Sobre mi amigo Hulk.

En mi oficina hay un tipo extraño. Margarita, la que reparte el café, le teme. Las otras mujeres dicen que tan sólo es de esas personas que llegan a sus casas a beber desenfrenadamente. Juan, el recepcionista, piensa que un día de estos llegará con un rifle de asalto y nos joderá a todos. “Yo que te digo, ese es peligroso” me dice siempre que tocamos el tema.

Para mi es tan sólo alguien extraño. Uno de esos que probablemente no tendrá contacto alguno con el mundo más allá de su trabajo. Me cuesta imaginarlo con familia, hijos…peor aún con esposa. Con todo y eso, creo que le simpatizo. Lo digo por lo que pasó la vez que casi me despiden:

-Ehh… hermano, yo sé que tu no fuiste el que se robó eso- me dijo mientras empacaba mis cosas. Por esas fechas se me acusaba de haber robado unos dineros de la caja menor de la oficina y ya veía mi salida como inminente.

– Gracias colega, ojalá todos pensaran aquí como tu-.

– Yo lo sé…es más, yo vi a Darío el de las fotocopias esculcando luego de la hora de salida. Fue creo que el martes pasado. Lo vi en ese cubículo y cuando lo saludé casi me pega un puño del susto- contestó mientras se rascaba con un lápiz la nariz. Ese era su problema: no se dejaba la nariz quieta. Vivía como sumergido en un frenesí constante, como si algo lo mantuviese totalmente reprimido y tuviera que frenarlo como fuese. A todos les daba miedo, a mi poco me importaba.

– ¡Bien!, sería tan sólo decirle eso al jefe…¿podrías?- pregunté sin ocultar la emoción. De verdad que necesitaba el trabajo, era necesario. Desde hacía varios días que las cosas no iban bien y los problemas económicos no serían un aliciente para la ya insoportable situación que tenía en casa.

– ¡Claro hermano! ¡Todo por los amigos!- replicó mientras una gran sonrisa se dibujaba en su rostro. Un ataque de felicidad intempestivo.

Salvé el trabajo gracias a el. Por eso le tenía un gran aprecio. Me parecía un tipo raro y ya. Uno de esos que de seguro le gustará ir al cine solo. O de esos que son miembros de un club de ajedrez o que gustan de empeñar su tiempo en arduas campañas como paladines en juegos de rol online.

Algunos le llamaban Hulk por su  apariencia física y los súbitos ataques que le daban. Su trabajo como cargador de cajas lo hacía ser el más corpulento en un medio donde los espaguetis con corbata desfilaban sin mayor presión. A veces algunas mujeres lo miraban con perversión, sobre todo Clarita, la secretaria ejecutiva. Una vieja solterona que lo único que quería era sentir la carne templada sobre su ya magullado cuerpo. Una de esas cuya boca sabe más a nicotina y alquitrán que a labial.

Otros tan sólo le llamaban Raro. O hijo de puta. Dependiendo del nivel de cercanía.

De los ataques no me gusta hablar mucho. Me incomoda un poco, creo que es pura especulación. Yo nunca he visitado la bodega, pero los que han tenido que ir siempre hablan de lo mismo. Cuentan que el olor a mierda no es normal y que algún líquido espeso se propaga por los muros y el suelo. Dicen que al traspasar la puerta Hulk cambia y su mirada se torna fría y llena de ira. Como si allí guardase algo que nadie puede conocer.

Para mi eso es pura estupidez. A Hulk le pasa lo que a cualquier introvertido: es despreciado por hablar poco y no ser muy sociable. Además en los pasillos se hablaban de mil cosas que no eran ciertas. La vida de todos se reconstruía entre chismes y comentarios sueltos. Aunque bueno, nunca nada era demasiado grave como para suscitar problemas entre nosotros. Por eso, cuando Hulk me dijo que fuese a la bodega a tomar un café en el almuerzo no tuve problema.

Apenas mi nariz se posó tras la puerta, un olor a frijol refrito y carne condimentada me penetró hasta sentir náuseas. La garganta se me hacía más angosta mientras que aquel olor pasaba a un segundo plano y la mierda se acomodaba lentamente sobre mi cuerpo. El aroma era tan fuerte que casi tuve que concentrarme para tenerme en pie. De resto era una bodega normal: desordenada y repleta de trastos dañados. Cajas por todas partes. La pared con una pintura desteñida por el tiempo y el moho.

– Colega, ¿ no crees que podrías asear un poco este sitio? ¿tal vez comer afuera?- le pregunté mientras mi mirada se posaba en una vieja caja que en su tiempo había tenido donas y que hoy almacenaba una buena cantidad de revistas porno. “¿Para qué tendría eso allí?” indagué mientras aquel se acomodaba sobre una silla desvencijada y rota.

– ¿ Tu también eres de esos?-.

– No… no es eso, tranquilo. Tan sólo te sugería. Mira que los de la oficina dicen muchas…-.

– ¡Ahh!, con que eras de ellos, ¿eh? ¿hijo de perra?- exclamó mientras pateaba unas cajas desocupadas.- Y pensar que te di mi amistad, que te ayudé, que creí que éramos hermanos… ¡NO TE DA PENA! ¡MIERDA!-.

– Tranquilo hermano, no era nada, tan sólo una recomendación. Yo sé que eres buen tipo, quería ayudarte- contesté mientras intentaba pararme de la silla. Ver aquella mole de músculos e ira me hacía temblar nada más con imaginar mi rostro afectado tras un gancho de aquel brazo.

Las cosas no iban bien… y con cada palabra que yo soltaba intentando buscar la calma, aquel cuerpo se retorcía más, como si fuese un muñeco de cuerda endemoniado. Uno bien grande y con la boca empantanada de saliva.

– ¡HIJO DE PUTA!- gritó al momento en que lo sujeté por los hombros para calmarlo.

De repente un puño se posó sobre mi rostro. Al principio cálido, luego potente. Las gotas de sangre brotaban como la fuente de agua del parque central y mis ojos se perdían entre aquel rojo oscuro que se posaba tras mis pestañas. No veía nada y caminaba con pasos pesados. Como si estuviera muy borracho, buscando la salida. El olor a mierda cada vez era más potente y mientras pisaba a veces tropezaba. Cuando me levantaba, sentía aquel pegote que se adhería a las manos y que poco a poco me ralentizaba. Era espeso, caliente… aunque húmedo. Gateaba mientras mis costillas eran rápidamente pateadas por un Bruce Banner más imbécil y pobre.

La ira se escurría por cada músculo y mis huesos parecían ser pequeños trozos de cristal que se esparcían por todo mi cuerpo.

– Eh…tra-¡CUAJ!-nquilo- dije mientras mis párpados se iban haciendo más pesados.

– No importa, somos amigos. Te garantizo que no te dolerá. Es que no quería conocerte en esta situación…-

– Cálm-ate.-.

– Estoy muy tranquilo. Luego de golpear siempre estoy tranquilo-.

Y lo envolvió en una bolsa que luego arrojó por el chut de la basura. Tomó una cerveza, y siguió cargando las cajas al camión. Al rato, sintió unas ganas irresistibles de rascarse la nariz.

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Noticias y Basura.

Prendo el televisor y espero que todo cambie. No, miento… eso nunca ocurrirá. Sin embargo eso quería. Llevaba varios días buscando empleo y ya se habían cumplido meses sin recibir un salario. Mis ahorros eran el reflejo de las estadísticas que miles de eruditos analizaban en noticiarios y que todos entendían: estaba jodidamente quebrado.

En la T.V hablaban de una posible solución a la crisis, que los mil TLC’s que firmó el país ya estaban dando frutos y que miles de empresas necesitaban de mi, de todos, de los colombianos. Yo tenía aquello en mente y cada mañana salía a la calle con una carpeta con más de 30 hojas de vida para repartir en diferentes oficinas. Desde cajero hasta delincuente, mis prerrogativas laborales eran tan precarias como los chistes que salían los sábados en la noche en un canal nacional.

La cosa era lo de siempre.

-Eh…disculpe, quisiera presentarme para la vacante que tienen en el área de empaque de alimentos- preguntaba casi esperando el rechazo. La afirmación era tan repulsiva como la gorda que se retorcía tras aquella silla de pasta negra que sólo se encuentra en una oficina. Le llamaban secretaria, para mi era tan sólo una hija de puta y ya. Otra de tantas que llegará a prepararse una arepa bañada en aceite y luego verá algún Reality de moda. Probablemente el Gran Hermano, Protagonistas de Novela, Me follé a tu hermana, Cago en Reversa. Yo que sé.

Se visten de negro y miran para todos lados con aquella mirada entrecortada, distante. Su voz es casi tan monótona como el almizcle en su cabeza y yo tan sólo quería un puto trabajo.  Era necesario, para mi aquello no me dignificaba. El trabajo no dignifica, antes bien, jode. Y mucho. Pero da dinero y con eso se come. Se pagan las facturas, se consiguen putas, te jodes en trago y luego el fin de semana sales a un restaurante bonito donde por 10 centímetros de carne te cobran lo que no tienes. Y pagas doble, porque te han enseñado que estar solo es de idiotas y por eso tienes que tener una mujer oliéndote los pedos cada vez que transites por tu vida.

– Lo siento, ya han ubicado a una persona en aquel puesto. Si quiere bien puede dejarnos su hoja de vida y nosotros con gusto lo contactaremos- repetían y repetían. Incansables, insatisfechas. Casi tan frígidas como sus maridos. Máquinas humanas utilizadas para recibir la ira de los insatisfechos clientes. Porque nadie daba la cara, y los jefes siempre andan ocupados jugando al golf, yendo a los burdeles, atiborrándose de Whiskey en la oficina y demás mierdas que uno quisiera hacer.

– Ok, muchas gracias. Estaré al pendiente de su llamado- Y te retiras y ya está. Sabes que nunca van a llamarte y que si no encuentras un trabajo pronto te van a patear el culo por no pagar el arriendo. Y luego en la calle ya nada te salva: hueles mal, tienes mala facha… y ya eres un desecho y no mereces nada. Tus oportunidades para conseguir un empleo formal se redujeron de 0.2% a 0% de la noche a la mañana. Dedícate a vender dulces.

Mientras en el televisor hablaban de la crisis en Irak. Luego de Siria, Bolivia, Perú, etc. Nunca de Colombia. No, aquí no hay crisis. Aquí vivimos en un estado de miserableza constante que no merece ser nombrado. Pronto saldremos, “estamos en vía de desarrollo” gritaba un energúmeno disfrazado de servidor del pueblo hace unos días.

Venían los deportes. Muchos tipos. Muchos balones. Poca trascendencia. No tenía con qué comer pero tenía que seguir un equipo de fútbol: ojalá Millonarios, que le transmiten todos los partidos. O Nacional, que gana todos los torneos. Para ver si me siento ganador y se me olvida que no tengo comida pero sí un equipo. ¡Coño, soy un hombre!.

Y luego me muestran un par de tetas. Me cuentan que Angelina Jolie se fracturó una teta por practicar kickboxing en la cama de Jenifer Aniston. Que Brad Pitt por fin reconoció su mórbida fascinación por los coyotes de Angola y que su próxima película será sobre la satisfacción anal en los bares rusos. Todo guay. ¡Genial, mierda, GENIAL JAJAJA!.

TODO GENIAL.

Y luego mil novelas. Todas hablan de gente que prospera. Vienen de abajo, pero luego compran Ferraris y se bañan en piscinas de lujosas casas. Al parecer son suyas, igual que los yates y demás joyas que se atiborran en sus cuerpos. “Una riqueza tan falsa como el oropel que se destila de sus ojos” pienso cada vez que veo aquello. Enseñanza de la noche: todo está jodido, el mundo, la economía, tu vida. Tranquilo, come mucha mierda y luego llegará alguien que te dirá que has sufrido y te llenará de licor y buena vida hasta los huevos.

Valiente consuelo de puta mierda. Rezagos de un cristianismo barato que aún sobrevive.

Luego abría la prensa y maldecía. “El BBVA REPORTA UN ALZA. LA ECONOMÍA VA EN ALZA” ESTABLECIÓ PERRO DE MIERDA, GERENTE DE LA MENCIONADA ENTIDAD.

A la otra página lo contrario.

“SE INCREMENTAN LOS EMBARGOS PERO SE AUMENTA LA PROPIEDAD EN ARRIENDO. ECONOMÍA EN ALZA”

“VALE MIERDA LO QUE DIGAN: ESTAMOS GANANDO”ASEGURÓ PEDRO CANTINAS, DUEÑO DE LICORES MEOENCIMA. 

“LOS HIJOS DEL PRESIDENTE SON INOCENTES” DIJO MONSEÑOR PEDÓFILIA HAMBRIENTA, JUEZ DE LA NACIÓN. ” TAN SÓLO SE QUEDARON CON TIERRAS INHÓSPITAS” SENTENCIA SU EMINENCIA.


Y entonces todo mejora. Al parecer. Eso dice la prensa. Y yo sé que no es así. La gente en la calle lo sabe. Todos mienten. Todos. Bueno, excepto el tipo de la licorera: todos bebemos del hastío. Estamos jodidos. Cansados. Y ahí fue que salí a la calle e hice lo que hice.

“Y por eso es que nada importa y yo tan sólo cogí un revolver y maté a todos esos hijos de puta, ¿comprende?” Rezaba el testimonio de Cabrón Insatisfecho, implicado en el asesinato de los senadores que conversaban bajo unos licores en las amplias y exclusivas chimeneas del Club El Nogal.

Y así fue que empecé mi día, leyendo aquella noticia del pobre Insatisfecho. “¿Qué me queda a mí?” me pregunté mientras encendía la T.V.

El mundo es ciudad.

El mundo sería un lugar mejor
Si en los callejones oscuros
No se oyeran gritos ahogados
Aullidos enjaulados

Bajo el llanto y el pesar humanos.

El mundo sería un lugar mejor
Si las cadenas que nos atan
A los placeres
Fermentados en la publicidad
Se destruyeran
Y nos permitieran volver a pensar

Por nosotros, que no es lo mismo que ser parte del stand,
Del gran supermercado social.

El mundo sería un lugar mejor
Si en las calles
Tener una billetera no fuera una garantía
Ni un celular un aliciente de seguridad
Ser nosotros mismos
Debería bastar
Así suene ridículo
Pútrida actualidad.

Y de ciudades en guerra
Ladran los perros
Cementerios dejados
A unas lápidas mohosas
Sin nombre, tan sólo rebosan
En las calles, bajo cuatro ruedas
Porque la noche se hizo
Para vernos caer
Sentir la sonrisa ceder
Ante un mundo cruel
Que se excita con el sudor de nuestra piel
Bañado en deudas
Temores
Insulsos reproches

Y nadie sabe qué hacer
Porque nada está bien
Así algunos
Se quejen de que así es.

Por eso nos enclaustramos
Tras paredes de diez metros cuadrados
Nos armamos
Apretamos gatillos imaginarios
Para seguir vivos
Porque el mundo es un lugar frío
Y por eso hablan de un paraíso
Lejos del humano.

Por eso al mirar
Al cielo sin tocar
Lágrimas caen sobre la ciudad
Y yo sólo creo que
El mundo sería un lugar mejor
Si al ver las estrellas
No viéramos nuestro reflejo,

Para quedarnos vírgenes,
Ante el espejo.

Escritores Sucios

Veo las luces de la ciudad alumbrando. Un noveno piso me enseña que cada vez soy más pequeño. Ínfimo, como cuando se pretende ser más grande. Las luces de la avenida para Buganviles me dicen que yo ya no estoy y que Neiva vive sin mi. Un sentimiento fuerte, más cuando intento sofocarme en el calor de las aceras.

-Te falta fuerza, marica- dijo Juan Diego, intentando tomar una copa de Aguardiente que se  perdía en la tela de su camisa.

– No es eso, no entiendes- le dije intentando calmar el sabor amargo del anís que ya percudía los recuerdos de una noche extraña.

Habíamos hablado de muchas cosas. De Luisa, del trago, de Luisa, de Luisa. Al parecer me amaba. Sólo eso pensaba, sabiendo que no era tan cierto. Las luces de una avenida perdida se perdían en mi retina y yo pensaba en la Budweiser que me quemaba la garganta, luego de sentir el ardor en el pecho. Me incomodaba un poco. pero al parecer era importante.

-Te quiere, mierda- seguía diciendo un Juan Diego extraviado ante una etiqueta nocturna de Reds. No teníamos mucho dinero, pero la cerveza seguía siendo un aliciente ante las estrellas extintas de una madrugada un poco nocturna.

– No es eso, no es tan fácil- le dije mientras tomaba un sorbo de aguardiente- A veces pareciera que en su mundo todo fuera pajas, tranquilidad y alegría. Casi que te envidio, Juan Diego de mierda-.

-Luisa te quiere, hijo de perra- exclamó entre un sorbo aguado por el calor de una noche cristalizada bajo un licor anisado.

– No importa…es mejor que su vida siga-.

Laura me entendía.Laura era la novia de Juan Diego. Entendía todo, hasta que mi pene era de 30 centímetros así no lo fuera. Ella lo sabía, lo apreciaba. Un día le dije que tenía un ariete de unos 15 y me entendió. Eso me hizo apreciarla. Tal vez no lo recordara.

– Juan, deja así…ya todo está claro, el se siente mal- Dijo Laura, 3 centímetros de espesor entre el corazón y la voluminosidad de sus senos. Todo un primor.

– Escúchala, perra- Exclamé al saborear una cerveza que trancaba el aire que yacía tras mi espalda. Puto sofoco. 40 grados de mierda.

– Tu problema es no querer a Luisa-.

– Mi problema es no jalármela lo suficiente- dije mientras tomaba un sorbo del caliente trago.

– Puede ser, pero es Luisa…mierda-.

Yo entendía todo. Era un hijo de puta. Nada raro, todo bastante poco sensacional. La vida se había esparcido en crisoles rosas alrededor de una pantalla negra que me ocultaba. Me sentí como el soldado Ryan (creyendo que era Bryan)  perdido en una selva de la angosta Normandía. Steven Spielberg parecía querer chuparme la verga a la velocidad de 200/fotogramas por hora. Las imágenes se sobreponían sobre la angosta avenida que recorría Buganviles mientras Juan Diego hablaba.

Yo tan sólo tenía un pene. Mierda.

Un pene, y nada para opinar.

– Te jodió Laura- Contestó mientras se acomodaba las gafas.

– Claro…es sólo eso. Me jodió Laura y el mundo- Contesté.

– No es tan fácil-.

– Nada es fácil mientras se tenga la rabia brotando en lágrimas por el rostro-.

– Calma-.

– Ni mierda-.

Con cada trago nos sentíamos más perdidos. El aguardiente se disolvía en pequeños sorbos que nos recordaban que estábamos en Neiva y que éramos pequeños. El cielo giraría mientras nuestros anhelos se perderían en la maraña de polvo que serían los días venideros. Yo sólo pensaba en María José, una mujer de una voz brutal que cada vez que me hablaba me hacía odiar los 377 kilómetros entre Neiva y Bogotá. Tan sólo quería arrojarme en nuestros pensamientos y soñar que habría un mañana; un beso más para desarrollar en tres mil citas. Mientras aquel mierda me hablaba de Luisa y yo me perdía entre mi estupidez.

No entendía nada. Lo sé, quería a María José, pero me hablaban de Luisa. Falta de información.

 

Decidimos separarnos.

-Ya has tomado mucho, perra- exclamó Juan Diego mientras su novia lo cargaba hacía un taxi. La cosa había empeorado con cada sorbo de anís caliente y cebada petulante que habíamos ingerido.

-Claro…-.

– Coge ese taxi- me dijo mientras un ligero ardor a vómito se asomaba en su tráquea.

– Puede ser- le dije mientras abría la puerta- Somos amigos, hijo de puta-.

– Obvio- contestó.

 

Y entonces llegué a mi casa. La llave se me atascaba en una puerta que se perdía en las curvas de una noche alicorada. Seguí pensando en María José y en tener que irme de mi ciudad natal. Leí algo de Bukowski y percibí que era casi tan mierda como Andrés Mauricio. “No soy tan bueno” pensé, mientras mi mente se deslizaba en los tantos escritores que conocí en el grupo de Escritores Sucios. Carlos Odklas, Ricard, Pepe, Alía, Velpister, Trevor, Vicente, Ricardo M, Jorge, etc. Pensé en aquello de “Me encanta darme pajas” que alguna vez leí en el grupo y que tenía lógica. No era nada heroico.

– Esto va por los sucios- escribí mientras el hipo se convertía en un vómito en un recinto ya plagado de insultos.

El escritor…

Ralph Wickerman desgastaba su esfero Parker contra la hoja. La tinta brotaba de forma casi subliminal y una sonrisa se dibujaba de manera despiadada en su rostro. Desde que había ganado el Nobel su literatura estaba en alza y cualquier estupidez que pusiera sobre el papel se vendería como pan caliente. Era rico, y aquello lo motivaba mucho más que cualquier crítica o buen comentario sobre sus libros.

– Amor… está saliendo muy bueno, ¿te lo leo?- preguntó mientras se rascaba la entrepierna.

– Claro corazón…- contestó Laurie mientras prendía la TV de manera despreocupada.

– “Sonata de media noche/Polvo de madrugada /Eres una puta /Que vives arrastrada.”- Recitaba con soltura, en medio de aquel cuarto atestado de premios polvorientos.

– ¡Genuino, magnífico!, ¡eres el mejor Nobel de todos cariño!- gimió Laurie, mientras Ralph se desabotonaba la bragueta de manera súbita.

– Nos dará mucho dinero, que es lo que vale- contestó mientras su mano temblorosa luchaba contra un cierre que parecía no ceder ante sus impulsos.

Sabía lo que vendría. Era lo de siempre. Ralph se excitaba con sólo escucharse narrar cualquier mierda.  Desde que había ganado el premio, su vida se resumía a “columnas” escritas para el New York Times, que en realidad eran trabajos que sus alumnos realizaban para la clase. “Algún día llegarán lejos…y yo los nombraré como genios. Todo tiene su costo, chicos” respondía cada vez que alguno lo increpaba por la falta de crédito en la publicación de su trabajo.

Aquello le daba buen dinero, aparte de los libros que anualmente sacaba. Su buen amigo Steven Queen le enseñó la técnica: ” Colega… te emborrachas, escribes una mierda, consigues un personaje pseudo-misterioso, te masturbas, te pagas una puta, y luego se lo das a un editor para que alguien más lo redacte” fueron las sabias palabras de su amigo y mentor.

– Y, ¿qué me dices del vodka Steven?- preguntó mientras levantaba su copa aquella tarde del 22 de abril del 2005, cuando apenas había ganado el Pullitzer.

– El vodka es insustituible. Te lo tragas de un sorbo antes de llamar a la puta. No lo olvides, cabrón-.

Al prender la tv, Laurie había colocado Fix. En la pantalla, Bart Simpson se masturbaba mientras Homero rodaba por las escaleras atiborrado de cerveza. Marge le daba unos pesos a Maggie para que no dejara entrar más de un “cliente” a su cuarto mientras Lisa se dedicaba a filmar dos caballos en el jardín. “Será un éxito, papá” le decía a Homero mientras este vomitaba en el jardín luego de la caída.

Aquello lo excitaba aún más. No podía parar. El mundo confabulaba para mostrarle lo mejor de sí, atiborrarlo de lujuria y atormentarlo con eyaculaciones en cada escena que la caja maldita le mostrara en forma de canal. Fotogramas que se deslizaban a la velocidad de un orgasmo cayendo sobre el rostro de Avah Devine. Demasiada humanidad junta.

– Esto es como decía Nietzsche amor… “Humano, demasiado humano”- Croaban aquellos 110 kilos de purulenta grasa escribana.

– Ah… ¡Ah, Ah, Dale, sigue, no pares, Aww Ralph! ¡ERES UN TORO AHH!- gemía Laurie, aquella mujer de de cabello castaño ondulado y ojos azules.

– ¿Cuánto duramos?- indagó Ralph, desesperado mientras se ponía el jean. Le preocupaba la cantidad de orgasmos que producía en aquel abismal tiempo.

– Minuto y medio…- suspiró Laurie, intentando ocultar las lágrimas que se asomaban en sus ojos.

– Estamos sobre la media…esta vez fue brutal, amor-.

– Claro, si…claro-.

Siempre era lo mismo. Laurie se iría a la cocina y Ralph seguiría con su escritura. Igual no importaba, lo que valía la pena era el dinero y se tenía a montones. Su cuenta bancaria era como un pene que buscaba implosionar por la gran cantidad de esperma acumulada: de nada servía tener tanto.

De repente, un chillido destruía su concentración que confluía en el televisor y su poesía. Ralph se escarbaba los bolsillos de manera estrepitosa,  “mierda, hace días que no encuentro ese puto celular…” pensaba mientras su mirada se deslizaba por cada uno de los rincones plagados de premios que habían en aquel cuarto.

6:00 AM, Bogotá-Colombia.

“Mierda…” pensó Rafael al ver como sus dedos se perdían intentando encontrar el despertador.

-Otra vez a ese puto trabajo, ¡carajo!- exclamó a la vez que buscaba una corbata en el cajón de las bragas de su esposa. -Mierda…Laura, ¡que las corbatas son el cajón derecho, mierda!- gritó al compás de un pene que buscaba romper la ya templada tela de su pijama de rayas.

– Cállate Rafael, tu no sirves para nada…- Contestó Laura mientras sus ojos se deslizaban por un libro de Steven Queen.

– ¿Otra vez leyendo esa mierda?, ¡consigue un trabajo, que no hay para pagar la luz!- dijo Rafael mientras se afeitaba.

– No… ya quisieras tu poder ser Queen. Es un genio, un verdadero gladiador del siglo XXI. Hace lo que le gusta, y gana dinero… no como tu-.

– ¿ Qué quieres decir?- preguntó Rafael desde la taza del inodoro. Sus palabras salían al compás de unos aullidos que redoblaban desde lo más profundo de sus nalgas.

– Nada… nada.-.

– Mierda, yo sólo sé que tendré mucho dinero- Exclamó antes de entrar en la ducha. “Si escribir da, valdría la pena intentarlo…con eso salimos de esta situación de mierda” pensó mientras se masturbaba, como cualquier otra de esas mañanas sin gracia en las que la lluvia parecía querer quebrar las ventanas de su ya embargada casa.

Tres días…

Hay tres días,
Que recuerdo,
Porque marcaron,
El cementerio de mi vida.

No importa,
si todos dicen,
Que la alegría es perpetua,
Y la tristeza vana,
Para mi ambas saben a mierda.

El primer día,
Fue cuando me vi allí,
Inmerso en una vida,
Donde la sonrisa no tenía fin,
En el regazo de tus ojos,
De ese azul que quemaba el cielo,
Y verdes cuando el sol retaba con fiero.

Ese fue un día de varios meses y segundos,
Que se destruyó en una llamada,
Enmudecida, como nuestras últimas miradas.

El segundo,
Fue el día en que cometí el error,
Que marcó con sevicia,
Los tragos que vendrían con su desazón.

Ahí llegué a la selva,
Al cemento, tras una carretera,
A un lugar donde las sonrisas,
Son pretextos para no llorar de la desdicha.

Inicié mis días como mercenario,
Traje y corbata de sicario,
Prescribiendo la dicha,
De gran cantidad de familias.

Esas que acuden,
Cuando no hay justicia,
Sabiendo que no existe,

¿Sabes?

No existe, se camufla en su avaricia,
Esa puta de mil familias.

El tercer día,
Fue cuando escribí,
Entre mi desespero,
Palabras que destruían la armonía,
De una mirada perdida,
Y fraguaban el manifiesto,
Del descontento al existir,

Porque la realidad es fría,
Maldita,
Dura y podrida,
Tanto como nuestras consciencias,
Que son sus hijas,
Bastardas pero agradecidas.

Esos tres días,
Me dieron a entender,
Que para poder ser,
Todo lo que nunca quise,
Sólo fue crecer,
Conocer el mundo,
Su entramado,
Las raíces de plomo
Y su alumbrado despiadado,
Sombrío como las mañanas,
En que me levanto,
Con los ojos apesadumbrados,
Y los recuerdos vagos,
De la caída del pasado,
Cuando el trago entraba frío,
Y la garganta se incineraba,
En ráfagas de alegría,
Detrás de mis pupilas.

De los sueños y los traspiés.

El cielo ya no es el mismo,
Las gaviotas se arrojan
Cuando el agua las moja
Y la brisa las hunde,
En el inmenso mar.

Las calles se transitan solas,
Alientos insolados,
Y tu aroma es otro soplo alicorado,
Una nube gris que se teje,
En los tejados de los que te has arrojado,
Cansado, a veces con los ojos morados.

Mientras piensas en lo dicho,
Que las noches son cortas
Que los días pasan largos
Que tu mente es un jardín de memorias
Y los sueños son retratos sin gloria.

Y tras la televisión
Que te controla sin pedir perdón,
Te arrojas a un libro
De esos escritos por un desvalido
Otro ingrato que había visto el cambio
Que se sintió despojado
Ante la crueldad de la realidad,
Que gime, pero de la felicidad.

Entonces dices “mierda,
¿Cuánto dejé de caminar,
Cuándo y por qué?”,
Mientras la T.V.
Te dice que no puedes volver,
Que los sueños se destruyeron a tus pies,
Uno de esos días de vigilia,
Cuando la resaca te acosaba en tu sed
Siendo que el mundo
Es un pañuelo que tiene su revés.

Ni la prensa ni el radio.

Pareciera que todo se hubiera acabado,
La tele dice que estamos cansados,
Así el suelo se erosione bajo nuestros pies,
Sin un peso pero con mucho para hacer.

El radio cuenta que estás arruinado,
Que tus sueños son otro cajón olvidado,
En la repisa de una imaginación,
Que el dinero compró sin perdón,

Los placebos que ya no receta el doctor.

Y hoy tras el escritorio,
Con el pelo corto a lo vejestorio,
Finges que todo está bien,
Así los días te llenen de sed,
Con el agua inundando tu ser.

Pero te has mamado,
Lo aburrido no te quitó lo parado,
Hoy dices que mueres de pie,
Con las botas puestas y una sonrisa en tu tez,
Así el mundo te devore los pies,
Las mil y un ratas que esperan verte caer.
Porque ni la tele ni los radios,
Tampoco la prensa,
Que cansa con tanto vocablo,
Dan su mano y te dicen que es,
Un momento para renacer.

La mujer de mis años mozos.

La mujer de mis años mozos,
Tiene el culo lleno de botox,
Una cara estirada,
La sonrisa quebrada.

Creada inconforme,
Vagó por los años,
Desfilando su rostro deforme,
De labios naturales,
Y curvas originales.

Decían que al salir la noche,
El labial no la tocaba,
Que para eso estaban las mascaradas,
Y que a ella no le gustaban.

Acosada por los otros,
Mujer con sus buenos mozos,
Fue perdiendo la gracia,
Las curvas y su fragancia,
Echándose al olvido,

Tras los brazos de un gordo con el pene caído.

Y así se dedicó al mal sexo,
A la comida en exceso,
Desfilando con su culo amorfo,
Clavado en los ojos de aquel puto orco,
Que se preguntaba “¿qué haré para devolverla?,
¿Para traerla a sus veinte de vuelta?”,

Mientras se masturbaba, como si nada.

San Pedro: Poema dedicado a Neiva.

Dicen que llegó Junio,
Hay aromas venideros,
Las calles impacientes,
Retumban a un son guarapero,
La gente lo saluda,
Con rostro sincero,
Y le gritan ¡Venga compadre emborrachamos a San Pedro!.

Sírvame el asado,
Con insulso y oreja e’ perro,
Pero deme un verraco trago,
¡Un aguardiente para el voleo!

Las mujeres en los balcones,
La riata y un sombrero,
Que me ensillen el caballo,
¡Que el anís anuncia  el festejo!.

Bajemos el guayabo,
Con cerveza y aún más guaro,
Que la garganta sienta el anisado,
Al son de un Sanjuanero.

Y que al llegar Julio,
Desprendiéndose en silencio,
Retumbe tiple y tambora,
Para decir que allí estuvo San Pedro.