Matrimonio…Experimento, homenaje a C. Bukowski.


– Ehh, gorda, ¡bájate que ya me sabe a mierda!, es lo de siempre, ¡carajo!, mete-saca-mete-saca, ¡muévete un poquito que me voy a quedar dormido!- decía Mario, con la gran barriga adolorida: hacía mucho que no hacía ejercicio.

-Pero Mario, ¿ acaso el sexo no significaba para ti la unión de nuestras vidas, el abrazo eterno?, eso decías cuando tenía 20, cuando todos en el barrio me veían y tu me recogías en la Chevrolet naranja de tu papá-, decía, mientras se escapaban pequeñas lágrimas de sus ojos. Siempre era lo mismo, 30  años de matrimonio que se reducían a esa tarde, al instante en que llegaba Mario borracho, con ganas de follar, oliendo a Vodka y sudor, aroma que reflejaba la profundidad de su vida.

Como cualquiera que se casa con una mujer bonita, Mario algún día tuvo futuro. “ahí va Marito, ese muchacho será el que haga honor al barrio”, decían las mujeres, madres, tenderas y toda aquella que estuviera en Las Brisas. Nadie sabe que ocurrió, pero de aquel estudiante de Derecho no quedó mucho. Algunos dicen que fue porque consiguió trabajo rápido, antes de graduarse ya ganaba más que sus padres juntos, derrochando en todos los bares las neuronas que creía eternas pero que no le durarían mucho. Otros dicen que perdió su primer proceso, y desde allí perdió la confianza, dedicándose con licencia al sexo y al vodka. Eso ya nadie lo sabe, ya Mario a nadie le importa excepto a Claudia.

Y si, ¿ qué se puede decir de ella?, la típica muchacha querida por todo el mundo, de tetas firmes y culo parado, nada raro. En la cabeza sólo tenía palabras bonitas y agradecimientos: crecer entre aduladores le seca la cabeza a cualquiera. Allí ya no había nada, porque Mario nunca tuvo la plata para pararle el culo y mantenerle las tetas. ” Las mujeres son como las carros, si no tienes plata, a los 5 años las tienes llena de abolladuras”, me decía, y viendo a Claudia, no me extraña que piense eso.

– ¡ No me jodas con ese cuento, que a los 20 te bajaba el cielo y ahora sólo quiero tener tu cuerpo fuera del mío!, ¡ mírate, ya de ti no queda ni el recuerdo!- exclamaba entre gritos, sacudiendo la pequeña habitación con la saliva que ya no tenía, que le salía de no sé de donde, pero que sabía a vodka, y si, arto. Lo digo porque varias veces la sentí en la boca. Creo que escupía tanto para darle pintura al cuarto, para forrar de transparente aquel cemento viejo y mohoso que rodeaba la cama y las mesas de noche, lo único que tenían. Lo único que Mario aún protegia.

– Pero Mario, amor, ¡busquemos trabajo!, estoy segura que saldremos de aquí y podremos ser felices de nuevo- decía ella, mirando al piso, sosteniéndose la falta del suelo, aquella tierra siempre le había dado asco, con su boca apretujada, intentando liberar sin sollozos las palabras- mira que los vecinos pudieron.

– ¡Carajo!, ¡ que no me importan los vecinos!, ¡ yo sólo quiero vodka y una quinceañera de piel tersa, que tenga el culo grande y parado!, nada más, no le pido que tenga las tetas que tuviste o tu cara, nada más, nada más- decía, hablándose a sí mismo, cansado de compararse con el mundo. Cansado del mundo mismo, de tener que oler las heces en la calle, de callar ante gente imbécil, de tener que caminar por la misma ruta que todo el mundo. Si, que ese mundo de mierda, el de los bares, el de las prostitutas, el de las mamadas. Ese mundo que sólo tenía vodka, y ni siquiera de los buenos.

– ¡ Me largo y no vuelvo!, quédate con la cama y las mesas, también con la nevera y lo poco que nos queda. Ya nada importa, tu no me importas. Ojalá consigas alguien que aguante tu peso y no se asquee con  el olor de tus axilas mientras tienen sexo, ¡me largo Claudia, me largo carajo!- chillaba, gritaba ya sin saliva. Parecía que era en serio, ya hasta su cuerpo lo había captado: no era necesario intentar pintar las paredes y erradicar el moho, eso era problema de otro.

– Si has bajado 50 kilos antes de las 12, puedes verme en el bar de Cassandra, si no lo consigues ni me busques- fueron sus últimas palabras, ya a nadie le importaba: no se es de importancia si no se encuentra valor en cada día, en cada pestañeo y respiro. Se lucha porque se vive, nadie dijo que vivir era bueno, eso lo dicen para no sentirse masoquistas. Puro consuelo de pobres, y no es de extrañar, porque en estas calles la mierda vale cara. Y creo que así es en todo lado, o al menos, aquellos que conozco.

Un papel había caído al piso, una lágrima había mojado levemente su esquina.

“Tranquila mamá, todo estará bien, ya por fin se fue Mario, podremos empezar de nuevo”, le dije, sin esperar mucho, al menos una sonrisa, o bueno, tampoco tanto, al menos un “bueno hijo, vamos, nosotros podremos”.

Eso esperaba. O al menos, eso quería creer que esperaba. De reojo, Claudia ( mi madre, lo único que tenía y quería), perforó en la habitación: algo había cambiado, algo aparte de Mario y todo lo que ya no había. -Ahh, hijo…al menos Mario nos dejó un billete- me decía mirando a lo lejos, divisando los días vividos en los que aún se respiraba un porvenir.- Con esto podemos pagar el siguiente mes de arriendo-.

Lo sujetó, aquel billete que significaba su seguro: la posibilidad de seguir viviendo en donde conocía, así los gatos se orinasen en su cama todas las mañanas. Era lo de menos, luego de un tiempo en aquel sitio, ese olor era el que tenía la comida, el aliento de la gente, el sexo de Mario, los platos de la casa. Lo era todo, era el perfume, junto al Vodka y el sudor de Mario aquello que valía, era el aroma de la vida.

– Ahh, hijo, tu papá dejó un papel…- hablando suavemente, su voz perforaba el espacio, no sé porque, pero quise llorar: nunca me sentí tan miserable. – “Cassandra, show nocturno, brindo satisfacción por ambos flancos, tengo ariete y buen culo, difícil que una mujer te de eso“- eso decía, lo leía rápidamente, estrujándolo entre sus manos, el papel se pulverizaba, pero el mensaje se repetía, quería llorar, ahora sí que lo quería, me quería matar.

Cassandra, show nocturno, brindo satisfacción por ambos flancos, tengo ariete y buen culo, difícil que una mujer te de eso. Eso era lo único que sonaba, la sinfonía de nuestras vidas, no se conocían alegrías pero siempre se podía hablar a los ojos con la miseria, no era ingrata, antes bien, era la mejor amiga de nuestro barrio: siempre nos acompañaba, y nunca nos dejaba, la muy puta, y considerada, bueno.

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7 responses

  1. Post dedicado a Charles Bukowski, aquel que retrata la vida que todos llevamos, pero que nos cuesta reconocer. También lo dedico John Fante y Kennedy Toole, aquellos que con risa me mostraron la realidad miserable que esquivamos día a día.

  2. …esa es a vida que …todos…todos… ¿llevamos?… No se en que mundo vive, pero la vida se lleva como una a quiere…no como ella nos quiere llevar…

    • Gracias por leerlo Manuel, espero haya sido de su agrado. Esa frase que usted me pregunta la escribí pensando en Charles Bukowski, un gran escritor norteamericano ( a pesar de haber nacido en Alemania). No me referí como tal al matrimonio de todas las personas, sino a que eso existe: gente como Mario, y personas como Claudia, así mismo, vidas como esas abundan, sólo que muchas veces no lo vemos, o no quisiéramos verlo.

      Gracias por su atención, me alegra que suscite inquietudes.

  3. …es, de todas maneras, una buena lectura para hacer esa reflexión..nuestro sistema educativo, el de los colegios, el de la casa, el del barrio, ha llevado a muchas personas a ser…así. Y eso es su normalidad.
    Me encanta el estilo que usa para escribir…excelente..
    Muchas gracias por compartir estas lecturas..

  4. Es evidente la influencia de Bukowski y sobre todo el cuento de las putas. ¿no? Curioso como logra llegar al fastidio y a la miseria propias del viejo Charles, a través de algo como el matrimonio.
    Creo que el cuento corto, si me permite llamarlo así, logra su objetivo gracias a tan asqueroso y repugnante final.

    • Si, en definitiva quería dedicarle un espacio con nombre propio, y bueno, el matrimonio es de esas cosas que pueden ser un paraíso o un cementerio. Me alegra que vea el elemento del fastidio y la miseria, varias personas criticaron el cuento como simple fetichismo o vulgaridad, y en algún punto creí que había escrito tan sólo porquería en exceso. Me ha alegrado bastante ver que no llegué hasta ese punto.

      Muchas gracias por el comentario. Debo decir que el final me sacó varias risas al escribirlo jeje.

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