Noche de furia…

Tu vida en retroceso,
Involución como proceso,
Un gato se trepa en la ventana,
Y en la calle el agua rueda. Cansada, desesperanzada.

Te sientes al borde del colapso,
Implosión sin retraso,
Te han tocado tanto,
Que ni tu pija supera el espanto.

Tienes rabia, quieres morderlo todo,
Afuera sólo hay borregos,
Resignados sin designio,
Su vida es la sombra en la que vives.

Sólo, frente a la pantalla,
Todo oscuro mientras los papeles cambian,
Ya no eres héroe, te dicen empleado,
Eres el remedo de tu caminar frustrado.

Fuera, distraído y tenso,
Vagas con la furia entre los dedos,
” ¿Y a qué mierda vine?, ¿ para dónde fui?”,
Son las preguntas que vienen hacía ti.

Hice lo que pude, fui lo que no debí,
Más allá de ello, no viví hasta el fin.
Soy el fracaso, el que nunca conocí,
Y como ello,
La vida debo consumir.

Fino vodka, un buen bacardí,
La furia callo,
En una resaca sin fin.

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Bienvenidos a Banana City…

Nací en medio de todo esto, de eso que no es todo y menos es nada. Nací allí, y eso es lo que importa. Las calles huelen igual y la basura se esparce de la misma forma por las cañerías. Nací en la tierra, en una ciudad, en un lugar que no deseo recordar.

La gente pasa con gesto estreñido, sienten el rancio sudor emanando de los cuerpos aledaños. Esquivan a su especie como si fuesen bolardos, objeto inútil bañado en sangre. Un niño defeca y su madre intenta calmarlo, llora desconsolado, sabe que todos lo ven y que a nadie le importa. Lo quieren fuera, lejos. Sus cachetes rosados no borran el descontento, sabe que así nadie querrá cogerlo. Huele a mierda, esa crema que sale disparada en clamor trompetero de los cuerpos de aquellos que le huyen. Le duele, le importa, sabe que todos huelen peor que el pero el llora. Y no logran calmarlo.

Las putas se acercan, me ofrecen el beso francés, el negro y un sinfín de artilugios que harían que mi pija explotase. Nunca fui un hombre de fuertes pasiones, pero tanta técnica al follar haría que Captain Banana saliese desparramado más allá de las almohadas chorreadas. Y así no puedo, nunca he podido. Una vez me pasó, luego de las mil y un tocadas una vieja setentona con joroba que me había salido barata luego de una noche sin plata, me convenció de que me dejase llevar por los placeres juveniles de un polvo modelo 40’s.

– Casi como tu Chevrolet, pero sin nada de óxido- me dijo, mientras me tocaba el pene y jugaba con el freno de mano- A mi no me suenan los amortiguadores, cariño.

Yo nunca entendí esos elogios puteros. Lo menciono porque siempre era lo mismo, lo recuerdo siempre que paso por estas calles, que no traen más que eso. Los rostros vagan bañados en rubor salado por el sudor, y el labial cae desparramado en fuertes rojos y violetas. “Pero cariño, ese Ferrari le falta Shell para que no suene”, te dicen mientras te meten la mano bajando la bragueta. ” Tranquilo campeón, mi espalda es la pista sobre la que quiero que tu aceite derrape”. No pienso decir donde escuché eso, lo que si fue que la mujer no cobró. Era toda una dama.

-Tranquilo, que yo sé como calibrarte, mi vida- Balbuceaba mientras su viscosa lengua se zambullía más allá de los Levis viejos. – No te preocupes, pero no me escupas en la boca-.

– No, está bien… pero que no tengo dinero, te digo- le dije, mientras sentía el calor recorrerme el cuerpo. Intenté cogerle una, pero su cara me dio a entender que aquello haría subir sustancialmente el precio-.

– Cariño, el paquete entero vale 70- me decía, mientras su boca zarandeaba en guturales sonidos sobre mi falo. Al parecer era un micrófono mal amplificado, siempre pensé. A todas les sonaba igual, y lo miraban con el mismo tierno desprecio. Ya da igual.

– Pero no tengo… ah, ah, que no tengo…salte rá-rápido-.

Plaj, ¡Ahh!. Fueron mis gritos. Captain Banana caía bajo el peso de su delictiva gravedad:

“No has pagado, colega… y me regué, ¡carajo!”. Tartamudeaba su discurso, las palabras que le brotaban en su lucha por permanecer incólume ante el rostro desgarrado en fina y espesa tinta blanca  de la Chevy 40’s. Llamé así a aquella flor iracunda porque al parecer le había gustado mi auto. O siquiera sintió afinidad hacía el, se había comparado.

– ¡ Que en la cara no, COÑO!- gritaba desesperada, limpiándose el rostro en la cojinería marrón de mi pobre auto. Captain Banana sollozaba en tímidas ráfagas blancas sobre los ásperos Levis. Al no quedarle llanto, se sintió acongojado y se escondió fuera de la percepción humana.-.

– Pero te dije que no tenía dinero…- le dije, intentando ayudarla a limpiarse.

– ¿ No tienes nada?- decía mientras se acomodaba nuevamente el maquillaje- Pero si eras el único cliente de la noche… el único que había tenido, ¡ HIJO DE PUTA!.

– Puedo pasar mañana y pagarte, Captain Banana siente su culpa…-

– Aparte te burlas, ¿ eh, mariquita?. Dame algo, así sea una puta botella de vino, que ya bastante frío cargo.- gemía mientras sus ojos se escabullían por el auto, indagadores, detectives intrépidos bañados en blanco… sabían que por allí habría algo, ojalá caro. El dinero es escaso cuando la dignidad no sobrepasa un trago. La espiral crece y el licor es escaso para callar al alma herida.

– Mira, tengo 40… te dejo también el reloj, es un…-

– Si, un Casio, por algo se venderá. Hasta luego, pequeñín-.

Nadie deja de ser producto y menos cuando tu piel es tersa por la aguja. Su culo no andaba aguado gracias al buen botox. Los plásticos hoy por hoy son dioses: moldean a imagen y semejanza de Hollywood. Son inmaculados, casi omnipotentes. Necesitan que les reces, que les entregues el dinero. Así definirás la calidad de tu “milagro”. Así podrás follar con tu jefe, fornicar y mantener feliz a tu gordo pero rico marido.

Eres la puta de una sociedad que te exige pero no te comprende.
Así te duela.

Tomo un café que está rancio, y ya las putas no me siguen. Ahora me venden cosas tipos con gestos antropomorfos, de una especie extraña. Hablan mi idioma pero no hay nada. Repiten ” La usb, la usb tan sólo a 20″, ” película pirata película pirata a 10″, y así gritan una maraña de productos en la ya enrevesada metrópoli. Todo sigue igual, al caminar del trabajo al hogar…

El lamento…

El cielo llora a carcajadas,
Ese Valium no te calma las entrañas,
Y la calle  yace fragmentada,
En gotas, en la lejanía de la espalda.

La mañana grita, el cielo se rebota,
El mundo a tus pies evoca,
Mil noches sin rosas.

La vida se rebana,
En pétalos sin alma,
Flor cuya existencia diáfana,
Nunca se ha bañado en gracia.

Del jardín no podado,
Fuiste carmín olvidado;
De la noche larga,
Un siervo renegado.

Ya tu final aguardas,
Sin callar el llanto,
Tu, camuflado en nardos,
¿ Ya el Vodka probaste sin recados?.

Lejos, en otro lado. Más allá del dolor mundano. Un hombre derrocha vida y su falo desciende en desvanecida y ausente excitación. Afortunado aquél que la vida rompe con pasión.

Te voy a hacer un poema.

“Te voy a hacer un poema”,
Me dije un día, mirándote a los ojos,
“Te compondré el verso más hermoso”,
Mencioné a la brisa, viéndote sin enojo.

“Te voy a hacer un poema”,
Me dije un día, uno que me calme la sangre,
Para que las venas no quemen tardes,
Ni días, ni memorias junto a ti vividas.

“Te voy a hacer un poema”,
Me dije, intentando acabar la rabia,
Esa que un día me trajo la nada,
Apaciguaré la noche,
Para besarte lejos y rozar tu espalda.

Te dediqué un verso,
Te bañé en deseos,
¿ Qué de mi queda, más allá del rostro envejecido?
¿ Qué perdura, si el recuerdo se hizo espuma?
Ya se fue, ya pasó, ya no fue,
Me digo a diario, susurro sin llanto.

“Te voy a hacer un poema”,
Uno que te haga saborear la mierda,
Las fragancias de mi boca,
Un día como cualquiera,
Una noche sin estrellas…

Hoy es un buen día…

Hoy es un buen día para destruirse,
Para matarme y no respirar más,
Un día como para inmiscuirse,
En todo aquello que quise dejar atrás.

Hoy es un buen día para destruirse,
Para contemplar el cielo y volver a respirar,
Un día para reírse,
De todo aquello que me hace llorar.

Un día para lamentar,
Para gemir y gritar,
Un día para la noche,
Para el gozo y el derroche,
Un día para escupir en el altar;

¿ Quién no ha querido verme triste?,
¿Quién me ha visto suspirar?,
Entre los versos tristes,
Disimulo el caminar.

Ya mi paso no disimula,
La congoja y el trastocar,
De un día triste,
De una lágrima sin rebosar.

Hoy es un buen día para destruirse,
Para mirar al cielo y no mirar atrás,
Para encontrar en el féretro,
paz y tranquilidad…