¡Fracaso!

Francis Bacon - Portrait of Lucian Freud on Orange Couch 1965

¡Fracaso!,
Has nacido bien corto, has nacido bien majo
Eres el mismo destajo, que conocí alguna vez
Muerto de sed.

¡Fracaso!
Nos masturbamos alguna vez, te freíste la vida
Me besaste los pies, eres la mierda que,
QUE,
Nunca tuvo sus pies
Y hoy mueres por algún momento
Junto a mi ser.

¡Fracaso! ¡Fracaso!
Hoy nos hemos visto
Me besaste el culo, me jodiste la verga
Mordiste mi ser, lo dejaste hecho crudo
Carne sin adobo, ser que no es despojo

Y hoy aquí, mañana en ningún tiempo
Ser que se diluye, vida que no es
Sincera, vida que no es
PLACENTERA
Y hoy aquí, mañana en la leja-nía
Soy el mundo
Con toda su puta mierda.

Ámame, botando la cisterna
Ámame, revolcándome
En la sartén, meando mi cerveza.

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Recuerdos: otro epitafio.

casa-abandonada

Volver siempre había sido una cuestión vital: volver a un trago, volver a la casa, volver al trabajo, volver a mí mismo. Sobretodo a mí mismo. Volver a Neiva, mi ciudad natal, me reportaba siempre una especie de dejo tranquilo que me sometía a los vapores de mis más oscuros miedos. Hoy no era la excepción.

Me levanté de la cama con algo de resaca, la noche pasada se incrustaba en mi cabeza como una fugaz brisa. Caminé hacia la cocina y me tomé una jarra de agua de un sorbo. Fue allí cuando intenté por primera vez en el día sentirme acompañado:

-¿ Mamá?- grité, no sin antes rellenar la jarra nuevamente.

– ¿Mamá? ¿Papá?-.

“¿Mamá? ¿Papá?” me pregunté. No sabía qué significaba aquello, pero lo sentí como una puñalada directamente al corazón, al principio afilada, luego bastante oxidada. Allí, en medio de aquella casa, recordé un instante que nunca dejaría de machacarme la cabeza cada vez que llegaba, de vuelta, a aquel lugar. Me había despertado, y había intentado llamar a mis papás. Por aquel entonces tenía unos siete años, y siendo franco, me costaba bastante estar solo. La soledad era para mi como una caja de juguetes desconocidos, o puede que un cajón atestado de teléfonos celulares. Me incomodaba, me hacía percibir más de cerca la luz oscura que reposaba sobre la vieja sala de muebles de madera corroídos por el tiempo…

Grité, grité un buen rato. Luego vi llegar a los viejos en la desvencijada camioneta Nissan que teníamos por aquel entonces. La luz de sus farolas golpeaba de lleno, y de los ventanales de la entrada, una luz serena se posaba sobre mi rostro y me secaba las lágrimas. Sonreí, estaba vivo, de vuelta con ellos.

“¿Mamá? ¿Papá?” me volví a preguntar, para mis adentros, como si el roce de las palabras con la vida fuera una señal más de mi estúpida inseguridad. Tenía veintidós años, y no podía creer de qué manera aquellas dos palabras, en medio de esa casa, mi puta casa paterna, me hacían estremecer. Mi garganta se oxidaba, mis pupilas se dilataban y se desenfocaban, no pude ver… me senté. Allí, en medio de todo. Allí, atrapado entre mis recuerdos, dilatado en mis más profundos pesares sin siquiera poder identificarlos.

Pensé en todo, en cuando tenía 16 años y el mundo parecía un sitio amable, tranquilo, con sonrisas para todos lados. Había sido un imbécil, pero había sido feliz. “Tal vez el requisito para la felicidad sea ser un cretino” pensé, mirando para el techo, enfocándome en la antigua lámpara de la sala. En aquella casa, en aquella ciudad…había sido un tipo congraciado con su puta existencia, que estaba llena: que estuvo llena por un breve instante. La recordé a ella, con esos ojos que desfilaban entre el verde y el azul, a veces grises, a veces tiernos, a veces con ganas de arrancarme los huevos. La vi, la sentí por un breve momento en el sofá de la sala, volteé la cabeza, la vi en el sillón del segundo piso, junto a la biblioteca. Sentí su boca por un breve, tal vez un largo, instante…

Trak/trak/ El sonido de la memoria ante el espejo.

Llamé a Juan, un viejo amigo del colegio que vivía a unas cuantas cuadras de mi casa. Deseé estar lejos, tomarme unas cuantos aguardientes y bajarlos con cerveza. Necesitaba licor, necesitaba largarme de aquel puto sitio que antes me había dado paz. Necesitaba estar lejos…

– ¡Imbécil!- grité, sin lograr ocultar la emoción que suponía encontrarme con aquella voz, así fuese en la distancia del teléfono.

– ¡Ehhh! ¡Malparido! ¡Milagro que llama!- dijo con cierta alegría.- ¿Ya está en Neiva?-.

– Sí…ando en mi casa- contesté, intentando calmar la voz.- que, ¿hoy unos tragos?-.

– No puedo…- replicó con cierto desdén.- Ahora me voy con los viejos a una comida.

– Ok, está bien… ¡Estamos hablando, hermano!- le dije.

– ¡Sí! ¡Mañana hablamos para hacer algo!- respondió.

Tun/Tun/Tun/ El sonido de la soledad.

Allí, en medio de todo. Adentro, lejos de cuanta mierda pasaba fuera; como si la tranquilidad fuera un estado inherente a cuatro paredes circundantes, como si los problemas no se guiasen por la magnitud que otorga el que los tiene. Me sentí un imbécil aún más grande: ¿A qué le huía?.

¿A qué le huía?…

A nada, a mí mismo, a mis recuerdos: aquellos que en cobarde arrebato había sepultado para luego erigirlos bajo el monumento del pasado. Afuera, la gente se moría, trabajaba, pagaba facturas, se moría, los mataban, caían bombas, los jodían…y yo, adentro, tirado en la mitad de la sala de la casa, viendo hacia el techo, suplicando no recordar una mierda más…

Puto cobarde. 

Lloré, lloré como nunca. Me sentí solo, y el verme allí adentro, inmerso entre las fotos, entre los imágenes que se trasponían en mi cabeza, me hizo sentirme aún más imbécil. Intenté hacerme una paja, pero no pude… era difícil, el pene no se paraba, como si una inercia superior lo sujetase en su minúscula presentación. El porno no servía, y ante la luz de la pantalla la noche ya empezaba a atacar. Miré el sillón que tenía a un lado, la recordé, enfundada en una camisa azul que hacía juego con sus ojos, la besé, le pregunté nuevamente lo que en aquel dos mil siete me había sido negado:

– ¿No quisieras seguir?…-

-No, tú te vas… y bueno, las relaciones de lejos no funcionan- su voz se entrecortó, miró al suelo, sostuvo de nuevo su cerveza- Luego conocerás más gente… y puede que ya no me mires de la misma forma.

– No es eso…¿Cómo puedes decir eso, sin siquiera intentarlo?- pregunté, bajándome un buen sorbo de cerveza que pasó caliente. Aquello me hizo desear un poco de aguardiente, que por desgracia ni hoy, ni ese día, tenía.

– Ya lo decidí… lo siento- dijo, mientras se iba. Su cabello se agitaba conforme a una leve brisa que se colaba por el ventanal. Con cada paso que daba, las escaleras rechinaban, como si al irse hasta la puta casa llorara.

– Adios…-contesté- te quiero.

– Tranquilo…- replicó, deteniéndose sobre uno de los escalones- siempre podemos ser amigos, ¿no?-.

– Si…¡Claro!- dije mientras una sonrisa se posaba sobre mi cara.

Pum/Pum/Too young, to fall in love, too young to fall in love/ El despertar bajo la guitarra de Nikki Six.

Nunca cambiaría, el resultado siempre sería el mismo. Aquella casa se había transformado en un ajedrez cuya partida estaba destinada a repetirse eternamente; dejándome a mí como perdedor perpetuo. Aquello era la vida, aquello era el recuerdo. Me sequé las lágrimas y reí como un niño: me reía de todo, de los cuadros, del computador, del sillón que antes me había dejado con los recuerdos atiborrados dentro del culo, siendo que aquel era el mancillado por mis hermosos pedos.

Aquello era la vida, y yo había decidido ser su amigo:
Cobarde, Imbécil.

Me reí…y luego de un rato me hice una paja, como en el 2007: llena de mierda, viendo a las maduras que nunca me soltarían un beso, siquiera una cogida de teta… dormí un buen rato, y llamé al Peludo, otro viejo amigo:

– Que, ¿hoy unos tragos, hijueputa?- pregunté.

-¡Claro perra! ¡Ya paso por ti para que nos peguemos una rasquita! ¡Como los viejos tiempos!

– ¿Pura old school?-.

– ¡Claro marica! ¡Ya voy y llevo unas perras para que dejes de hacerte tanto la paja!-.

– ¡Esooo!! ¡Aquí nos vemos!- contesté.

Tun/Tun/Tun/El sonido de la noche, el sonido de las fichas saliéndose del tablero. El sonido de la risa, del licor y de la resaca vespertina  El sonido de la vida…navegando otra vez fuera del carril.

Neiva, 28 de diciembre de 2012.

Azul: Diario de un recuerdo.

van gogh

Te recuerdo
En la comisura de la boca
En la lengua que se mueve lánguida
Atrapada en el mar de saliva
Que está seca y dulce, sin sal que la bañe.

Te recuerdo
En el azul de la noche
Azul de tus ojos, azul de aquel vestido
Azul que mata y quema, azul que sigue vivo
Azul que no es lapislázuli, azul que no es zafiro
Azul que eres tú, Azul que sigues siendo
Azul que no oscurece, que brilla…
Lejos, en la cercanía de la memoria.

Te recuerdo
No porque te quiera, antes te lamento
No porque te sienta, la carne quemada ya no prende
Soy carbón, heridas que no cesan, botellas que se atragantan
En la garganta, y me quedo en el reflejo
Del cristal que tengo entre las manos
Bajo un sorbo, aún no estoy tan quebrado
De cicatrices mi cuerpo he remendado.

Te recuerdo
No porque te quiera, ya no somos los de antes
No porque te quiera, los días pasan y somos otros dos dementes
Otros más que esperan la aguja, su roce con la muerte
Y te recuerdo, no porque te quiera
De amarte ya me he muerto, y aún quedo inmerso en todo esto:

Descontento y sin espejo en el cual reconocerme,
Dejado al asco, sonrisas que se bañan frágiles en el crujir de la quijada
Que escupe rabia, que se quiebra en vanas palabras
Y no te quiero, quererte es un rezago
Quererte es tragar la mierda de estos cinco años
Y que aún saboreo a cucharadas
Dóciles y dulces cucharadas
Sonrisas espesas
¡Putas puñaladas en la espalda!

¡Putas puñaladas que se sumergen en carne rancia!

 

Por eso te recuerdo
Porque para amarte ya no tengo tiempo
Porque quererte fue un anhelo
Porque de lo vivido aún conservo los momentos
En que sonreímos, en que la brisa tenía su rumbo
Y yo no tenía sed, no tenía sed
Sed que baja, anís que se cuece lento
Pupilas que se dilatan
Y por eso te recuerdo
Porque odiarte nunca fue un supuesto
Porque amarte me hizo un obseso
Porque el recuerdo mata,
Frenesí cinético,
En la tibieza de la cercanía más ingrata:

Aquella que estando lejos, se percibe más cercana
Aquella que en la sonrisa se dibuja la desdicha
Botellas rancias, risa quebrada
Te recuerdo, con el querer apretujado
En el cierre de mi boca
En el azul que desprende el cielo.

Por lo que fuiste,
Por lo que me diste
Te recuerdo,
Así mañana maldiga el infierno
Así mañana bese de nuevo el cielo.

Neiva, ciudad de los recuerdos. Diciembre 15 de 2012. Cinco años se ha llevado el viento.

Llueve

gato37

Llueve
Afuera la gente se muere
Los perros lloran, los ladrones se esconden
Los enfermos se clavan tres pajas
Yo soy la mierda de siempre.

Llueve, el mundo no puede ser un lugar peor
El mundo es la mierda que se mueve a todas partes
Como un pulpo, un gran consolador
Uno que vibra y se quiebra en pedazos
Uno que nunca nos tira un puto orgasmo
Vida de mierda, ¿Cuándo me tirarás una mano?
¿Cuándo una satisfacción?
¿Cuándo una puta paja, que calme la desazón?

Llueve, en sus casas los muertos gimen de gozo
Se retuercen en sus camas, el frío no es más que otro aliento incoloro
Sus vidas se destilan en blancos y azules, en trabajos aburridos y polvos mal dados
En un despertador que truena a las 6 AM, en un desayuno a las 6:30
Un bus a las 7, una rubia sin piernas a las 7:30
Una puteada a las 8, el sonidos del jefe revolcando sus propios demonios
5:00 PM, has vuelto a la vida
5:00 PM, el ciego encuentra la salida, llega a su casa, se clava tres pajas
Prende el noticiero, come un sandwich, se mira a los ojos,
El espejo miente, los muertos tienen mejillas coloradas
Los muertos pesan 120 kilos, se quitan el maquillaje: rubor, pestañas
Los muertos usan traje, también corbata
Los muertos usan loción, los muertos ven Friends y uno que otro Fuck-Show,
Los muertos son iguales, la muerte es un don
La muerte es el regalo de la tierra, el embrión de ningún Dios
La muerte es el descanso, placebo contra el “alrededor”
La muerte es estar vivo sin tener control
La muerte es estar tranquilo, cuando todo está jodido
La muerte es pagar a un banco para que decida nuestra puta suerte
Muertos viven, muerto soy
¿Qué carajo me queda en el congelador?

¿Qué factura queda, que chute me queda?
¿Qué programa hay, cuál es el nuevo profeta de la realidad?
¿Messi, Cr7, la de las tetas, la película sin mirar?
¿Cuándo será que me tocará?

Llueve, y yo soy la mierda de siempre
Afuera la tierra sigue su curso, el movimiento indecente
Tira para abajo, para arriba
Afuera un perro se mea en una esquina
Escampa, los violadores salen
Los ladrones comen una empanada, toman un café
Y yo estoy en la casa, veo la T.V
Películas de los 80’s, ¡una mierda para hacer!
Escribo esta mierda, un poema quebrado
Me toco un testículo
“Mierda…ya estás vivo” pienso al verme en el espejo
Bajo la cremallera
Izo mi bandera, calor que rompe el silencio
Me agito con la noche,
Soy uno con el mundo:
Afuera escampa, adentro el agua lava, quema, huele amarga
TRACK/¡AHHH MIERDA!
Una sábana mojada a los veintidós
Poema sincero,
La mierda de siempre pero con otro color.

4:00 AM, WELCOME TO THE HELL…

Superhéroe del siglo XXI

boccioni

Bogotá se cae a pedazos. Bogotá está llorando, la ventana da cuenta de eso. El cielo se desmorona mientras pienso qué voy a hacer. Truena, la mierda de siempre: los recuerdos bañados en lluvia se deslizan por la ventana mientras el granizo intenta romperla. “Lo que te hace feliz luego termina por matarte” pienso mientras me revuelco un rato más en la cama.

Ring/Ring/¡Mierda! ¿quién putas es?/ Los sonidos de un imbécil en busca del silencio.

-Hola- pregunté mientras me acomodaba el pene. Siempre se puede morir de un corte directo a la lengua. Ni hablar de las putas cremalleras.

– ¿Sí, hola? ¿Hablo con el señor Miguel Sanabria?- contestó un autómata tras algún escritorio lleno de teléfonos. Putos callcenters.

– No, el murió…creo que se atragantó con una pizza, o algo así-.

– ¿En serio? ¡Uff! ¡Disculpe, mi más sentido pésame!- dijo sin ningún atisbo de dolor en la voz. Pura y franca hipocrecía. No lo culpo, no se puede querer al desconocido. Igual, a veces es más fácil odiar al conocido, como que con el tiempo se alcanza a ver más mierda de la que uno está dispuesto a soportar: resabios, mañas, costumbres chocantes y todo lo que implica tener consciencia del lugar en que se está parado en el mundo.

– No…tranquilo. Soy su hermano, estamos devastados…- dije intentando calmar la risa.

– Bueno…¡espero tenga una feliz tarde!-.

– Sí, creo que me pediré una pizza…¡hasta luego!-.

– Pe/pero, ¿no era que su hermano había muerto atragantado con una?- preguntó, captando la broma. Su voz destilaba ira: oración tras oración parecía comprender mejor su posición de imbécil en el planeta. Tan sólo otro gordo tras un escritorio de alguna vieja oficina del centro de Bogotá.

– Siempre se puede morir de un infarto post-paja- contesté, no sin antes soltar una leve risa.

– ¡HIJO DE…!-.

Tun/Tun/Traackk/El sonido de las mierdas al caer.

Me reí un rato. Pobre imbécil, jodido tras una silla, buscando vender algún seguro, algún plan de telefonía celular. Otro más que trabaja para que algún otro mucho más lejos viva como un rey sin mover un puto dedo. No éramos diferentes, lo único era que el había sido hoy el entrevistador, yo el entrevistado. En la vida sólo se cambia de papeles, de roles. En la vida se juega con una misma máscara que va cambiando con las perspectivas que se tienen enfrente. De resto somos la misma basura. Cagamos, tomamos, inhalamos:

Nos masturbamos. Así la verga se nos caiga a pedazos.

Decidí hacerme una buena paja. Hacía frío, el día estaba jodídamente lluvioso como para pegar un salto a la calle. Quería algo de aguardiente, pero las provisiones se habían agotado hace unos buenos días. Me quedaba media botella de vino, un tinto argentino que no estaba nada mal. Lo bebí de dos sorbos, antes de disponerme a los placeres del sube-baja. Si algo bueno tiene la “auto-contemplación” es que no importa dónde ni cuándo, siempre se puede disponer a sentirse bien con uno mismo.

Mi pene era una bandera mal izada. Mi pene era el reflejo de un soldado de mil batallas sin ninguna medalla. Mi pene era una casa embargada y a punto de rematar. Mi pene era ¡Ah! ¡MIERDA!

Plaj/Tin/Tin/Arriba-abajo/Arriba-abajo/ El soldado cae en una batalla de aeróbicos televisivos.

Cerré los ojos. El mundo era un lugar mejor. El mundo siempre era más tranquilo luego de una paja. La gente no lo entendía, a veces parecía que aquello les molestase. Pero la calma que venía tras el agite de las vísceras y el retorcer de los ligamentos, desparrámandose en cálido chorro sobre el pecho, lo valía. Lo valía todo. Eso sí, mejor era cogerse una mujer, pero no siempre se encuentra alguna dispuesta a perder el tiempo bajo un ariete disuelto en cortos pero sustanciales encuentros.

Me limpié con una camisa que luego lancé a un rincón del cuarto. Cerré los ojos un buen rato… esperando a que algo pasara. La lluvia había mermado, pero aún se sentía el leve golpeteo sobre la ventana. Me perdí un rato, dándole pequeñas caladas a un cigarrillo que se había encontrado con mi boca. Estaba cansado, dormí un rato.

Me despertó un sueño de mierda. Se la estaba chupando a un negro mientras Ava Devine despuntaba con un dildo mi blanco culo. La cosa no podía ser peor, de fondo sonaba I wanna be sedated de los Ramones, dando paso al aluvión de chorro blanco que se colaba tras mis cejas. Sentí lástima por aquellas que se la habían  tragado, por otras tantas que les había caído directamente a los ojos. El blanco se hacía negro, el negro sabía blanco. Sinestesia. Grité

¡PUTA VIDA! ¡NEGRO HIJO DE PUTA!

Estaba solo. En mi cuarto. Era de noche, prendí la radio. Un bajo se agitaba en un slap furibundo, podía verlo: golpes fuertes, chocantes, rabiosos. Una guitarra se colaba, buscando su lugar, “¡PUTO SOLO! ¡MEGADETH!”. No había nada mejor que Trust.
Me puse otra camisa y salí a la calle. Afuera, un imbécil intentaba coger un bus. Olía a mierda, agitaba su brazo frenéticamente, buscando que alguien lo viese: buscando que alguien se detuviera a contemplarlo. De su axila se desprendía un aroma dulzón, una mezcla de sudor y loción barata que se cocía debajo de aquel traje. Los putos oficinistas, con la mierda de siempre. Los putos y olorosos oficinistas, con su mirada agobiada y su cara estreñida, con sus axilas sudorosas y sus comentarios pseudo-inteligentes, pseudo-intelectuales, post-apocalípticos.

Sentía lástima y asco por ellos. Sentía unas ganas de hacerme una paja y llenar la calle con mi esperma, dejar de lado las basuras y la mierda que se escurría bajo tierra, en numerosas tuberías que acabarían en algún río, en mi carne, en mis verduras, en mi cerveza, ¡EN MI MALDITA CERVEZA!

Corrí hacia la tienda más cercana. Unas dos cuadras, mas o menos. Me detuve, hice la pregunta que nunca falla, la que siempre llena de esperanza los días en que todo se fue a la mierda…los días en que se tiene qué trabajar, maldición bajo la cual los oráculos de la libertad claman la emancipación del hombre, su evolución. La tergiversación más cínica, lo que no cuenta la prensa es que el puto trabajo lo deja a uno desgastado, jodido, con los músculos magullados y la cabeza inundada de inodoros y noticias…

-Señor, ¿a cuánto la botella de aguardiente?- pregunté, intentando retomar el aire.

– A veinte mil…- contestó con cierto aire resentido. Con cierto aire que me recordó que hoy era martes, y que aquel tipo tenía que trabajar al otro día. Me envidiaba, lo sabía.

– Regáleme una, también unas cervezas, por favor-.

-¿Cuántas?-.

– Unas seis…si puede también póngame una botella de vino en la bolsa, por favor- contesté con cierta preocupación. Le debía dinero, el hijo de puta se acordaba. Rió. Era su momento de vengarse.

– Claro, ¡claro!- gritó entre bufidos que se asemejaban a una risa- pero…me debe treinta mil pesos, vecino-.

– Tranquilo, coja hoy el sobrante y mañana traeré el resto- dije, intentando ocultar el resto de billetes que tenía en la billetera.

– Hum…¡JAJAJAJAJA, NI MIERDA, O PAGA TODO O NI MIERDA!- Gritó, lanzando golpes sobre el mostrador. De su boca se escurría una baba verdosa, espesa, casi coagulada. El hijo de puta se había vuelto loco, no lo culpo, para eso es el mundo. Estamos encarcelados bajo el seguro social, el trabajo, los impuestos, las facturas y toda esa mierda que impide clavarse un buen trago o una buena cagada sin complique.

– No tengo, pero como le acabo de decir, mañana le traigo todo-.

– ¡NI MIERDA, BORRACHO CABRÓN!-.

– ¡A LA MIERDA SU PUTO TRAGO!- grité, no sin antes escupir en el suelo.

Al salir, me percaté de que el resto de estancos estaban cerrados. “Estoy jodido” pensé. Sabía que al llegar sólo me esperaba un apartamento oscuro, un gato pedorro, una alacena plagada de cucarachas, y un puto televisor. “¡Carajo! ¡A esta hora sólo dan las putas noticias!” grité para mis adentros. Caminé, las dos cuadras que me habían tirado a aquella puta tienda. Las dos cuadras que me separaban de la insatisfacción del trabajo, de las facturas, de las bombas que caían a diario en este país de mierda. Bogotá nunca será un lugar para descansar. Bogotá no es más que otro cementerio más sobre el cual follar.

Al entrar, saludé al gato y me fui corriendo al baño. Una cagada bien espesa se asomaba, caliente, de las buenas. Prendí un cigarrillo. Corrí la persiana. “Ojalá alguien la huela…ojalá” pensé mientras mi culo eructaba.

Poema dentro de un cuento: vida.

goya-bellas-artes-bilbao

No sé ustedes
Pero queda un poco menos de licor
Un poco más de risa
Y mantenemos las desdichas
Agendadas para mañana.

No sé ustedes
Pero hoy vivimos
Bajo el anís
Que se cuece lento
Y nos deja un paso más cerca,
Del infierno.

No sé ustedes, pero aquí, más lejos que cerca
Nos conocimos, en la distancia de la palabra
En la cercanía de las resacas
Estamos vivos
En las inmediaciones del cielo
Besando rostros de niños muertos
En lucha intempestiva
Contra la condena de la vida
Vivir contra el tiempo,
Que el verso sea el reverso
De la muerte y este infierno.

 

PD. El cuento es el siguiente: https://navigatorghost.wordpress.com/2012/11/14/del-viernes-y-demas-peliculas-no-vistas/