Rutina.

Me paro de la cama, abro la ventana
En la calle ya no hay nada
Los pájaros se murieron, y sus cadáveres son el abono del cemento
Que lo traga todo.

Voy por un café, que está caliente y no baja
Que quema, que sacude las entrañas
Y en la nevera no hay nada más que un recuerdo
Que se ha colado, y allí duerme en el frío, inmenso.

Inmenso, demasiado cargado
Espeso, de esas mierdas que aún con el tiempo no comprendo
“¿Cuándo me fui? ¿ Por qué permití que todo terminará así?”
Me pregunto mientras salgo, cierro la puerta, machaco la llave contra el candado
Que aquí todos roban, así marchen con los ojos cerrados
Y en la calle no queda mucho, todos están muertos
Caminando bajo el amargo sol que ya no alumbra, que se dedica a incinerar
A sembrar con trajes y corbatas las vidas que ya los sueños dejaron atrás
A llenar de risas imbéciles los rostros de esos cuerpos que aún no conciben su descomposición,

Otros hijos de perra que ya no sienten el dolor.

Y yo, ¿Qué hago?
Nada, tan sólo quejarme
Escribir versos que poco valen
Escupir para adentro
Lamerme las heridas cual perro sin mordida.

Y ya es de noche, y voy llegando
En los buses la gente se está matando
Todos quieren llegar, no importa aguantar un minuto más
Los golpes, el sudor que se cuece rancio tras las ropas
Alientos descompuestos tras pastillas de mentol
¡Puta vida, no hay nada en el congelador!
Y aquí estoy muriendo,
A pesar de mentir, de ver las noticias
De verme enterrado
En cementerios que yacen en el cielo
En los edificios que echan raíces en el infierno

De esta calle de seres descompuestos
Cierro los ojos, mañana estaré un poco más muerto,

¿Qué estaba pensando?
¡A la mierda! ¡Ese no es mi trabajo!

Pensamientos de otro loco en el infierno de neón
Meditación barata en un manicomio sin alcohol.

Volaré

Volaré, volaré bien lejos
Dejaré las dudas
Resarciré mis deseos
Tiraré los anzuelos
Los que me atan al cemento.

Volaré, en la brisa encontraré el momento
Navegaré en mis dudas, seré otro más en el viento
Me despediré de los sentimientos, de las llagas que cargo bien adentro
Sentiré el calor en el pecho
La dicha del buen momento
Andaré entre mis lamentos como el féretro que rompe el suelo
que reclamo estar vivo,
Que no le teme a los cementerios.

Volaré, de las lápidas seré señuelo
De los muertos me encontraré bien lejos
Seré humano, seré un hombre entre los enfermos
Le enseñaré a los vivos
El  valor de andar sin miedo
De pisar las calles, de vivir los sueños
Estaré despierto ante los sonámbulos del neón, putos hijos del dolor.

¡Y que me digan que no he vivido!
¡Que en los cielos doy mi duelo!
¡Que entre los vivos sentí el descontento!
¡Y en los muertos no hallé consuelo!

Volaré, entre los infiernos
Me untaré los labios de mierda, besaré a los demonios con recelo
A los ángeles escupiré mi desconsuelo.

Seré feliz, en la tierra más que en el cemento
Seré calma, tras los carbones que sembraban mi desaliento
Masturbaré mi orgullo,
Seré feliz entre mi descontento

La historia de Juan.

Llevaba caminando unas cuantas calles y aún no hallaba la dirección. Según Miguel, llegar allí era sencillo: dos cuadras a la derecha, luego una a la izquierda y después vería un restaurante japonés. Pero eso no era importante, el lugar era lo de menos y había una pregunta que se había incrustado en mi cabeza como la arena se cuela en los dedos: estorbosa, demasiado áspera.

“¿Qué mierda pasó?” me preguntaba mientras mis ojos buscaban un sitio que no existía; tal vez aún, tal vez nunca. De repente, sentí una leve sacudida: intempestiva, rápida, cortante. Sentía la garganta forrada en cuchillos y ante las palabras casi que veía brotar la sangre. Me vi cansado y decidí sentarme en una banca que vi a unos dos metros.

Cerré los ojos. Las náuseas se habían asomado a una garganta corroída por alguna mierda que no entendía muy bien, pero que se sentía en lo más hondo.

Pip/tun,tun/Track. El sonido de los pasos sobre el asfalto.

– ¿Qué haces ahí?- preguntó aquella que juré no volver a ver, y que se asomaba sin mayor desencanto frente a mí.

– Nada… me sentí un poco cansado, ya sabes…- dije intentando simular calma.

– Pero… no entiendo nada, fue todo tan intempestivo…-.

– ¿Te refieres a Juan?- pregunté, sintiendo la rabia.

Puta rabia/pobre Juan/¡vida de mierda!/Golfa asquerosa. Pensamientos intempestivos de un imbécil por la tarde.

Lo de Juan había sido repentino. Nunca nos imaginamos verle muerto, menos por su propia mano. Según Miguel, aquel llevaba varios días sin salir del cuarto. Al comienzo, el aroma era dulce, cargado; pero luego se hizo insostenible: amargo, nauseabundo. Miguel pensaba que Juan había vuelto a sus “tardes de película” y que por ello se había forrado unos cuantos porros mientras los fotogramas se deslizaban en la retina en consonancia con la velocidad de la adormidera. Pero luego el olor cambió, y con ello la determinación de Miguel:

– ¡Puta vida hermano!- me dijo aquel 23 de enero bajo una bocina desgastada por el tiempo.

– ¿Qué fue, mierda?-.

– Miguel no abre la puta puerta. Lleva encerrado varios días ahí y nada…-.

– Pues ábrela, imbécil. Igual debe andar en boxers con el televisor en algún canal muerto. Ya sabes que le encanta fumarse sus cuantos viendo “las estrellas” en la pantalla-.

-¡Eso creí, pero carajo! ¡no ha salido ya como en tres días y le golpeo y no dice una puta mierda!-.

– ¡Mierda, voy para allá!-…

Tun/Tun/Tun/ Las intermitencias de la muerte. ¿O del muerto?.

Recuerdo aquella conversación completamente. Juan se había ido y poco nos quedaba. “¡Puta jeringa! ¡Puto mundo lleno de mierda!” pensé al ver su cuerpo subyugado a la aguja, a la tentación de un pasaje rápido por el paraíso. Un momento de placer, lejos de toda la mierda.

Lejos de la hija de puta de María.

Y allí estaba aquella, con su sonrisa maliciosa y cabello rubio suelto. Demasiado distendida como para ser sí misma, demasiado alegre como para seguir en este mundo. Bastante tranquila para estar sentada junto a mí en esa banca. Ella lo sabía, había sido culpable. Ambos lo éramos. Lo recordábamos cada vez que veíamos a Miguel, cada vez que caminábamos cerca al garaje de Pussy-Conspiracy, cada vez que sentíamos la cabeza contra la almohada y nuestra consciencia nos recordaba lo bastardos que éramos. Un par de hijos de puta que habían tirado a un imbécil a la desesperación. Lo recordaba todo ¡mierda, mierda!..

– Sí… tú sabes que Juan lo era todo para mí- contestó la hija de perra mientras mandaba un mensaje de texto.

– ¿Y lo dices mientras escribes cualquier mierda ahí?- le contesté irritado. Quería irme… ¿qué carajos estaba haciendo Miguel?

– No es eso… ya sabes que no puedo decirlo mirándote a los ojos- exclamó mientras guardaba el teléfono en la cartera.

– Jajajaja, ¡ahora te importa! ¡ahora, cuando anda bien muerto!- dije tras una risa nerviosa que se colaba intermitente entre las palabras.

– No es eso, Andrés. Tú sabes que siempre lo quise…lo que ocurrió entre ambos fue un error. No debí hacerlo, tú tampoco… lo sabes-.

– ¿Ahora lloras? ¿Ahora vienes a culparnos? JAJAJAJAJAJA. ¡FUISTE TÚ, PERRA DE MIERDA! ¡NO SÓLO CONMIGO, CON TODA SU PUTA BANDA! ¡CON TODOS LOS HIJOS DE LA GRAN PUTA DE PUSSY-CONSPIRACY!-.

– ¡No digas cosas que no sabes! ¡eso fue un rumor, nunca se comprobó nada…!-dijo tras sacar nuevamente su teléfono. La muy puta.

Trr/Tata/Puj/ Lamentos machacados tras las teclas de un teléfono.

– Lo sé, todos lo dijeron. Rafael y Guillermo lo aseguraron. Ambos me contaron toda la mierda que le hiciste: las orgías con esos hijos de puta, los condones que le robabas de la billetera, las veces que le pedías dinero asegurando “no estar al día con el arriendo” para revolcarte en licor con esos imbéciles. ¡Sus amigos, su banda, su puta vida! ¿Y ahora yo también debo sentirme igual que tú? ¡Bajj!

Trajj/Plajj/El sonido de una palma abierta sobre la mejilla.

– ¡IMBÉCIL!- chilló mientras lanzaba arañazos al aire. Al verla, sentía la rabia tras el golpe, pero había algo que me causaba ternura…

– Jajajaja, ¡ahora sí jugamos a tu forma!- dije mientras me abalanzaba sobre su cuerpo. Forcejeaba con fuerza, pero al tocar sus tetas y apretarlas bajo el temblor del brazo sentí una calma extraña: rabiosa, desencantada.

Sabía lo que tenía que hacer.

– ¡Ahh si! ¡Eso si te gusta, golfa de mierda!- gritaba en medio de aquella banca, en el cemento. En un cuadro cualquiera de esa ciudad de mierda.

– ¡Pero cálmate! ¡tranquilo!… sabía que era eso- contestó con cierta mueca de placer en el rostro.

– ¿Qué cosa?-.

– Juan no importa. Te duele verme con más gente…eres un hijo de puta, un envidioso, un…-

Pum/Track/Crrjjjj/ Knockout.

– Ya me hacía falta sentir eso…- dijo aquella de ojos azules, demasiado azules. Sus pupilas se dilataban tras una sonrisa que me hacía sentir más calma.

– Podemos seguirlo en tu casa, si quieres- contestó un hijo de puta que había encontrado en aquella boca la tranquilidad que le había sido esquiva tras el disfraz de una muerte que poco había repercutido.

– Está bien…siempre podremos empezar. Siempre hay un amanecer después de rabiar-.

Y caminamos, y en mis pasos se dibujaban los trazos de los días pasados bajo nuevos colores. Las acuarelas de los días se esfumaban tras nuevos tonos que invadían la aparente historia que sucedía, que no terminaba, que en su línea poco a poco se volvía a identificar con nuevos símbolos: con otra realidad.

“Siempre habrá calma… siempre podré ser feliz entre mi puta oscuridad. Me encontraré tranquilo oliendo los vapores de mi rancia humanidad”. Repetía aquello mientras caminaba, sintiendo las palabras con cada paso que se anunciaba. Estaba vivo: había aceptado el asco de ser yo mismo.

No puedo escribir: Sucio desencanto.

No puedo escribir
No me fluye una mierda
Las palabras se entrecortan al instante en que brotan
Demasiado cargadas, espesas
Coagulando heridas que no han sangrado
Los versos se chocan entre sí, y no tienen sentido.

¿Qué putas tiene sentido?
Me pregunto mientras tomo aire
Escupo al suelo, miro a la ventana
No tengo respuesta, la respuesta es nada
“Nada, ni un carajo” digo mientras golpeo las paredes
Con insultos que parecen proclamas
Con la rabia que no termina de encarcelarse en mis entrañas.

Y no surge una mierda
De los versos queda un puto cadáver exquisito
Uno involuntario, poco surrealista
Demasiado abstracto
Y me surge una pregunta
Una, sólo una
Demasiado estúpida, demasiado importante:

¿Qué mierda puedo hacer?
¿No tengo nada para decir?
¿Dónde putas se fue todo lo que quería escupir?

Tan sólo una pregunta que se encuadra en muchas:

¿Para qué vivir?
¿Para qué vivir?
¿Para qué vivir?

Me repito mientras recuerdo
Que en la nevera no tengo mucho
Tan sólo una botella de vino
Una de tantas
Y lo digo mientras pienso
Que mañana será un día
Uno de tantos
En los que me encontraré con otros náufragos
Con imbéciles con los sueños destrozados
Demasiado cansados como para permanecer parados
Extraviados ante tantos faros
Mesías de lo profano
Entre las putas, en el desierto de cemento
Con los ojos arañados
Con un poema encabronado:

De esos sucios
De esos que manchan las paredes de los incautos
Las consciencias de los felices, de los maravillados
De aquellos que desfilan en el asfalto
Con el cemento en los brazos
Abrazando una puta vida
En la que son tan sólo otros extraños.

Vivir para la poesía: vivir para el sucio desencanto.

 

 

Te querré un mañana.

Me levanté con ganas
De mandarte a la mierda, de besar tus migajas
Vaciar el recuerdo, perderme en la resaca
De tirar las alhajas y amarte con más ansias
Pero el recuerdo se me ha perdido
En una botella cuyo fondo no he bebido.

Te pensé varias mañanas
En las que la caminaba
Con la mirada enceguecida, con la risa magullada
Momentos de más rabia
Y aún la memoria no me fallaba.

Pero “¿Qué queda después?”
No somos nada
Tras el rincón yaces despistada
No puedo creer
Que te quiera con tantas ganas.

Y cada quién hizo su día
Destruyó la monotonía y paseó por otras vidas
Y ¿Ahora qué?
Me pregunto con las lágrimas atoradas
Y las dudas calcinadas.

El tiempo ha pasado
Y ha dejado todo regado
De mis días quedaron rezagos
De los tuyos aún no me he enterado
Pero “¿Qué puedo hacer?”
No nos queda nada

El recuerdo arde en la garganta
Mientras delirios azules
Se atosigan en mi mirada
Pupilas perdidas
Noche maltratada
Mañana será el día
Te maldeciré en la madrugada
Destruiré el recuerdo, risa coagulada
¡Puta vida!
Te querré entre mis andanzas
Mearé en la esquina de la esperanza.

A mis amigos.

A mis amigos los vi reír muchas veces
Perdidos, gentiles ante la gente
Descubriéndose a  sí mismos
En el crujir de la quijada.

A mis amigos los vi odiarse muchas veces
Maldecir al mundo, ponerle la frente
Los vi joderse todos los días para no ser otro indiferente
Uno de esos a los que la mirada les cambia con la temporada
La tv, las noticias, el fútbol y su algaravía
Otro pretexto para mutar con el hallazgo de otra epifanía:

De un siglo que nació jodido y maquinizado
De unas calles que tragan gente y en el cemento ni quedan los trazos
De unos días que se rigen por los semáforos y los pitos de los policías
De una vida que se erigió destruida 
De una sociedad que nace muerta y eructa al campo de las flores marchitas
De embargos, de moda, de Nike y Adidas, Piqué, Shakira
Pura mierda en dosis comprimidas.

A mis amigos, con los que las conversaciones se surten anisadas
Y las noches se diluyen en instantes prematuros, inconexos
Aquellos héroes de la resaca
Les doy las gracias:
Por odiar los momentos corroídos
Por los pendejos de corbata y jerga estilizada
Por esos mercenarios que surten como mesías de una religión pormenorizada
En códigos, en cifras, en estadísticas en las que el hombre se percibe como mercancía
Que debe ser adjudicada,  siquiera utilizada.

Y con todo,
Nos miramos a los rostros, ocultamos los lamentos
“¿Para qué mierda seguimos? ¿Para qué imaginar un futuro de deseos muertos?”
Pienso mientras recuerdo,
Que el infierno es un rascacielos en el centro.

Poema dedicado a mis amigos, a los vivos, a Gustavo, en su recuerdo.

Nos parecemos…

Nos parecemos algunas veces
Y sentimos el puto desagrado
Cruzados nuestros brazos
Esperamos el momento
Para vernos como reses
Brutalmente asesinados.

Quisiéramos estar vivos
Llevar sueños, dormir tranquilos
Pero nos cuesta respirar
Y detrás de tanta mierda
Sólo queda un antifaz
Destinado a la caneca

Mientras nos parecemos…

“¿Cuándo será?¿Cuándo dejaremos de arrastrarnos para volar?”
Me pregunto rodando en mi cama
Sintiendo el calor en la garganta
¡Que el vino baja seco!
¡Y en la calle me estoy muriendo!
Porque nos parecemos
Tanto que nos asustamos al vernos al espejo
No somos más que otro soldado
Otro hijo de puta con los sueños destrozados

No somos más que otro reflejo
Otro cabrón sin deseos…
¿Por qué mierda nos parecemos?
No tenemos risa que estorbe
No tenemos otro gesto
Que la rabia y el desespero.

Tan sólo otra lucha (Actualidad II)

Nos han barrido
Nos han dicho que si trabajamos algún día estaremos vivos
Nos han comprado los días con créditos, préstamos y demás pretextos
Tal vez algún día miremos al cielo y sólo quedará el sigilo
De los días rotos
Del despertador que aún truena en las mañanas
Como aquella campana que anuncia el averno.

Nos han mentido
Nos han llenado de mierda nuestros cuerpos
En momentos en que los televisores se destruyen con tan sólo verlos
Y hace falta otro plasma, otro lcd, y pedimos limosnas
A aquellos que nos atiborraron de tanta basura
Que nos dejaron al final del día con puras cuentas y en vigilia
En consonancia con la lluvia, con el crujir de los bafles
¡Que en las noticias matan a alguien!
Y se aumentan los impuestos
“Todo está muy mal” dice el hijo de puta que tiene treinta esbirros detrás
Mientras al salir sentimos el malestar.

Mucha mierda, ¡es momento de actuar!
De entender que no somos mendigos y que a aquellos hay que parar
Con rabia, mostrarles nuestro malestar
Destruir el mundo, aquellos campos de maquinizada insanidad
Para luego sembrar
Estar vivos,

Morir sin pensar en respirar.

Actualidad: otro llamado a la sinceridad.

Nadie es sincero
Lo siento cada vez que abren esas bocas
Tan grandes, tan apestosas
Palabras que surgen atosigadas ante el desespero
Pero todos parecen creer
Apariencia de estar bien.

Nadie es sincero
Lo pienso cada vez que veo a aquellos hijos de puta hablar de justicia
De derecho, de normas, de jurisprudencias y demás estulticias
Lo dicen con serenidad, con esa sapiencia que sólo otorga la inseguridad
La estupidez, los códigos y toda esa parafernalia
Frases insulsas que se desparraman en las calles
Sobre la cabeza de la gente, como el meo en las esquinas
Como la mierda en las avenidas.

Son unas ratas, nunca son sinceros
Lo saben, se ríen y de la boca cagan todas esas palabras
Se defienden con acápites e incisos
Nunca dan una posición por válida, de los extremos crean laberintos
Son eclécticos, y con cobardía creen en los puntos medios
En teoría, para siempre aprovecharse de lo impreciso de su palabrería
Defienden al más fuerte, a cambio de un gran montón:

De mierda
De mentira
De farsa
Desidia
Pedantería

Son unos hijos de puta
Que se protejen tras su jardín de delicias
Flores podridas
Que ojalá algún día la gente pueda arrancar,

A golpes, que sientan el puto malestar.