orgullo se compra en un supermercado
Por eso nunca fui bueno boxeando, no hay orgullo
Y camino…hacia la casa,
Me tiro a la cama
Me clavo una paja
Suelto una lágrima
“Mañana sale el sol”, pienso mientras creo
Que de los puños que me dan
Sea sólo un jab o un puto uppercut
Nunca hay respuesta
Sólo un saco almidonado
Dispuesto a ser golpeado
Ojalá,
Hasta quedar magullado.

Porque vivir vuelve a cualquiera
Un puto desgraciado.

Atrapa moscas…

mosca-muerta (1)

El karma va por dentro. Por fuera soy normal. Todo muy normal. Me clavo una paja antes de dormir, leo alguna mierda en el bus, escucho música mientras cocino. Todo muy normal. Pero la mierda a veces sale a flote. En pequeñas manías, en pequeños síntomas que nunca denotan la calidad precisa de la enfermedad. Yo no la conozco, pero lo que sé es que de vez en cuando la poseo. Pero eso no me hace anormal, es más, creo que todos lo hemos vivido alguna vez.

Recuerdo un día cualquiera del 2008. Llevaba tres años viviendo en aquella ciudad, y de vez en cuando el tenue calor del recuerdo me invadía: perdido en una calle, azotando mi bicicleta contra el piso de asfalto, soltando pedalazos con furia. Era más joven, no me conocía. No me había muerto, al menos eso creo, o bueno, no ese día.

-Disculpe…-Dijo una señora de vestido rosado y pronunciado escote- ¿Podría bajarle a la música? Es que tiene a todo el edificio desesperado-.

– Sí… bueno, pero nunca ando aquí, y alguna vez quisiera sentirme en casa-Contesté, intentando calmar mis piernas que se mecían a lado y lado, como dos fideos danzando sobre el aire.

La señora lo notó. Me veía, con ese leve asco con que algunas personas perciben lo extraño. Sus ojos deambulaban por todo mi cuerpo, buscando una breve sintonía, algún deje de cordura.

-¿Está borracho?- atinó a preguntar, afilando su lengua sobre sus rojos y carnosos labios, cual cuchillo sobre la roca.

– No…- dije mientras ponía una mano sobre la mesa del teléfono junto a la puerta- No sé… bueno, llevo mis días aquí encerrado. Pero sí, he tomado uno que otro trago.

-¡Uff! ¡Pues no serán pocos!- mencionó con una leve mueca de disgusto, sobre aquella boca roja y carnosa, que parecía querer desparramarse sobre mi cuerpo- El apartamento está atestado de licor. Mire nada más el suelo…

Miré. Miré con la cabeza cargada de dudas. Con un collage entre los ojos que no parecía tener sindéresis:

Rojo/Basura/Chorro/Negro/Rojo/Rojo/Negro/Rojo

Me sujeté la cabeza. Cerré los ojos. Me froté los párpados con fuerza, apretándolos y aflojándolos, intentando encontrar algún sentido a aquello. La señora hablaba, cada vez más fuerte, más chirriante, más rápido, con más saliva volándome a la cara, con más cercanía, con más rabia/rápido/rápido/rápido/RÁPIDO/RÁPIDO/¡RÁPIDO!/¡RÁPIDO!/¡¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!¡RÁPIDO!/AJJJJJJJ

AHHHHHHHHHHHHHHHHHHJJJ/BRUURR/EL sonido de la rabia rompiendo un espejo.

-PP-ero ¿Qué le pasa?- me preguntó, ya sin tanta arrogancia, con la cabeza en todas las direcciones. Sus pupilas zumbaban por aquel estrecho pasillo de un segundo piso cualquiera, cual moscas merodeando en casa ajena. La tenía. Mi grito había sido el estallido del miedo contra la raqueta de electricidad.

– Ahora sí…- dije, bajando la mano derecha…suavemente, suave, suave…casi en detención.-

– ¿Ahora sí… qué?- preguntó, con cierto deje en la voz. Con esa ternura, esa inocencia que vuelve en los momentos de mayor indefensión.

– ¡AHORA SÍ NO GRITAS, EH, PERRA DE MIERDA!- Contesté, tocándome los huevos con furia. Mi saliva golpeó su rostro como un jab en busca de una quijada en el décimo round. Cerró los ojos, miró al suelo. Le empecé a pegar con mi mano izquierda. Golpeaba sus manos, cada vez con más fuerza. Sus brazos se agitaban en el cielo, su boca roja se zarandeaba en busca de algún atisbo de tranquilidad. Su labial se corría…se perdía contra el rosa de su vestido. Se fundía en el. Su sudor caía…se deslizaba ligeramente, como una bailarina de ballet en un callejón oscuro.

– ¡EH, MALPARIDA! ¡GRITA, PERRA!-.

Seguí insistiendo. Deslicé la izquierda sobre sus tetas. Eran cálidas, es más, mejor hervientes. Llenas de años, con algunas pequeñas estrías que se asomaban en el roce con sus axilas. Me veía…ya no tenía miedo. Arrastré su mano, al principio esquiva, luego más sensata…sí, sensata.

-¡Cógelo, tranquila!…¡Eso, mierda!-.

No hablaba. Sus ojos eran un par de esquirlas que se mecían con el agite del momento. Lo tocó/lo meneó en su boca/atravesé su garganta/hacía gárgaras/ algo no iba bien, todo estaba bien/algo no iba bien, todo estaba bien/algo no iba bien, todo estaba bien/ ¡algo no iba bien, todo estaba bien!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/¡QUÉ MIERDA, VA BIEN!/TRACK TRACK/TRACK/TRACK/PAM/PAM/PAM/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡OH!/¡AJJJ!/

TRRRRRRRRRRRAJJ/Despierta, Blanca-nieves/¿Pero qué putas?/Devuelta a la realidad.

-¿Qué pasó?- pregunté a la señora de al lado. Tenía unos treinta y dos años. Vestía un lindo vestido rosado, muy escotado, que respingaba su busto y lo dejaba a la merced de mis hambrientos y juveniles ojos.

– Nos estrellamos…-contestó, viendo hacia delante, como si buscase una explicación.-No sé bien…el bus se movió, yo iba medio dormida, no me fijé bien.

-Mierda…-.

Al fondo, el conductor intentaba calmar a la gente. Mencionaba algo referente al embrague, un problema con el freno. Al parecer estábamos vivos de milagro. Al parecer el transporte público es un asco y si te duermes, mueres. Agitaba sus brazos, los movía con furia, intentando darse a entender ante una turba de oficinistas sudorosos y estudiantes dormidos. Eran las siete de la noche, y Bogotá no duerme…fallece, pero no duerme. El agua caía sobre las ventanas, golpeando con fuerza, intentando hallar su lugar entre la multitud. La gente lo impedía, cerraba con furia. Casi con asco.

-¡Uff! Esto como que va para largo- exclamé.

– Sí…bueno, menos mal estamos vivos- contestó la mujer del vestido rosado. Sus senos ya empezaban a escurrirse, a volverse agua. Leves brotes se asomaban, su brassier se tornaba molesto. Lo intuí por los intentos fallidos por hacer de sus manos el abanico preciso para aquel monte.

-Bueno, sí…como sea-.

Aquello fue como una felación. Un puto Cuni Linguis. Una invitación al show del blanco y tierno culo de Juan Gónzalez, sobreviviente de uno de los tantos accidentes de tránsito que se eyaculan sobre las calles. Como si la ciudad tuviese vida, las calles reclamaban su lugar en el gran pastel del Jet-set, erigiéndose como divas de los más incipientes estragos en torno a la movilidad. Ya me las imaginaba yo:

-¡Cuarenta y cinco! ¡Cuarenta y cinco!-.

– ¿Qué fue, Séptima?-.

-¡Hoy un par de borrachos se mataron en un carro!-.

-¿Ahh si?-.

-Sí, iban como a 150 km/h… ¡Los vieras saltar!-.

– ¿Se te vinieron en la cara?-.

-¡Sí! ¡Sí! ¡Hirviendo sobre mi cara!-.

– ¡Ahhh Séptima! ¡Afortunada tú, que aún recibes sangre en la boca!-.

Mi cabeza era un juego de ajedrez en el que los peones empezaban a masturbarse sobre la reina, pretendiendo el rey hallar consuelo en su último fiel lacayo: la cordura. Como si importara, la sangre se estallaba contra mi cráneo  y de los pensamientos difusos sobre el sexo callejero, volví a la señora del vestido rosado, que no paraba de decir estupideces.

-¡Es que con este clima no se puede andar tan rápido!- Gritaba, sumida en la más profunda indignación.

-Sí…bueno. igual es complicado mover toda una ciudad como Bogotá en estos buses- Contesté, viendo como cada vez más gente se amontonaba en torno al conductor.

-¡Berraco sistema masivo! ¡Aquí nos quieren es matar!- Rezongaba mi acompañante, tornando su rostro en todas las direcciones. La gente respondía “¡Si! ¡Carajo! ¡Esto es un asco!” y cosas del estilo. De repente, un nuevo bus llegó y una rubia de chaleco amarillo dijo por un megáfono: “Atención, atención. Ya llegó el nuevo transporte. Se habilitarán las cuatro salidas del automotor, para que todos puedan ingresar de forma tranquila”.

Al abrirse las puertas, la turba enfureció y en torno a un primitivo grito de guerra, corrieron contra el otro bus, aplastando lo que fuese en el camino. Todos querían llegar a casa. Seguían vivos, y en la ciudad llovía…nadie quería mojarse. Todos preferían morirse antes que estar mojados. Ojalá nunca contagiarse de gripa.

Como siempre, llegar al apartamento era un suplicio. No encontraba las llaves (a pesar de estar siempre en el bolsillo izquierdo del jean) y en la nevera no había más que una botella de aguardiente y un par de cervezas. Quería comer algo…el aguardiente sabía rancio, y ya empezaba a extrañar alimento diferente al arroz.

Me senté en la cama, y como si nada, una mancha negra se perdía en el techo. Extraviada, llamaba un rojo, un rosado. Rojo/Negro/Rosado. El ciclo no se interrumpía. Al verlo, sentí unas ganas irresistibles de clavarme una paja. “¿Pero qué mierda?” pensé, mientras me desabotonaba el jean. La agité con furia. Un orgasmo pluricolor se deslizaba en torno a los rezagos del mejor polvo que había tenido en mi vida. El labial se le corría, el vestido se rompía con ira, la mujer quedaba desnuda…y la secuencia se seguía.

AJJJ/MIERDA/Pensamientos antes de morir en batalla.

Me quedé un buen rato, absorto. Me detuve en una mosca que se zarandeaba por la ventana, hasta que el teléfono sonó…y sonó, y de la negra madera de la mesa se desprendían aquellas ráfagas de inhumano llamado. Contesté.

– ¿Hola?-.

-¿Sí?- respondió una voz femenina.- Mire, le habla Gloria Sanabria, del apartamento 205. Lo llamaba para preguntarle si era usted el que había estado poniendo esa música “metálica” a todo volumen-.

– No…yo acabo de llegar- Repliqué, intentando calmar un leve dolor de cabeza que se avecinaba.

– Mire, joven…ehh-.

– Juan, señora-.

-Mire, Juan. No sé si sepa, pero todo el edificio me ha puesto repetidamente quejas a mí, LA ADMINISTRADORA, de la bulla que hay en su apartamento todo el día-.

-Señora, yo no he estado hoy…-.

– Mire, mire joven. A mí no me vea la cara, todos sabemos que usted es el único que escucha esa música metálica…nada más esas camisetas de calaveras, ¡Del diablo!-.

-Pero si no estuve hoy…-Contesté, presionándome con los dedos los ojos. La sangre parecía querer salírseme del cuerpo, y aquella vieja gritaba más que Phil Anselmo luego de Pantera.- Además, la camisa esa es de Iron Maiden.. no de-.

– ¿No de qué? ¿Del diablo? Esos Biron Mayden son satánicos…¡QUITE LA MÚSICA!-.

-¡Mire, mire, VIEJA HIJUEPUTA, que su marido no le rompa el culo todas las noches y que el redoblante de mis putas canciones le recuerde una pelvis azotándole el orto, no es mi problema…¿ENTIENDE? ¡ENTIENDE, HIJUEPUTA!- Grité, presionándome con más fuerza los ojos.-¡ME ENTIENDE, MALPARIDA! ¡AHORA NO GRITA, EH, PERRA DE MIERDA!-.

Tun/Tun/Tun/El sonido de la franqueza.

Me hice otra paja. El mundo era un lugar mejor. La sábana estaba roja. La luna negra. El televisor rosado. Me bebí una cerveza. Apreté mis pupilas. Ya mañana sería otro día, y de seguro, los recuerdos de hoy se borrarían. Ojalá…no.

De las pajas y otras amistades.

barbet bukowski

“Joder, Allen,la vida no vale la pena, todos lo sabemos, y casi todo está mal, pero no podemos hacer nada al respecto, y vivir es el paraíso” Carta de Ginsberg a Jack Kerouac.

Acababa de perder un amigo. Lo sabía, esas mierdas nunca antes habían pasado. Yo nunca pensé en convertirme en una rata que apuñala por la espalda, menos aún con alguien que es como mi hermano. Menos pensé que todo se debiese a mi imprudencia, y en especial, a la vacía y vana “confianza” que creí existir entre Paola y yo. Paola, mi “gran” novia…

Me desperté con un calor asqueroso. Los rayos del sol parecían descomponerse con ira contra mi ventana, dejando un tenue vaho que con el tiempo se asemejaba al leve roce de un pedo hirviendo en una sala de sauna. Unas espesas gotas de sudor caían de mi espalda, tan espesas, que alcancé a creer que un adolescente celebrando sus quince se había venido en cálido y fuerte chorro sobre mi cuerpo. Menos mal no había sido así.

Caminé hacia la cocina, necesitaba un poco de agua. Sentía que mi garganta era una pared erosionada, irritada por la ingratitud del paisaje que la circundaba. Bebí…bebí un buen chorro, hasta que un fuerte terremoto sacudió mis entrañas. Sentí que andaba en una montaña rusa, y que los carritos chocaban contra las paredes de mi estómago, rebotando para todas partes. Como un buen puño, de esos que estallan los pulmones contra los huesos y lo dejan a uno tirado en el piso como un perro.

-UFFF…MIERDA. Casi muero.- dije luego de correr por toda la sala y depositar un hermoso mojón en la tasa del inodoro.

Ring/Ring/Ring/¡Quién será!/ Bruuu/ Los sonidos del culo en pleno ascenso.

– ¡Malparido! ¡Nunca pensé que me pudiera hacer eso! ¡Hijo de puta!- gritaba una voz conocida, corroída por la ira…por una rabia que yo no entendía, pero que luego compartiría. Era un hijo de puta, lo había sido, lo soy.

-¿Qué fue huevón? ¿Qué pasó? ¿Por qué está tan puto?- dije, intentando calmar a mi amigo- ¿Qué hice?.

– ¡Hágase el imbécil! ¡Usted sabe bien qué hizo!…- contestó, mientras golpeaba algo que parecía a madera. Si, seguramente era madera- ¿Por qué putas le contó eso a Paola?-.

-Pero qué- pregunté, mientras me subía los pantalones- ¿Qué fue lo que le conté a ella?-.

– Mis vainas…lo de Sofía. ¡Usted sabe que a mí esa mierda me parte el culo!- gritó, estallando en llanto. Le había dolido…yo era su único amigo, su hermano, y la había cagado.

Un sórdido silencio se apoderó de la conversación. Nadie hablaba, casi parecía que la línea se hubiese caído, que los teléfonos se  hubiesen perdido en el más alucinante trance y que necesitasen de un polo a tierra: un exorcista, siquiera un chamán que los trajera de vuelta. En el mundo todo seguía, mi cabeza era un laberinto de retazos: me veía tomando nuevamente en el jardín, gritando mierdas al cielo, abrazado a mi amigo en beodo afecto:

Noviembre 25 del 2005

-¡Imbécil…usted es co-como mi hermano!- gritaba, mientras se bajaba un largo sorbo de aguardiente.

-¡Usted también…en esto estamos juntos! ¡Para lo que necesite, ahí estaré!- contesté aquella noche, preso en la sinceridad que sólo el licor sabe brindar.

Enero 27 del 2007

– Ya, por fin se acabó esa mierda- dijo Miguel, mientras miraba el cartón de grado- Ahora toca trabajar, ver qué carajos hacemos en la vida…-.

-Si, bueno…igual ahí toca seguir, luchando contracorriente, como siempre- le dije, mientras las esquirlas de hielo del aguardiente rozaban con contundencia las paredes de mi garganta- ¡bruhghgh! ¡Ah-jhora nos toca seguir…el mundo siempre está bien, siempre, desde que uno esté con los hermanos!…

Y no me equivoqué. Aún creo que estoy en lo cierto.

Nunca fui un tipo de muchos amigos, pero Miguel siempre me había dado su mano. Fuera en las buenas, o en las malas, siempre había estado cerca brindándome su apoyo. Nunca pensé en cagarla, pero en la vida muchas son las acciones que, previsibles o imprevisibles, terminan por romper la frágil burbuja de afecto que ata a los más cercanos seres. Constantemente he pensado que la amistad, lejos de ser algo místico, es el nexo que une a dos personas que decidieron seguir su vida, sin más promesas que las acciones que se ejecutan en beneficio de ambos; curiosamente, de manera desinteresada. Sin esperar más que un buen insulto, o una buena cerveza de vez en cuando.

Diciembre 24 del 2011

– ¡Yo a esa hiju-jueputa la amo!- dije tras un corto sorbo de whiskey que acababa de sepultarme esa noche.

-¡Frress-co, igual el tiempo pasa…igual LAS PUTAS ZORRAS! ¡ESAS PASSAN, SE PASEAN POR MIL VERGAS DIFERENTES-.

– ¿Eso e-es consuel-o?- pregunté, intentando calmar el mareo.

– ¡Jaajj! ¡El mejor de to-oodos!-.

– ¡Lo mejor si-m-empre serán las pajas!- grité, alzando la cerveza. Viendo como la espuma chorreaba las paredes del apartamento… sin que me importara.

BRUUHHHJJJ/AJJUAJJ/¡ME VOMITÓ LA PUTA CHAQUETA!/¡Que pena, Mig-uburuty/ ¡JUUUEPUTA!/El peso de los recuerdos lacerando con fuerza.

Domingo 13 del 2013

-¿Para qué mierda le dijiste eso a Sofía?- pregunté, sintiendo como de mi boca se desprendían pequeñas esquirlas de saliva golpeaban el teléfono.

-¡No lo dije con mala fe… pero entiende, Andrés, ella es mi amiga! ¡Tenía que contarle!-Respondió aquella morena de sonrisa cálida, pero para mi desgracia, poco sincera.

-¡Jajajajaja! ¡Y yo le cuento a Miguel las mordidas que le pegas a mi puta verga! ¿Acaso le cuento esa mierda?- grité.

– No, pero no es eso..- respondió con cierto deje en la voz, como si fuese a llorar- ¡No seas así!-.

– ¡SOY COMO SE ME DA LA PUTA GANA, Y TÚ LO SABES, MIERDA!-.

Tun/Tun/Tun/El sonido de la rabia rompiendo las paredes.

Me senté, tiré el teléfono hacia un lado. “A la mierda los celulares, sólo sirven para joderle a uno la vida” pensé, mientras aquel aparato se desparramaba contra la pared. Los pedazos volaban, y con cada trozo que caía al suelo, un nuevo recuerdo afloraba. Sentía unas ganas asquerosas de cerveza, ojalá de un licor más fuerte. No tenía, no lo había.

Ring/Ring/¿Quién mierda llama al teléfono de la casa?/La duda ante la realidad.

-¿Haló?-.

– Quiubo…- Respondió Miguel.

-¿Qué más?-.

– Ya más tranquilo…-.

– Que pena, de verdad, la cagué… no debí haber dicho eso-.

– Sí, bueno… ya pasó-.

-Me alegra escuchar eso-.

– ¿Qué, hoy unas cervezas?-.

-¡De una!-.

Y me levanté. Al final, uno siempre está solo, inserto en los problemas y aturdido por los golpes que a la mandíbula le profiere la vida y sus víboras, esas que con gesto amable se acercan, con palabras bonitas, maquillaje que se borra con la mínima gota de agua, como mierda que se esparce en una noche lluviosa. Después de todo, sólo se tiene el afecto de las cervezas, de las incontables acciones que suceden entre dos sujetos que, para su gracia o desgracia, se conocieron en el camino. En el camino que nadie quiere…pero que es el que se transita. El que toca transitar. “Al final, un amigo es como una buena paja: es lo único que queda”, me dije para mis adentros. Y entonces vi  a Jenna saltar sobre un negro, y me metí a bañar. “Ojalá hoy tengamos buen trago”, pensé, mientras el agua caía. Mientras con ella, al menos un problema se diluía.

Sueños: Memorias de algún cuerpo roto.

DiadeMuertos03

Me quedé aquí pegado
Con los pies a la tierra sembrados
Bañados por el cemento que todo lo une
Que todo lo detiene.

Estoy estancado
No hay cielo que alumbre, para todos aquellos como yo
Sepultados bajo alas de alquitrán, que al volar
Pronto se desmoronan
Cual pan en el chocolate
Como la luna desperdiciada
En una noche sin estrellas.

¡Y no puedo volar!
Estoy aquí, perdido en un bar
Con las pupilas estremecidas
Con los sueños en un frasco desbocado
Uno que sólo puedo romper
Para verme a mí mismo

Volar, volar para no volver
Como las mariposas sin viento
Asentado en este mundo sin cimientos
Que se cuece a mis anhelos
Y me deja a la merced
De todas esas víboras, serpientes sin miedo a renacer
Que trabajan en grandes sitios, que no tienen nada para hacer
Sueños sepultados, anís entrecortado
Estoy de vuelta allí, donde todo comenzó
Allí, donde algún día creí volar
Para luego sentir el frío pavimento
Golpearme la tez, reventar los deseos que algún día tejí
Antes de irme, del único lugar
Donde la paz era un pequeño precio a pagar
Ante tanta intranquilidad.

“¿Para qué me fui? ¿Por qué nunca me quedé?”
Digo mientras pienso, que a la ciudad de neón sólo me une
Su tierna desazón, el aroma de sus bares
El fracaso en el que antes navegare
Y en el que hoy estoy sumergido.

“¿Para qué me fui? ¡Por qué mierda no estoy allí!”
Grito, cortándome la garganta
Con las penas que nunca debieron salir
En medio de aquel bar
En esta vida, que ojalá,
Tuviera fin
¿Tiene fin?
Pienso mientras recuerdo
Que mañana sale el sol
Que de noche se quiebra el cielo
Y seguiré siempre solo
Como águila que la mece el viento.

En un pueblo cualquiera…

PAISAJE DE NEIVA

“En un país donde mandan los cerdos, todos los cerdos suben rápido… y los demás vamos jodidos, si no somos capaces de coordinar nuestras acciones: no necesariamente para Ganar, sino más que nada para no Perder del todo. Nos lo debemos a nosotros mismos, y a esa tullida imagen que tenemos de nosotros como algo mejor que una nación de ovejas aterradas… pero, sobre todo, se lo debemos a nuestros hijos, que tendrán que vivir con nuestra derrota y todas sus consecuencias a largo plazo”
 
Hunter S. Thompson.

En un pueblo cualquiera, azotado por el bramido de cuarenta y cinco grados centígrados sobre los rostros de sus habitantes, Infierno González caminaba. En su recorrido, guturales aullidos brotaban de su boca, conjugados con un olor a queso rancio y fríjoles descompuestos.

–          ¡Pueblo que Niebla! ¡Llegó su salvadora!- gritaba, extraviada, con los ojos en franca posesión lunática.

Nadie salía. El sol era tal que la gente prefería revolcarse en sus cuartos, bajo el aullido de los aires acondicionados. Sólo unas pocas señoras incautas, que en ese momento regaban las plantas de sus antejardines, se fijaron en el espectáculo. Ellas y don José, oriundo de la ciudad y tendero de confianza de toda la población.

-¡Pueblo que Niebla! ¡He venido a acabar este infortunio!- sollozaba, mientras algunas lágrimas de sangre (que luego se descubriría que eran de salsa de tomate diluida) brotaban de su rostro-  ¡Es momento de que veamos nuevamente la luz del sol!-.

– ¿A qué se refiere, Infiernito?- preguntó Doña Mantenida, mientras acariciaba su girasol favorito.

– ¡Doña Mantenida! ¡La niebla nos está matando! ¡La niebla y la lluvia!- gimió aquella, mientras un leve sudor se empezaba a asomar por sus axilas.

– Pero Infiernito, hija, si aquí nunca llueve…-contestó dicha señora, mientras conectaba su manguera al grifo- mire mijita, ya ni siquiera sale agua de la llave-.

– ¡Entonces, aparte de quitar la niebla y la lluvia, removeré el sol…y daré agua a toda la población, de este pueblo que niebla, y que todo hasta aquí me dio!- contestó aquella, sonriendo y mirando en todas las direcciones. Las señoras, amas de casa en su mayoría, celebraron con gritos de júbilo las propuestas de su vecina.

Y así siguió. Fue pasando por todas las calles de la ciudad, y a cada quién, como buena mesías, le prometía la salvación. A don Julio y demás cultivadores de arroz, les propuso eliminar las plagas que asolaban sus cultivos y triplicar las ganancias recibidas. A Don Julián Tavera, ingeniero de discutida reputación, le propuso adjudicarle todos los contratos que surgieran en su gobierno, a cambio de una pequeña contraprestación que se usaría, decía aquella tras varias risas y unos buenos pedos bucales, “en el mantenimiento de mi boca. Ya sabe, los políticos hablamos mierda, pero tampoco podemos destilarla”. Y así con todos. A los niños daba dulces, al resto de políticos de la ciudad algunas dádivas, que variaban dependiendo del caso. Eso sí, nadie perdía…

Nadie, excepto la ciudad, perdía.

Y así quedó electa. Tras un festín de lechona, aguardiente, ladrillos, prostitutas, Infierno González sería congraciada por la ciudad como gobernante in detrimento vitalicio. Como buena abogada que era, en su discurso fue enfática:

“Hasta que no logre arreglar mi problema bucal, no hablaré…estaré callada, meditando los millones de dólares que rob/usaré en el progreso de la ciudad. Pueblo que Niebla, erradicaré, no sólo la lluvia, también el río, las praderas, los cultivos de arroz, las obras públicas, el sol, la dicha, los niños, la educación. Si me proponen traer un mar, tampoco lo dejaré. En este pueblo nadie merece nada, excepto verme a mí…cagando plata”.

Todos aplaudían. El aguardiente hacía efecto, y de los rostros de los habitantes  del pueblo surgía una sonrisa perdida que, en conjunto con unos ojos brillantes y desviados, conjuraba el advenimiento del nuevo mesías. Los pocos sobrios, un poco confusos por las palabras de la indignataria, intentaban hacer sentir su descontento, más las prostitutas los callaban con profundos besos que terminaban en lengüetazos directo a los cuellos. Pronto, se les veía confusos, aturdidos, con el labial escurrido por toda la cara y con pequeñas cortaduras en la garganta, de donde un manantial de sangre brotaba. Infierno al ver aquella digna oportunidad económica, postró a dos de sus lacayos (reconocidos periodistas del lugar) a que colocasen baldes bajo las gargantas, a fin de luego vender la sangre.

“Todo vale, mis amigos. Todo vale…y en donde hay un político, hay un negocio” contestaba a sus esbirros.

Y las madres gritaban, y el pueblo rebosante de aguardiente se conjuró en una bella orgía que desató la magia más “opita” de todas: Don Juan con doña Carmelina, luego don Aristóbulo con la mencionada, Carmelina con Adriana, Adriana nuevamente con Juan, Sonia con Evaristo, Evaristo con su hija…y así, en tan magno lazo, el Pueblo que Niebla estrechó sus nexos bajo la hermosa cinta roja de los destellos carnales.

Pero nadie tocaba a Infierno. Los más borrachos (y valientes) lo intentaban, pero su aliento era tal que un dragón de Komodo era un principiante en términos de descomposición bucal.  Aquella, en su desespero, intentó pagarle a las prostitutas para que la besasen, pero aquellas, confundidas por la anterior orden de desangrar a los sobrios, se vieron escasas, y valga aclarar, poco entusiastas con la idea. Infierno, desesperada, introdujo sus viscosos dedos bajo la falda, y gritó:

-Pueblo que Niebla, les he dado todo, les he dado nada. Aquí me tienen, y con estos dos dedos, cierro la velada…ya mañana haré de este cielo un lugar para Infierno-.

Y se fue, rodeada de diez mil escoltas cargados con armas de asalto. Pero, fue allí donde alguien gritó más que todos:

–          ¡Doña Infierno, sepa que aunque Pueblo que Niebla esté sumergido en todo esto, yo aún estoy armado, y dispuesto a defenderme!- gritó Don José, el tendero, con un viejo Colt que había sido de su abuelo.

–          ¡Pero tranquilo, Josesito! ¡Si yo lo que tengo son diez mil motivos para que usted esté conmigo!- dijo Infierno, depositando diez mil billetes de dudosa originalidad en el bolsillo del tendero.

–          ¡A mí no me compra, yo soy un ciudadano de bien!- gritaba el hombre, mientras los escoltas lo amordazaban y le introducían los billetes por su recto.

–          ¡Ya mañana trataremos de “enderezar” un poco mejor las cosas, Josesito!- escupió la gobernante, mientras se alejaba a su mansión en Ciudad Patraña, vecino condado donde los políticos vivían.

Y de repente nevó, y el pueblo calló. A las seis de la mañana el sol salió, y tras varios ladrillos, poco a poco todos vieron que un nuevo gobierno llegó: Infierno era tan sólo otro nombre para denominar a lo que en mi tiempo, se le decía corrupción.

Neiva es otra sucursal del infierno.

madridsereno2

Estábamos ya algo borrachos y Juan Diego ya no hablaba. Las botellas de aguardiente habían desfilado por nuestras manos sin mayor detención. No teníamos mucho dinero, tampoco trago que aguantase los ánimos que se tenían. Bebimos, bebimos de un sorbo hasta que el licor rebosase nuestras bocas y los ojos se dilataran y cerraran en breves e intempestivos aullidos.

– ¡Marica! ¡Miren las luces!- dije, poniéndome de pie, trastabillando un poco.

– ¡Jajajaja! ¿Otra vez la misma emoción?- preguntó Filip, tras tomar un leve sorbo de cerveza.

-Jajajaja ¡Marica, miren…todos, vengan, se ve toda la ciudad!- seguí repitiendo, como un niño de 5 años en una tienda de juguetes.

Todos se levantaron. El primero en hacerlo fue Filip, que casi se cae tras pisar la esquina de un escalón. Luego vino Mario, que tras intentar no parecer borracho ante Paula, pisó mal y su culo se hizo uno con el pavimento. Juan no se movía, estaba ya jodido por el trago y su cuerpo se había flexionado en una posición de meditación profunda: cabeza gacha, manos juntas, ojos desorbitados, rodillas cruzadas…y un olor a licor y fríjoles que empezaba a anunciar que pronto un nuevo niño vendría al mundo: uno verdoso y corrosivo.

Blaj/Ugruttug/El sonido de la revelación.

-¡PUTA VIDA! ¡MALPARIDO! ¡AJJ!- gritó Filip, retorciéndose súbitamente.

-¿Qué fue? ¿Qué pasó?- pregunté asustado, devorando con mis ojos la escena en busca de una posible respuesta.

– ¡MALPARIDO JUAN, ME VOMITÓ, MIERDA!-.

– JAJAJAJAJAAJAJAJAJA, ¡imbécil! ¿para qué le da más trago?- indagó Mario mientras deslizaba su mano sobre la cintura de Paula.

– NO CREÍ, EL HIJUEPUTA ME PIDIÓ Y LO VI BIEN-.

– Bien vuelto mierda…será- contesté, mirando de nuevo la ciudad.

Neiva siempre sería un lugar mejor. Allí, en medio de aquella terraza, había visto tantas veces mi cabeza catapultada sobre lo vivido, como si las luces fueran pequeños cofres donde hubiese guardado los mejores años de mi vida. De repente, una ráfaga de aire con sabor a Doritos amargos me trajo de vuelta al presente. Volteé a mirar, y me encontré con Filip saltando de un lado a otro, quitándose la camisa para meterla en un grifo a toda presión.

– ¿Qué tal anda, Juan?- pregunté, intentando denotar alguna mejoría tras el vómito.

– Uff…perrita, pues bien. Siempre luego de vomitar uno como que vuelve a renacer-.

– Sí…bueno, me alegra-.

-¿Y qué, cogemos para el mirador de Los Lagos?- dijo Mario.

– ¿Ahora?- respondió Filip.

– No, marica…ojalá el próximo año- contestó Mario.

– ¡De una! ¡Aguanta mucho!- dije mientras ayudaba a Juan a levantarse.

– Sí… eso vamos y luego llevamos a Juan a la casa en el carro de Filip- respondió Mario nuevamente.

– Está bien, vamos… ¡Pero ustedes se cargan a ese hijueputa!- gritó Filip señalando a Juan.

-JAJAJA, ¡ESO!!- dije mientras me tomaba de un sorbo el resto de la botella.

En el camino, decidimos hacer una breve parada a un estanco que había cerca de la casa de Paula. Tras esculcar todos los bolsillos, billeteras, y rincones de ambos carros (“uno no sabe, tal vez pudiese haber una moneda” había dicho Filip) encontramos lo suficiente como para otras dos botellas de aguardiente y tres cervezas. Nada menos, nada mal. Aquello era suficiente como para llegar al mirador y perdernos un rato, viendo las luces…buscando unas buenas risas. Filip y yo íbamos en la parte delantera, mientras que Mario y Paula discutían algo en la parte de atrás. De vez en cuando, todos nos congregábamos alrededor de la botella y nos bajábamos un trago, a veces corto, casi siempre largo.

-¡Uff!.. ¡nos vendieron esa mierda hirviendo!- exclamó Filip, intentando mantener el volante derecho mientras se retorcía.

– Sí, yo no sé cómo es que sigo tomando… ¡ustedes me quieren emborrachar! jajaja- dijo Paula, alejando a Mario con su brazo.

– Mierda, sí- dije mientras me percataba de que andábamos saliendo de la ciudad-vengan, ¿acaso donde queda ese sitio?-.

– Por el lado de los moteles, ahí uno sube a una colina y se ve todo…- me contestó Filip.

-Brutal…-.

Seguimos otro buen rato, mirándonos y riéndonos como unos imbéciles. De un rato para acá, Paula hablaba de algún tipo con el que siempre había querido tener sexo. Mario la interrumpía de vez en cuando, intentando que aquella se fijase en el. Filip y yo sólo nos reíamos. Ambos conocíamos bien a Paula y sabíamos que aquella mujer era de esas que te calienta un rato y luego te deja con los huevos a punto de implosionar.

Puros huevos fritos.

-Llegamos- dijo Filip, señalando la ciudad.

-Bestial-.

-¡Se ve hermosa!-.

– Mierda, sí..-.

Y todos corrimos. Nos hicimos en la parte más alta, y nos dedicamos a ver las luces mientras lo que quedaba de ambas botellas corría por nuestros cuerpos. Los sorbos eran largos, las pupilas se dilataban y las risas rompían directamente la calma que desprendía aquel lugar: en medio del monte, rodeado de los árboles y unas pocas casas…

UNAS PUTAS CASAS.

– ¡MARIHUANEROS! ¡DROGADICTOS! ¡VAYAN A FUMAR  A OTRO LADO!- gritó, de repente, bien de repente, una vieja imbécil en bata.

– Señora, tranquila…no estamos metiendo nada, estamos aquí viendo las estrellas, nada más. No tenemos música siquiera, tranquila…- dije, intentando calmar un poco el ambiente.

– ¡SÍ, CLARO…YO LOS ESCUCHÉ HABLANDO DE METER MARIHUANA! ¡DE MATAR GENTE! ¡VIOLAR, MATAR! ¡DELINCUENTES!- gritaba, escupiendo hacia todas partes, con los ojos desorbitados, presa del más profundo pánico.

-Tranquila, ¡Nadie ha dicho eso!- contesté, viendo que la imbécil repetía constantemente lo mismo, sin siquiera escucharme- ¡mierda! ¿acaso de qué putada tenemos cara?-.

– ¡ASESINOS! ¡JUAN, AMOR, VEN, VEN! ¡HAY UNOS HIJUEPUTAS DROGADICTOS EN LA PUERTA DE LA CASA!-.

– Señora, mire…yo no me he tomado un trago, y estoy con ellos. Ya nos íbamos a ir cuando usted salió y dijo todo eso, de verdad, tranquila- dijo Paula, intentando calmar la situación. De repente, un imbécil un poco más alto que yo (tal vez de un metro ochenta y cinco) salió de la casa. Traía una guayabera blanca, y sandalias. Tenía cierto aire de narcotraficante barato, mejor dicho, de traqueto de pueblo inocultable.

– ¡QUIÉN HIJUEPUTAS INSULTÓ A MI MUJER! ¡QUIÉN, QUIÉN FUE EL HIJUEPUTA DROGO QUE ANDABA GRITANDO!-.

– Yo… y la cosa es que esa vieja sale, nos insulta, y luego quiere que le de un beso en la puta vagina y me largue- contesté, parándome de frente a el- y ni imbécil que yo fuese…-.

– ¡Malparido, esto es propiedad privada, yo compré todo…no pueden estar aquí!-.

– Propiedad privada es de la reja para allá, que es su casa; de resto es vía pública y podemos estar- repliqué.

– ¡NI MIERDA, NO PUEDEN ESTAR AQUÍ, ESTO ES PROPIEDAD PRIVADA!-.

Fue en ese instante cuando Juan, Filip y Mario reaccionaron. Paula estaba temblando, aquellos sencillamente estaban callados. Di media vuelta, y busqué en ellos un signo de respaldo a mis palabras. Estaban pálidos…como si la muerte se les hubiera aparecido y les hubiese besado lentamente los labios. Giré rápidamente  viendo a aquel imbécil desenfundar un arma y apuntarme. Recordé las palabras de mi viejo, que siempre las ha usado: “las armas son para matar…el que las saca y no las usa, tiene miedo…”

“Tiene miedo”, me dije a mí mismo. Disimulando el puto miedo. Tenía ganas de estallar a llorar y arrancar el carro. No podía, el imbécil estaba igual. Recordé el boxeo, pensé en mi máxima, la de todo buen perdedor: “me levanto, caigo…siempre hay otro round”. Tal vez no vería el otro, pero salté hacía el, poniéndome a un paso de su cara.

– IMBÉCIL DE MIERDA, MÁTEME- grité, mirándolo a los ojos. Veía sus pupilas dilatarse, su frente sudaba frenéticamente.-.

– ¡MALPARIDO, ME HE CARGADO MIL CAGONES COMO USTED-.

– JAJAJAJA, pedazo de mierda… ¿quién es el que necesita un arma para hacerse respetar de unos universitarios?- le dije, viendo su rostro retorcerse entre la furia y el miedo. Sentí miedo, me vi muerto. Vi a mi madre llorar frente al féretro, a mi viejo jurar matar a aquel hijo de perra. Estaba muerto…o eso creí.

– Motley, nos vamos- dijo Filip.

– Está bien…igual este imbécil ya se meó en los pantalones-.

Dije sin pensar, creyendo que todo seguiría igual: sin problemas, en la misma conformidad. El imbécil enfundó el revolver, mientras todos nos enfilábamos hacia los carros. El mundo seguía igual, con el imbécil sin ganas de matar. No había meado. Fue allí cuando corrimos hacia los autos. El silencio se rompió hasta que Filip habló.

-Marica…casi nos matan. En especial a Motley-.

– Ufff, sí..- contestó Mario.

– Menos mal calmé algo a la señora- dijo Paula, bostezando un poco.

Y el sol salió. Y en aquellos carros nos desfilábamos con alguna cercanía al infierno: inquietos, pesados. Casi extraviados. Ya era de mañana, ya era el otro día, y yo seguía en mi madrugada. Filip me dejó en mi casa, me despedí de Paula y de Mario. Me hice tres pajas. “Ya mañana la cosa cambia”, pensé, mientras un porro fumaba.

Siempre viejo…

grosz20

En medio de todo, cerveza en mano
Aguardiente, tras mis ojos extraviados
Estoy allí, perdido en la multitud
Disuelto entre los gritos, los strovers,
La convulsión,
Un nuevo año ha llegado
Y de fondo, suenan esos bajos
Viejos, apretujados.

En medio de todo, me bajo otro sorbo
Y me siento mareado,
No como siempre, esta vez es diferente
Me siento perdido, lejano, a lo que antes fue mío
Cercano a un recuerdo que dejó de estar vivo
Y entre aquellos rostros, de lejanos amigos
Busco resentido lo que antes desee tener conmigo.

Y no está, no llegará.

Camino, tras los cuerpos bañados en sudor
En sangre, en rancia descomposición
Toco culos con mis ojos, saboreo las tetas
Que saltan, que se rozan con otros cuerpos
Enfrente mío, bien lejos
Y el DJ toca, música que no desborda
Música empaquetada en beats sin gracia
Y en la mitad, sigo allí
En medio de todo.

Y a todos saludo, ¡Feliz año!
¡Que el que llega sea mejor!
Y sonrío, y adentro replico
“Cobarde, ¡el anterior fue peor!”
¡El anterior fue peor!
Los días son la misma mierda de siempre
Nunca cambian de color.

Y me tomo otro trago, y ya me siento extraviado
Allí, en medio de todo
Allí, tan cercano a la gente
A la vez tan solo
Siempre,
Detrás de todo.