El espantapájaros.


Detrás de todo nos escudamos
Inmersos en la seguridad de la nada
En la oscuridad de nuestros propios placeres
Nos vemos abrigados
Descansados y nunca apesadumbrados
Deseamos los días en que jamás pensamos
Perdidos, escudados.

Seguimos allí
Extraviados ante nuestros ojos
Detrás de las esfinges que edificamos
De la seguridad de nuestra casa
Llave en mano
Puerta cerrada
Nos armamos con mil balas
Y no podemos sonreír
El miedo es tal que la risa
Es tan sólo un devenir de la desdicha
Que se cuece en la intranquilidad
Con el respiro
Tras el fracaso de nuestra realidad.

Tras ello nos vemos refugiados
Sentimos la sangre hirviendo y el temor
Nos sacude el más mínimo ruido
Tiembla nuestra razón
Con calmantes, sedantes
Pastas para calmar la desazón
Sentimos el peso de la cobija
Prendemos el televisor

Somos libres, así el mundo se pudra a nuestro alrededor.

Y al final
A nadie le importa
Si vivimos
Si la luna amanecerá
Detrás de todo
Nos escondemos tras el maizal
Un espantapájaros
Creamos para siempre abandonar

Nuestras alas cortas
La dicha que está más allá del respirar.

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