El golem.

Acabemos el mundo,
Que está rancio,
Jodido,
Y sus jardines marchitos.

Sacudamos a su gente,
Que ya sólo son entes,
Y hagamos que corran botellas,
Mares de inconsciencia,
Para ver si volvemos a empezar,
Que todo está muy mal.

Traigamos animales,
Decir a los pájaros que callen y dejen a los perros,
Que los trinos no callan las fábricas,
Y los ladridos son suspiros,

De un amigo que no hemos perdido.

Y luego cuando el silencio se oculte,
Bailando la boñiga sobre nuestras narices,
Diremos “todo tiempo pasado fue mejor”,
Y lamentaremos haber vivido,
Buscaremos un culpable,
Pero nunca nos haremos responsables.

Porque el mundo es de todos,
Aunque pareciera de nadie,
Y como despojos lo construimos,
De barro pero humano,
Tanto que también enferma,
Eructa volcanes y masturba alacranes,
Nos ve a los ojos,
Se deleita con el miedo.

Y nos preguntamos”¿Qué ocurrió?”,
“¿Por qué acabamos así?”,
Cuando al vernos al espejo,
Estar borrachos no basta para resistir.

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Otra vez.

Y en la noche las olas se mecen,
Tras ellas el mundo teme,
Que a ti te pueda ver,
Un sueño bañado de fe,
De esquirlas y yo sin qué beber.

Deambulo cansado,
Mirando para abajo,
Y la arena se me vuelve,
Un diván dejado,
Al azar, que se guarda de la realidad,
Tras él una foto,
Otro rastrojo,
Un beso se funde,
Se quema en remojo,
Y tu boca es la cama,
Donde mi alma quiso reposar,

Por una corta eternidad.

Perdernos en ambos,
Me importa un carajo,
Que la risa sea,
Una vida a destajo,
Y que la noche nos diga,
Que no hay nada pa’ beber,
Siendo tu boca la única miel.

Y dejarme a tus labios,
Que se partan a tajos,
De lado la calle,
Otra vida sin ambos,
No quiero tener,
Que no se pierda otro amanecer,
Mira que el recuerdo no besa tan bien.

El parque.

Eramos yo y un cigarrillo que se diluía en una boca que parecía no desearlo. Aquel parque se había convertido en  el centro de operaciones de una organización que no pedía dinero sino tan sólo un escape. Eramos drogadictos, putas, indigentes, vagos y artistas confabulados en una cuadra que nos hacía olvidarnos de las calles plagadas de neón y avisos de cosméticos.

– Eh… otro cigarrillo, por favor- dije, intentando ocultar una chupón que tenía en el cuello.

– ¿ De los mismos?- preguntó aquel viejo que parecía haberse perdido de cuadra. Su mirada extraviada parecía constatarlo.

– Si, por favor-.

Caminé alrededor del parque, aspirando a intervalos entrecortados aquel cilindro de tabaco y otras mierdas que terminan de joderte. Pero no me sorprende, antes me relaja. A veces creo que la sociedad es tan sólo un cofre lleno de jeringas de varios tipos donde tu escoges aquel placebo que te aliviará el dolor de los días venideros. Al rato decidí sentarme. Las piernas me dolían, sentía como si mis venas fuesen a implosionar y tenía un dolor de garganta asqueroso.

Por un momento me vi perdido en los días en que el traje y la corbata habían sido una constante, donde el progreso se traducía en una cuenta bancaria rebosante y la estabilidad en unos recibos con un sello que decía “pagado”. Sí, era un buen ciudadano. Sí, otro hijo de puta y ya.

El mercenario del siglo XXI,
Que cambió el fusil por la corbata,
La eyaculación del sistema,
Otro cero en una cuenta.

– Hola…¿ quieres una chupada?- exclamó una pelirroja entre los 20 y 70 años. Es que la calle siempre deja sus estrías en la piel del jodido.

– ¿ A cuánto y por qué sólo chupada?- pregunte intentando plasmar mi indiferencia en aquellas palabras. Pero no era fácil, para nada. El verano friega a todos.

– Diez pesos o un buen matorro de hierba- dijo mientras prendía un porro. También parecía aparentar irrelevancia, pero sabía que no tenía un duro y quería pegarse una buena trabada.

– Cinco y antes de follar nos pegamos un armado decente- mencioné, concentrándome en los últimos aullidos del cigarrillo que tenía en la boca.

– Está bien- dijo, mientras se acomodaba la falda y me hacía una seña- Para allá, mi apartamento queda cerca-.

Bajamos dos calles y nos metimos por un callejón donde un hijo de puta intentó sacarme la billetera del bolsillo sin que me diese cuenta. Por suerte, la pelirroja se percató y le gritó. Al parecer eran amigos, lo digo porque los gestos de su rostro denotaban farsa.

Eres un payaso,
Maquillaje escurrido en tu rostro,
Sonrisas diluidas en alcohol,
Otro desempleado más.

Entramos. Un cuarto como cualquier otro. Un olor a vagina rancia se desparramaba por la habitación. Decidí prender un porro. Nos lo jodimos hasta el fondo, quemándonos los dedos mientras los besos corrían por aquellos labios cortados y sangrantes. El olor a nicotina fue el aderezo de nuestras bocas, y los gemidos ásperos de la pelirroja ambientaban aquella guitarra desafinada de un Mustaine algo fregado por las drogas.

El golpeteo de nuestros cuerpos era el redoblante de una lejana Hangar 18, y tan sólo queríamos ser la guitarra de Marty Friedman en los putos solos.

Impossible to break these walls
For you see the steel is much too strong

El sudor nos recorría y de repente vi como aquellos dedos pequeños se zambullían más allá de la bragueta, luchando contra unos calzoncillos que parecían ser la cárcel de una canción de los Ramones. Ambos sabíamos que no habría demasiada resistencia y que a la larga romperíamos las leyes de una situación que se nos había salido de las manos. Eso si, nunca de mi miembro.

– Pon Breaking the law, ¡carajo!- grité entre gemidos, intentando mantener el tono sexy a lo Brad Pitt.

– ¿Qué? ¿ no te gusta Megadeth?- Respondió aquella, intentando acomodar mi pene en su vagina.

– Si, pero que quiero romper…-

– Romper, ¿ qué mierda?, siente la guitarra, déjate llevar, que ya estás tieso- dijo masturbándome cada vez con más fuerza.

– Que si, pero no es eso. Mierda, ¡quiero ROMPERTE el culo!- grité sintiendo como la fuerza se concentraba en mi ariete.

– ¡ Hazlo, hazlo hijo de perra!- exclamó mientras ensartaba mi ariete en su vagina.

– Pon Breaking the law, Judas Priest, lo necesito, mierda.-.

– Es la siguiente, pero mételo despacio…¡ay!, mierda, ¡despacio!-.

Nuestros cuerpos eran los dos extremos de un acordeón que se desafinaba con la contracción del fuelle. El solo de guitarra de Mustaine en Cemetery Gates. Habíamos dejado el Hangar para someternos a la Isla del Demonio. Ambos sabíamos que era preferible una paja en ese instante.

– Pero cálmate…despacio, ¡ay!, ¡cálmate malparido!- gimió la pelirroja mientras masturbaba las inmediaciones de su sexo.

– Sí…pero es que no estás lubricada, me raspa..¡Ajj!-.

Intentamos acomodarnos. Las poses eran tan sólo un argumento más para retrasar lo inevitable. El último aullido de esperanza de una cama que necesitaba dos orgasmos.

El diario de Ana,
El orgasmo de Frank,
Otro libro más,
Un pretexto para no querer follar.

– Sácalo y lárgate,  ¡marica!- palabras que se pierden en la ira de un ego herido.

– ¡Ahhh…ahí te va perra!-.

Era el momento. Ya nada podría detenerme. Eramos una perra y yo escuchando Judas Priest mientras la esperma buscaba escapar de mi falo como la metralleta S del Contra de Super Nintento. Allí estaba Bill intentando destruir aquel alien viscoso que exhalaba vahos de aire infectado. Sujeté su rostro, nada podía detener la descarga.

Ahh/Plaj/ Ohh/Ohh/Siiiii…/ El sonido del Niágara al caer sobre las piedras.

There i was completely wasting, out of work and down
all inside it’s so frustrating as i drift from town to town

– No… ¡NO!, ¡ MIERDA, EL MAQUILLAJE!- gritó Salma Hayek en el Spá.

– Por puta, JAJAJAJAJAJA- Dijo Bill al ver los créditos del final.

– ¡HIJO DE PUTA, HIJO DE PUTA LÁRGATE!- gimió en sollozos una pelirroja de 20 años que  crecían exponencialmente con el maquillaje disuelto en la esperma.

Me largué, no sin antes orinarme en su puerta. Sabía que no volveríamos a vernos, que aquel parque ya no era un lugar para ambos. No fue nuestra culpa, tal vez nos faltó tiempo. “Todo fue rápido” me repetí a mi mismo, descendiendo por aquellas calles. La garganta me dolía y el sabor a nicotina que desprendían mis labios me había devuelto a la cotidiana calma. ” Necesito un cigarrillo”, pensé al sentarme en una banca de aquel parque.

Fracaso.

Nos hemos rendido,
Porque en la calle sólo hay vidrios,
Que cortan nuestros ya sangrantes,
Sueños.

Estamos jodidos,
Porque en las noches no tenemos aspiraciones,
Y en el día caminamos,
Aturdidos,
Desconsolados.

Nada cambia,
Por el miedo,
Que  se nos comió las entrañas,
Y cambiamos la vida,
Por plata,
Billetes verdes,
Que para nada alcanzan.

Sentimos el canguelo,
No nos gustan los espejos,
Allí estamos,
Y nos despreciamos;

Queremos ser grandes,
Artistas, cantantes,
Escritores,
Y sólo somos tunantes,
Trajes andantes,
Mercenarios y Farsantes.

¿ En qué momento,
Cambiamos nuestras risas,
Por el malestar de la ira?,
¿ Cuándo fue que desaparecimos,
Para despertar cansinos,
Perdidos,
Destinados al olvido?,

Divaga un paria,
Que fuma un Marlboro,
Con aparente calma.

De la polis y sus cloacas.

Soy político,
Un glotón raquítico,
Un traje que cruza,
El mundo sin pagar.

Soy una promesa,
Que nunca me terminé de tragar,
Y vivo de las nuevas,
Que no he terminado de enunciar.

Camino de los barrios al lupanar,
Del campo a la ciudad,
Y digo lo que todos quieren,
Pretendiendo sus vidas robar.

Mi ser es un programa,
Una agenda en la que tacho las camas,
Donde me debo acostar.

Soy la puta,
La podrida fruta,
De una sociedad,
A la que ofrezco,
Un culo que no tengo,
Por su triste salivar.

Vi el reflejo,
De un mundo cansado,
Y allí la mierda regué,
Para ser eterno,
Convirtiendo los deseos,
En un queso más para roer.

El representante,
De un pueblo de nadie,
Cadáveres restantes,
Campos de trigo,
Tan sólo platos para comer.

Soy político,
El remedio de un mundo poluto,
Sediento y corrupto,
La aspiración no resuelta,
El sueño que nunca despertará,

Soy letargo,
Soy fracaso,
Un hijo de puta,
Que sólo le importa,
Tu sangre chupar.

El malestar…

Estás jodido,
Y en la mesa no hay otra respuesta,
Que una botella que enferma,
Y te hace vomitar.

Y te revuelcan las dudas,
De tanta basura,
Y es que todo es como ese condón que se revienta,
Antes de poder aventar,
El orgasmo al mar.

Y estas atiborrado,
De caudales de mierda,
Que recorren tus venas,
Y tan sólo quieres sonreír.

Y cuando sientes el sacudón,
De un cuerpo que se agita,
En guturales aullidos,
Que hablan de la ira,
De una realidad decidida,
A cagarse en tu vida,
Te preguntas,
Si la rabia perdurará,
Si algún día amanecerá.

De las sales y otras eyaculaciones.

-Te he dicho que toda esa mierda me jode- rebuzné intentando ocultar la gelatina que tenía en mi mano derecha. Luisa parecía distraída, sofocada, lejos de la conversación y de la calle en la que nos encontrábamos. Lo sé porque la luz del farol no la fastidiaba, tampoco el olor a mierda que salía de una esquina del callejón.

-Julián, es que de verdad no entiendes. No eres tu, tampoco yo, es que de verdad no veo solución. Todo está tan raro, tan pesado entre los dos…- exclamó mientras sus ojos se alejaban tras una luz roja y azul que desprendía un frenético Falcon modelo 88 que hacía las veces de patrulla policiaca.

– Pero carajo, mírame a la cara- le dije, viendo como sus venas se hacían más moradas. Desde hacía días que nos tocaba reciclar, ya hasta las putas droguerías habían subido los precios.

Eres el rincón oscuro de una calle,
La soledad encarnada en una jeringa,
Una vena gangrenada a la que no le importa el tratamiento,
Otro aullido de un adicto.

Al hablar, sentía como la ansiedad se apoderaba de nuestros cuerpos. Eramos dos bestias buscando carne en forma de píldora en nuestros bolsillos, perros escarbando en la caneca de nuestros cimientos algún trozo de placebo para calmar la ansiedad.  “Lo sé por que ella lo sabe”, pensé, imitando al puto Tyler.

– Pero tranquila Luisa. Es que tu ya no te entiendes, ¡el puto Álvaro tan sólo quiere tu culo mujer!, pero claro, yo soy el paranoico- le dije, intentando lograr alguna transformación en aquel rostro impávido.

– Si, claro, ¡ Todo es Álvaro! ¡ siempre el!- exclamó al ver que una sonrisa afloraba en mi rostro.

– Si… nadie regala esa mierda, y no me crees. Cada puta pasta vale, también el polvo que te follas vía nasal. ¡Pero no! JAJAJA, ¡Álvaro tan sólo es un amigo!-.

– Si, lo es. Y no tiene que ver nada con esta conversación. Estoy cansada, ¿ sabes?, me cuesta ver que te has vuelto un blando. Ya no tienes fuerza, todo te atropella. Antes nada ni nadie te jodían. Hoy tan sólo eres un maricón, un puto adicto. Ya hasta miedo me das, ¿sabes?, no te comprendo. A veces me ves el culo y siento que tu esperma me va a cortar la garganta. Estas mal, necesitas ayuda…psicológica, tal vez.- dijo Luisa, pegándose en la vena suavemente con gesto estreñido. Con los días el dolor se había hecho insoportable, lo digo porque al principio tan sólo se asomaba una pequeña mueca en su rostro. Hoy, por el contrario, parecía que todo su cuerpo se contornease en torno a la aguja, suplicante, agudo.

– Aj/Puta/mierda ( el sonido de una aguja anónima traspasando la carne)-.

– Que no te jodas, ¡ mujer!. Me tienes cansado, sigo siendo el de siempre. Pero estoy cansado. Jodido. Quiero salir de eso, pero tu sigues y sigues con eso: que ando raro, que soy un pusilánime, que todos me pasan por encima-.

Eres el condón roto aún no utilizado,
Un desperfecto aprisionado en una envoltura metálica,
Un ser destinado a la basura.
El mejor orgasmo de tu puta vida.

Laura era una de esas mujeres que buscaban la felicidad en cualquier otra parte diferente a la calle. Pero yo la entendía, sabía que ahí sólo había mierda. Mierda. Mierda. Y Jívaros, alacranes dispuestos a perforarte la aorta con tal de hacerte sonreír mientras abortas. La mierda, y el resto de todo eso.

Eres el vasodilatador de un drogadicto,
El esperma de Tom Cruise en una probeta,
Dos mil dólares de materia blanca,
El fracaso y mejor ejemplo del siglo XXII.

– Tranquila Loreen, te he dicho que eso no se te da bien. Te lo he dicho… pero tu te quejas, y me dices que yo soy el que estoy mal, pero yo recuerdo todo, y te conozco, te veo, a diario, a todo a momento. – Mencioné mientras me sacudía en busca de un poco de Speed. Sabía que en algún lugar de mi chaqueta había guardado un poco. Lo sabía, y lo necesitaba.

– ¿Loreen?, ¿ quién carajos es esa?- preguntó, perforando con sus ojos extraviados los cristales quebrados que le impedían ver la calle como se debía. La jeringa es la piedra que quiebra el espejo de tu vida, que te sumerge en ese viaje borroso, descarnado. Los colores se confunden y los sentimientos se dilatan. Poco a poco todo se vuelve cataclismo, un cuadro de Grosz narrado en un bemol. Y entonces te diluyes en las curvas de la nota, en los resquicios de la calle y en el rincón de tu propia vida.

Eres el hombre enfermo que toma cerveza en un bar,
La procesión que despide a Pianizza,
Un revolver a punto de eyacular,
De terminarlo todo en sus ganas de follar.

– Que te calmes Lauren. Ya ni tu te entiendes-.

– ¿Qué te pasa maricón?, madura Julian. Deja toda esa mierda- exclamó aquella que miraba al cielo con la mirada desenfocada, intentando contar las estrellas de una noche que yacía bañada en mierda callejera al fondo de un puto callejón al que tan sólo una farola lejana perforaba con trémula intriga.

– Mírame a los ojos…- le dije, percibiendo como la distancia entre los dos se acrecentaba.

-Ven, aquí estoy-.

– ¡ Que me mires malparida!-.

Paj/Cruch/Claj ( la sinfonía de una rama al penetrar a la humanidad). (El sonido de una hoja al rasgar sin arte). 

– ¡ AHHH, AJJ, puta, PUTA!- gritó, añadiendo las trompetas que le faltaban a mi sinfónica.

– Shh, no grites, disfruta…que esta es más larga y gruesa. También más áspera- mencioné, disfrutando de una mano derecha que se asomaba en mi bragueta y me complacía con súbita excitación.

– ¡ AJJ, ME DUELE, ARDE, QUÍTALO, QUÍTALO!- Eran los aullidos de una adicta en un callejón oscuro en el que a nadie le importas.

La toalla sangrante de una sociedad menstruante.
El sonido atónito de un televisor no escuchado.

– Te dije, yo estaba bien. Pero tu me jodes, me haces sulfurar. Me retuerces los huevos, mujer. Eres una patada en los testículos. Ya ni me los chupas. Me cansas, estoy atiborrado de tu mierda-.

– Aj… Pluj/claj ( El sonido de la sangre caliente emanando de un hoyo en el ojete).  ¿ Por qué…por qué?- preguntaba esa inconstante Cenicienta ante su madrina.

– Por perder el zapato…el vestido, la puta ropa. Estás desnuda como los animales, perra. ¡Ah!, y por recordarme mi verdadera esencia, por recomendarme esas sales de baño. Se siente un calor brutal, como te quemas y tu pija está al borde de explotar. Sientes la sangre presente, deberías probarla JAJAJAJAJAJA.

No me contestó, y eso me impacientaba. Me largué, a buscar más sales. A disfrutar de la noche en algún parque…

22 años…

Me he levantado,
Recordando que el tiempo ha pasado,
Que un año más se ha atiborrado,
En un vaso rebosado.

Las gotas lo percuden,
Le gritan y sacuden,
Entre devanes suben,
Dolores que se quiere no perduren.

¿ Te has visto al espejo?,
¿Has notado tus traspiés?,
Pensaste en ese algo,
Que no puede suceder.

Y hoy divagas,
Exhorto ante lo que es,
Pesares que acompañan,
Pensamientos del ayer.

Diecisiete pasos,
Una boca que besé,
Bañados en el trago amargo,
De los cinco en que fallé.

Entregado al mundo, con miedo del amanecer.